El asesino vive en el 21
1942 

6.6
984
5 de abril de 2010
5 de abril de 2010
50 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay directores cinematográficamente superdotados.
Sobrados de talento para contar historias. Cualquier historia.
Sobrados de recursos para dominar diferentes estilos, para hacer que pasemos miedo, para robarnos sonrisas o, sobre todo, para entretenernos. Que de eso se trata, oiga.
No descubro nada diciendo que Clouzot es uno de éstos.
Desde la perspectiva del siglo XXI, resulta temerario recomendar un vodevil del año 1942. Pero yo me arriesgo y lo hago.
Porque incluso hoy, "El asesino vive en el 21" se muestra como un film dinámico, con diálogos vibrantes, una trama ágil y repleto de propuestas ingeniosas. A nivel formal y de contenido, con lo difícil que eso parece.
Un vodevil, vamos, con sus intrigas, sus equívocos y su particular humor frívolo. Todo ello envuelto con una aparente sencillez que engancha y, aviso para navegantes, no aburre.
Como recordaría el siempre entrañable Walter Sobchak, la belleza radica en su sencillez. Sólo aparente en este caso, porque una muestra sublime de talento es hacer simple lo que para la mayoría resulta complicado.
Así que me arriesgo y la recomiendo. Así, directamente, sin darle muchas vueltas ni contar nada más.
Sobrados de talento para contar historias. Cualquier historia.
Sobrados de recursos para dominar diferentes estilos, para hacer que pasemos miedo, para robarnos sonrisas o, sobre todo, para entretenernos. Que de eso se trata, oiga.
No descubro nada diciendo que Clouzot es uno de éstos.
Desde la perspectiva del siglo XXI, resulta temerario recomendar un vodevil del año 1942. Pero yo me arriesgo y lo hago.
Porque incluso hoy, "El asesino vive en el 21" se muestra como un film dinámico, con diálogos vibrantes, una trama ágil y repleto de propuestas ingeniosas. A nivel formal y de contenido, con lo difícil que eso parece.
Un vodevil, vamos, con sus intrigas, sus equívocos y su particular humor frívolo. Todo ello envuelto con una aparente sencillez que engancha y, aviso para navegantes, no aburre.
Como recordaría el siempre entrañable Walter Sobchak, la belleza radica en su sencillez. Sólo aparente en este caso, porque una muestra sublime de talento es hacer simple lo que para la mayoría resulta complicado.
Así que me arriesgo y la recomiendo. Así, directamente, sin darle muchas vueltas ni contar nada más.
6 de julio de 2010
6 de julio de 2010
25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primera película de uno de los mejores directores del cine francés de todos los tiempos, cuyas obras constituyen casi siempre un verdadero placer para el aficionado al cine.
Al igual que hará años más tarde en "Quai des Orfevres", Clouzot traslada a la gran pantalla una novela del escritor policiaco S.A. Steeman, quien colabora también en la realización del guión. El resultado es un filme chispeante, con grandes dosis de humor e ironía, especialmente en los diálogos que sostienen los personajes, así como en la concepción de algunos de ellos, como la pizpireta Mila (graciosa Suzy Delair), el profesor Lalah-Poor (Jean Tissier) o el criado (Marc Netol). Las dos adaptaciones que Clouzot realizó a partir de las novelas de Steeman son lo más optimista y alegre de su filmografía, por lo general marcada por una visión mucho más amarga y escéptica acerca de los seres humanos y la sociedad.
El argumento de la película, en el que un implacable asesino sin rostro campa a sus anchas por París dejando tarjetas de visita en los cuerpos de sus víctimas, evoluciona adoptando un tono de comedia creciente, si bien manteniendo el suspense acerca de la identidad del criminal. Esta opción resta seriedad al filme, que en ocasiones resulta excesivamente ingenuo, pero aporta una frescura notable al conjunto, que se ve con sumo agrado.
