Saipan
2025 

5,6
225
7 de junio de 2026
7 de junio de 2026
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Saipan demuestra que una película sobre fútbol puede ser mucho más que una sucesión de partidos, goles y vestuarios. Lo que los directores Glenn Leyburn y Lisa Barros D’Sa ponen sobre la pantalla no es una crónica deportiva al uso, sino un intenso duelo psicológico entre dos hombres incapaces de ceder un milímetro de terreno. El célebre enfrentamiento entre Roy Keane y Mick McCarthy, que sacudió al fútbol irlandés antes del Mundial de 2002, se convierte aquí en una tragedia moderna donde el orgullo, la ambición y el sentido del deber chocan con una fuerza devastadora.
Desde sus primeros minutos, la película deja claro que no pretende recrear simplemente un episodio histórico. Lo que le interesa es explorar la naturaleza del conflicto. Cada conversación parece una partida de ajedrez emocional. Cada mirada contiene años de frustración acumulada. El guion entiende que el verdadero espectáculo no está en el césped, sino en la batalla de voluntades que se desarrolla lejos de los focos.
Desde sus primeros minutos, la película deja claro que no pretende recrear simplemente un episodio histórico. Lo que le interesa es explorar la naturaleza del conflicto. Cada conversación parece una partida de ajedrez emocional. Cada mirada contiene años de frustración acumulada. El guion entiende que el verdadero espectáculo no está en el césped, sino en la batalla de voluntades que se desarrolla lejos de los focos.

Steve Coogan & Eanna Hardwicke
Steve Coogan ofrece una interpretación magnífica como Mick McCarthy. Acostumbrado a papeles donde la ironía y el humor ocupan un lugar central, aquí encuentra una dimensión mucho más contenida y dramática. Su McCarthy es un hombre que intenta mantener unido un grupo mientras ve cómo la autoridad se le escapa entre los dedos. Coogan evita el retrato simplista y construye un personaje lleno de contradicciones: firme y vulnerable, orgulloso y pragmático al mismo tiempo. Su trabajo resulta especialmente valioso porque convierte al seleccionador en algo más que el antagonista de la historia.
Frente a él, Éanna Hardwicke encarna a Roy Keane con una intensidad volcánica. La película encuentra buena parte de su energía en la colisión entre ambos actores. Cada encuentro parece acercar un poco más la inevitable explosión final. No importa que el espectador conozca el desenlace; la tensión se mantiene gracias a la extraordinaria química entre los protagonistas y a una puesta en escena que sabe dosificar la presión de manera constante.
Frente a él, Éanna Hardwicke encarna a Roy Keane con una intensidad volcánica. La película encuentra buena parte de su energía en la colisión entre ambos actores. Cada encuentro parece acercar un poco más la inevitable explosión final. No importa que el espectador conozca el desenlace; la tensión se mantiene gracias a la extraordinaria química entre los protagonistas y a una puesta en escena que sabe dosificar la presión de manera constante.

