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9 de marzo de 2008
9 de marzo de 2008
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una cosa es cocer a fuego lento, otra muy distinta calentar al sol teniendo una lumbre a mano. Con esto no quiero decir nada más que lo que digo: que al film de Dominik le sobran sus buenos 60 minutos de metraje (si, 60: aproximadamente) y su buen manojo de ambiciones, estéticas y narrativas. Demasiado preámbulo para tan poco resultado, ¿no?. Porque no nos engañemos: El asesinato... no cuenta mucho más de lo que contaron las versiones anteriores de Lang o Fuller, pero sí de una forma más lucida y vistosa. También más torpemente. Me costó conectar con las emociones de los personajes, encontré demasiados titubeos en una primera hora de metraje mayormente aburrida, me sobraron tanto redundante texto en off y tantas pretensiones, me sobró su ritmo moroso y falsamente contemplativo.
Valoro la obra de Terrence Malick, disfruto con la metafísica del paisaje y la comunión del hombre con la naturaleza, pero en este caso el embelesamiento visual que programa Roger Deakins me parece innecesario y artificial, una forma fácil de dotar de profundidad y relevancia a aquello que no la tiene, un recurso simplón para engrosar la dimensión poética del legendario J. James (que probablemente se reiría contemplándose filósofo de las praderas con la jeta de Brad Pitt) y hacer del relato una especie de exploración trascendental del forjamiento de una leyenda y los satélites que la circundan (y la sufren).
Valoro la obra de Terrence Malick, disfruto con la metafísica del paisaje y la comunión del hombre con la naturaleza, pero en este caso el embelesamiento visual que programa Roger Deakins me parece innecesario y artificial, una forma fácil de dotar de profundidad y relevancia a aquello que no la tiene, un recurso simplón para engrosar la dimensión poética del legendario J. James (que probablemente se reiría contemplándose filósofo de las praderas con la jeta de Brad Pitt) y hacer del relato una especie de exploración trascendental del forjamiento de una leyenda y los satélites que la circundan (y la sufren).

Casey Affleck & Brad Pitt
También hay buen cine en ella, claro: el fantasmagórico asalto al tren (realista y onírico a partes iguales, con la poesía de lo silente acechando en cada plano) o los careos entre James y su futuro asesino R. Ford. Y llego aquí al que considero el mejor punto de la película: la interpretación de Casey Affleck, componiendo el personaje más interesante de todos. Humanísimo, complejo, una triste figura que condensa todas las pasiones y miserias del ser humano (avaricia, ambición, celos, arrepentimiento, vergüenza). Es una lástima que Dominik nos ofrezca bien masticadito su difícil papel en una comparación explícita con James que malogra lo que hasta el momento conformaba un epílogo intachable.
Son estos últimos 45 minutos, pese a todo, los mejores de toda la película, curiosamente el tramo de obra que coincide en hechos narrados con la más modesta y breve aproximación que hizo Fuller al mito en Balas vengadoras, que también focalizaba su mirada en la cobarde faz de Ford en detrimento de la mucho más célebre de JJ. Con excusa romántica y muchos más recursos ficcionales, sí, pero siendo en su diagnóstico igual de penetrante y triste y el doble de entretenida que la que nos ocupa. El filme de Dominik tiene más credibilidad y un aroma a cine "de calidad" que le aportará muchos puntos, pero yo me sigo quedando con Fuller, más directo y con una poética del oprobio y la vergüenza genuina y visceral, incontaminada de registros líricos forzados y (parcialmente) gratuitos.
Son estos últimos 45 minutos, pese a todo, los mejores de toda la película, curiosamente el tramo de obra que coincide en hechos narrados con la más modesta y breve aproximación que hizo Fuller al mito en Balas vengadoras, que también focalizaba su mirada en la cobarde faz de Ford en detrimento de la mucho más célebre de JJ. Con excusa romántica y muchos más recursos ficcionales, sí, pero siendo en su diagnóstico igual de penetrante y triste y el doble de entretenida que la que nos ocupa. El filme de Dominik tiene más credibilidad y un aroma a cine "de calidad" que le aportará muchos puntos, pero yo me sigo quedando con Fuller, más directo y con una poética del oprobio y la vergüenza genuina y visceral, incontaminada de registros líricos forzados y (parcialmente) gratuitos.
Lo mejor: Casey Affleck.
Lo peor: demasiado metraje y desaprovechar a Mary-Louise Parker.
Lo peor: demasiado metraje y desaprovechar a Mary-Louise Parker.
19 de agosto de 2007
19 de agosto de 2007
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si David Lynch dirigiera una película estrictamente de terror le saldría una cosa muy parecida a Dead End, la simpática peli que el dúo francés formado por Andrea y Canepa ha diseñado para mayor desesperación de la familia protagonista. No lo digo sólo por la presencia de Ray Wise, sino por esa misteriosa línea recta e infinita que recorren los personajes y que tanto bebe del desasosiego y el surrealismo más clautrofóbico y perverso latente en la obra del autor de Dune.
