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Voto de Repoman:
1
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1
6.5
29,547
24 de julio de 2025
24 de julio de 2025
44 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine compite con las redes sociales. Compite por tu atención. En su momento, le tocó competir con la televisión, volviendo su imagen muchísimo más ancha (los lentes anamórficos y la pantalla widescreen), lo que derivó en cierto tipo de cine. Luego tuvo que competir con el VHS, lo que generó un énfasis en la espectacularidad de los efectos especiales o los escenarios voluptuosos (la famosa noción de "esta es para verla en cine, aquella no"). Hoy día y desde hace tiempo, el cine se consume mayormente desde las plataformas. El espectador está tirado en su casa, teléfono en mano. En cuanto no estén mostrando actores lindos, vestidos aesthetic-mente, en un entorno prolijamente iluminado con una terminación cálida caramelo, vuelven su atención hacia el escroleo de redes. Necesitan estar viendo un culo. Necesitan estar viendo poses cancheras en entornos cancheros, todo el tiempo. No tienen ni medio segundo para "perder". Eso también influenció la evolución del cine: las películas, sometidas a esa cruel competencia con el telefonito, se han vuelto muchísimo más estúpidas, superficiales, sobre explicativas, planas y ridículas. Ningún periodista (mucho menos influencer) te lo va a decir, pero Sinners es el último y peor ejemplo de esta tragedia.

Michael B. Jordan & Hailee Steinfeld
Argumento estúpido, guión vacío, situaciones ridículas, tono entre canchero (todos van de sobrados) y cursi o de falsa emotividad. Carencia de ideas o acciones cinemáticamente significativas. Puesta en escena insulsa, cero atmósfera, fondos pintados digitalmente, extras sin sabor que deambulan al fondo. Personajes planos pero lindos, estética retro aesthetic de plástico. Historia que no va a ningún lado, ni tampoco promete ir, pero aún así tiene un prólogo y dos epílogos para darle aires de importancia a la idiotez. En la primera secuencia ya hay un susto a base de repentino golpe de ruido, dando la pauta del bajo nivel cinematográfico que estamos por ver. Planos insulsos de gente posando o de paisajes. Cero expresividad en el uso de la cámara. Abuso de canciones y bailes como gesto desesperado de agradar, en lo que parece la más horripilante y ostentosa fiesta de casamiento. Mezcolanza de tonos y temas como para que no te duermas. Exceso de clichés (aunque ni se llega a los lugares comunes, sólo se sugieren) que arañan situaciones que podríamos suponer peligrosas, o emocionantes, o graciosas. Es la mismísima definición de una pésima película donde no se salva nada, y todo podría dar risa si no fuera totalmente insufrible. Los personajes expresan dramatismo como Charly Sheen en esa parodia de Rambo, pero aquí no hay humor, sólo el dolor de ver dramatismo de cartón, cursilería y falsa pedantería. Este Ryan Coogler no tiene la más mínima idea de qué decir, ni de cómo escribir, ni mucho menos de cómo filmar nada.

TODOS LOS PERSONAJES, en TODAS SUS INTERVENCIONES, están haciéndose los cancheros, los chulitos, los picantes, los bravíos, esgrimiendo ironías desafiantes y chicanas volptuosas. No hay (no pueden haber) actores que no sean super-lindos, y que no estén vestidos de manera exageradamente cool. No hay una imagen oscura, todo está iluminado con pequeños focos cálidos de diseño aquí y allá. No hay mugre, ni siquiera en un entorno rural de los años 30. Así es el público hoy: no pueden ver fealdad, ni siquiera en una de terror. Todo, todo el tiempo, en todas partes, debe ser admirable desde un punto de vista infantil, superficial y ultra consumista. No hay películas, sólo publicidad basura. No hay entrada, plato principal y postre. No hay chef ni menú. Sólo un constante caramelo visual dando a todo el mismo empalagoso y aburrido sabor.
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- Gail Katz
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