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Voto de TOM REGAN:
9
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9
7.3
8,727
Drama. Romance
Cuando Hamlet, el príncipe heredero de Dinamarca, regresa a su patria, recibe la noticia de que su padre ha muerto y de que su madre, la reina Gertrudis, se va a casar con su tío Claudio. El espectro de su padre le revela que Claudio es el responsable de su muerte. A partir de entonces, Hamlet sólo pensará en vengar la muerte de su progenitor. (FILMAFFINITY)
5 de junio de 2017
5 de junio de 2017
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
109/22(30/05/17) Excelente y monumental adaptación del polifacético Kenneth Branagh (dirige, guioniza y protagoniza) de la obra más famosa del autor más famoso de la literatura anglosajona, el Bardo de Avon, William Shakespeare, siendo aclamada por la crítica en general (aunque fue fracaso taquillero), recibió cuatro nominaciones al Oscar (Dirección de Arte [Tim Harvey ], diseño de vestuario [Alexandra Byrne], b.s.o. [Patrick Doyle], y guion adaptado [Kenneth Branagh]), ensalzándola muchos como la mejor de las adaptaciones (entre los que me cuento), teniendo la valentía el realizador de hacer la primera versión íntegra de la obra teatral (es la obra shakesperiana de más duración), con lo que su metraje se extiende a las cuatro horas. Branagh tiene la ingeniosa y refrescante idea de trasladar la historia de la isabelina Edad Media al victoriano SXIX, aunque manteniendo intacto el espíritu de la obra. Ultima gran película dramática se rodó íntegramente en formato 70 mm (por el cinematógrafo Alex Thompson), para recoger en su anchura la amplitud y beldad de los escenarios, hasta el año 2012, con el lanzamiento de “The master”. A pesar de su procedencia marcadamente teatral posee una enorme capacidad de fascinación visual, con escenarios evocadores y maravillosos, con fotografía espectacular en su fulgor cromático (alejándose del goticismo de pretéritas versiones), planos-secuencia largos para realzar el poderío de las interpretaciones, encuadres de gran poder sugestivo, una música enardecedora (de Patrick Doyle), sabiendo aportar recursos que refuerzan el dramatismo (algunos flash-backs sentidos: como la amistad de la infancia de Hamlet con el bufón Yorick, o escenas solamente implícitas en el texto de la obra, como la relación sexual de Hamlet con Ofelia; o la sub-trama sintetizada de Fortinbrás ). Siendo largo su metraje, pero no por ello lenta o tediosa, siendo de obligación para todo cinéfilo que se precie verla versión íntegra (circulan varias versiones reducidas y bastardeadas) y sin doblajes, Branagh desarrolla con fluidez y una electrizante energía el encadenado de las escenas, con unos diálogos profundos, para lo que el cineasta cuenta con un majestuoso reparto en plena forma encabezado por el mismo, seguido por Derek Jacobi como el rey Claudio, Julie Christie como la reina Gertrudis , Kate Winslet como Ofelia, con apariciones estelares de Charlton Heston, Billy Crystal, Rufus Sewell, Charlton Heston, Richard Attenborough, Judi Dench, Ken Dodd, o Robin Williams (aunque algunas se sienten solo allí para rellenar por su de poco a nulo aporte [Jack Lemmon, Richard Attenborough, Judy Dench, John Mills o un silente John Gielgud de 93 años], y otras pésimas, me refiero a Robin Williams). Obra trágica, atemporal y universal que toca temas tan perennes como la locura, el sexo, la política, el crimen, el poder, la ambición desmedida, el complejo de Edipo, la traición, la amistad, el misticismo, la duda, y sobre todo la sed de venganza, contado con algún sazonamiento de humor, y sobre todo intensidad y emoción.

Kenneth Branagh & Kate Winslet
Frases que se han convertido en de uso común y que pertenecen a la obra: "Fragilidad, tu nombre es mujer!"; "Algo huele a podrido en Dinamarca", "La brevedad es el alma del ingenio"; o por supuesto “Ser o no ser, esa es la cuestión”.
