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Críticas de "Inland Empire"
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| 15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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ethimios
Santiago de Compostela (España)
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Su valoración:  |
5 de Abril de 2007 |
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He visto Inland Empire y puedo decir, sin miedo, que he sentido lo que algunos llaman gozo intelectual. He visto a lo que la creatividad humana puede llegar y a lo que su más fastuoso representante, Sir David Lynch, puede llegar. Olviden todo lo que han visto antes, porque a esta película hay que ir libre de todos aquellos retazos que, en algún momento, ha dejado el cine en nuestras cabezas, hay que ir libre de todas las reglas por las que debería fluir un film, solo hay que sentarse, abrir la mente y disfrutar. He sentido la más absoluta soledad, la más desgarradora tristeza, porque a eso te conduce esa extraña conversación con las imágenes de Lynch, un vacío y un odio al mundo que te rodea que te deja clavado en tu butaca unos minutos después de terminar la película. No quieres salir, no quieres volver a ese mundo que te espera con su ridícula linealidad. He visto muchas críticas acusando a Lynch de falta de argumento y de falta de sentido. Creo que eso es lo mejor de esta película que el espectador no haga pie, que tenga que esforzarse en comprender porque eso también es lo mejor de la vida. No reduzcan esta película a si se entiende o no. La mente puede dudar entre si comprende o cree comprender, pero no entre si goza o cree gozar.
Ahora me gustaría dar unas razones por las cuales podemos disfrutar de Lynch fuera de las cadenas de la comprensión:
- Prefiero vivir en campos llenos de sombras que cegados de luz
- El arte es reflejo de una obsesión comprimida.
- Lo íntimo se define en lo ajeno.
- Cuanto más dura sea la batalla con el lenguaje más gozosa será la victoria de comprender.
- Cualquier ejercicio repetitivo reduce las posibilidades de crear algo nuevo.
- Lo creativo crece alejado de la perfección.
- Y por último como decía Góngora “Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que esa es la distinción de los hombres doctos, hablar de manera que a ellos [los ignorantes] les parezca griego”
Declaro que he experimentado el gozo intelectual, que he sublimado mi alma al arte. Ya está dicho.
ethimios 
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| 25 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Niccólito
Ferrol (España)
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Su valoración:  |
24 de Febrero de 2007 |
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Abrimos los ojos y nos encontramos solos y sentados. Una silla (alta, nuestros pies no rozan el suelo) y cuatro paredes grises. No sabemos que hacemos allí, no recordamos nada sobre nosotros antes de haber despertado en este lugar pero un temor indefinible nos impide reaccionar, abandonar la silla y movernos. El tiempo pasa lento y, con él, nuestro temor mengua vencido por la curiosidad y el aburrimiento. Finalmente, en un impulso de valor, abandonamos la silla y nos acercamos a una de esas paredes. Al posar nuestra mano en ella notamos que algo se desprende, quedándose entre nuestros dedos. Polvo. Con cuidado al principio y frenéticamente después, barremos con nuestra mano la capa que cubre las cuatro paredes. Detrás de ella sólo vemos nuestro reflejo. Rodeados y condenados a contemplarnos, eternamente.
