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Alberto rating:
10
Alberto rating:
10
8.0
20,894
Drama
An Army Lieutenant, Frederick Manion (Ben Gazarra), is accused of murdering a man, Barney Quill, for allegedly raping his beautiful wife, Laura Manion (Lee Remick). Manion’s lawyer, Paul Biegler (James Stewart), is assisted by his friend, Parnell McCarthy (Paul O’Connell), an alcoholic lawyer. They oppose the district attorney, Mitch Lodwick, and a state assistant attorney general, Claude Dancer (George C. Scott). Judge Weaver (Joseph ... [+]
June 13, 2026
June 13, 2026
1 of 1 users found this review helpful
Para mí, la gran obra maestra del cine judicial, y la mejor película de Otto Preminger con permiso de "Laura".
Empezando por el director, que hace toda una exhibición tanto de la dirección técnica como de actores. Domina con maestría los encuadres, especialmente en el interior de la casa del abogado, donde destaca cómo ordena a los personajes en el plano y cómo domina los tiempos en las primeras escenas para presentarnos la psique de los personajes: la nevera llena de truchas de un fiscal defenestrado en proceso de retiro, las melopeas de O'Connell, la secretaria abnegada que todos querríamos, el paseo de domingo de ese juez campechano que se asoma a la biblioteca a verlos trabajar, absolutamente maravilloso. Y cómo despliega la profundidad de campo en las escenas del juicio, cómo tiene las escenas perfectamente planificadas para que los movimientos de cámara puedan pasar del plano general a los primeros planos sin que nos demos cuenta, como el aleteo de una mariposa. Detrás de todo eso hay un gran director, injustamente "en el banquillo" de los olvidados, todo sea dicho.
Empezando por el director, que hace toda una exhibición tanto de la dirección técnica como de actores. Domina con maestría los encuadres, especialmente en el interior de la casa del abogado, donde destaca cómo ordena a los personajes en el plano y cómo domina los tiempos en las primeras escenas para presentarnos la psique de los personajes: la nevera llena de truchas de un fiscal defenestrado en proceso de retiro, las melopeas de O'Connell, la secretaria abnegada que todos querríamos, el paseo de domingo de ese juez campechano que se asoma a la biblioteca a verlos trabajar, absolutamente maravilloso. Y cómo despliega la profundidad de campo en las escenas del juicio, cómo tiene las escenas perfectamente planificadas para que los movimientos de cámara puedan pasar del plano general a los primeros planos sin que nos demos cuenta, como el aleteo de una mariposa. Detrás de todo eso hay un gran director, injustamente "en el banquillo" de los olvidados, todo sea dicho.

James Stewart, George C. Scott & Lee Remick
Los actores, absolutamente todos perfectamente dirigidos, están soberbios, y quiero destacar a los dos debutantes: Lee Remick y George C. Scott. Remick está arrebatadora en su papel de esposa merecedora de la desconfianza de su marido, y así se nos muestra desde el principio: su forma de vestir y de galantear, las dudas sobre sus declaraciones, el interrogatorio inicial con Stewart que nos genera más dudas que certezas. Pero para mí el que está inconmensurable es Scott, en ese fiscal tremendamente listo, que cada vez que abre la boca sentimos el peligro, que ya ha previsto todos los movimientos de la defensa. Scott despliega una actuación soberbia en la que muestra muchos de los puntos fuertes que le caracterizan: los diálogos rápidos, el tono agresivo, la mirada despiadada, muestras de una ambición sin escrúpulos de la que haría gala en papeles futuros como en el "Buscavidas". Incluso en esa escena en que el público sabe que se la va a pegar, la actuación es tan portentosa (la he tenido que ver tres veces tras acabar la película) que acentúa todavía más el golpe de efecto.

Para ser un primerizo, está a la altura del duelo interpretativo con Stewart, que hace una de sus mejores interpretaciones haciendo ese personaje que él sabe hacer tan bien, pero al que pone esta vez cierto toque socarrón,de perro viejo que también se sabe todos los trucos y que ha venido a reivindicarse frente a un rival político, ese fiscal inepto que ha ido a esconderse bajo las faldas del ayudante del fiscal del Estado. Estos tres personajes, junto al juez (actor amateur), construyen con sus interpretaciones un carrusel de réplicas, fintas, cambios de ritmo y de intensidad que hacen de todo el juicio una delicia para el espectador.
Pero la película no sería lo que es sin el sólido guion de Wendell Mayes, adaptación de una novela escrita por un juez que pone los mejores mimbres, y que Preminger lleva a escena con la valentía de no recurrir ni a un solo flashback. Construye una película donde el relato lo es todo; el relato de unos personajes que en ciertos momentos sospechamos que nos están mintiendo. Preminger opta por no tomar partido en ningún momento, y por presentar los ingredientes necesarios para diseccionar un proceso penal, en que el espectador es quien tomará la decisión final.
Y ahí es donde la película se convierte en un dilema: por un lado, la película presenta una visión idealista de la justicia, con el papel positivo de Stewart, con la bonhomía del juez, con el fiscal implacable de Scott que al fin y al cabo sólo representa la debida persecución tenaz de la justicia. Pero por otro lado, la película muestra las flaquezas del sistema legal, condensadas en el alegato final de O'Connell, en que la mirada se pone en el jurado y sus limitaciones para dilucidar la "verdad judicial". Tras su veredicto, nos quedan más dudas que certezas, la inquietud de que parte de lo que nos han contado y sobre lo que se sustancia la decisión del jurado puede no ser absolutamente cierto. Y es que esa duda no es sino el reflejo de la labor de la justicia humana, con todos sus defectos, hecha por gente que, como recalca Stewart, no es sólo buena o mala. Es muchas cosas.
TEXTO LIBRE, NO GENERADO NI EDITADO POR UNA IA.
Pero la película no sería lo que es sin el sólido guion de Wendell Mayes, adaptación de una novela escrita por un juez que pone los mejores mimbres, y que Preminger lleva a escena con la valentía de no recurrir ni a un solo flashback. Construye una película donde el relato lo es todo; el relato de unos personajes que en ciertos momentos sospechamos que nos están mintiendo. Preminger opta por no tomar partido en ningún momento, y por presentar los ingredientes necesarios para diseccionar un proceso penal, en que el espectador es quien tomará la decisión final.
Y ahí es donde la película se convierte en un dilema: por un lado, la película presenta una visión idealista de la justicia, con el papel positivo de Stewart, con la bonhomía del juez, con el fiscal implacable de Scott que al fin y al cabo sólo representa la debida persecución tenaz de la justicia. Pero por otro lado, la película muestra las flaquezas del sistema legal, condensadas en el alegato final de O'Connell, en que la mirada se pone en el jurado y sus limitaciones para dilucidar la "verdad judicial". Tras su veredicto, nos quedan más dudas que certezas, la inquietud de que parte de lo que nos han contado y sobre lo que se sustancia la decisión del jurado puede no ser absolutamente cierto. Y es que esa duda no es sino el reflejo de la labor de la justicia humana, con todos sus defectos, hecha por gente que, como recalca Stewart, no es sólo buena o mala. Es muchas cosas.
TEXTO LIBRE, NO GENERADO NI EDITADO POR UNA IA.
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