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Una historia de amor gay
Hay películas que se amontonan en nuestra conciencia por motivos extrafílmicos. Normalmente, esta situación suele estar influenciada por las circunstancias personales en las que nos vemos envueltos y, cómo no, por las personas con las que estamos o el lugar, si es especial. Este es mi caso con “Esplendor en la hierba”, cinta adorada en mi memoria por ser el ruido de fondo que redondeó el primer coito que mantuve con mi actual pareja, con el portátil encendido, en una pensión barata de París. Ambos nos vimos reflejados en esa historia de amor imposible, de degradado porvenir, mientras los personajes se escondían de su entorno y se besaban, nosotros nos enroscábamos entre las sábanas practicando el amor aislado que, aún hoy, debemos ejercitar por miedo. La angustia de los personajes es nuestra angustia, pierden libertad en una sociedad aletargada por la moralidad de la costumbre, no ven más allá de sus cejas y esto resulta tan triste como limitado. La tragedia que redondea la cinta es más opresiva que liberadora, afectada por la textura y tono cromático de la misma.
Esta película tiene un romanticismo a prueba de bombas, el amor se palpa, se siente, se saborea. Por esta razón, reiteradamente, mi pareja y yo nunca terminábamos de verla, nos era imposible dejar de saborearnos, porque pensábamos que la continuación de la fantasía, con unos cuantos rombos de por medio, ayudaba a perpetuar la escasa felicidad de la historia.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Esta crítica se la dedico a Pas, reflejo de mi inspiración y de mi pasión parisina, él es mi único éxito de muchos intentos, mi único amor verdadero, mi dominante influjo, mi consuelo por las noches y mi beso perdido durante las madrugadas, mi hombre protomacho(el único que existe y existirá). Decir que siempre nos quedará París es un tópico, mientras estemos juntos sobre la misma cama cualquier rincón del mundo olerá a París..., y allí seguiremos.
I m feeling good 
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