El párrafo anterior intenta aplicar el "método Lynch" a lo que sería una aproximación a la clave que descifra su última película The inland Empire, pero como este planteamiento (gemelo al de la obra) resulta oscuro y confuso intentaremos articularlo de una manera más comprensible. Para entender esta película se deben dar dos condiciones en el espectador. La primera y más importante es que su pasión por el cine sea grande. La segunda es que posea un conocimiento previo de la obra del autor. Dadas estas condiciones debemos de huir de aquellas opiniones maniqueas, que poblarán periódicos, críticas especializadas y artículos de opinión amateur como éste. Tanto las críticas que la desdeñen como una rareza como aquellas que afirmen su condición de obra maestra absoluta, sin aportar más que el nombre del autor como argumento deben ser descartadas. Y esa es la clave. Durante toda su carrera Lynch ha explotado, experimentado y (a veces) hasta abusado del poder manipulador de la imagen sobre el espectador. Este Lynch oscuro, transforma escenas cotidianas en estados de profundo extrañamiento en el espectador (recordemos el arranque y final de Terciopelo azul) o situaciones que resultan cómicas en súbitos estallidos de violencia. Esta experimentación previa es lo que le ha permitido madurar como artista para acometer la titánica tarea de realizar The Inland Empire, posiblemente, la reflexión más lúcida que el cine ha hecho sobre el cine hasta la fecha. Con más de un punto en común con la obra maestra de Ivan Zulueta Arrebato, Lynch nos plantea la reflexión sobre nuestro papel como expectadores, sobre aquello que deseamos sentir y experimentar al ver una película, sobre como nos implicamos en historias que sólo existían en la imaginación del artista pero a las que nosotros infundimos nueva vida y significado, muchas veces alejados de la intención original del creador, pero no por ello menos válidos o interesantes. Por eso, tú que estas leyendo estas palabras, deja de hacerlo y acepta el reto. El viaje merecerá la pena.
Niccólito 
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| 16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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SINES
A Coruña (España)
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Su valoración:  |
27 de Febrero de 2007 |
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Antes que nada, decir que soy un fan incondicional de Lynch, dato por el cual la objetividad queda en entredicho a la hora de hacer una crítica. Sin embrago, es importante hacer una valoración desapasionada, y es ahí en ese espacio donde sitúo mi comentario:
Lo que me ha gustado:
1) Lynch es un maestro innegable en cuanto a mantener el suspense, a veces el terror, con unos primeros planos increíbles y con un uso de la música como pocos pueden presumir de conseguir
2) Se nota que es una obra honesta, a corazón abierto. No pretende engañar a nadie
3) Las actuaciones son soberbias
4) Las escena de los créditos finales. Una pura delicia.
Lo que no me ha gustado (y que pesa bastante en mi valoración final):
30 minutos "coherentes" frente a 150 de "incoherencia-lynchiana" son demasiados para una digestión fácil. Personalmente, se me hicieron muy largos, aunque reconozco que la historia los merece, pues en ella nada sobra. Lo malo no es la duración, sino tal cantidad de imágenes deslabazadas, que uno acaba por perderse, no ya de lo que es el hilo argumental, sino de las suposiciones que se van intentando hilbanar.
Por todo ello, creo que la cinta baja del "Excelente" que podría merecer, a un simplemente "Buena".
Decir también que es la película de Lynch más dificil de entender de los últimos tiempos. He encontrado en internet una "explicación" de la trama que encaja bastante bien. No sé quién es su autor, así que si estás leyendo esto, vayan por delante mis disculpas por "copy-pastear" tu texto sin poder consultártelo antes:
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: "Tal y como empieza la película creo que la historia va de una prostituta polaca que la ha dejado su marido porque se ha quedado embarazada de otro hombre.
La prostituta polaca está viendo una película que le hace recordar su historia con su marido, ya que va de la infidelidad de gente casada.
Al final de la película, vemos que el marido de la actriz Nikki Grace es el propio marido de la polaca, y que las partes de la vida privada de la actriz Nikki Grace son todo parte de su imaginación, mezclándolo con su propia historia. Nikki Grace es practimanente su alter ego. Por ejemplo veo una pista de ello cuando el "marido" de Nikki Grace habla con unos polacos en su casa y Nikki dice que no les entiende y su marido le dice "entiendes más de lo que dices" y entremezclando el resto con partes de la película que ella está viendo mientras llora.
Creo que la historia de la polaca es la siguiente: su marido la dejó por quedarse embarazada (seguramente porque un hombre la forzó), supongo que su antiguo chulo, ya que se entiende que ella era prostituta. Las prostitutas también le dicen a la polaca en la calle "mirame y dime si no me conocías" como si fueran realmente sus antiguas compañeras; también ese hombre se lo dice por la calle y ella conoce a ese hombre porque fué su chulo, le pegaba.
