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Críticas de: lyncheano
lyncheano |
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(Móstoles, España)
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| 690 | Películas valoradas |
| 33 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
6,6
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El incidente (The Happening) (2008)
M. Night Shyamalan
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| 137 de 224 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Junio de 2008 |
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Es tanta la sutileza de la metáfora cinematográfica de este señor que una vez más vuelve a metérsela doblada a todos aquellos críticos de pacotilla, cinefilillos de pega y público aborregado en general, ávido de burlar el bochorno con el rico aire acondicionado de los grandes cines de nuestros tiempos. No señores, "The Happening" (¿El Incidente?, ¿qué es: un ligero contratiempo lo que sucede en la película?, por el amor de Dios...) no es ni un timo, ni una basura, ni el enésimo resbalón del indio, ni una cacota pinchada en un palo... No. Es una película excelente filmada con maestría, es ni más ni menos que la historia que quería contar Shyamalan justo en este momento, y así lo ha hecho. Como cuando quiso contarnos un cuento e hizo la maravillosa "La Joven del Agua". No estaba pensando en nosotros, en si nos gustaría, en la taquilla que haría, ni mucho menos en apaciguar los ánimos de los que no visteis en "El Bosque" una de las más grandes obras maestras del nuevo siglo. Shyamalan quería contarnos, con toda la economía de medios de que fuera capaz, que el fin del mundo no vendrá, porque ya hace años que llegó. Tampoco es una apología del ecologismo ni una crítica sobre lo malos que somos los seres humanos que contaminamos el planeta. Shyamalan, lejos de ello, nos excusa haciéndonos ver que no nos queda más remedio que seguir siendo torpes humanos y que la guerra contra nosotros mismos en nuestro eterno propósito de autodestruirnos se encuentra ya en tan avanzado estado que lo único que podemos hacer es seguir teniendo hijos y amándonos sin saber amar (la insulsa historia de amor no es más que una muestra más de la artificialidad de nuestros sentimientos y nuestro egoísmo, que encuentran en el amor la manera de seguir tirando hacia delante para dar una razón de ser a nuestro único propósito que es el de continuar expandiéndonos como una enfermedad).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Pero insisto, no es una crítica. El caso es que somos como somos y por eso no tenemos escapatoria. Estamos condenados. Necesitamos anillos de colores que nos digan lo que sentimos en cada momento, y un predictor que nos informe de si estamos o no embarazados. Dependemos tanto de aquello que hemos creado que lo artificial nos ha acabado por aislar de nuestro entorno (es brillante la manera en que introduce esa casa de pega para hacer énfasis en su idea). Ya no somos parte de la naturaleza y la naturaleza ha encontrado la manera de combatir la infección que sufre. Ante semejante ataque, el ser humano responde primero con desorientación, después con pánico, y sólo más tarde intenta razonar analíticamente haciendo uso de su arma cerebral letal e inquisidora, que es nuestro intelecto, aquello que nos diferencia de los demás seres de este mundo. Si las plantas están atacándonos es porque las hemos enfadado... vamos entonces a decirles que somos sus amigos... pero, ¡oh no! esta planta con la que hablo también es de plástico y no me oye, entonces dejemos de columpiarnos sobre ese arce que sufre en sus ramas el rozamiento de nuestro peso en desinteresada fricción... pero, ¡oh no! resulta que el árbol no es el que ataca, sino esas personas escondidas y asustadas que descerrajan sendos tiros con sus rifles sobre aquella pareja de adolescentes. ¿Qué está pasando entonces?, ¿es que acaso no lo entendéis? Shyamalan no ha puesto ningún terrorista ni monstruo descomunal corriendo detrás de los personajes de su película. Sólo vemos la hierba y las ramas de los árboles entrelazando sus dedos con los del viento. El aspecto amenazante de los mismos es algo que está en nuestro cerebro. ¿Y por qué muere la gente entonces? ¡Ja, qué pregunta tan graciosa! ¿Es que acaso no nos queremos matar nosotros mismos? Shyamalan abre con unas imágenes de nubes corriendo aceleradamente por el cielo. Es eso precisamente lo que va a hacer con su film. Acelerar el proceso de automutilación y suicidio al que todos asistimos impasivos. Estamos destruyendo la Tierra, estamos acabando con el planeta. Las plantas no nos atacan, aceleran el proceso de suicidio colectivo, porque han detectado la enfermedad y han evolucionado para intentar acabar con ello. El único enemigo del hombre, una vez más, es el propio hombre. Es paradógico y apoya mi teoría de que Shyamalan no quiere aleccionar a nadie, el hecho de que la siniestra anciana que les da acogida en su casa sea el único personaje de la cinta aislado de la artificialidad del mundo y al mismo tiempo la única que no se entera de lo que pasa. No obstante, no es buena persona, es paranoica y pega a la niña. La solución no reside en renegar de nuestra esencia. Sino en tener más sentido común. Pero quizá ya sea demasiado tarde.
