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España España · Madrid
Críticas de Charles
Ordenadas por:
1.065 críticas
5
4 de septiembre de 2020
13 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Antebellum” significa “antes de la guerra”, y supuestamente es un término racista que señala las atrocidades cometidas en la ídem.
Ahí algo que yo no sabía.
Como tampoco he vivido o experimentado el histórico racismo usamericano, y por eso pienso que la mitad de encendidos sentimientos que esta película me debería generar se quedan a medio camino de la propaganda y la parodia.

Porque así es, la historia deja poco lugar a los matices:
- Los personajes solo tienen una cara, y esta es exagerada y ligeramente irreal.
- Subtramas quedan descartadas tan pronto como impactan al público, solo por el mero placer de hacerlo.
- La lógica interna del relato ni se expone ni se explica, queriendo jugar la carta del misterio, aunque en realidad es porque no interesan los personajes, y sí las ideas a las que dan lugar.

Si la propaganda no es esto, que baje quien tenga que ser y lo vea.

La historia empieza cuando Eden ha tenido la mala fortuna de recalar en una plantación del Sur, con todo el atajo de racistas asquerosos que la pueblan. Lo que parecía una agradable estampa sureña, al mirar más de cerca, se revela una villa-estado fuertemente armada y defendida, agujero de miserias raciales y morales que en aquella época se daban por llamar “vida normal”.

Sí, acojona.
Mucho más que de costumbre, porque no hay refugios cándidos en la narración: aquí no hay dos esclavos que se den palabras de ánimo o niñas jugando, sino una ley del silencio que pesa como piedra bajo el sol.

Y, sin embargo, es por ahí por donde van saltando las cada vez más crecientes flaquezas del relato, que se afana, lo intenta, de verdad que sí, una y otra vez, en generar potentes imágenes y brutalidades al abrigo de musicón opresivo que corte la respiración.
El estilo le gana a la sustancia, y como “la sustancia” tarda en asomar la pata (y cuando lo hace llega con dos líneas de folio), el tedio va haciéndose notar.

Realmente, a ‘Antebellum’ le suda una higa todo lo que viene siendo esa carcasa endeble que lleva encima llamada “película”.
Solo busca que empatices por pura asociación de conceptos progresistas, o por un sentimiento de culpabilidad histórica que debería estar en la trastienda de la historia, no siendo su principal estructura.
Quiere ser política e “importante”, pero a la enésima persona blanca que sale torvamente enfocada, frunciendo el ceño ante nuestra aguerrida protagonista pluscuamperfecta, se roza un nivel de parodia reservado a aquellos que se creen dadores de la verdad, y solo hacen el ridículo.

Por una vez, me gustaría ver un racista que, pese a ser miserable gentuza, no tenga una sonrisa torcida, sino que salude y de los más agradables buenos días. Esos son los terroríficos.
O una persona negra que, en su ansia de huir del horror, fuera capaz de dejar atrás a sus amigos y conocidos, porque es demasiado alto el precio de volver a por ellos. Haberlos, tuvo que haber.
La siempre bien agradecida escala de grises, que daría algo más de solidez a una propuesta como esta.

En su lugar, hay una historia de vencedores y vencidos ya escrita, que busca el despiste “contra” el espectador (no “con” el espectador), y a la larga no deja de dar los mismos rancios martillazos que no van a hacer caer ningún muro.

En el fondo, queda un sabor amargo.
Los mimbres son buenos, la idea también, Janelle Monáe se carga la película a hombros ella sola, y eso se merece algo.
Pero unas cuantas elecciones desacertadas bastan para convertir una interesante alegoría entre tiempos pasados y futuros en un trasnochado festival de prejuicio y buenismo moderadamente agresivo.

Había una película mejor por algún lado de aquí, y esa nos la han quitado de las manos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Charles
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7
9 de julio de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las notas de un capitán ruso en su viaje por lo inexplorado nos retrotraen a otra era, a un momento especial, por el cual conoció a un cazador nómada con el que trabaría gran amistad.
Su nombre es Dersu Uzala, y la revelación del mismo ya avanza un relato poco común, de esos que quedan escritos sobre la madera del bosque, únicamente leído por los que tienen tiempo de hacerlo.

