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¿Quién teme a Virginia Woolf?

7,7
5.958
votos
Año
1966
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama
Sinopsis
George y Martha son un matrimonio que se profesa un odio salvaje. Ambos tienen personalidades autodestructivas, conocen perfectamente las debilidades del otro y saben cómo exasperarlo. George es un profesor de historia alcohólico. Martha, la hija del director de la universidad donde George da clases, es una mujer frustrada y vulnerable. Un sábado por la noche, después de una fiesta, invitan a su casa a un nuevo profesor y a su esposa. ... [+]
Críticas ordenadas por:
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31 de marzo de 2007
84 de 91 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primer largometraje de Mike Nichols, procedente del mundo de la escena. Se basa en la obra de teatro en 3 actos "Who's Afraid Of Virginia Woolf?", de Edward Albee, adaptada con singular brillantez por Ernest Lehman. Se rodó en Cambridge, Red Basket y Smith College (Massachusetts) y en los Warner Studios (Burbank, CA). Nominada a 15 Oscar, ganó 5. Producida por Ernest Lehman, se estrenó el 22-VI-1966 (EEUU).

La acción tiene lugar en el campus de la Universidad de una pequeña ciudad, New Carthago (Nueva Inglaterra), entre las 2 h y el amanecer. Georg (Burton), de 46 años, y Martha (Taylor), de 52, forman una pareja autodestructiva. Él, débil y alcohólico, con notable resistencia emocional, ejerce como profesor de Historia. Ella es dominante, psicótica y amargada. Tras una fiesta, invitan a una pareja joven, Nick (George Segal) y Honey (Sandy Dennis), a tomar una última copa en casa.

La película desarrolla un relato dramático, que se basa en un cescendo de ironías, desaires, insultos, agresiones verbales, humillaciones, amenazas, dominación y destrucción, que pone de manifiesto las miserias y secretos del matrimonio y saca a la luz los miedos, ansiedades, frustraciones, malicia, fobias, apetitos y deseos, de los protagonistas. El juego cruzado de ofensa/recriminación y agresión/reacción, se da en el marco de una elevada ambigüedad, extraños interrognates y la defensa de la inexistencia de límites claros entre realidad y fantasía. El proceso arrastra a la pareja de invitados, lo que incrementa la tensión dramática. Incluye referencias a hechos irreales (hijo), falsos (embarazo psicológico) e inciertos (¿Es Georg el niño que mató a la madre hace 30 años?). El lenguaje, tomado de Albee, hace uso de expresiones y palabras insólitas hasta entonces en cine, que no sobrepasan los límites de los usos coloquiales y que son fuente de naturalidad, realismo y esponteaneidad. El título constituye una parodia de la canción "Who's Afraid On The Big Bad Wolf?", de "Los tres cerditos" (Disney), que se entona con una melodía diferente. Los nombres de Georg y Martha coinciden con los del primer presidente de EEUU y de su esposa. Destaca la parodia que Taylor hace de Bette Davis, homenaje a la actriz. Simpática referencia a Mallorca en boca de Georg.

La música, de Alex North, se basa en una breve partitura original, con un magnífico tema central de gitarra, de aires románticos, que evoca el amor entre dos personas. Fue nominada al Oscar. La fotografía, en B/N, de fuertes contrastes y excelente claroscuro, se sirve de un buen trabajo de cámara, con planos cenitales, imágenes subjetivas, primeros planos psicológicos, travellings al hombro documentalistas, que se enmarcan en un contexto de grata sobriedad. El guión aporta unos diálogos bien construidos, un relato envolvente y personajes complejos bien definidos. Las interpretaciones son magníficas. Está considerada como una de las mejores adaptaciones al cine de una pieza teatral.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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18 de mayo de 2006
37 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Magnífica adaptación cinematográfica de la epónima obra teatral del dramaturgo Edward Albee, llevada a cabo por el cineasta del Graduado (aún por llegar) Mike Nichols.

Ambientada con una maravillosa banda sonora a cargo de Alex North, la obra se desarrolla durante una tortuosa noche, tal vez influída por el también escaso horizonte temporal de la obra Miss Daloway de la autora Virginia Woolf.