Gran hándicap de la adaptación hamletiana es su previsibilidad, sabemos la trama de principio a fin, el factor sorpresa está complicado, Branagh consigue con regalarnos todo el texto un aliciente memorable para sumergirnos en las intrigas del Palacio de Elsinor, además de trasladar la acción siglos después, abriendo un abanico nuevo de posibilidades estéticos, y ello sin perder nada de los efluvios de la tragedia fatalista. Cuatro horas electrizantes de deconstrucción de la Condición Humana, en sus miserias y pasiones, narradas de modo vigorosas, rebosantes de inseguridades, mentiras, demencia, celos, asesinatos, envenenamientos, suicidios, deslealtades, apariciones fantasmagóricas, duelos a espada, teatro dentro del teatro, todo hilado de forma dinámica, portando recursos que atomizan el conjunto, como varios flash-back (comentados arriba), o el momento onírico del confesionario de Claudio con Hamlet acechando; o el sentido y ardiente monólogo del final de la primera parte de Hamlet en medio del monte helado ("… mis pensamientos serán sanguinarios!"). Mezcla en deliciosa miscelánea lo épico, lo romántico y lo trágico, sabe delinear con esmero las personalidades, embistiendo de solidez y coherencia orgánica sus comportamientos, adorna el relato con secuencias que emanan un lirismo penetrante, sin caer en sensiblerías almibaradas, en increscendo de tensión que desemboca en clímax final fascinante, donde se dan cita la aventura cuasi-homenaje espachín y saltimbanqui a Errol Flynn o Fairbanks.
Gran hándicap de la adaptación hamletiana es su previsibilidad, sabemos la trama de principio a fin, el factor sorpresa está complicado, Branagh consigue con regalarnos todo el texto un aliciente memorable para sumergirnos en las intrigas del Palacio de Elsinor, además de trasladar la acción siglos después, abriendo un abanico nuevo de posibilidades estéticos, y ello sin perder nada de los efluvios de la tragedia fatalista. Cuatro horas electrizantes de deconstrucción de la Condición Humana, en sus miserias y pasiones, narradas de modo vigorosas, rebosantes de inseguridades, mentiras, demencia, celos, asesinatos, envenenamientos, suicidios, deslealtades, apariciones fantasmagóricas, duelos a espada, teatro dentro del teatro, todo hilado de forma dinámica, portando recursos que atomizan el conjunto, como varios flash-back (comentados arriba), o el momento onírico del confesionario de Claudio con Hamlet acechando; o el sentido y ardiente monólogo del final de la primera parte de Hamlet en medio del monte helado ("… mis pensamientos serán sanguinarios!"). Mezcla en deliciosa miscelánea lo épico, lo romántico y lo trágico, sabe delinear con esmero las personalidades, embistiendo de solidez y coherencia orgánica sus comportamientos, adorna el relato con secuencias que emanan un lirismo penetrante, sin caer en sensiblerías almibaradas, en increscendo de tensión que desemboca en clímax final fascinante, donde se dan cita la aventura cuasi-homenaje espachín y saltimbanqui a Errol Flynn o Fairbanks.

Kenneth Branagh
Kenneth Branagh es el amo y señor de la función, un Titán, compone a un Hamlet cautivador con arco de desarrollo veraz, sentido, escalofriante, transmite tormenta de sentimientos encontrados, dolor, angustia, zozobra, rabia, pasión, ira, amor, delirio, desamor, con el grado justo de mesura, explotando cuando lo requiere, carismático en su pose regia, excelso en los monólogos (el ingenioso “ser o no ser” frente a un espejo en un solo plano; el del final del primer acto; o el del final "… mis pensamientos serán sanguinarios!"), muy bueno en la reflexión y contemplación, introspectivo, lección de cómo encarnar al príncipe de la duda, en su mirada, en su gestualidad, en su fisicidad, logra conmover y empatizarnos, de una intensidad racial descomunal; Derek Jacobi como Claudio está sensacional, de contención, doliente, incierto, sibilino, sin histrionismos, con matices, con aristas, muy humano en sus debilidades; Julie Christie como Gertrude está radiante en su belleza, cumple con su porte y saber estar, aunque en su debe la química con Hamlet no es grande;… (sigue en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