"Tiempo" es una palabra importante aquí.
Porque los hechos, los sucesos, cada pequeño instante que va cimentando la leyenda de Uzala en torno a la avanzadilla de soldados rusos no simplemente "pasa", sino que se siente, adquiere una importancia, un eco que quizás es insignificante para otros, pero para el Capitán Arsenev se convierte en motivo de fascinación y perpetuo descubrimiento.
Hasta su llegada casual para calentarse al fuego del campamento, Arsenev solo admitía belleza casual en el bosque, y continua alerta contra los peligros que en él habitan. Pero es Dersu quien le saca de su error: allá afuera, no son solitarios caminantes de la nada, sino visitantes de la "gente" que chisporrotea, la "gente" que aulla, la "gente" que brilla en el cielo.

Y eso fue, según vamos adivinando de las palabras del capitán, lo que cambió completamente su perspectiva de vida, probablemente influyendo en lo que era como persona, más allá de la taiga.
No vemos esa evolución, pues el marco queda circunscrito a esa naturaleza que ya no es misteriosa sino armónica, pero queda confirmado cuando en los siguientes años cada encuentro del casi ya mítico cazador despierta una alegría contagiosa entre todos los soldados caminantes.
Un sentimiento puro, bonito y sincero, que probablemente escaseaba por la época, y un canto al entendimiento que ya tiene un eco eterno en este clásico.

La dureza e injusticia asoman, en forma de nómadas silenciosos, temerosos de su ración de comida, o tal vez en accidentes fortuitos pero, precisamente, es el compañerismo lo que triunfa, aunque el propio pellejo corra peligro.
No hay frenéticas escapadas, ni muerte en las miradas. Lejos queda el subrayado con palabras que a la larga no significan nada. Puede el viento soplar, y borrar las huellas, el árbol caerse, y alejar la comida de mañana.
La vida se va ganando sin que el ego o la avaricia dejen su mella y, al final, se da uno cuenta de que solo ha visto hombres de palabra, jamás disparando un arma o dando la espalda a quien tenga al lado.

Es raro ese enfoque. Humanista, a todas luces lejano, casi ingenuo.
Hacen creer que no existe lo cruel o malvado.
Lo hay, lo tenemos de sobra en todos lados, lo seguiremos teniendo.

Pero, en este capítulo, en este diario de otro mundo escrito por capitán ruso... existe la amistad, y es algo que nada puede borrar.
Sigamos creyendo, y practicando, casi alienta Kurosawa.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Charles
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1
3 de julio de 2020
15 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bueno.
Por dónde empezar.
La guionista pensó que sus experiencias vitales (eso parecen), levemente parcheadas en estructura narrativa, valían para hacer película.
Y podría haber sucedido, si el valor emotivo de la historia no fuera tan penosamente marginal, la supuesta originalidad del experimento un apestoso regurgitado de otros referentes mejores, y hubiera un puñetero personaje comprensible en algún lado de su metraje, que son dos horas pero se sufren como cinco.
Ojo, no digo un personaje "querible" (porque yo, chapado a la antigua, pienso que sin conectar a una persona no tienes guión ni nada que se le parezca), si no que, en un esfuerzo de ver cine modernuqui, pienso en personajes "comprensibles".

Porque parece haber, de un tiempo a esta parte, una absoluta plaga de cine indie pagado de si mismo que se piensa que cuanto más respondones y rebeldes sus protas, más llama la atención, como si fuera un niño chico. Y un papel así te lo defiende y te lo deshuesa un James McAvoy o una Jessica Chastain, no los dos insufribles modelos de pasarela que tenemos aquí.
[¿Qué tal habría ido coger de prota una chica a la que no le quedara bien la calva? ¿O pillar a un chaval difícil de mirar, de dientes torcidos, para el papel de drogadicto, en vez de un Calvin Klein mugriento?
Pensamiento que me viene así a bote pronto, porque pedimos diversidad a películas de millonazos y bazofias como esta tienen el sota-caballo-rey de siempre]
El caso: no hay ni un solo minuto en que el drama de baratillo llegue a ninguna parte, porque la directora, listísima y alternativa ella, elige filmar todo para nunca meternos en el dolor y la pena de una paciente de cáncer terminal, y en su lugar acumula postales de Instagram mil veces vistas, plagiadas y fotocopiadas, documentando un romance adolescente que quiere creerse paradigma de lo super guay y no llega ni a mierda en los zapatos de 'Last Christmas' (por poner un ejemplo así reciente).

