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Críticas de "La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words)"
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| 21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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hombremultiple
Alcalá de Henares (España)
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Su valoración:  |
29 de Julio de 2007 |
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Hay algo en las películas de Isabel Coixet, que traspasa lo meramente cinematográfico. Sus películas son como pedacitos de nosotros mismos, pedacitos muy hermosos, a veces tremendamente tristes y solitarios que están ahí, y aunque no los miremos, esos pedacitos persistentes no se distancian de nosotros. Estas películas en las que se muestran con verdadera ternura lo que realmente somos, siempre resultan ser pequeños milagros, de esos que te recuerdan que el cine sigue siendo más grande que la vida misma, como diría Truffaut, otro gran explorador del alma humana. He visto mucho cine, he seguido la carrera de muchos directores y directoras enzarzados en encontrar lo más hondo de nuestro yo y de lo que somos, de continuo para sacarlas a relucir, para devolvérnoslas hechas de celuloide, pero entre todos esos directores y directoras, no sé muy bien porque, Isabel Coixet es algo especial, me atrevería a decir que en verdad ella es muy diferente a los demás.
El milagro de “La vida secreta de las palabras” radica en su poética, simple y directa. Este film, al igual que los anteriores de Isabel Coixet nos habla de gente aparentemente normal, pero que de una manera u otra, se ven obligados a sufrir pequeñas e invisibles tragedias, que les hacen excepcionales, excepcionales como millones... Ellos querrían ser verdaderamente normales, y no enfrentarse a la soledad, al dolor o a la muerte como lo hacen, pero no tienen medios, no tienen fuerzas, y sobre todo están solos, inmensamente solos, hasta que alguien, también muy solo, alguien con un gran dolor escondido, se les acerca, les escucha, y les quiere; de esto tratan todas y cada una de las películas de la directora catalana: Del dolor y la soledad que nadie ve, que nadie puede adivinar.
Lo que me impresiona profundamente de esta directora, es que sus películas cada vez son más profundas, más intensas, más dolorosas, a la par que bellas, y eso me da miedo, temo que algún día me quede a vivir en alguna de ellas.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En las cuestiones más formales, de esta cinta sólo se puedo decir que es verdaderamente magnifica, con un Tim Robbins en uno de sus mejores papeles, y la actriz canadienses Sarah Polley, la cual sigue maravillándome cada vez que la veo en pantalla. No quiero olvidarme del pequeño, pero encantador papel de Javier Cámara, que sigue demostrando que si es bueno haciendo comedia, y mucho, en el drama se mueve como verdadero pez en el agua.
También se he de destacar, entre otras cosas, la fotografía y la banda sonora, breve, pero intensa, y como ejemplo, el tema “hope theres Someone” de Anthony and Johnsons, que es una de las canciones más tristes que he escuchado jamás, y la escena en que suena, mientras se ve llover, es pura melancolía que sobrecoge el corazón.
En lo respectivo al argumento de “La vida secreta de las palabras” por su sencillez y sorpresas poco se ha decir: una ex enfermera, silenciosa y esquiva, trabajadora en una fabrica cerca del mar del norte, es obligada a tomarse unas vacaciones. Esas vacaciones las dedicará a ir a trabajar de nuevo como enfermera a una plataforma petrolífera, donde un hombre permanece convaleciente tras un importante incendio... y eso es todo lo que voy a contar, por que esta, como todas las películas que merecen verdaderamente la pena, se ha de descubrir poco a poco. Que la disfruten, yo lo hago cada vez que la veo...
hombremultiple
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| 28 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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HAROLDYMAUDE
ALICANTE (España)
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Su valoración:  |
27 de Agosto de 2006 |
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En los años 70 estaban las españoladas. Coixet ha inventado un nuevo género y se va superando a sí misma. Es la coixetada (Buen rollito de todo a cien, estética de producto para esos días y ideología al servicio del sistema:
La primera mitad del film es irritante cinematográficamente hablando. Aburrida, sin ritmo, sin interés, la nada. Se construye sobre una especie de presentación de personajes centrada en los topicazos del buen rollo y falacias como aquélla de los silencios que dicen más que las palabras que cinematográficamente se plasma en un actor en silencio con un plano fijo. Fácil, fácil.