Pese a su condición de primerizo, el genio de Clouzot aparece ya en esta cinta, especialmente en dos secuencias; el travelling que precede al primer asesinato, eficaz y elegante, y la presentación de la cadena de mando policial, en la que un barrido a la derecha encadena los sucesivos planos, mostrando cada uno de ellos un escalón inferior en la jerarquía, hasta llegar al protagonista. A todo ello cabe sumar una buena labor interpretativa de conjunto, aparte de los nombres anteriormente destacados, y una correcta aunque no brillante fotografía. La película es una prometedora "ópera prima", inicio de una de las trayectorias más brillantes del cine galo.
Continúa en spoiler.
Al igual que hará años más tarde en "Quai des Orfevres", Clouzot traslada a la gran pantalla una novela del escritor policiaco S.A. Steeman, quien colabora también en la realización del guión. El resultado es un filme chispeante, con grandes dosis de humor e ironía, especialmente en los diálogos que sostienen los personajes, así como en la concepción de algunos de ellos, como la pizpireta Mila (graciosa Suzy Delair), el profesor Lalah-Poor (Jean Tissier) o el criado (Marc Netol). Las dos adaptaciones que Clouzot realizó a partir de las novelas de Steeman son lo más optimista y alegre de su filmografía, por lo general marcada por una visión mucho más amarga y escéptica acerca de los seres humanos y la sociedad.
El argumento de la película, en el que un implacable asesino sin rostro campa a sus anchas por París dejando tarjetas de visita en los cuerpos de sus víctimas, evoluciona adoptando un tono de comedia creciente, si bien manteniendo el suspense acerca de la identidad del criminal. Esta opción resta seriedad al filme, que en ocasiones resulta excesivamente ingenuo, pero aporta una frescura notable al conjunto, que se ve con sumo agrado.
Pese a su condición de primerizo, el genio de Clouzot aparece ya en esta cinta, especialmente en dos secuencias; el travelling que precede al primer asesinato, eficaz y elegante, y la presentación de la cadena de mando policial, en la que un barrido a la derecha encadena los sucesivos planos, mostrando cada uno de ellos un escalón inferior en la jerarquía, hasta llegar al protagonista. A todo ello cabe sumar una buena labor interpretativa de conjunto, aparte de los nombres anteriormente destacados, y una correcta aunque no brillante fotografía. La película es una prometedora "ópera prima", inicio de una de las trayectorias más brillantes del cine galo.
Continúa en spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Si alguien se sintiera intrigado por el título de la crítica, aclararé que Aritmosofía es el conocimiento que, en la Filosofía Oculta, tiene que ver con el simbolismo de los números y sus propiedades metafísicas y mágicas. Conociendo esto, así como el título del filme, el espectador avisado debería poder descubrir la clave del enigma, que en efecto, reside en el 21.
13 de noviembre de 2016
13 de noviembre de 2016
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este curioso y poco conocido film se inscribe dentro de los polémicos trabajos que Clouzot realizó para la empresa nazi, instalada en la Francia ocupada, Continental Films y se trata del debut del director cuya obra posee títulos tan recomendables como “Las diabólicas” y “El salario del miedo”. El cineasta que sería acusado de colaboracionista con los nazis, adapta la novela del escritor belga especializado en obras de intriga Stanislas -André Steeman y se aprovecha de la entonces, gran popularidad del actor Pierre Fresnay. El film se acerca a un cierto modelo de thriller folletinesco, con personajes de apariencia grotesca y con un entorno en el que se establece la necesidad de mostrar los ambientes populares, además de un enrarecido sentido del humor. Otro asunto original es que el asesino acostumbra a dejar sobre sus víctimas su tarjeta de presentación: “Monsieur Durand”.