La presencia de la chica de la curva (con bebé incluido) suena a ya vista, pero la trama funciona a la suma perfección dentro de su calculada dimensión dramática, sin dar un respiro al espectador para que pueda llegar a aburrirse. Da igual que la historia sea una copia descarada de la telefílmica Historias de medianoche (que a su vez homenajeaba a Malpertuis), porque funciona y tiene los suficientes golpes de humor (negro) y de sangre como para divertir al fan más acérrimo y desacomplejado del género.
La presencia de la chica de la curva (con bebé incluido) suena a ya vista, pero la trama funciona a la suma perfección dentro de su calculada dimensión dramática, sin dar un respiro al espectador para que pueda llegar a aburrirse. Da igual que la historia sea una copia descarada de la telefílmica Historias de medianoche (que a su vez homenajeaba a Malpertuis), porque funciona y tiene los suficientes golpes de humor (negro) y de sangre como para divertir al fan más acérrimo y desacomplejado del género.
Lo mejor: su sentido del humor.
Lo peor: se adivina el final con facilidad.
Lo peor: se adivina el final con facilidad.
27 de julio de 2007
27 de julio de 2007
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fue la gran triunfadora en la última edición de los César y viene precedida de estupendas críticas en el país vecino. Bien, no es para tanto… pero tampoco está nada mal. Audiard supera su anterior Lee mis labios (no lo tenía difícil: era una obra atractiva pero muy irregular) atreviéndose con un remake de Fingers (Melodía para un asesinato, James Toback, 1978), que no he visto. Por tanto: comparaciones, ninguna. Tomemos la obra tal cual está, sin rendir cuentas a nadie. ¿Qué me gusta de ella? Principalmente, su protagonista. Esta es una película movida por la fuerza de su personaje principal: él lo es todo, y si él falla, fallo todo lo demás. Pero no falla, porque Romain Duris logra una interpretación ajustadísima de ese nuevo antihéroe moderno con el que nos gustaría identificarnos: atormentado, seductor, romántico, frágil, un poco cabrón. Pero también me gusta la forma que tiene Audiard de filmar la realidad que lo circunda, de sembrar de oscuridad un recorrido que es emocional y cognoscitivo a un tiempo. Audiard (y su guionista habitual) dibuja muy bien esa complicada relación paternofilial basada en la necesidad y el rechazo mutuos, aunque no logre evitar caer en algún lugar común innecesario.

Equiparar el latido del corazón con el ritmo vertebrador de una pieza de Bach y el pulso nervioso/pausado de la narración no es el único mérito del film: se entra con suavidad y desconfianza en él, pero luego cuesta salir. Gracias, sobre todo, a Duris y el resto del reparto (Niels Arestrup está para quitarse el sombrero), al buen quehacer de Audiard y a la labor de Stéphanie Fontaine (las escenas de violencia se benefician de una oscuridad muy bien planteada) y Alexandre Desplat. Y aún aceptando que no hay nada especialmente sobresaliente en este remake aparte de su buena factura (porque no lo hay, esto es así y punto), este termina si no cautivando, sí al menos cayendo simpático y entrañable. Además, el conflicto que plantea (la forma de huir de un presente incómodo marcado por la ilegalidad -el Padre- para volver a un pasado que aún deja oír sus ecos sobre los acordes de un viejo piano -la Madre) se resuelve con sutileza en un plano-metáfora eficaz y perturbador (que no desvelaré por eso de la validación).
Lo mejor: Romain Duris.
Lo peor: no logra trascender su material de partida.
Lo peor: no logra trascender su material de partida.
21 de julio de 2009
21 de julio de 2009
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El mejor guión de Espinosa. Siempre había tanteado con la genialidad, pero es aquí donde su visión de la vida se expone con mayor inteligencia y profundidad. No me tiemblan los dedos al escribir que esta es una película terapéutica, en el mejor sentido de la palabra: uno sale de ella más sabio, fortalecido y con los sentidos más abiertos, como si el filtro que nos separa de la realidad se hubiera roto para siempre, como si por fin pudiéramos ser conscientes de lo que significa existir; los interrogantes vitales no desaparecen, pero ganamos en lucidez a la hora de abordarlos.
Espinosa, a través de la sensible cámara de Ripoll, habla de la muerte sin gravedad, más bien al contrario, con humor y un tono cercano que casi hipnotiza, que conjuga sonrisas abiertas con instantes cercanos al escalofrío. El verbo de uno adquiere fascinante cuerpo a través de la imaginación intimista y extremadamente física de la otra, en una formulación estilística que algunos (no sin razón) tacharán de publicitaria y melosa, pero que funciona, que rima con el alma del relato de un modo puro que reivindica, sin decirlo, la grandeza de estar vivo.
