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Críticas de Antonio Morales
Ordenadas por:
1,538 críticas
2
30 de enero de 2014
287 de 456 usuarios han encontrado esta crítica útil
Espero que nadie se dé por aludido en mi comentario si tiene la amabilidad de leerlo, pues mi intención es sólo la de exponer mis argumentos desde el prisma de un amante del cine.

Salí del cine profundamente decepcionado…, qué pena que el público y los amigos de F. A. se conforme con tan poco, (¡tiene un promedio casi de ocho!), me pregunto a los que la califican con un 8, 9, o un 10, ¿Qué entienden ellos por cine? Si para ellos un “Peliculón” como suelen decir… es una catarata de gratuitas palabras soeces, chistes de brocha gorda, sexo explicito y zafio, gags vulgares prolongados hasta la extenuación, imágenes efectistas y patéticas, personajes esperpénticos y disparatados en el peor sentido de la palabra, buscando la risa fácil, eso en mi opinión no es cine ni comedia ni nada, es menospreciar la inteligencia del espectador.

La película se alarga innecesariamente (quizá para justificar el presupuesto) para repetirse constantemente, en las soflamas histriónicas populacheras y casposas de un grotesco, sobreactuado y mal dirigido Leonardo Di Caprio, que me recordaba al peor Jim Carrey de “Mentiroso compulsivo”. Scorsese se empecina en repetir el mismo mensaje, como si el espectador fuera tan estúpido que no lo capta a la primera, con lo que después de la primera hora comienza el sopor, el aburrimiento, porque la historia no avanza, se repiten constantemente las gamberradas absurdas y delirantes en la oficina, donde los “brokers” son una panda de energúmenos que se dedican a competir ante el impresentable Jordan Belfort, a ver quien hace la gamberrada más abominable.

Scorsese se sirve de la biografía de este indecente personaje, que es Jordan, y creo que pretende parodiar al capitalismo voraz, cosa muy loable si lo hiciera abordando la cuestión con un mínimo de rigor. Pero los personajes son planos, sin consistencia psicológica, son como marionetas estereotipadas y previsibles, cuesta mucho la empatía con ellos, todo el tiempo ebrios, haciendo orgías, tomando drogas de todo tipo y rodeados de prostitutas de todo pelaje, yo no veo en los personajes una evolución moral creíble, todo está llevado a un exceso que llega a fatigar y asquear.

Al igual que Jordan Belfort vende humo con sus bonos basura a sus clientes, mientras se queda grandes comisiones, creyéndose un tipo listo por embaucar a gente sencilla y poco preparada para los tiempos que corren, Scorsese nos vende este engendro, indigno de su status artístico, manufacturado al gusto del público actual que acude a las salas ávido en devorar imágenes impactantes y obscenas de personajes impúdicos, relatos abyectos que denigran la inteligencia del espectador y que con su complacencia propicia un futuro desolador. Llámenlo como quieran pero eso no es cine.
Antonio Morales
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4
17 de enero de 2016
60 de 93 usuarios han encontrado esta crítica útil
Acabo de leer unos cuantos comentarios que me invitan a pensar, que yo he visto otra película, un alud de adjetivos elogiosos, generalmente poco reflexivos y muy pasionales de sus incondicionales, la mayoría se jactan sin demasiados argumentos, de admirar la maestría del cineasta pero no encuentro las razones, más allá de los tópicos y los eslóganes con que se le sublima y venera al autor. Y es que soy de los que piensa que Tarantino podría ser un “entertainer” o un prestidigitador, pero nunca un maestro, porque su a su cine, en mi opinión, le sobran formas y le faltan ideas. Vuelve con otro homenaje al “espagueti western” trasladado a la América profunda. Un western nevado, plomizo y truculento, de vacuo mensaje y absurda intriga. Un aquelarre sangriento con unos personajes enfáticos y que rozan la parodia, extendida y alargada a causa de una narración teatralizada hasta la exageración.

Varios cazarrecompensas, una prisionera, un presunto sheriff, un cowboy, un ex general confederado y el amigo de la dueña del local, donde todos se reúnen, dan forma a una puesta en escena de unos personajes durante el primer tramo del film, hasta que suena el primer disparo. Entonces pasamos de una mentira a otra, de una sospecha a otra y de una identidad falsa a otro, donde todo el mundo está enfrentado entre sí por reproches y causas absurdas, intereses contrapuestos y deseos infantiles, por los cuales se hipoteca la integridad y la justicia. Todo ello se podría entender como un conflicto de raza, religión y política, plagada de mentiras sobre cuyos cimientos se erigió los EEUU.