Por otra parte, en ella se erige un discurso de educación sentimental generacional burdo y tramposo. Se enumera todo un cátalogo de chucherías, juguetes, productos de consumo en general, series de tv, etc que parece sacada de una de esas listas nostálgicas que circulan por internet “los niños de los 80 no teníamos móviles pero éramos felices con esto y lo otro”. Vamos como ver uno de esos anuncios de higiene femenina donde todo el mundo está muy contento y todo tiene color pastel. Además para colmo hay guiños de buen rollito para todo el público potencial de Coixet: patético mensaje ecologista, burda defensa de la opción sexual gay, hombre sensible ideal (lamentable personaje el del buen actor Javier Cámara). Pero ni una pizca de autenticidad, todo sacado del manual de lo políticamente correcto y la discriminación positiva.
A todo esto, la relación entre Sarah Polley y Tim Robbins no avanza ni a tiros y se limita a los lugares comunes en unos diálogos que da pena oírlos. Una oca pasa por allí y dos tíos bailan cuando llueve.
Pero lo peor o lo mejor (si lo tomamos como comedia) está por llegar. Coixet, buena directora y tía muy inteligente sabe que no ha hecho los deberes. Pero tiene un as infalible debajo de la manga. Va a recurrir a la mala conciencia que todos tenemos por vivir en una sociedad opulenta que mira a otro lado ante las desgracias ajenas, de otras personas, de otros países. ¿Quién tiene bemoles para criticar un film en el que el dolor oculto de la protagonista, la revelación que puede dar algún sentido a hora y cuarto de inanidad tiene una raíz tan condenable, tan inimaginablemente horrorosa que nos hace dudar que los seres que las cometieron fueran seres humanos? Pues yo me veo en la obligación de hacerlo con todos los reparos educacionales que ello me supone.
Pienso que el film es deshonesto al intentar ganarse al espectador usando en propio beneficio artístico un drama humano aterrador. Por supuesto, que hechos así deben ser recordados para que nadie los olvide. El discurso que utiliza es burdo y simplón más propio de un debate de café que de un estudio serio del asunto.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Uno de los recuerdos de la buena vida previa a la tragedia son unas populares chocolatinas. Si estás mal, comételo y consume que para eso estás en este mundo, para producir y consumir, pero, por favor, no te des cuenta de lo que esperamos de ti, que se nos acaba el rollo.
Para eso tenemos a nuestras intelectuales en nómina para que mantengas la la falaz esperanza y no te revoluciones porque casi todo tu sueldo se vaya con la hipoteca. Siempre puedes ver películas en el que el facha machista, racista y baboso es condenado y/o donde hay un tipo encantador que pone música italiana cuando hace pizzas, con el careto del pesado de Cámara a ser posible.
Pero no ataquemos al que realmente te chafa, los miembros de las castas privilegiadas cuya única ideologia es el dinero y al que le da igual que tengas pilila o rajita que vengas de un pueblecito de España o de la otra parte del mundo que seas blanco, negro o verde mientras te pueda explotar. Pero bueno, te paga un dinero para seguir manteniéndote con hambre como a las mulas de carga (magnífica frase del film de Sayles "Ocho hombres", por cierto. Y te deja comer chocolatinas. Gracias, amo.
HAROLDYMAUDE
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| 12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Gort
Marte (España)
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Su valoración:  |
15 de Mayo de 2008 |
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Uno de los tópicos de nuestro tiempo señala la incapacidad del hombre moderno para discernir lo importante de lo meramente trivial, el naufragio en el que chapotea debido a la nivelación a la que somete todos los acontecimientos: el noticiario del mediodía informa de la llegada del Apocalipsis tras la crónica de un concierto de música contemporánea brasileña y antes de una conexión con los laboratorios donde inventaron un nuevo sabor para la pasta dentífrica.
Insistir sobre este escándalo es inocuo por redundante; aún y así siempre hay quien no renuncia en clamar al cielo, sin duda con la mejor de las voluntades. Otra cosa es que se haga a destiempo y sin ningún sentido de la oportunidad, que ya somos mayorcitos para saber cuándo y cómo se dicen según qué cosas.
Todo esto me recuerda a la vez que quedé para salir a cenar con la Srta. Coixet. No es que en un principio me hiciera gran ilusión, pero, bueno, ‘Mi vida sin mí’ no me desagradó, y la verdad es que me cuesta decirle que no a una mujer.