La película tiene como protagonista al comisario de policía Wens (Fresnay) y su esposa, la diva Mila-Milou (Suzi Delair), los cuales se convirtieron en los personajes arquetípicos de las novelas de bolsillo de Steeman. Las primeras imágenes del film nos ofrecen una serie de sugestivas pistas sobre su posterior evolución y sobre el trabajo de puesta en escena que el cineasta llevó a cabo. Nos sitúa en pequeño bistró (casa de comidas) parisino, donde un individuo se emborracha presumiendo que ha ganado mucho dinero con la lotería, una vez sale del local en una noche oscura de niebla, la cámara le sigue desde la subjetiva mirada del asesino con las intenciones que podemos imaginar, evocando la figura de Jack el destripador. Las brumas que marcan el comienzo del film y los movimientos de cámara nos indica que estamos ante un cineasta singular que no se limita a hacer policíacos rutinarios, convirtiendo la trama en banco de pruebas estilístico.
A partir de ese momento, los hilos de la investigación se mueven según los clásicos modelos del cine de misterio. El hipotético asesino Durand parece ser que se hospeda en una pensión de huéspedes muy singulares y que el comisario debe investigar, el elemento cautivador del cineasta y su personal universo, no reside en la resolución del caso, lo que interesa más a Clouzot, son las extravagancias que se filtran detrás de la descripción en cada uno de los personajes que habitan el inmueble de la parisina “Avenue Jounot”: un ex militar siempre enfurruñado; un ex boxeador ciego y la joven enfermera que lo cuida; un hombre que fabrica marionetas; un mago cuya habitación parece una barraca de feria; Una mujer madura autora de novelas rosa que no consigue publicar; un criado cuya habilidad es silbar imitando sonidos; la propietaria, una mujer exagerada gesticulante; y por supuesto, el comisario que se disfraza de pastor evangelista para seguir las pesquisas.
Todos son sospechosos de una aparente representación, donde nada es lo que parece, dentro de unas situaciones jocosas que se entremezclan con los crímenes que comete el misterioso “Monsieur Durand”. Es entonces cuando se aprecia el virtuosismo y el lado oscuro de la trama que va convirtiéndose en una visión granguiñolesca del mundo de los personajes. La película, pese a ser imperfecta, ya atisba claramente lo que será el estilo de Clouzot en toda su filmografía presidida por una aguda inventiva visual y su personal visión de lo terrorífico y misterioso.
La película tiene como protagonista al comisario de policía Wens (Fresnay) y su esposa, la diva Mila-Milou (Suzi Delair), los cuales se convirtieron en los personajes arquetípicos de las novelas de bolsillo de Steeman. Las primeras imágenes del film nos ofrecen una serie de sugestivas pistas sobre su posterior evolución y sobre el trabajo de puesta en escena que el cineasta llevó a cabo. Nos sitúa en pequeño bistró (casa de comidas) parisino, donde un individuo se emborracha presumiendo que ha ganado mucho dinero con la lotería, una vez sale del local en una noche oscura de niebla, la cámara le sigue desde la subjetiva mirada del asesino con las intenciones que podemos imaginar, evocando la figura de Jack el destripador. Las brumas que marcan el comienzo del film y los movimientos de cámara nos indica que estamos ante un cineasta singular que no se limita a hacer policíacos rutinarios, convirtiendo la trama en banco de pruebas estilístico.
A partir de ese momento, los hilos de la investigación se mueven según los clásicos modelos del cine de misterio. El hipotético asesino Durand parece ser que se hospeda en una pensión de huéspedes muy singulares y que el comisario debe investigar, el elemento cautivador del cineasta y su personal universo, no reside en la resolución del caso, lo que interesa más a Clouzot, son las extravagancias que se filtran detrás de la descripción en cada uno de los personajes que habitan el inmueble de la parisina “Avenue Jounot”: un ex militar siempre enfurruñado; un ex boxeador ciego y la joven enfermera que lo cuida; un hombre que fabrica marionetas; un mago cuya habitación parece una barraca de feria; Una mujer madura autora de novelas rosa que no consigue publicar; un criado cuya habilidad es silbar imitando sonidos; la propietaria, una mujer exagerada gesticulante; y por supuesto, el comisario que se disfraza de pastor evangelista para seguir las pesquisas.
