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Voto de Antonio Morales:
6
Voto de Antonio Morales:
6
Thriller. Intriga. Comedia En París, en el barrio de Montmartre, actúa un misterioso asesino que tiene el cinismo de dejar una tarjeta de visita sobre sus víctimas. En un mes ha asesinado ya a cuatro personas. (FILMAFFINITY)
13 de noviembre de 2016
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este curioso y poco conocido film se inscribe dentro de los polémicos trabajos que Clouzot realizó para la empresa nazi, instalada en la Francia ocupada, Continental Films y se trata del debut del director cuya obra posee títulos tan recomendables como “Las diabólicas” y “El salario del miedo”. El cineasta que sería acusado de colaboracionista con los nazis, adapta la novela del escritor belga especializado en obras de intriga Stanislas -André Steeman y se aprovecha de la entonces, gran popularidad del actor Pierre Fresnay. El film se acerca a un cierto modelo de thriller folletinesco, con personajes de apariencia grotesca y con un entorno en el que se establece la necesidad de mostrar los ambientes populares, además de un enrarecido sentido del humor. Otro asunto original es que el asesino acostumbra a dejar sobre sus víctimas su tarjeta de presentación: “Monsieur Durand”.

La película tiene como protagonista al comisario de policía Wens (Fresnay) y su esposa, la diva Mila-Milou (Suzi Delair), los cuales se convirtieron en los personajes arquetípicos de las novelas de bolsillo de Steeman. Las primeras imágenes del film nos ofrecen una serie de sugestivas pistas sobre su posterior evolución y sobre el trabajo de puesta en escena que el cineasta llevó a cabo. Nos sitúa en pequeño bistró (casa de comidas) parisino, donde un individuo se emborracha presumiendo que ha ganado mucho dinero con la lotería, una vez sale del local en una noche oscura de niebla, la cámara le sigue desde la subjetiva mirada del asesino con las intenciones que podemos imaginar, evocando la figura de Jack el destripador. Las brumas que marcan el comienzo del film y los movimientos de cámara nos indica que estamos ante un cineasta singular que no se limita a hacer policíacos rutinarios, convirtiendo la trama en banco de pruebas estilístico.

A partir de ese momento, los hilos de la investigación se mueven según los clásicos modelos del cine de misterio. El hipotético asesino Durand parece ser que se hospeda en una pensión de huéspedes muy singulares y que el comisario debe investigar, el elemento cautivador del cineasta y su personal universo, no reside en la resolución del caso, lo que interesa más a Clouzot, son las extravagancias que se filtran detrás de la descripción en cada uno de los personajes que habitan el inmueble de la parisina “Avenue Jounot”: un ex militar siempre enfurruñado; un ex boxeador ciego y la joven enfermera que lo cuida; un hombre que fabrica marionetas; un mago cuya habitación parece una barraca de feria; Una mujer madura autora de novelas rosa que no consigue publicar; un criado cuya habilidad es silbar imitando sonidos; la propietaria, una mujer exagerada gesticulante; y por supuesto, el comisario que se disfraza de pastor evangelista para seguir las pesquisas.


Todos son sospechosos de una aparente representación, donde nada es lo que parece, dentro de unas situaciones jocosas que se entremezclan con los crímenes que comete el misterioso “Monsieur Durand”. Es entonces cuando se aprecia el virtuosismo y el lado oscuro de la trama que va convirtiéndose en una visión granguiñolesca del mundo de los personajes. La película, pese a ser imperfecta, ya atisba claramente lo que será el estilo de Clouzot en toda su filmografía presidida por una aguda inventiva visual y su personal visión de lo terrorífico y misterioso.
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