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| 13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Victoria
Valencia (España)
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Su valoración:  |
1 de Mayo de 2009 |
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La germinación de esta película es larga y acabará siendo un collage que se habría formado a lo largo de 6 años (desde el primer encuentro entre Patrice Chereau y Hervé Guibert) en los que se irán acumulando ideas, sucesos de aquí y allá, experiencias personales, hasta que finalmente se unieron para hilvanar todo ese material literario y convertirlo finalmente en un guión (y también libro) que sufriría muchas revisiones. Hasta el propio título que inicialmente iba a ser L’homme qui pleure sería cambiado al final por L’homme blessé al ver Hervé la última escena y recordarle, por la paleta de colores y el propio halo del protagonista, el cuadro de Courbet del mismo nombre.
Chereau ante la filiación de “cine homosexual” sostuvo (y con razón) que se trataba de la pasión entre dos seres antes que la pasión entre dos hombres. La homosexualidad no será más que el “contexto” de esta pasión. Henri (Anglade) y su difícil aprendizaje y salida de la adolescencia, incomunicación en su entorno, y de pronto en la Gare du Nord (trasunto de Citerón) se encuentra con un mundo sórdido y desconocido para él y también se encontrará con un seductor y macarra Jean (Mezzogiorno) por el que sentirá, como un flechazo, una atracción fou. Un flechazo como iniciación a la desgracia (en palabras de Chereau) y una necesidad de ¿amor? de ¿identidad sexual? no importa ya eso, lo importante es que Henri ya es víctima de su pasión formando parte de un trío (con Roland Bertin) de personajes heridos.
Todo este recorrido iniciático de la mano de un “coup de foudre” lleva a la pregunta clave: ¿cuál es la forma más radical de posesión del objeto de deseo?
La mano teatral de Chereau se dejará ver, inevitablemente, y puede que sea eso lo que enfatice los silencios y la gestualidad.
La audacia de algunas escenas no sobrepasará el límite del mal gusto ya que están inscritas en una lógica necesaria.
Film que nace casi a la vez que el SIDA y una vez que el SIDA es catalogado (foucoultianamente) como enfermedad de homosexuales afectará a la película ya que a Chereau se le reprochará esa visión sórdida de la homosexualidad y su relación con la enfermedad; contrariamente también se le dirá que hace una película valiente.
Es una buena película que los años no hacen envejecer su esencia, esencia por otra parte universal.
El Fasciculus Medicinae de Johannes de Ketham y sus láminas de “el hombre herido” no señalaba este tipo de heridas.
Al margen de la película quería mencionar a Hervé Guibert no como escritor sino como personaje, aunque él unía vida y literatura en un todo inseparable, y ese “todo” que él confeccionó como su existencia me hacen calificarlo como un Dorian Gray muy temible y de un narcisismo irritante,... pero eso ya es otra historia, tal vez era otro homme blesse de narcisismo y profundos y eternos miedos: vejez, enfermedad, muerte. Leer Ser y Tiempo de Heidegger quita mucho polvo de encima para que una persona no acabe siendo un Dorian Gray.
Victoria 
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Cesar
badalona (España)
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Su valoración:  |
22 de Agosto de 2010 |
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He vuelto a ver esta película después de varios años y encuentro que a parte de un poco lenta en su desarrollo, propio de Chéreau,aun consigue mantener el interés y quizás sea la mejor producción de este director.
Estoy en total conformidad en la opinion de Victoria, creo que cuesta añadir alguna cosa más que ella no haya mencionado. Mi vision del film sería como un ensayo sobre la soledad en sus zonas más ocultas, de dos seres que no llegan a encontrarse más que al final con ese genial desenlace que parece que no podría ser de otra manera.
Cesar 
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| 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Del Mar
Málaga (España)
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Su valoración:  |
18 de Abril de 2011 |
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Creo que el título idóneo sería “Los hombres heridos”, y en este caso la referencia del los “hombres” es única y exclusivamente para los “hombres” homosexuales. En general, cada persona es el conjunto de los encuentros de su vida y así, su personalidad, nunca estará terminada. En este caso el primer encuentro, lejos de ser el mundo feliz que Henri busca es el encuentro con el dolor, con la parte amarga de esa existencia que Henri todavía no conoce. Jean es a su vez un hombre herido que busca también su parte de felicidad pero que no acaba de encontrarla, ni siquiera de dársela a los que en él la buscan. Y así hay un universo de hombres buscando la felicidad en ese mundo de la homosexualidad que en cada encuentro reciben una herida. Pero hay un ángel, alguien que procura la felicidad para cada uno de ellos, pero su mundo no es de este mundo y por lo tanto no tendrá éxito en su ayuda a los homosexuales. Aquí radica la tesis del director y con ella no estoy de acuerdo porque casi treinta años después el mundo de los homosexuales tiene muchas posibilidades de ofrecer felicidad a sus habitantes. La familia y los lugares donde se desarrolla la vida de estas personas es mucho más libre, más seguro y mucho menos sórdido.
Del Mar 
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