lyncheano 
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La fuente de la vida (The Fountain) (2006)
Darren Aronofsky
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| 50 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
6 de Septiembre de 2007 |
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La vida eterna queda desligada del tiempo, huye de su significado y florece dentro de una nebulosa moribunda. La muerte es un acto de creación, y el sentido mismo de la vida no reside en el tiempo que pasamos viviendo, sino en el tiempo que realmente destinamos a ser felices y no buscando esa felicidad. Por eso esta ''Fuente de la Vida'' de Aronofsky no nos habla de ser inmortales, o sí lo hace, pero para corroborar su sentido opuesto o diferenciado de esa utopía, de esa ciencia-ficción. ''The Fountain'' no es opulenta ni pretenciosa como así nos lo querían hacer ver, pues es todo lo pretenciosa que pudiera ser una historia de amor entre un hombre y una mujer. No obstante, tampoco se trata de una historia cualquiera, sino aquella que muestra la verdadera esencia de lo que significa el amor, que nos enfrenta directamente al problema de la escasez del tiempo con el que contamos y de nuestro error existencial al no saber qué hacer con él. Nos habla de un doctor enamorado de una chica que es un ángel en la Tierra, una chica con un tumor mortal cuyo marido pasa más tiempo en el laboratorio intentando encontrar una cura a su enfermedad que pasando con ella sus últimos días. La cruel metáfora de la vida, un espejo roto en el que vemos reflejado cómo se nos escapa el tiempo sin que hagamos nada más con él que intentar alargarlo y ensancharlo inútilmente. Por eso Aronofsky nos dice que la vida eterna no consiste en tener más tiempo, sino en elegir la opción correcta, salir corriendo detrás de esa preciosa mujer hacia el campo nevado y no hacia las probetas y los monos de laboratorio. La vida es un libro inconcluso donde relatamos en tinta negra la odisea de una búsqueda, tinta negra con la que nos tatuamos la idea de un compromiso eterno que se extravió por el camino, señal inequívoca de que no hacíamos lo que realmente deseábamos. Las imágenes de esta obra maestra son tan poderosas, (en su concepción tanto como en su abstracción, en su plano estético y filosófico, o como simple canto a la vida) que volvemos a estar delante de un ser con vida propia que hace suyo el milagro del cine: transmitir a otro nivel por encima del lenguaje, clavarse como un dardo en el hipotálamo y extenderse como un dulce veneno a través del alma. Un alma que vive en una urna de cristal líquido viajando a cientos de miles de kilómetros por hora surcando el universo hacia Xibalba, donde el árbol de la vida volverá a renacer, o donde por fin comprenderemos que ''juntos para siempre'' no es sólo una abstracción brotada de la boca de un corazón enamorado, pues su significado trasciende la esencia mortal de la carne, trasciende el alimento de la madera de la vida, el vello erizado al contacto de unos labios amantes, las pisadas sobre el barro que circunda la presencia arbórea de una vida marchitándose ante un corazón en pena; la conquista de la Nueva España en busca de una utopía que no está más allá que dentro de nosotros mismos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Al final, el doctor Creo, en lugar de continuar su búsqueda de la inmortalidad, comprende por fin que la muerte es necesaria porque da sentido a la vida, que el amor y la pasión no tendrían cabida en este mundo si viviéramos para siempre. Por todo esto, ''The Fountain'' constituye una fábula empírica, un experimento del sentir humano, un cuento de hadas desde el otro lado de la imaginación, que nos sugiere que la vida nace de la muerte, es naturaleza, florece y se marchita, pero a su vez crea un alma que levita por encima de las ramas retorcidas y suplicantes, acepta que la eternidad parte de la comprensión de que nuestro sitio no está sólo aquí, que la vida eterna es compromiso, y ese compromiso es un anillo que nunca debemos quitarnos bajo ninguna circunstancia, pues es el amor y el recuerdo, la plenitud de cada momento que hemos vivido entre esa naturaleza verde y exuberante, entre la pureza de una nieve que cae en delicados copos sobre lo que más amamos en vida, que hará de la muerte un mero trámite con el que completaremos un círculo infinito. Muerte, vida, creación, amor, destino y compromiso. Para siempre.