Tarantino narra todo muy explícitamente, es meticuloso en el detalle porque él no entiende de elipsis, de insertos ni de sobreentendidos, su público no se lo perdonaría, él conoce sobradamente a sus seguidores, es rehén de su público que le exige, película tras película, más de lo mismo: frases ocurrentes de un vocabulario soez, la ceremonia sangrienta, el sadismo desmedido, lo cutre y lo zafio mediante la concatenación de una serie de escenas de casquería a granel, una orgía de violencia explícita que enaltece ese clímax que el cineasta va retrasando a lo largo del metraje hasta detonarlo como una catarsis redentora.

En todo caso, no seré yo, el que pueda evitar el triunfo de Tarantino entre sus complacientes devotos, pues cumple sobradamente con lo que se espera de él, de su manera de entender el cine, que por su puesto, yo no comparto, su pretendida fuerza y “originalidad” le hacen inconfundible, puede que haya que juzgarlo más, como cineasta experimental que como cineasta narrador. Siempre lo he considerado un cineasta más de formas que de conceptos.
Antonio Morales
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7
28 de enero de 2014
49 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
Escribir una crítica sobre una película que no te gusta, por el motivo que sea, me parece aceptable, siempre que sea con argumentos sólidos y razonables, también puedo aceptar adjetivos descalificatorios, siempre dentro del buen gusto y la educación. Lo que no me parece admisible es que desde el desconocimiento más atroz de lo que se juzga, con unos cuantos chistes fáciles y unas palabras supuestamente ingeniosas, se descalifique una película por ser modesta en su producción, no entender la propuesta del cineasta o simplemente se utilicen adjetivos peyorativos rozando la grosería, con el fin de saciar su ego, convenciendo a la “parroquia” y salir a hombros por la puerta grande, permítanme utilizar este símil taurino. Jamás leeré ese tipo de críticas porque no me parecen honestas.

Garci aborda el personaje de Holmes y Watson, desde su personal forma de hacer cine, pausado y reflexivo, una apuesta arriesgada y original. Puedo entender que para los no iniciados en el universo de Garci, pueda resultar extraño el tratamiento que de la pareja británica, alejada de los tópicos habituales que se han reflejado en el cine de gran presupuesto últimamente, además para ese tipo de cine, ya están los americanos... También es evidente en la película, que es una producción humilde, lo cual da al cineasta la libertad que precisa para llevar a cabo su propuesta. El buen cine no siempre va unido al gran presupuesto.

El cineasta apuesta por el pretexto de unos crímenes en el Madrid galdosiano, para recrear ese Madrid decimonónico, castizo al que llega la pareja británica siguiendo la pista de Jack el destripador. Garci nos presenta a un Holmes y un Watson más humanos y menos estereotipados, con una profundidad psicológica más compleja de lo habitual. Pero siendo fiel al espíritu de Conan Doyle en el fondo, el Holmes de Garci es atípico y heterodoxo, pero sigue siendo inteligente, misántropo, romántico y victoriano, le gustan las mujeres, pero valora más su independencia. Del mismo modo Watson es diferente del habitual, pues tampoco está escrito que tenga que ser gordito y con bigote. La ambientación y el vestuario son excelentes, teniendo en cuenta, que es una producción modesta.

En cuanto al idioma inglés que sólo aparece en un par de ocasiones, me parece que ahí se equivoca Garci, o hablan inglés todo el tiempo, o español, pues la mayoría del público ve las películas dobladas siempre, es más, apostaría a que la mayoría prefiere el doblaje. Lo del cocido y los churros que tanto agradan a Watson, no entiendo la crítica peyorativa de algunos, ¿no presumen ellos del té y el “roastbeef”?…, me parece absurdo. La novedosa propuesta de Garci amplia una nueva visión de uno de los más famosos personajes de la literatura universal, una mirada enriquecedora que podría llegar a convertirse en una película de culto.
Antonio Morales
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4
4 de diciembre de 2015
37 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desconociendo films como “El espía que surgió del frío”, “La casa Rusia” o “El topo” (Richard Burton, Sean Connery y el camaleónico Gary Oldman) que dejaron el listón muy alto, puede que entonces, quizás les guste la película de Spielberg, a mí me ha sabido a poco, me siento decepcionado. John Le Carré lo expuso con sus maravillosas novelas mejor que nadie, muchas de ellas llevadas al cine con notable acierto. Ese mundo tenebroso, introspectivo de mentiras y sospechas, de topos traidores, más de gestos que de palabras, de cuestiones éticas y morales sobre los métodos de ambas potencias con generosos gastos en listas negras y arsenales, de torturas sofisticadas lideradas por la CIA y el KGB.

