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Voto de Major Reisman:
8
Voto de Major Reisman:
8
7,5
1.463
25 de junio de 2008
25 de junio de 2008
31 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película está basada en una novela del mismo título escrita en 1948, al poco tiempo de terminar la guerra. Fue una de las primeras cintas que mostraban el punto de vista japonés sobre la Segunda Guerra Mundial pero con un claro mensaje antibelicista, y su éxito en Japón fue tal que el propio director realizó un remake en color en el año 1985. Personalmente creo que es una historia de arrepentimiento, pero no por lo que los japoneses hicieron a los birmanos, sino por y para los propios japoneses.
Debo reconocer que la película engancha. Tiene una gran fotografía y la historia está llena de poesía y emoción sin llegar a caer en la ñoñería, aunque por poco. La banda sonora es bastante buena sobre todo por el sonido del harpa. Y además, hay que reconocer que el recurso de poner música a capela en las películas suele funcionar (véase el reciente ejemplo de "Los chicos del coro"). Sin embargo al acabar de verla y reflexionar sobre lo visto me di cuenta que también tenía un aspecto manipulador que reconozco que me disgustó. Si uno la ve y no sabe historia pensará - ¡Oh! Pobrecitos japoneses, que mal lo pasan y lo buenos que son. Fíjate como los propios birmanos les ayudan -. Pero si sabes un poquito de historia y de la Ocupación de Birmania, o cualquier otro país asiático, por los japoneses entonces piensas - Me han tomado el pelo - . En comparación, las actitudes exculpatorias que podríamos encontrar en una película alemana parecerían una severa autocrítica. Desde el principio se nos muestra a los soldados japoneses como unas almas cándidas que no han roto nunca un plato y que lo que realmente les gusta es cantar. Sin embargo, la campaña de Birmania fue un asunto bastante sucio en algunos momentos, -había etnias que apoyaron a los japoneses y otras que se opusieron a ellos -, y no vemos ni un solo efecto de la guerra sobre los civiles o la sociedad birmana. Parecen unos simples espectadores a los cuales la guerra no les afecta en nada. De hecho, Izushima sólo se ve conmovido por la visión de sus compatriotas muertos. No hay otros.
Debo reconocer que la película engancha. Tiene una gran fotografía y la historia está llena de poesía y emoción sin llegar a caer en la ñoñería, aunque por poco. La banda sonora es bastante buena sobre todo por el sonido del harpa. Y además, hay que reconocer que el recurso de poner música a capela en las películas suele funcionar (véase el reciente ejemplo de "Los chicos del coro"). Sin embargo al acabar de verla y reflexionar sobre lo visto me di cuenta que también tenía un aspecto manipulador que reconozco que me disgustó. Si uno la ve y no sabe historia pensará - ¡Oh! Pobrecitos japoneses, que mal lo pasan y lo buenos que son. Fíjate como los propios birmanos les ayudan -. Pero si sabes un poquito de historia y de la Ocupación de Birmania, o cualquier otro país asiático, por los japoneses entonces piensas - Me han tomado el pelo - . En comparación, las actitudes exculpatorias que podríamos encontrar en una película alemana parecerían una severa autocrítica. Desde el principio se nos muestra a los soldados japoneses como unas almas cándidas que no han roto nunca un plato y que lo que realmente les gusta es cantar. Sin embargo, la campaña de Birmania fue un asunto bastante sucio en algunos momentos, -había etnias que apoyaron a los japoneses y otras que se opusieron a ellos -, y no vemos ni un solo efecto de la guerra sobre los civiles o la sociedad birmana. Parecen unos simples espectadores a los cuales la guerra no les afecta en nada. De hecho, Izushima sólo se ve conmovido por la visión de sus compatriotas muertos. No hay otros.
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