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¿QUIEN TEME A VIRGINIA WOOLF?
El lema del autor de esta obra teatral, Edward Albee, queda bien patente en todo espectador capaz de resistir las acometidas de estas dos panteras de diferente sexo, en que se convierten, ante nuestros atónitos ojos, Richard Burton y Elizabeth Taylor. ¿Qué cuál era el lema? ¡Perdón, se me olvidaba!: "Convivir es sufrir" (y si además te aburres, ¡agárrate que vienen curvas!). Es esta, pues, una obra cargada de mala "milk", o seáse, "leche", y con más de una manía persecutoria por parte de ambos protagonistas, que, como supervivientes del naufragio matrimonial, casi tan tóxico (¡o tópico, qué más da!) como un tormento chino, dedicarán parte de su tiempo, o de sus noches, invitados incluídos, a planear su propia autodestrucción. Es una obra muy de autor, bien dirigida por Mike Nichols, de caracteres fuertes, separados y unidos por las diversas fuentes de ese dichoso "love", siempre tan maltratado y mal comprendido, y que por mor de las intrigas nocturnas a que siempre puede mover un exceso de alcohol, acaba por empozoñar la existencia del más pintado. ¡Los tacos de la obra son de órdago, así que es mucho más aconsejable escucharla en inglés y deleitarse con los subtítulos! Burton y Taylor son mastodónticos, sus interpretaciones son de chuparse los dedos. Ella ganó el Oscar, ¡él no!, pero se lo merecía con creces. George Segal y Sandy Dennis, los dos invitados, que, sin pretenderlo, se convierten en víctimas de la leonada situación que esgrimen Mr. Burton y Mrs. Taylor, salen del lío como pueden, pero con cierto tufillo a podrido también. Hay que verla con indulgencia, y como niños que no entienden a sus mayores. La música de Alex North es estupenda.
pablo garcia del pino 
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