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Aventuras
Antigüedad, Helenismo. Alejandro (356-323 a. C.), rey de Macedonia, comenzó a reinar a los veinte años. Se apoderó primero de Grecia y, después de conquistar el inmenso Imperio Persa, siguió avanzando hacia la India. Fue un gran estratega que nunca perdió una batalla, un visionario cuyos sueños, hazañas y destino dejaron huella en la Historia. Cuando murió, a los 33 años, había forjado un imperio sin precedentes en la historia. Los ... [+]
7 de diciembre de 2009
7 de diciembre de 2009
11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Stone nos la hizo difícil: uno sale de ver Alejandro con un gusto raro, rarísimo. Y resulta que el espectador no tiene la culpa, el cine épico ya es un género en sí mismo y la mente se adiestra, espera ciertas convenciones. Una de ellas es la grandilocuencia visual; la otra el desenlace glo rioso y honorable. Alejandro toma elementos comunes, sí, pero definitivamente se alista por otros carriles.
Un Anthony H. un tanto aguado pero con años de experiencia nos introduce en un enorme y colosal Flash-back al mejor estilo cantar de gesta. Si bien la trama posee un hilo argumental de secuencia de hechos, el nudo de la cuestión siempre se halla en el armado de los personajes: sin dudas lo más rico de la obra. Personajes de dos, tres y hasta cuatro caras que actúan, sufren y gozan. Ahí donde Alejandro patina, como en ciertas secuencias de acción mal resueltas, de pronto se hace fuerte apelando a la ley del género épico: la grandeza de los protas en búsqueda de una gloria que incluso a veces ni siquiera es ególatra.
Un Anthony H. un tanto aguado pero con años de experiencia nos introduce en un enorme y colosal Flash-back al mejor estilo cantar de gesta. Si bien la trama posee un hilo argumental de secuencia de hechos, el nudo de la cuestión siempre se halla en el armado de los personajes: sin dudas lo más rico de la obra. Personajes de dos, tres y hasta cuatro caras que actúan, sufren y gozan. Ahí donde Alejandro patina, como en ciertas secuencias de acción mal resueltas, de pronto se hace fuerte apelando a la ley del género épico: la grandeza de los protas en búsqueda de una gloria que incluso a veces ni siquiera es ególatra.

En mi opinión, la obra gana en interés una vez que Alejandro se va de sus territorios e inicia el viaje. Se dilataron demasiado algunas escenas y la peli perdió ritmo que luego compensó con los disturbios que la figura de Magno provocaba en los lugares que supo visitar. Ciertos diálogos son memorables y es de destacar la libertad de acción con respecto a la cámara como testimonio directo de actitudes homosexuales...¿O acaso Alejandro era menos Magno por sus preferencias sexuales?
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