Y además está la escena en la que él lleva una bombilla roja en la boca típica red light de alterne y en la que Nikki Grace parece ser la heroína de la polaca, ya que coge un destornillador (que es el arma que en la película sirve para herir), pero no se arma de valor para matar a su chulo con él y Nikki se va, pero finalmente la polaca se imagina a Nikki más valiente, ya que como vé en la película su personaje dice haberse vengando de gente que intentó violarla, y la polaca se imagina a su "heroína" matando a ese chulo.
A continuación se encuentra con Nikki imaginaria después de acabar con el hombre y desaparece al besarla. El marido descubre que ese hombre forzó a su mujer y decide matarle: muere de un disparo, que nosotros vemos que se lo propina Nikki porque así se lo imagina la polaca, pero es el marido de la polaca el que consigue ese arma cuando se lo dejan unos viejos con los que habla en una casa, y finalmente vuelve a casa con su mujer"
SINES 
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| 23 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Macarrones
Burgos (España)
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Su valoración:  |
27 de Febrero de 2007 |
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Esta película es más rara que el demonio pero tiene un poder hipnótico extraordinario: quien se deje seducir no querrá salir nunca del sueño (¿sueño?) bronco y desquiciado que nos propone Lynch, rodado con una aspereza digna de los vídeos más cutres del Youtube. Quien no caiga en las redes del rey David, no tendrá piernas suficientes para salir corriendo del cine bufando como un bisonte de las praderas.
Esta película es muy poco recomendable para los que busquen en una historia su planteamiento, nudo y desenlace porque aquí sólo hay nudo, y qué nudo, un nudo imposible de desliar, enredadísimo y desagradable como los intestinos: se puede decir que en "Inland Empire" Lynch hurga en nuestras tripas con un destornillador (esto a todo el mundo no le gustará mucho). El juguetito le dura tres horas (ahora bien, es una película casi completamente desengrasada).
He leído que el argumento se interpreta como el cumplimiento de una maldición y el desquiciamiento mental de una actriz: yo creo que esto es completamente falso (será lo que ha publicado el agente de prensa de Lynch para conseguir distribuidor). No hay ninguna realidad objetiva o histórica, nada pasa en el plano de la realidad (y, menos, la presunta historia del rodaje con ese donjuan de pacotilla y esa actriz, mezcla de Ana Duato y Anne Igartiburu). Más bien creo que Lynch lleva al extremo la idea barroca de la virtualidad de la existencia y casi diría que la alusión a Polonia es un homenaje a Calderón (ya sé que seguramente no, pero yo lo digo). Todos somos actores, la vida es un gran escenario, nunca podemos estar seguros de que lo que vivimos no es un sueño y cuando se acaba la partida nos mezclamos todos en la misma caja, la reina y el peón (o la puta). La partida no se acaba nunca y aquí, en Inland Empire, se inicia cada vez que se cruza una puerta. Las puertas no unen dos espacios contiguos sino realidades completamente ajenas (no sólo físicas). Los jugadores se convierten en actores y viceversa. Tras cada puerta hay un tablero distinto y el rol de cada personaje varía (la reina pasa a ser puta), aunque permanecen ciertos elementos y ciertas reglas. Digamos que el objetivo sigue siendo el mismo: sobrevivir y dar el jaque mate (con un destornillador).
[No me cabe más texto, lo paso al spoiler]
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La película tiene un aire onírico y desquiciado y es una tentación interpretarla como una larga pesadilla o alucinación (ya he dicho que esto me parece un error). Además, está repleta de alusiones freudianas (la casa, el cigarrillo que perfora las telas, el destornillador, esos pasillos y escaleras astrosos, esos machos dominantes que ejercen su tiranía pero a los que se les rinde un culto fálico desesperado... A veces Inland Empire parece una versión actualizada de "La interpretación de los sueños"). Todos los objetos puntiagudos son claves que nos abren puertas y que a menudo nos conducen a la cama (de nuevo, al sueño y al sexo, al mayor del escenario de la vida).
La película es maravillosa. Me alegro de ver que Lynch se ha recuperado de la lobotomía ñoña de "Una historia verdadera" y ha recuperado el vigor (y de qué manera).
