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Vendetta rating:
5
Vendetta rating:
5
6.3
7,067
Horror. Thriller
In the sequel to this "28 Years Later," Dr. Kelson (Ralph Fiennes) becomes involved in a surprising new relationship, the consequences of which could change the world as they know it, and Spike's (Alfie Williams) encounter with Jimmy Crystal (Jack O'Connell) becomes a nightmare he can't escape. In the world of The Bone Temple, the infected are no longer the greatest threat to survival: the inhumanity of the survivors may be even more bizarre and terrifying. [+]
January 17, 2026
January 17, 2026
5 of 10 users found this review helpful
28 años después: El templo de huesos es esa clase de secuela que parece haber olvidado, con sorprendente convicción, por qué la saga se llamaba 28 y no Humanos haciendo cosas deplorables durante dos horas. Zombis hay pocos, casi anecdóticos, como figurantes que llegaron tarde al rodaje y ya no tenían diálogo. El apocalipsis aquí no lo provocan los infectados, sino los guionistas.
La película parece cansada de su propio legado y decide reinventarse como una especie de desfile de violencia gratuita, sadismo sin propósito y sectas satánicas con una estética tan oscura que ni el Batmóvil con las luces largas podría atravesarla. Todo muy intenso, muy “mírame qué profundo soy”, pero con la sutileza de un martillazo en el cráneo.
El foco narrativo se desplaza a personajes que parecen sacados de otra película —una peor— y la trama avanza a base de casualidades milagrosas y decisiones cuestionables. La sensación general es que alguien dijo: “¿Y si en vez de tensión, miedo y desesperación… ponemos cosas?” Y nadie tuvo el valor de responder: “No”.
La película parece cansada de su propio legado y decide reinventarse como una especie de desfile de violencia gratuita, sadismo sin propósito y sectas satánicas con una estética tan oscura que ni el Batmóvil con las luces largas podría atravesarla. Todo muy intenso, muy “mírame qué profundo soy”, pero con la sutileza de un martillazo en el cráneo.
El foco narrativo se desplaza a personajes que parecen sacados de otra película —una peor— y la trama avanza a base de casualidades milagrosas y decisiones cuestionables. La sensación general es que alguien dijo: “¿Y si en vez de tensión, miedo y desesperación… ponemos cosas?” Y nadie tuvo el valor de responder: “No”.

El resultado es una película que no da miedo, no emociona y no respeta ni su propio universo. Eso sí, violenta es un rato. Porque claro, si no sabes qué contar, siempre puedes arrancarle la cabeza a alguien y esperar que el público confunda impacto con profundidad.
SPOILER ALERT: The rest of this review may contain important storyline details. View all
Spoiler:
Lo del médico y su amigo zombi merece entrar directamente en los anales del “¿pero quién aprobó esto?”. Tenemos a un infectado yonqui de la morfina, como si el virus de la rabia hubiera decidido hacerse un máster en farmacología y control de impulsos. Y, por supuesto, este experimento con patas no solo no es eliminado a los cinco segundos —como dictaría cualquier cerebro funcional— sino que se convierte en la clave de la salvación de la humanidad. Porque nada grita rigor científico como “oye, mira qué casualidad, acabo de descubrir la cura mientras improvisaba”.
El mensaje parece ser: décadas de colapso, millones de muertos, civilización pulverizada… pero tranquilos, que un médico random y su colega medio podrido lo solucionan entre pinchazo y pinchazo. El virus más letal del cine cae derrotado por el equivalente narrativo de “pues probé esto y funcionó”. Brillante.
El tema del padre de Spike es directamente cine de Schrödinger. Al principio le arrancan la cabeza —detalle menor, supongo— y luego la película decide que ese personaje entra en modo NPC desactivado. No se menciona, no se explica, no se llora. O es otro padre idéntico, o resucitó, o alguien del equipo pensó: “bah, continuidad es para cobardes”. Patatas. Literalmente patatas.
El mensaje parece ser: décadas de colapso, millones de muertos, civilización pulverizada… pero tranquilos, que un médico random y su colega medio podrido lo solucionan entre pinchazo y pinchazo. El virus más letal del cine cae derrotado por el equivalente narrativo de “pues probé esto y funcionó”. Brillante.
El tema del padre de Spike es directamente cine de Schrödinger. Al principio le arrancan la cabeza —detalle menor, supongo— y luego la película decide que ese personaje entra en modo NPC desactivado. No se menciona, no se explica, no se llora. O es otro padre idéntico, o resucitó, o alguien del equipo pensó: “bah, continuidad es para cobardes”. Patatas. Literalmente patatas.

Y las sectas satánicas… madre mía las sectas. Grupos violentos con cero carisma, cero trasfondo y cero sentido narrativo, cuya única función es demostrar que los humanos son malos. Gracias, película, no nos habíamos dado cuenta en las dos horas anteriores de torturas, ejecuciones y crueldad gratuita. Todo envuelto en una oscuridad visual tan exagerada que sospecho que el director odiaba la electricidad.
El sadismo ya ni intenta justificarse. No construye tensión, no aporta discurso, no revela nada nuevo sobre la condición humana. Es violencia por la violencia, como si el guion tuviera un contador de atrocidades que había que llenar antes de los créditos finales. Una carnicería emocional sin propósito, sin consecuencia y sin alma.
En definitiva, 28 años después: El templo de huesos no traiciona a la saga por arriesgar, sino por aburrir, por creerse inteligente mientras improvisa, y por cambiar el terror por un festival de decisiones estúpidas envueltas en solemnidad. Una película que confunde oscuridad con profundidad y brutalidad con valentía.
El virus no es lo peor que le pasa a este mundo.
El verdadero brote es el del guion.
El sadismo ya ni intenta justificarse. No construye tensión, no aporta discurso, no revela nada nuevo sobre la condición humana. Es violencia por la violencia, como si el guion tuviera un contador de atrocidades que había que llenar antes de los créditos finales. Una carnicería emocional sin propósito, sin consecuencia y sin alma.
En definitiva, 28 años después: El templo de huesos no traiciona a la saga por arriesgar, sino por aburrir, por creerse inteligente mientras improvisa, y por cambiar el terror por un festival de decisiones estúpidas envueltas en solemnidad. Una película que confunde oscuridad con profundidad y brutalidad con valentía.
El virus no es lo peor que le pasa a este mundo.
El verdadero brote es el del guion.
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