lyncheano 
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American Beauty (1999)
Sam Mendes
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| 29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
7 de Septiembre de 2007 |
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Desde Terciopelo Azul, nadie había conseguido captar en la gran pantalla de una manera tan excepcional la vida cotidiana de un típico barrio americano. Sam Mendes lo hace a base de imágenes atemporales grabadas para siempre en el limbo de nuestra memoria colectiva. American Beauty es tan hermosa y posee a su vez un mensaje tan abrumadoramente doloroso y cotidiano que casi podemos sentirla como algo vivo. Son las tinieblas agazapadas en las miserias apáticas de una familia como otra cualquiera, tan normal como hubiera cabido esperar en una urbanización de clase media alta de ese sueño americano que tanto se empeñan en demostrarnos que aún sigue vivo. Pero la realidad es que su mensaje de monotonía e infelicidad es tan universal que no podemos considerarla como algo lejano y ajeno a nosotros. Trata una realidad que nos concierne y nos empapa por completo cada día: la vida en matrimonio, cada vez más impersonal, sin rastro de pasión sexual, abocada a los tonos grises de la apatía y la ausencia de sueños y de ilusión; la relación entre padres e hijos, incomunicativa y violenta, casi como extraños que viviesen bajo el mismo techo...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: durante el metraje, asistimos a un progresivo ejercicio de salvamento individual, en el que cada uno intenta aferrase a algo fuera de lo normal para demostrarse a sí mismo que sigue vivo: la ambiciosa mujer se lía con un vendedor de casas de la competencia; su marido comienza a fumar marihuana y a hacer ejercicio con la esperanza de poder tirarse a la mejor amiga de su hija; la propia hija se enamora de su nuevo vecino, un chico extraño e introvertido que se refugia en su cámara de vídeo para escapar de la férrea disciplina de su padre e intentar ver la belleza de este mundo a través de su objetivo, nunca directamente con sus ojos. Quizá sea el padre del chico, el marine retirado, el personaje más inquietante de esta soberbia película, pues parece estar encarcelado por sus propios pensamientos homófobos y evidentemente nazis, cortando de raíz todo intento por parte de su propia alma de ser feliz y poder expresar su homosexualidad libremente. La película está sabiamente montada y dirigida, revelándonos desde el principio que el protagonista va a morir inminentemente, y no por ello provocando que decaiga el interés. También es interesante el uso que hace Mendes de los pétalos de rosa y del color rojo en general, símbolo de la pasión y de la lujuria... pero también de peligro (la puerta de la casa, el vestido de su mujer, las flores...). Se trata de una bella representación de la vida y de la muerte, sustentada en unas brillantes interpretaciones, en unos ágiles y cínicos diálogos, y en un humor tan mordaz y espontáneo como las ganas de vivir que les entran a todos cuando por fin comienzan a oler en el aire ese tufo de mortal monotonía. Sólo al final, segundos antes de que el personaje encarnado por Spacey reciba un tiro en la nuca, descubren que lo que importa es realmente lo que daban por perdido, y la solución es tan evidente que siempre se les escapaba por completo. La sensación final es de que quizás ya no tengamos tiempo para la redención, pero también la de que al fin y al cabo, sólo nos daremos cuenta de lo bella que es nuestra miserable e insignificante vida hasta que la perdamos. Y entonces ya sí que será demasiado tarde. Para todos.