OHGUAULACHIQUISEPONEUNAPELUCAAZULCHICLE.
Me da igual.
De verdad.
A estas alturas del partido, me parecería oasis refrescante que una de estas películas "de cáncer" supuestamente sensibles, se atreviera a mostrar una protagonista pasándolo mal, haciendo esfuerzos para todo, sudando como una gorrina y tratando de mantener la dignidad que pueda en una situación así.
Pero no, esta muchacha va divina y peligrosa siempre. Luciendo unas pelucas que ni Beyoncé, entallada en unos ""outfits"" de morirse, la más sensual de la fiesta aunque al principio hagan un amago de pintarla como patito feo que quiere salir de su cáscara.
Eso, y la naturaleza semi-improvisada de una mayoría de escenas, me hacen pensar que directora y guionista no solo no respetan mi discutible inteligencia, sino que encima pretendían colar un cagarro indie a pasear por festivales para ver si sonaba la flauta de la crítica más moderna y alternativa.
Lamentable es poco, y lo diré así de tajante: amo el cine, respeto el cine, pero si estos son los estrenos que nos vienen post-pandemia mientras otras joyas están sentadas en el banquillo, se me puede ir a la mierda el cine.

Luego, los títulos.
Wes Anderson nos tiene ya bien entrenados.
Pone un título curiosón, un marco pulcramente recto, y ya nos tiene enganchados al "qué pasará".
Aquí, sin embargo, la cabeza alcornoque de Shannon Murphy pilla un plano medio estable (te me compras un trípode, que están baratitos, de verdad), calza una sobrada de poema tuitero y se cree que hace cine inteligente.
Enhorabuena si no quieres rajar la pantalla al cuarto o quinto título, porque yo me he quedado con las ganas.
(Inciso: cuando llegas a un punto en que metes un título cada dos-tres minutos, igual te tienes que cortar un poco, o replantearte que tu técnica es una soberana estupidez)

¿Los demás?
Bien, gracias, Ben Mendelsohn y Essie Davis, en el papel de padres sufridos, hacen bueno cada minuto de sus presencias, aunque estén metidos en la más pestilente de las ponzoñas, y si no estuvieran aquejados de diálogos tontainas diría que merece la pena solo por ellos.
Particularmente, me gusta que Mendelsohn elija darlo todo aunque la cámara no vaya con él: son esos cachitos de calidad a los que hay que agarrarse en la más absoluta de las nadas.

Siento como si hubiera escrito mucho sin decir realmente demasiado.
Y bueno, es que la película es así: inconexa, mal rematada, aburridísima, claveteada de rasgos de estilo (como los personajes de ingenio afilado) que llevan años sin usarse bien.
Pero lo que realmente me enfada, me encabrona. me abomina, es el intento de glamourizar el cáncer, la drogadicción, una relación abusiva de mierda con un pringoso que no tiene escrúpulos en mentir o abusar, y la idea de que no importa si eres un padre de mierda, porque a tu hija se le pasa si le haces una fiesta con globos y piñata.

Ala, que la disfrute quien pueda.
Y quien quiera, que le casque unas cuantas estrellitas de esas que puedan poner con tipografía super chuli en el tráiler para cazar a otros.
Charles
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8
24 de mayo de 2020
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estoy convencido: esta peli, en otra realidad, en otro mundo, en otro sub-mundo, es una obra maestra.
Una valiente y arriesgada versión de los Hermanos Mario, enfrentados a la terrible dictadura del gran Koopa, cuya violencia policial solo rivaliza con su habilidad para las campañas políticas agresivas.
Em... esto... ¿que quién la necesitaba?
No tengo ni idea, pero que haya llegado hasta este nuestro mundo es más motivo de alegría del que se le concedió.

Porque, de verdad, solo pensar en Bob Hoskins, el cabrón no podría ser más Mario ni haciéndose cirugía. A Luigi le falta bigotón, pero tanta química tienen los dos que me olvido de eso enseguida.
Y Dennis Hopper, amo y señor del mal, sobreactúa que da gusto, pero consigue revestir cierto fastidio de que sus planes no estén saliendo como él quería. (Si bien el puntazo es llamar "opresor del proletariado" a lo que en su fuente es un lagarto crecido con pinchos).
Con esos mimbres, y una absolutamente desquiciada ciudad distópica bajo el suelo de Manhattan donde los reptiles abundan y las señoritas crían fama en clubes de mala muerte, ¿qué más necesitas?

