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Cómo triunfar en publicidad

Comedia. Fantástico Dennis Dimbleby Bagley es un joven y brillante publicista en busca de un eslogan para promocionar una crema contra los granos. Pero su enfermiza obsesión por el asunto pronto empezará a crearle problemas con su mujer, sus amigos y su jefe; e incluso empezará a notar "extrañas irregularidades" en su propio cuerpo. (FILMAFFINITY)
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8 de enero de 2014
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La publicidad es un mundo sin escrúpulos. Un reflejo de lo que representa el capitalismo más feroz. O al menos esa es la perspectiva general que se tiene de ella. La meta de cualquier buen publicista que se precie es vender el producto sin importar por un instante los métodos utilizados y si éste es bueno o no. En definitiva, poner en práctica la célebre cita atribuida a Maquiavelo: "El fin justifica los medios".

Sin embargo, los riesgos que se corren son muy altos. Entre ellos, el de caer en los brazos de la paranoia y sucumbir al sistema. Esto último es lo que le ocurre a Dennis Dimbleby Bagley, un joven y ambicioso publicista londinense al que da vida, de manera eficaz, Richard E. Grant en Cómo triunfar en publicidad, de Bruce Robinson (Diarios del ron). Además de contar con la breve aparición de un inédito Sean Been -Boromir en El Señor de los Anillos-.

El cineasta británico aprovechó el éxito de su magnífica opera prima Withnail y yo -antes ya había escrito una joya del séptimo arte como Los Gritos del Silencio-, donde repetía con Grant, para construir, con menos acierto que su predecesora, otra comedia a caballo entre la parodia y la crítica social.

El director recurre al absurdo para denunciar la dictadura de las grandes corporaciones que van imponiendo, a través de la publicidad, distintos estilos de vida. Un tema que más tarde pondría de manifiesto, con más acierto, David Fincher en El Club de la Lucha.

Y a decir verdad es un hecho. Acaso no es cierto que, con nuestra tácita condescendencia, estas empresas han creado una realidad tergiversada para inculcar la cultura del consumo. Falsas necesidades y un deseo por poseerlo todo se ha instalado en unas vidas en apariencia libres. Lo que el pobre Bagley denominaba, antes de ser arrasado por el sistema personificado en el grano, "la guerra de la hamburguesa".

Robinson lleva a cabo una apuesta sin duda arriesgada para criticar al sistema y por añadido, la pasividad de la sociedad ante este bombardeo masivo de publicidad. El histrionismo de Richard E. Grant ayuda a crear ese personaje ambivalente que sucumbe al imparable capitalista moderno y arrollador. Él, junto al trasfondo del argumento, son las principales bazas de esta comedia disparatada que peca de excesos.

Entre ellos, la exagerada evocación al surrealismo y la incoherencia como recurso para transmitir la idea principal. Lo que al comienzo parece innovador, al tiempo se convierte en repetitivo, culminando con un soliloquio final apocalíptico que deja un regusto amargo pese al dulce inicio.

Una premonición de lo que posteriormente sería la vida artística de este cineasta, poco prolífico en la filmación de películas -cuatro en total- a raíz del éxito cosechado en Withnail y yo. Sin ir más lejos, su último trabajo hasta la fecha, Diarios del ron, pasó totalmente desapercibido tanto para público como crítica, lo que pone de manifiesto que Robinson no siguió los consejos necesarios para convertirse en un triunfador.

Más datos sobre esta y otras películas en www.argoderse.com
Y en Facebook: https://www.facebook.com/argodersecine
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