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Cats

Musical. Drama Adaptación del famoso musical de Andrew Lloyd Webber, del mismo título. La trama gira en torno a una tribu de gatos -los Jellicles- durante la noche del año en que toman su más trascendente elección: la de decidir cuál de ellos renacerá en una nueva existencia. La producción teatral se representó ininterrumpidamente 21 años en el West End de Londres, mientras que en Broadway (Nueva York) se mantuvo 18 años en cartel.
Imposibles gatos digitales
La adolescencia de muchos cinéfilos españoles está marcada por una fecha: 1973, el año en que se estrenó en España la película "Jesucristo Superstar". Dos años después, de la mano de Camilo Sesto, sus canciones llegaban al escenario del Teatro Alcalá Palace de Madrid. No existía Internet. Por no existir, ni siquiera se soñaba con cosas llamadas CD o DVD. Los vinilos y las cintas de cassette eran nuestro universo. Los jóvenes que, atónitos, asistimos a la proyección de la película de Norman Jewison, tardamos mucho en enterarnos de que tras todo ello había algo que se llamaba "Ópera Rock". Y que sus responsables eran dos sujetos llamados Andrew Lloyd Webber y Tim Rice.

Fuimos creciendo y no nos olvidamos de esos nombres. Y descubrimos que Lloyd Webber había hecho muchas más cosas, entre ellas nada menos que "Evita", "El fantasma de la ópera", "Sunset Boulevard" y "Cats". Para aquellos adolescentes, "Jesucristo Superstar" siempre sería EL musical, y Lloyd Webber, el tipo de cuya mano caminaríamos.



Tantas décadas después, los musicales de Lloyd Webber forman parte del equipaje sentimental de varias generaciones. Nunca se agotan. Por eso, habrá millones de personas que verán "Cats" con unos ojos, y otros tantos con otros muy diferentes. Quien lleva "Cats" en la mochila no puede asomarse a esta película de la misma forma que quien se acerque a sus canciones por primera vez. De ahí que a muchos nos hayan dolido un tanto las befas con que ha sido recibido este proyecto de Tom Hooper desde las primeras imágenes de su tráiler (algunas, como mínimo, desconcertantes, desde luego). No resultan de recibo algunas de las críticas que ya se han vertido sobre "Cats", entre ellas la de que se trata de una mera sucesión de canciones que presentan a diferentes gatos, con sus características propias, sin un hilo narrativo concreto. Bien, pues se estará criticando entonces la estructura del musical de Lloyd Webber, no la adaptación de Hooper, que sigue bastante al pie de la letra el original (o quizá quienes vierten esos vituperios ni siquiera se hayan tomado la molestia de conocer el material previo. Las cosas de los críticos, ya se sabe…).

De modo que cabe decir, para empezar, que Tom Hooper se esfuerza lo suyo para llenar de dinamismo los números musicales, que el manejo de la luz y el color nacido de la fotografía de Christopher Ross resulta audaz en muchas imágenes y que su juego de encuadres y perspectivas deja más de una secuencia llena de expresividad. Así que menos burlas, por favor. Y señalado lo anterior, claro que se debe reseñar que "Cats" es una obra con un ritmo cojitranco, envuelta en un barroquismo visual tan excesivo que desemboca inevitablemente en el ‘kitsch’ (algo muy lejano de las intenciones de Lloyd Webber en el musical original) y con muchísimas obviedades a la hora de ilustrar en imágenes la personalidad de algunos de los gatos-personajes. Y también, por descontado, que el maquillaje gatuno derrumba por completo la historia: ni son gatos antropomorfos ni son personas con características felinas, sino una suerte de pesadilla imposible que, en especial en los rostros, llega a una implacable artificiosidad, con un CGI que se ve desde varias leguas de distancia, impropio de una superproducción de este porte. Y alguna dimisión debería acarrear la desdichada ocurrencia de mostrar a unos gatos (¡con zapatillas!) entregados al break dance, combinada con la desnortada elección de Judi Dench para encarnar al Viejo Deuteronomio, el más anciano y sabio de los gatos, que parece concebida en una mala noche de juerga…



Entre esos despropósitos, habrá quien no quiera ver aciertos como el número que presenta al misterioso gato Mr. Mistoffelees, adornado por una estupenda coreografía filmada con una cámara precisa y atenta, o el desarrollo narrativo de la gata Victoria (una excelente Francesca Hayward que se luce como bailarina y como vocalista), la forastera llegada a Londres y nueva en el mundo de los "Jellicle Cats". Nada peor que la ceguera consciente o autoimpuesta.

Sí, la película de Hooper carga con demasiados lastres, pero lo que en realidad resulta imperdonable, en especial para los fans, es que se haya desperdiciado el material de partida para convertirlo en deleite de los 'haters'. Esa caracterización, ese maquillaje imposible de los personajes nunca debió seguir adelante. La apuesta digital de Hooper naufraga finalmente por su falta de contención y por su renuncia a abrazar el aura de artificio consciente que daba sentido al musical original. Entre tantas películas infames que pueblan las salas de cine, resulta fuera de lugar cebarse hasta el extremo con "Cats". Y dicho eso, nuestra querencia por la obra de Lloyd Webber tampoco ha de anular el fastidio ante una oportunidad perdida. Un malestar que duele aún más porque los defectos y errores de esta adaptación están tan a la vista que hubiera costado muy poco subsanarlos.
Escrita por Miguel Ángel Palomo (FilmAffinity)
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