Eanna Hardwicke
Visualmente, Saipan apuesta por la sobriedad. No hay artificios innecesarios ni grandes alardes formales. La cámara permanece cerca de los personajes, observando cómo las pequeñas grietas de la convivencia terminan convirtiéndose en abismos imposibles de cerrar. Esa sencillez resulta muy efectiva porque permite que el drama humano ocupe siempre el centro de la narración.
Lo más interesante es que la película evita posicionarse de forma tajante. Aunque existen momentos que parecen inclinar la balanza hacia uno u otro lado, el relato termina mostrando que ambos hombres tenían razones para actuar como lo hicieron. Esa ambigüedad aporta riqueza a una historia que, en manos menos hábiles, podría haberse reducido a una simple confrontación entre héroe y villano.
Más allá del fútbol, Saipan habla sobre liderazgo, identidad, orgullo nacional y las heridas que dejan los egos enfrentados. Funciona como drama deportivo, pero también como estudio de personajes y como reflexión sobre la dificultad de mantener la cohesión cuando las personalidades más fuertes se niegan a dar un paso atrás.
El resultado es una película absorbente, inteligente y sorprendentemente emotiva. Un relato donde cada conversación tiene el peso de una final y donde Steve Coogan firma uno de los trabajos más sólidos y matizados de su carrera. Incluso para quienes no sientan el menor interés por el fútbol, Saipan ofrece algo mucho más universal: el retrato de dos hombres atrapados por sus convicciones hasta el punto de convertir una diferencia profesional en una guerra imposible de ganar para nadie.
https://nuevoimagenesdeactualidad.blogspot.com/
Lo más interesante es que la película evita posicionarse de forma tajante. Aunque existen momentos que parecen inclinar la balanza hacia uno u otro lado, el relato termina mostrando que ambos hombres tenían razones para actuar como lo hicieron. Esa ambigüedad aporta riqueza a una historia que, en manos menos hábiles, podría haberse reducido a una simple confrontación entre héroe y villano.
Más allá del fútbol, Saipan habla sobre liderazgo, identidad, orgullo nacional y las heridas que dejan los egos enfrentados. Funciona como drama deportivo, pero también como estudio de personajes y como reflexión sobre la dificultad de mantener la cohesión cuando las personalidades más fuertes se niegan a dar un paso atrás.
El resultado es una película absorbente, inteligente y sorprendentemente emotiva. Un relato donde cada conversación tiene el peso de una final y donde Steve Coogan firma uno de los trabajos más sólidos y matizados de su carrera. Incluso para quienes no sientan el menor interés por el fútbol, Saipan ofrece algo mucho más universal: el retrato de dos hombres atrapados por sus convicciones hasta el punto de convertir una diferencia profesional en una guerra imposible de ganar para nadie.
https://nuevoimagenesdeactualidad.blogspot.com/
15 de junio de 2026
15 de junio de 2026
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
"El que no se prepara, se prepara para fracasar".
Producción irlandesa, basada en hechos reales, aunque se nos dice al comienzo, que tiene muchas licencias dramáticas.
Para mi gusto es un film entretenido, fácil de ver, que no cansa nada, pero tampoco tiene elementos que se recuerden más allá de su inmediata visión.
No tiene mucha imaginación en la puesta de escena y todo se ve como quien oye llover.
No molesta, pero tampoco llena ni contiene nada memorable, aunque la presencia de la Selección Española en acción en aquel Mundial de Corea de 2002, tiene importancia.
Buenas interpretaciones y bonita fotografía, lustrando paisajes de Tenerife, Islas Canarias, España, haciéndose pasar por Saipan, que está situada en Islas Marianas.
Algunas acertadas sentencias, como esta:
"El fútbol no es quien eres, sino lo que haces",
y no mucho más.
Producción irlandesa, basada en hechos reales, aunque se nos dice al comienzo, que tiene muchas licencias dramáticas.
Para mi gusto es un film entretenido, fácil de ver, que no cansa nada, pero tampoco tiene elementos que se recuerden más allá de su inmediata visión.
No tiene mucha imaginación en la puesta de escena y todo se ve como quien oye llover.
No molesta, pero tampoco llena ni contiene nada memorable, aunque la presencia de la Selección Española en acción en aquel Mundial de Corea de 2002, tiene importancia.
Buenas interpretaciones y bonita fotografía, lustrando paisajes de Tenerife, Islas Canarias, España, haciéndose pasar por Saipan, que está situada en Islas Marianas.
Algunas acertadas sentencias, como esta:
"El fútbol no es quien eres, sino lo que haces",
y no mucho más.
https://filmsencajatonta2.blogspot.com
27 de junio de 2026
27 de junio de 2026
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Muchas de las imperfecciones de esta “Saipan” son manifiestamente perceptibles durante su visionado e impiden que la película se desarrolle de una manera fluida y, en última instancia, que funcione mínimamente. Por ejemplo, la indescifrable elección de un protagonista con un parecido físico a Roy Keane tan remoto en todos los aspectos que resulta poco menos que imposible sumergirse en una película que, precisamente, parece confiar en la credibilidad como una de sus escasas bazas. O una desconcertante realización incapaz de generar más empatía con el espectador que la habitual columna genérica en la sección de salud de un diario local que, por estas fechas, te recuerda la importancia de la hidratación y no abrigarse al hacer deporte en las horas de máximo calor. O ese absoluto rechazo a enfocar la historia con un poco de humor, con un cierto toque cómico que la película pide a gritos, que las interpretaciones piden a gritos, que la forma de ser irlandesa pide a gritos y que, en mi opinión, cualquiera que vea la película pide a gritos.

Steve Coogan
Pero cuando acaba la película, la sensación es de que el problema es más profundo y viene desde la base: no es sólo que la producción no parezca saber sacar partido al material argumental que tiene entre manos (que también) sino que sospecho, sin haberlo leído, que el libro en el que se basa la película no tenía la enjundia suficiente. “Saipan” nos lleva a la desastrosa preparación de la selección de fútbol de Irlanda para el Mundial de Corea y Japón de 2002, en una historia con varios ingredientes clave: la complicada personalidad del capitán y gran estrella, Roy Keane; su espinosa relación de siempre con el seleccionador irlandés; la falta de instalaciones para la práctica del fútbol y del deporte en general; el mediocre hotel de concentración; la falta de una planificación deportiva; la desidia generalizada en un equipo que aprovechó la coyuntura para tomarse unas vacaciones pagadas y la desolación profesional para un exigente Roy Keane que trató de reconducir la situación. En principio no parece poco material y con menos se han hecho películas resultonas, pero hay que saber qué hacer con él o conocer mínimamente el oficio como para aplicar trucos narrativos básicos con los que unir las tramas, contarlas y, llegado el caso, estirarlas.