Nada.
Quizás Mario y Luigi en interrogatorio policial (real).
Tal vez aparatosísimos esbirros de Koopa con cabeza diminuta y cuerpo desproporcionado (real).
Puede que Mario comiéndole las tetas a una prostituta (Super Mario Party reloaded).
O el World Trade Center espantosamente diezmado por una brecha espacio-temporal (dios santo).

Dicen que tendrían que haber sido más fieles a los videojuegos, y yo digo que nones.
Para ver champiñones mutilados me hago una tortilla.
Y me encanta ver a los hermanos Mario Mario y Luigi Mario (real) como improbables salvadores de un reino subterráneo regido por la corrupción y nacido del meteorito que extinguió a los dinosaurios.

Lo dicho, en algún universo, esta película va por su quinta secuela.
Quien sea que la trajo aquí... ¿puede traer las demás, por favor?
Charles
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10
24 de mayo de 2020
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Cuánto tiempo hace que no descubrías una película?
¿Que te recreabas en sus imágenes con puro sentido de la maravilla, que cada pequeño momento escalaba hacia tu corazón, y la fantasía se sentía más cerca, más "vivida", que nunca?
Quizá necesitábamos volver, a esa isla.
A donde nunca se hunden los sueños, o se olvidan.
Acércate a la ventana, salta, ahora, ya, antes de que pierdas el tren, te dice Benh Zeitlin prescindiendo de gorro enplumado o mallas verdes. No necesitas adornos, solo creer.

'Wendy' ha estado años en construcción, filmándose en una isla perdida (y volcánica) del Caribe, dependiente de la imaginación y espontaneidad de sus artífices y reparto.
Un proyecto de amor, a todas luces, que rivaliza con cualquier otra versión del inmortal 'Peter Pan' por una sencilla razón: no habrá nada en esta vida como crecer, y ese mantra se queda bien profundo, en el corazón de este Nunca Jamás.
No habrá nada como descubrir la inmensidad del mundo a edad temprana, no habrá nada como creer que los juegos de hoy serán nuestra esperanza del mañana, no habrá, nunca, nada como bailar sin parar al son de nuestra propia muda melodía... y, desde luego, no habrá nada como darse cuenta de que aquella fantasía, por muchas canas y arrugas, jamás abandonará del todo tu vida.
Afirmaciones hermosas, puras, que recorren la historia y la sirven sin cinismo o burla ninguna. Aquí había creyentes filmando, y eso es raro de ver.

El viaje iniciático de Wendy la lleva a afirmar, con infantil furiosidad, que su vida no será servir los desayunos en la estación a orillas de las vías.
Esa idea y una sombra en la pared (apenas marcada, nada fantasiosa o bien señalada) se alían para sacarla de lo que siempre ha conocido, y plantearle la posibilidad de que sí, existe otra posible historia, una que se contará en leyendas sobre esa niña que voló a jugar con los fuegos de la tierra o a nadar entre bioluminiscencias eternas.
Solo, tras mucho caerse entre las plantas o secarse a la brisa de la playa, Peter le menciona, de pasada, como augurio innombrable, el secreto: "nunca dejes entrar la tristeza en tu corazón".
¿Y si existe la tristeza, cómo es que se evita, en la tierra de milagros e imposibles, su curación?

Una pregunta que merece la pena hacerse.
Tanto, que también merece la pena reescribir la historia de J.M. Barrie, y encontrarle un sentido a ese hueco del alma adulta, que con nada se llena y parece condenado a permanecer vacío.
"Tú no entiendes, eres joven."
Frase que no nos hemos cansado de usar como arma arrojadiza, quemando el puente de vuelta a casa, porque con un par de arrugas, andrajos y michelines nos creemos merecedores de lo que esos malditos críos de pies descalzos nunca apreciarán.
Sin darnos cuenta de que Nunca Jamás es enorme, es eterna. Y nunca nos abandonará, por mucho que queramos virar el rumbo y darnos la vuelta.

Habíamos creído que no existían los finales felices.
Que no puedes estar orgulloso, agradecido, o contemplar en viejas fotos el niño que fuiste, sin regañarle por correr tan rápido, o haberse manchado tanto.
Es mentira: puedes hacer las paces, escuchar cómo voló con Peter y cantar la misma melodía que parecía escondida; en un solo paso.
Ten el valor y la poca vergüenza de darlo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Charles
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