Tal y como me temía fuimos a cenar a uno de esos restaurantes pequeños y modernos del barrio gótico, de iluminación tenue y música intimista pero bien escogida; mi cartera ya tiritaba. Eso sí, en cuanto llegué me negué en redondo a sentarme en la mesa con asientos de columpios (tenía pensado tomar sopa de primero), aunque ella me tranquilizó apuntando que sólo la ponían para crear ambiente. Y qué duda cabe que era un restaurante de atmósfera peculiar: un ganso se paseaba entre las mesas haciéndose el perdido, tratando tal vez de disimular que se había escapado de la cocina, que ésta era su destino, o que era un cliente que no había podido pagar la factura. Además, tanto el ‘maître’ como los camareros no dudaban en pillarte por banda y explicarte alguna historia que no por ser remarcadamente literaria dejaba de ser interesante. Todo esto regado con un vino burlón que entraba fácil pero pegaba duro sin que te dieras cuenta. Cuando el cocinero calvo tocó la campanilla para dar su discurso, me sentía tan embriagado que no pude evitar interrumpirle para darle las gracias. El alborozo fue general.
Ya fuera, los humores del vino no se me habían pasado ni con el fresco. Yo hablaba y hablaba sobre las bondades de la cena mientras ella permanecía callada, seria pero aquiescente. Frente al mar y el rumor de las olas empecé a pensar que sus gafas tampoco le quedaban tan mal y entonces, de repente, acallándome con un dedo sobre mi boca, me propuso sexo anal. Ella a mí.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: -¿Ni tan siquiera por todos los que sufren en este mundo?
-Pffffffffffffff
Gort
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| 22 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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El mundo melancólico que siempre refleja Coixet en sus películas quedará impregnado en todas las retinas que sepan apreciar buen cine, un cine de digestión lenta pero realmente brillante. El único inconveniente es que no se sepa apreciar su belleza.
Interpretaciones increíbles por parte del trío protagonista.
requiemforadream
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| 14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kikujiro
Madrid (España)
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Su valoración:  |
12 de Febrero de 2006 |
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Debo decir, en principio, que a mí la Coixet que me emocionó y me conmocionó fue la de "Cosas que nunca te dije", su película más auténtica. La que más me llegó. No participo del éxtasis colectivo que provoca "Mi vida sin mí" (aunque me parece una buena película). "La vida secreta de las palabras" sigue la senda de esta última. Una historia demoledora, un drama tristísimo, pero que no renuncia al optimismo. Más bien, al contrario, es el gran eje sobre el que se sustenta el filme (como también pasaba en su anterior trabajo). Tampoco acaba de llegarme esta última, aunque no sé muy bien por qué. Quizá note una excesiva artificiosidad, quizá se note en demasía la preocupación de la directora por emocionar.
Dicho esto, es innegable la capacidad que tiene Isabel Coixet para contar historias en las que los sentimientos están a flor de piel, historias en las que los silencios tienen una importancia determinante, historias en la que se nos muestra toda la grandeza del ser humano (aunque siempre enmarcadas en situaciones dramáticas).
Es esta una película pausada, en la que la autora se toma su tiempo para ir mostrando los sentimientos de los dos protagonistas, como va creciendo la relación que hay entre ellos, como se van abriendo al mundo... especialmente, una Sarah Polley sobre la que recae el peso de la película. La actriz hace un trabajo descomunal, siendo capaz de captar todos los matices de su personaje, al que es capaz de llevar en volandas en este tremendo viaje interior que supone su estancia en la plataforma petrolífera. Bien secundada por un Tim Robbins bastante correcto, Polley impregna la película con su fuerza y su contención, con sus palabras y sus silencios. Aunque también es cierto que la película se centra tanto en los dos protagonistas, que los personajes secundarios quedan algo desdibujados, mal construidos, o sin ninguna relevancia.
Una película que emocionará a muchos, que habla sobre el eterno tema de la necesidad del amor y sentirse amado, de la muerte en vida, de la resurrección, y de algún que otro tema más, que no voy a desvelar aquí. Sí, se nota demasiado que Coixet quiere emocionar, pero es que Sarah Polley lo consigue con tanta facilidad...
kikujiro
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