lyncheano 
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Eyes Wide Shut (1999)
Stanley Kubrick
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| 23 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
6 de Septiembre de 2007 |
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El Genio entre los genios se despidió de nosotros para siempre, dejándonos esta última obra maestra como colofón a una carrera inigualable. Su ritmo lento y su pulcra fotografía, aderezada con esas puntuales e inquietantes notas musicales de Lygeti o con el precioso vals de Shostakovich, construída a partir de las impecables interpretaciones de Tom Cruise y sobre todo de Nicole Kidman (el personaje femenino de más envergadura en toda la obra de Kubrick), hacen que esta joya llegue muy adentro de aquel que la contempla. El sentido del matrimonio como culminación de aspiraciones amorosas queda en evidencia, parece desnudo y artificial, como un oscuro y ambiguo concepto exigido por la existencia de una falsa seguridad que a la postre resultara ser letal para su propia supervivencia. El doctor Bill descubre que su relación no va tan bien como él suponía, y tras ser confidente de las revelaciones (consecuencia del opio) de su mujer sobre su intención de haberlo abandonado a él y a su hija por una noche de sexo con un oficial de la marina hacía ya más de un año, comienza a replantearse su relación, su valoración de la fidelidad, y su propia vida en general.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Atormentado por los lujuriosos e hirientemente sinceros pensamientos de su preciosa mujer, Bill emprende una huída hacia los rincones más oscuros de su persona, hasta los límites mismos del flirteo y del sexo, simbolizados magistralmente con un Nueva York misterioso, lleno de placeres ocultos. Nos narra el descenso a las tinieblas de una persona pagada de sí misma, que es arrojada a un mundo extraño en el que casi es obligado a volver a querer sentirse deseado, en el que busca una venganza callada haciéndose daño a sí mismo, poniendo en peligro todo lo que tiene, su familia, su vida, su seguridad y su propia percepción de todo cuanto le rodeaba hasta entonces. Nos habla del poder de las palabras, y sugiere la posibilidad de que no exista diferencia entre lo que se sueña o se dice con respecto a lo que uno pueda hacer en realidad. Al fin y al cabo, los sueños son las proyecciones de nuestros más oscuros deseos, miedos, pasiones y fantasías. Nos hace pensar, nos anuda las tripas en un lugar más íntimo que donde lo suelen hacer las cintas melodramáticas, pues esta expone una realidad que todos hemos de asumir: que nuestro cuerpo no atiende a las necesidades del corazón, y que en ocasiones nuestro corazón no logra atender todas las necesidades de nuestro cuerpo. Sin embargo, el daño que uno puede infligirse involuntariamente con todo este tema de la infidelidad, ya sea real o imaginada, es tratado en forma de miedos o tabúes que no pretenden moralizar (Dios libre a Kubrick de haber querido moralizar nunca), pero que sí nos dejan la severa advertencia de que se están cruzando terrenos pantanosos. Es difícil contenerse, no sólo por despecho, pues el espectador, al igual que Bill, se siente engañado, sino también por la espantosa situación de desorientación a la que uno llega, planteándose todos y cada uno de los aspectos de su vida, buscando las respuetas en otros cuerpos hasta caer rendido dentro del suyo propio sin saber cómo seguir adelante. Todo este drama interno, psicológico, proyectado en la escasa acción de la película, es retratado por Kubrick a base de movimientos lentos y concienzudos de cámara (deudores de Antonioni), y sobre todo a través del uso magistral que hace de los colores primarios.Todo tiene significado, todo tiene sentido, pero es un sentido tan íntimo como el que cada uno le quiera dar. Pues para eso hacía películas Kubrick. Para liberar sus fantasmas internos y dejar esa sensación de extrañeza en los espectadores, la misma que nos deja esta maravillosa cinta posiblemente más que ninguna otra. Para Kubrick fue la mejor que hizo, y aunque a muchos les cueste afirmarlo, desde luego habrán de reconocer que sí se trata de la más madura y posiblemente personal de todas sus obras. Todo en ella es retrato de lo que somos, o de aquello que al menos una vez hemos deseado ser.