Así la pareja protagonista (espectacular química entre Burton y Taylor, no en vano por aquella época eran pareja en la vida real, aunque por supuesto no de por sentado dicha premisa) George y Martha, regresan de madrugada a su casa provenientes de la habitual fiesta-reunión universitaria de los sábados en casa de los padres de Martha (rector de la universidad).

Nada más llegar a casa ambos inician lo que parece una suerte de "autodestructivos juegos de pareja", donde los protagonistas continuamente profieren ataques y reproches mutuos que poco a poco y a medida que avanza la trama van haciéndonos comprender de qué va la historia.

A todo ello, dos inesperados visitantes son testigos presenciales de las vituperaciones y vejaciones de la pareja de anfitriones, a la vez que progresivamente y tal vez por el efecto del alcohol (es increíble la cantidad de litros de alcohol que se destilan por las venas de los cuatro protagonistas durante todo el metraje, no parecen cansarse de empinar el codo, a la vez que ir desnudando sus miedos, ansias y deseos) van arremolinándose a sí mismo en torno al mismo marasmo de intensos sentimientos encontrados.

Al final comprendemos el por qué de muchos interrogantes como el definitivo ¿quién teme a Virginia Woolf? (recurrentemente cantado al ritmo del Money, money de Minnelli) tan temido por Martha, o el "...por favor no hables de nuestro hijo..." tan temido por George....

Al final de la tortuosa noche, todos, los cuatros protagonistas e incluso el espectador, tienen la sensación de haberse levantado con la camisa húmeda de una galopante pesadilla descubriendo al fin que todo podría haber sido diferente de no ser por ese necesario proceso de desgaste que les ha hecho ascender un grado en el escalafón de la madurez a la hora de afrontar la siempre penosa,dura y difícil etapa de desgaste en una pareja.

Para los amantes de las adaptaciones teatrales a la gran pantalla sin perder un ápice de enjundia y empaque.
burton
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26 de octubre de 2007
28 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si tu respuesta es no, y aún no has visto la ópera prima de Mike Nichols, preparaté para disfrutar o sufrir con dos horas de autenticas puñaladas verbales. Con un lenguaje obsceno para la época y costumbres de la Warner Bros., y cuatro interpretaciones que te quitan el aliento “Who's afraid of Virginia Woolf?” es la adaptación teatral que Ernest Lehman escribió para que un director desconocido consiguiera por primera vez (y no sé si por última) una nominación en cada una de las categorías al Oscar que por aquel entonces había.

La relación amorosa-tormentosa que Elizabeth Taylor y Richard Burton llevaba fuera de la pantalla la trasladaron al set de rodaje de lo que fue una de sus seis colaboraciones juntos. Es a mi juicio Burton, el mejor de los cuatro. Los primeros planos de Nichols consiguen un Burton descompuesto, aniquilado por el presente y angustiado por el futuro. Sus facciones me descolocan y su dolor se me cuela hasta la médula. Maravilloso duelo durante dos horas con una impresionante Elizabeth Taylor pero que no llega a la altura interpretativa que consiguió con “La gata sobre el tejado de zinc” (Richard Brooks, 1958). La Taylor se movía bien en adaptaciones teatrales.

La película arranca con la música de Alex North que compone una banda sonora majestuosa que Mike Nichols supo aprovechar. Grandísimo inicio de un director que nos ha dado varias alegrías y que hace unos años, cuando nadie daba un duro por él, nos sedujo a todos con otra fabulosa adaptación teatral protagonizada por otro cuarteto: “Closer”. Deseando estoy de ver “La guerra de Charlie Wilson”.
Chagolate con churros
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7 de octubre de 2006
24 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Celebro haber encontrado estas dos críticas previas a la mía porque las suscribo plenamente en todos sus contenidos y porque me ahorran buena parte del trabajo que pensaba delinear. Para empezar, como bien decía la anterior, es un filme perfecto para los que gustamos de textos teatrales y que tan raramente se dejan caer en pantalla o las tantas veces incomprendidos para aquellos que prefieren otro tipo de adaptaciones.