Eanna Hardwicke
“Saipan”, en cambio, parece haber sido hecha con prisas, con poco talento y/o por encargo: hay que contar ésto, ésto y aquello y lo cuenta sin más. Chimpún. Se toma su tiempo en presentar al personaje de Roy Keane, cosa que se agradece, porque cuesta aceptar que ese tío alto y feo que sale en pantalla sea Roy Keane. La película toma claro partido por él en todo lo que sucede a continuación, de modo que lo pinta como un megaprofesional, respetado por la selección y por el Manchester United, líder deportivo y espiritual. Frente a él, el seleccionador nacional Mick MacCarthy se nos muestra como un pelele dentro y fuera del campo, un exjugador mediocre y un entrenador de barrio venido a más. Los once días de la concentración en Saipan discurren, en pantalla, con tedio y sin capacidad de sorpresa. Se nos cuenta que no había balones, que el campo de entrenamiento era un terruño y que el gimnasio consistía en unas mancuernas y una colchoneta y hay que darlo por cierto porque las escenas están respaldadas por pantallazos con recortes de prensa al respecto. Menos Keane, que cuida su alimentación y se busca la vida para entrenar, el resto del equipo y el cuerpo técnico se dan la vida padre en la playa, el bar o en el campo de golf, todo ello también verificado con pantallazos de recortes de prensa. Si te gusta ese recurso narrativo de pantallazos con recortes de prensa para reforzar una escena, estás de suerte porque nadie en el equipo de realización se sabe otro truco para contar las cosas. Bueno, vale, sí, hay un par de vertiginosas pantallas partidas para hacer algún montaje o recrear conversaciones telefónicas. Un lujo.
Como dije antes, la película pedía a gritos discurrir como una comedia ácida que se tomara las cosas a cachondeo, ensalzando el espíritu improvisador y optimista irlandés, con cierta crítica para una lamentable Federación Irlandesa a la que se podría haber pintado como ingenuamente amateur o como desastrosamente incompetente. Pero “Saipan” elige llevar sin más a la pantalla los cuatro titulares sensacionalistas de la época y centrarse en rescatar la figura de Keane como la voz de la conciencia que nadie quiso escuchar y a MacCarthy como el villano que no hacía caso de Keane por envidia. Lo gracioso es que “Saipan” no sólo falla por su aburrida narrativa y su escaso argumento, sino porque termina llegando a unas conclusiones que desmienten todo lo presentado previamente y revelan el profundo sesgo con el que nos han sido mostrados los acontecimientos. La película (y entiendo que también el libro) no aporta nada que no fuese sabido por los que lean el Marca de Dublín o el As de Kilkenny, salvo escenificaciones interesadas de conversaciones entre Keane y sus adversarios… pero resulta que con todas las dificultades, con todas las penurias, y con todas la ocurrencias, sin Keane en el equipo, Irlanda termina haciendo su mejor mundial con su juego de siempre sacrificado y rocoso de siempre y desatando la euforia entre la afición de un país que consideró el llegar a octavos de final (eliminada por España en los penalties) fue un éxito y recibió a sus jugadores (y al entrenador) como héroes.
No sé si lo peor es que es aburrida o que no cuadren las premisas con las conclusiones, pero veo una película fallida, una cinta para muy, muy aficionados al fútbol o muy, muy defensores acérrimos de Roy Keane.
Como dije antes, la película pedía a gritos discurrir como una comedia ácida que se tomara las cosas a cachondeo, ensalzando el espíritu improvisador y optimista irlandés, con cierta crítica para una lamentable Federación Irlandesa a la que se podría haber pintado como ingenuamente amateur o como desastrosamente incompetente. Pero “Saipan” elige llevar sin más a la pantalla los cuatro titulares sensacionalistas de la época y centrarse en rescatar la figura de Keane como la voz de la conciencia que nadie quiso escuchar y a MacCarthy como el villano que no hacía caso de Keane por envidia. Lo gracioso es que “Saipan” no sólo falla por su aburrida narrativa y su escaso argumento, sino porque termina llegando a unas conclusiones que desmienten todo lo presentado previamente y revelan el profundo sesgo con el que nos han sido mostrados los acontecimientos. La película (y entiendo que también el libro) no aporta nada que no fuese sabido por los que lean el Marca de Dublín o el As de Kilkenny, salvo escenificaciones interesadas de conversaciones entre Keane y sus adversarios… pero resulta que con todas las dificultades, con todas las penurias, y con todas la ocurrencias, sin Keane en el equipo, Irlanda termina haciendo su mejor mundial con su juego de siempre sacrificado y rocoso de siempre y desatando la euforia entre la afición de un país que consideró el llegar a octavos de final (eliminada por España en los penalties) fue un éxito y recibió a sus jugadores (y al entrenador) como héroes.
No sé si lo peor es que es aburrida o que no cuadren las premisas con las conclusiones, pero veo una película fallida, una cinta para muy, muy aficionados al fútbol o muy, muy defensores acérrimos de Roy Keane.
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