Espinosa, a través de la sensible cámara de Ripoll, habla de la muerte sin gravedad, más bien al contrario, con humor y un tono cercano que casi hipnotiza, que conjuga sonrisas abiertas con instantes cercanos al escalofrío. El verbo de uno adquiere fascinante cuerpo a través de la imaginación intimista y extremadamente física de la otra, en una formulación estilística que algunos (no sin razón) tacharán de publicitaria y melosa, pero que funciona, que rima con el alma del relato de un modo puro que reivindica, sin decirlo, la grandeza de estar vivo.

Que el discurso se estructure en torno a improbables coincidencias, lejos de ser un error, se convierte en una solución argumental que dota aún más de sentido a lo narrado, aún a riesgo de jugar con el subrayado y la credibilidad. Si a esto añadimos una pareja de una química explosiva (la mirada húmeda de Pereira y la mezcla perfecta de inteligencia, belleza y dulzura de Arias), un par de secundarios espléndidos y el ya mencionado tacto de Ripoll, tendremos una preciosa reflexión sobre la muerte que se acaba convirtiendo en una preciosa reflexión sobre la vida: o sea, sobre el amor.
Quizás sea una película imperfecta, pero es tan acogedora y cercana que dan ganas de quedarse a vivir en ella toda la vida.
Lo mejor: los actores, su cuidada elaboración dramática y formal.
Lo peor: algún exceso estilístico, algún tópico prescindible.
Quizás sea una película imperfecta, pero es tan acogedora y cercana que dan ganas de quedarse a vivir en ella toda la vida.
Lo mejor: los actores, su cuidada elaboración dramática y formal.
Lo peor: algún exceso estilístico, algún tópico prescindible.
5
29 de agosto de 2007
29 de agosto de 2007
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El primo tonto de Jake Gyllenhaal se embarca en una cruzada antivampiros (ahora los llaman burjis) a lo largo y ancho de la galaxia acompañado de una oriental marimacho, un cowboy subnormal y una vampira buenorra enfrentada a los de su propia condición, por eso de seguir las doctrinas del profeta Blade. El malo es un Michael Ironside de rebajas y sus secuaces una panda de tarados de muy variado pelaje: luciendo chupa de cuero y cadenas, con mascarita a lo Leatherface o en plan larva viscosa y parlanchina escapada de Slither. Todo adornado con accesorios de los chinos, gore malillo y efectos especiales de andar por casa. O sea, una puta mierda del tamaño de Mónaco. Por eso me da rabia que me lo haya pasado bien viéndola.
Puede que sea el calor, el recuerdo de la programación televisiva veraniega o el hecho de que siempre me ha hecho tilín la cosa espacial cuando se trata con ligereza y cachondeo, el caso es que Bloodsuckers me parece un disparate simpático y disfrutable. Algo así como la versión macarra y zopenca de Serenity, un puro tebeo de tercera (en espíritu y concepción) que sonroja y divierte a partes iguales. Porque hay que hacer un esfuerzo enorme para no soltar la carcajada ante sus numerosos diálogos chorra y sus idas de olla de guión. Además es frenética, ocasionalmente sorprendente y no se toma en serio a sí misma ni un sólo segundo. No sé, podré rellenar folios y folios anotando sus defectos, pero de haberme aburrido no podré acusarla jamás. Ya es más de lo que puede decir, por ejemplo, el vandarra de Riddick en sus crónicas espaciales.
Lo mejor: Natassia Malthe. ¿De dónde salió semejante monumento?
Lo peor: no sé si quedarme con la polla parlante, el fraude del sexo tántrico (¡lo queremos real!) o Michael Ironside firmando su acta de defunción artística.
Puede que sea el calor, el recuerdo de la programación televisiva veraniega o el hecho de que siempre me ha hecho tilín la cosa espacial cuando se trata con ligereza y cachondeo, el caso es que Bloodsuckers me parece un disparate simpático y disfrutable. Algo así como la versión macarra y zopenca de Serenity, un puro tebeo de tercera (en espíritu y concepción) que sonroja y divierte a partes iguales. Porque hay que hacer un esfuerzo enorme para no soltar la carcajada ante sus numerosos diálogos chorra y sus idas de olla de guión. Además es frenética, ocasionalmente sorprendente y no se toma en serio a sí misma ni un sólo segundo. No sé, podré rellenar folios y folios anotando sus defectos, pero de haberme aburrido no podré acusarla jamás. Ya es más de lo que puede decir, por ejemplo, el vandarra de Riddick en sus crónicas espaciales.
Lo mejor: Natassia Malthe. ¿De dónde salió semejante monumento?
Lo peor: no sé si quedarme con la polla parlante, el fraude del sexo tántrico (¡lo queremos real!) o Michael Ironside firmando su acta de defunción artística.
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