El estilo del filme es exquisitamente realista con algunos toques Beckettianos (pese a la aparente contradicción que esta afirmación pueda suponer) ayudado perfectamente por la fotografía de Haskell Wexler, básicamente en fuertes contrastes y notoria iluminación que le propina aun si cabe mayor dramatismo a las escenas. Contribuyó en buena medida para romper ciertos tabues en el lenguaje cinematográfico del modelo Hollywoodiense que incluía la decisión de rodarlo en blanco y negro.
Todos y cada uno de los actos y frases de la obra del dramaturgo Edward Albee se encuentran practicamente a nivel de transcripción (si bien algo más simplificados intelectualmente y cambiando algunos detalles) en cada una de las escenas (tuve el capricho una de las veces de reseguir el texto en mano a la par que el filme)

La realización es impecable, con buenos momentos de cámara en mano y cantidad de primeros planos que enfatizan las emociones de sus personajes y sobre todo con una comprensión de lujo del significado del espacio escénico en el que se desarrolla la película.

Las interpretaciones alcanzan una de las cotas más altas de las que he podido ser testigo, en las que la Taylor se nota que acometió su personaje en profundidad, inteligencia y pura dedicación con una energía pocas veces vista. Creo que pocas veces se ha podido ver tan impresionante duelo interpretativo de esta pareja, Burton Taylor, que lo fué en la ficción y en la vida real, por aquel entonces, destilando potencia y rabia a ingentes dosis en contrapunto a las no menos destacables labores de sus partenaires de reparto.

Finalmente, como decía al principio, suscribo la sensación de pesadilla nocturna apuntada anteriormente, a través de uno de los juegos matrimoniales de ficción más violentos y retóricos que se hayan podido filmar.
Como dato anecdótico, solo podemos pensar en qué hubiera sucedido si el filme lo hubieran protagonizado Bette Davis y James Mason, como era el deseo en primer momento del dramaturgo Albee o la propia Katherin Hepburn, que dicen las malas (o buenas) lenguas, que insinuó rechazar el guión.
Pero la cosa acabó así: Tres oscars. A la fotografía, a la Taylor y la secundaria. Ahí es nada.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Chus
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27 de diciembre de 2006
24 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Debo confesar que ví la cinta debido a las maravillosas críticas que la tildaban de clásico, y que aún así la ví con mis reservas, ya que se ha tildado de clásico a tanto bodrio; pero afortunadamente para mí, y para todos quienes hayan visto esta cinta, he aquí la excepción.
"¿Quién Teme a Virginia Woolf?" es la obra maestra de Mike Nichols (que chistoso, siendo su primer película crea una de las mejores de toda la hitoria y nunca la supere), y es un profundo análisis del amor, del desamor, del desamor a través del amor, y del miedo a amar, y sobretodo, del miedo a ser feliz, aún cuando es lo que más se desea.
Elizabeth Taylor resulta magnífica en este pepel, de verdad, no existen palabras suficientes como para describir su interpretación, lo único que se puede decir es: Bravo. Sandy Dennis no podría ser más intensa y conmovedora en su retrato de una mujer que ha sido testigo, y, por lo tanto, expuesta los abusos de la vida, y a las consecuencias de estos, así como a la crueldad hacia las personas que más se ama; todo esto provocando en su personaje una evolución y una caída terrible hasta la más grotesca decadencia. Richard Burton logra transmitir esa sensación de hastío, al mismo tiempo que trnsmite un vacío emocional terrible; mientras que George Segal también brilla con un personaje que va de lo amoroso a lo aberrante en este viaje de emociones.
"¿Quién Teme a Virginia Woolf?" es más que una película, es una representación de la vida misma, de sus crueldades su crudeza, las cuales son muchas veces causadasd por nosotros mismos, por nuestras inhabilidades de ser felices ya que cuando se es infeliz toda una vida, no se conoce nada más, y todo lo nuevo, es digno de temer.
tilico99
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