… Kate Winslet portentosa en su delicadeza y candidez, de hermosura y fragilidad que dan ganas de adoptarla, su vulnerabilidad y dulzura van a la par, imposible no enamorarse de ella, joven a la que vemos hundirse poco a poco, con ententes sensacionales con Branagh, emitiendo su mirada el desvarío y desestabilización mental que remueve sus entrañas; Richard Briers como Polonio, baña a su rol en perfidia y sutilidad aviesa; Michael Maloney compone a un buen Laertes, impregnándolo de furia desatada, visceral y con ímpetu desatado; Charlton Heston como el actor líder de la compañía teatral deja impronta de grande, emociónate, de carácter, ardor expresivo, soberbio, un rayo de luz lo embiste en su majestuosidad; Brian Blessed encarna al padre de Hamlet, apoteósico en la clásica aparición fantasmagórica en que cuenta a su hijo quien lo asesinó, aterrador; Billy Crystal a priori fuera de lugar, una vez lo ves como el enterrador cínico despliega una vis nihilista formidable, haciendo suyo el rol, consiguiendo amoldarse con mordacidad a su papel, excelente sorpresa; Jack Lemmon es casi una presencia testimonial para dar más esplendor al casting, al menos se le deja como Marcello una de las frases míticas de la obra “Algo huele a podrido en Dinamarca”; Robin Williams es la actuación chirriante, una concesión comercial (creo) nefasta, desvía la atención con su gesto caricaturesco, con su acento idiota, con su sobreactuación, al menos no aparece mucho; Hay algunos más.

Jack Lemmon
Puesta en escena epicúrea: Sobresaliente diseño de producción de Tim Harvey (“Henry V”) siendo los exteriores el espectacular castillo de Blenheim (Oxfordshire-UK) y unos fastuosos de decorados de Desmond Crowe (“Frankenstein de Mary Shelly”), recreados estos en los Sheperton Studios (Surrey-UK), sobresaliendo el glorioso salón del trono, exaltando el lujo y nobleza del reino, surcado por paredes con espejos-puertas, dominada por una galería y ladeado por pasillos exteriores entrecruzados con escaleras, todo un alarde de brillantez imaginativa, sumado a un epicúreo vestuario creado por Alexandra Byrne (“Elizabeth”), exquisito en sus toques victorianos, elegantes. Esto filtrado por la fenomenal fotografía de Alex Thompson (“Alien 3”), en ampuloso 70mm para dar más exuberancia a cada milímetro de los hermosos fotogramas, crea cuadros en movimiento pródigos, de una enorme luminidad, jugando con habilidad con los reflejos, dando prominencia a una cámara que suavemente se desliza en magníficos planos-secuencia para dar potencia expresiva a las actuaciones, con fascinantes primeros planos que extraen lo mejor de cada emoción interpretativa, con planos generales arrolladores (como el que es portada del film, en el salón del trono las serpentinas llueven sobre el nuevo matrimonio, mientras esta alegría es contrastada cuando vemos la espalda de Hamlet vestido de impoluto luto-negro), aprovechando con delirio poético las tomas exteriores con los suelos blancos de la nieve invernal que da un toque crepuscular a la acción. La música es otra imperial clave de la cinta, compuesta por Patrick Doyle (habitual de Branagh), dirige la orquesta Robert Ziegler, extraordinarias melodías njugan con tino lo epopéyico con lo íntimo, amoldándose a la acción de modo sublime, Doyle compuso tres temas principales para acompañar a cada personaje a modo de reflejar su carácter (leit-motive), de Ofelia, Claudio y Hamlet; destaca el tema cantado por Plácido domingo “In pace”, que da solera y sentido trascendental.
A mi modo de ver la mejor de las adaptaciones de Hamlet, y las hay muy buenas, pero que un film de cuatro horas, que sabes lo que va ocurrir antes de que pase, te mantenga magnetizado a la pantalla es todo un éxito. Fuerza y honor!!!
Para leer más sobre el film ir a: http://conloslumiereempezo.blogspot.com/2017/06/hamlet.html
A mi modo de ver la mejor de las adaptaciones de Hamlet, y las hay muy buenas, pero que un film de cuatro horas, que sabes lo que va ocurrir antes de que pase, te mantenga magnetizado a la pantalla es todo un éxito. Fuerza y honor!!!
Para leer más sobre el film ir a: http://conloslumiereempezo.blogspot.com/2017/06/hamlet.html
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