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Cines Princesa de los Madriles, primera sesión, 26/02/06. Allí estábamos Servadac y un servidor, muy contentos con nuestras nominaciones a los óscar de Dromedario (yo, como Pe, sabía que no iba a ganar nada, así que estaba muy relajado dentro de mi vestidito de Versace).
Primer obstáculo: los urinarios. ¿Pero a quién se le ocurre amontonarlos todos en un rincón tan estrechuco, en una especie de cuartucho de escobas? Para bajarse la cremallera (yo rompí un Valentino así) uno tiene que clavar el codo en la espalda de quien orina detrás. Propongo al gerente de los cines Princesa que ponga un caldero en mitad de los lavabos para que meemos en corro todos, así estaremos más desahogados.
Dentro de la sala: Servadac ya ha contado nuestros escarceos con el público femenino.
Primera discusión tras ver la película: ¿salen conejos o burros? Yo (freudiano de pro) defendía que conejitos (símbolo de lo promiscuo donde los haya, aunque estos debían de estar castrados); Servadac, siempre tan francófilo, que burros, quizá pensando en el de Buridán. Así fuimos discutiendo por la calle Princesa, a grandes voces, hasta que lo zanjé clavándole un destornillador en el testículo izquierdo.
Por cierto, Servadac ha firmado su crítica número cien. Felicidades, pata
Macarrones 
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| 20 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Chago77
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
13 de Febrero de 2008 |
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Dicen que la esta crítica está maldita. Que alguien intentó insultar a Lynch y murió. Pero yo no lo sabía. Me han engañado. Es un cuento polaco. De un niño, una niña que le gustaba escribir sobre películas. Veo roña bajo el teclado. Este se puede levantar. Me cuelo dentro y ahora no soy Chago. Ahora soy Lynch. Ahora miro a Chago mientras sigue escribiendo. Lo paro. Me mira. Lo vuelvo a mirar. Se levanta, o soy yo el que ahora que no soy yo y soy él me levanto. Las palabras danzan a mí alrededor a velocidades más elevadas que la luz. Veo un resquicio en la pantalla. Es luz. La ve él. Doblo por un pasillo poblado de conejitos duracell. Me persiguen. Los persigo. El lo observa. La metacrítica ya está iniciada. Ella sóla imprime sus frases. Escucha el teclear de un teclado sin teclas. Duermo. Se despierta. Por fin terminó. Ella acabó. Por fin terminé.
Si esta crítica la firmara David Lynch, sería aplaudida eternamente, pero es un chiquilicuatro llamado Chago77 que presenta su infumable metacrítica. ¡Ahhh! Pobre de aquellos que no se llamen David Lynch.
Estoy decepcionado por aquellos que quieren ver en este experimento sin control ni gusto algo que continua de su espléndida Mulholland Drive. Tomine, alguien a quien considero juicioso, comenta que sin guión hay libertad. Tanta, que me pierdo, que me abandono a la modorra de tres horas sin sustancia. Sin cabeza. Sólo para esos fieles que nada les importa mientras esté firmada por gurus del cine moderno. Ni siquiera su figura solitaria como rara avis me permite enjuiciarla con algo de ternura. Las reglas quedan confusas cuando Lynch esta al mando, pero tanto borrarlas ha creado algo borroso.
Tampoco de su juego con el digital sale airoso. Es más, hubiera mejorado mucho, a mi juicio, que Lynch se olvidara del digital y filmara con unos colores que le hubieran creado algo más bizarro, quizá no tan onírico (pero coño, para eso existen los filtros).
Lo principal: me aburrí mucho. Algo secundario: no entendí nada. Creo que ni su director entiende algo. Jugar con la comprensión es algo que Lynch suele hacer con soltura y garbo. Me gusta. También lo hizo hace poco Haneke. Y mucho tiempo antes teníamos el surrealismo (como máximo exponente Buñuel). Pero Lynch quiere ir más allá, y se rompe todo. A mucha gente le encanta. A mí me asusta (por si pretende repetir). Con lo agustito que estaba yo en los primeros cuarenta minutos.
Chago77 
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