lyncheano 
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Starship Troopers (Las brigadas del espacio) (1997)
Paul Verhoeven
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| 21 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Septiembre de 2007 |
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Es esta una película hecha para mentes abiertas y cerebros ávidos de retos intelectuales que sepan apreciarla en toda su grandeza, para aquellos espectadores que sepan ver todo el vasto campo de controversia y posibilidades interpretativas que nos ofrece, por encima de lo que pudiera parecer a primera vista entre y a través de tanta sangre y acción. Sin lugar a dudas, Verhoeven quiso transmitirnos un mensaje de lo más actual, peligroso y hasta podríamos decir moralmente dudoso, de la forma más inteligente posible. Para ello fabricó una película comercial, de acción, apoyada en un efectista y directo mensaje principal (''el único bicho bueno es el bicho muerto''), monstruos aracniformes y brigadas espaciales, con gore esplícito, espectaculares efectos especiales y un estilo chabacano, inocente y forzadísimo. No obstante, el ingenio de este irregular pero genuino director, quiso que todo fuera tal y como se nos muestra en pantalla, incluso me hace pensar que contratara tan pésimos actores (Denisse Richards y Casper Van Diem) de forma deliberada para conseguir ese estilo único de folletín bélico, almas superficiales y amor de cartón. Temáticamente da lugar a múltiples interpretaciones: desde el concepto de ciudadanía como individuo subyugado a los intereses de la sociedad, la diferenciación explícita de clases sociales (con privilegios y obligaciones intrínsecas a tales consideraciones), la propia sociedad reconvertida y estructurada de acuerdo a un régimen semi-fascista belicoso y con ansias de supremacía, ese ansia de conquista y la autoproclamación de amos y señores del universo (metáfora supraterrenal de ese sentimiento de superioridad infundado e ilegítimo que sin embargo reina hoy en día desde Occidente para con Oriente)... El hecho de pintar a los malos con forma de insectos, seres que aquí en la Tierra consideramos infinitamente inferiores a la raza humana (exquisita la escena en la que unos niños pisan bichos con gesto de ira apenas contenida, pagando con los débiles lo que no son capaces de arreglar con quienes realmente les hacen daño), no hace sino aumentar esa sensación de pisar terreno pantanoso cuando el hombre sale de su hábitat natural e intenta invadir lo que no le es propio: son las arañas gigantes las que inician la guerra contra la humanidad, como queriendo decir que ese sentimiento de supremacía es propio de todo ser vivo, que el sometimiento (el nazismo) quizá sea una cualidad innata de todos los seres de la existencia, y por extensión del hombre, que se considera insultado e intenta hacerlo suyo con más enfasis que ninguna otra criatura viviente.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Y luego, una vez más, los seres humanos vuelven a pecar de autoconfianza y son aniquilados en su primera incursión a ese no tan lejano y amenazante planeta. Las lecturas son ricas y atractivas, pero es sin duda ese estilo cutre, de serie B, con relaciones interpersonales que se nos antojan de mentira (romances acaramelados e inocentoides, con demasiado almíbar, que sin embargo acaban brutalmente cercenados en medio de una vorágine de tripas y violencia) y que chocan estridentemente con el tono salvaje de las batallas que presenciamos. Cabe destacar además que los héroes de la película no sean estadounidenses, sino de Buenos Aires, capital de un país que no podemos considerar actualmente de ese llamado ''primer mundo'', diferenciaciones que se extienden a lo largo de todo el film. Esto tal vez pudiera ser debido al afán malicioso del diretor por mostrarnos un futuro en el que se pone en evidencia un mundo completamente americanizado, con un espíritu común y adoptado, asimilado con la misma dócil parsimonia con la que actualmente parecemos estar asimilándolo (lo que no quiere decir que tal vez se tratara de una inversión del orden actual, lo que posiblemente fuera más inquietante debido a la ausencia de cambio ideológico: el poder, aun en manos distintas, lleva al hombre a cometer una y otra vez los mismos errores y excesos). Exquisita, terriblemente ácida y, como digo, moralmente dudosa de manera intencionada: el final vuelve a reunir a los chicos que partieron a la guerra, otra vez juntos como si jamás se hubiera roto su estúpido vínculo infatil de amor y amistad. No parecen tristes ni asqueados por todo el horror vivido, sino que están alegres por haber asumido los cargos de importancia que ansiaban y haber cumplido su función como soldado, piloto y científico respectivamente. Han descubierto que esos malditos bichos son inteligentes, y explotan en una algarabía generalizada al verificar que uno de sus cerebros, ese que han capturado, se siente amenazado por ellos: finalmente, el hombre ha vuelto a ocupar su lugar como señor de todas las bestias del universo... inteligentes o no, aquí lo que cuenta es la apariencia.
lyncheano 
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