La excusa de que “El puente de los espías” se basa en hechos reales no es garantía de interés y emoción, más bien es el pretexto pusilánime de los que no hallan otra coartada para hacer atractivo el film. La historia que nos cuenta Spielberg, pese a que en el guión hayan participado los Coen, no la salva ni el bueno de Tom Hanks con su semblante del noble y honesto americano de los films de Frank Capra, dispuesto a sacrificarse por su país. Como le ocurría en “Lincoln”, vuelve a mostrarse ceremonioso, grandilocuente y sobre todo previsible. La narración que empieza con brío se va tornando plomiza y tediosa cuando el cineasta pretende ser trascendente, sin chispa, farragosa de una oscura burocracia, que se diluye por vericuetos propios del juego sucio de ambas potencias. Un mercado de intereses, influencias y manipulación en la política geoestratégica.

Diferenciar dentro de una filmografía entre películas “serias” y “no serias”, entre obras “de prestigio” y carentes de él, resulta problemático y posiblemente innecesario. Si nos atenemos a que cada cineasta tiene su personalidad creativa y su estilo, entonces esa dicotomía no tendría sentido. Spielberg vuelve con el cine de… ¿Prestigio? Ensalzando los principios democráticos de su país pese a algunos políticos reaccionarios. El argumento es plano y maniqueo, se estructura sobre el canjeo de un pintor ruso que es condenado por espía, siendo defendido por Hanks, un abogado especializado en seguros que tras perder el juicio, será requerido por su país para cambiarlo por un piloto americano cautivo en la URSS.

No hay espesor dramático, ni garra narrativa, los personajes no despiertan empatía, por mucho que se empeñe Tom Hanks. El cineasta recurre dramáticamente a mostrarnos la construcción del muro de Berlín (muro de la vergüenza), sobradamente conocido, tantas veces recreado como símbolo del totalitarismo soviético. Si me quedo con algo positivo es una excelente ambientación de la época, cosa que en una producción del Rey Midas de Hollywood, se da por obvia. Los 141 minutos se me han hecho interminables, decepcionante película.
Antonio Morales
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10
15 de junio de 2013
23 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
En mi opinión, ésta es la mejor película de Alfred Hitchcock, la vi por primera vez cuando se reestrenó en los cines de España en 1984, después de muchos años retirada de los canales de distribución, la impresión que me causó fue enorme, al contemplar una obra tan deslumbrante, pues yo tan sólo conocía al maestro por sus películas de suspense en T.V., pero a partir de entonces comprendí que tras esa etiqueta superflua se hallaba un cineasta complejo que diseccionaba el alma humana, buscando respuestas, recreando sus fobias y sus filias bajo cualquier pretexto o “McGuffin”, como él solía llamarlo. Luego supe que los críticos de la revista “Cahiers du cinema” lo habían colocado en el lugar que merecía, entre los grandes del cine.

Basada en una flojita novela de Boileau-Narcejac “De entre los muertos”, Vértigo no es deudora de nadie más que de su director. Él diseñó el “look” de la imagen, él dio las directrices del guión, él creó de la nada a los personajes; en definitiva: él hizo una obra personal, única e irrepetible. ¿Por qué todas estas alabanzas, repetidas desde hace tantos años en libros y revistas, en críticas y ensayos? ¿Por qué esta película ha suscitado el interés de gentes tan aparentemente alejadas del cine como filósofos o pintores? Sencillamente porque en Vértigo se está hablando de algo muy profundo, de algo que permanece en el subconsciente de cada uno y cuando aflora en forma de obra de arte es reconocido de una forma instintiva.

Vértigo no trata sólo de la acrofobia, que desde las primeras imágenes padece Scottie, un magistral James Stewart, sino de un vértigo mucho más oculto y mental, el vértigo de la creación, mejor dicho, de la recreación. La verdadera historia de la película, la más importante empieza cuando el espectador no advertido cree que se ha terminado con la muerte de Madeleine. Hitchcock obeso y obseso habla de necrofilia, pero no es sólo necrofilia lo que mueve a Scottie, sino la melancolía de la ausencia, que le impide aceptar vivir sin Madelaine y por eso la busca en todas partes. Pero no la quiere muerta, la quiere viva; por eso, cuando encuentra a Judy piensa que la ha reencontrado.

Vértigo es como un sueño que nos arrastra en sus espirales desde los famosos títulos de crédito creados por Saul Bass, mientras suena la maravillosa música de Bernard Hermann inspirada en la obertura de la ópera “Tristan e Isolda” de Wagner, sus tiempos son más musicales que dramáticos y no tienen una relación con el tiempo real. Tanto la rubia y misteriosa Madeleine como la pelirroja y sensual Judy, una fascinante Kim Novak, no sólo engaña y enamora a Scottie, sino al espectador que la sigue fascinado y se desespera junto con él. Si el cine es el arte de lo imaginario, pocas veces sueño y realidad habían sido objeto de un tratamiento tan obsesivo como el que ofrece Hitchcock en Vértigo. Consiguió una obra maestra de irrefrenable belleza visual, pero también una película inquietante sobre el amor y la pasión.
Antonio Morales
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