Todos son sospechosos de una aparente representación, donde nada es lo que parece, dentro de unas situaciones jocosas que se entremezclan con los crímenes que comete el misterioso “Monsieur Durand”. Es entonces cuando se aprecia el virtuosismo y el lado oscuro de la trama que va convirtiéndose en una visión granguiñolesca del mundo de los personajes. La película, pese a ser imperfecta, ya atisba claramente lo que será el estilo de Clouzot en toda su filmografía presidida por una aguda inventiva visual y su personal visión de lo terrorífico y misterioso.
12 de octubre de 2008
12 de octubre de 2008
13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Clouzot dirige un pequeño clásico con tintes cómicos y diálogos chispeantes. El argumento trata de un asesino que deja sobre todas sus víctimas una tarjeta firmada como monsieur Durand y la investigación va a llevar a un lugar lleno de gente pintoresca.
Con ribetes de farsa, los personajes son esperpénticos: uno fabrica muñecos sin rostro, otro colecciona marcos vacíos y el detective infiltrado aparece disfrazado de pastor evangélico mientras su mujer es una descerebrada y chillona cantante aficionada.
Hay parloteos y conversaciones estridentes, pero también gags visuales y ritmo vivo, en un entretenido y algo añejo producto de intriga donde domina, sobre todo, el humor.
Con ribetes de farsa, los personajes son esperpénticos: uno fabrica muñecos sin rostro, otro colecciona marcos vacíos y el detective infiltrado aparece disfrazado de pastor evangélico mientras su mujer es una descerebrada y chillona cantante aficionada.
Hay parloteos y conversaciones estridentes, pero también gags visuales y ritmo vivo, en un entretenido y algo añejo producto de intriga donde domina, sobre todo, el humor.
27 de julio de 2014
27 de julio de 2014
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pocas veces había pensado en la palabra "vodevil" como algo alejado de la vulgaridad, como algo que no fuera mediocre, un entretenimiento facilón para momentos de ocio de mínima exigencia. Una palabra que relacionada con el cine me lleva a pensar en títulos más bien triviales, como la palabra "sainete" y el teatro, conceptos de pasatiempo más bien prescindibles. Leer que "El asesino vive en el 21" fue la primera película del gran Clouzot es suficiente atractivo, pero saber que se trata de un vodevil echa para atrás. Así que la oportunidad de ver cómo daba los primeros pasos el maestro Clouzot se ha mezclado con la desconfianza de saber que se trata, vuelvo a escribir la palabra y no será la última, de un vodevil.
Pues bien, la película merece la pena por su brevedad, porque con bien poca cosa y de manera sencilla pero brillante Clouzot realiza una buena película con un interés por la trama que va en aumento, con humor, con eficiencia y contando (eso no es cosa suya) con unas interpretaciones de lo más correctas de los muchos actores que participan. No dejo de pensar en la fecha de su realización, en plena ocupación alemana, con lo complicado que debía ser trabajar en esas condiciones. Por ello es lógico encontrar una mayoría aplastante de escenas interiores, pero cuando rueda en exteriores, al principio y al final, lo hace de manera brillante. El aspecto teatral funciona, la farsa funciona... Vaya una recomendación!!! Encaja con la palabra vodevil y sin embargo es lo mejor que he podido hacer en el día de hoy. Entretiene, es sencilla y engancha. Hasta diría que es una pequeña maravilla.
Pues bien, la película merece la pena por su brevedad, porque con bien poca cosa y de manera sencilla pero brillante Clouzot realiza una buena película con un interés por la trama que va en aumento, con humor, con eficiencia y contando (eso no es cosa suya) con unas interpretaciones de lo más correctas de los muchos actores que participan. No dejo de pensar en la fecha de su realización, en plena ocupación alemana, con lo complicado que debía ser trabajar en esas condiciones. Por ello es lógico encontrar una mayoría aplastante de escenas interiores, pero cuando rueda en exteriores, al principio y al final, lo hace de manera brillante. El aspecto teatral funciona, la farsa funciona... Vaya una recomendación!!! Encaja con la palabra vodevil y sin embargo es lo mejor que he podido hacer en el día de hoy. Entretiene, es sencilla y engancha. Hasta diría que es una pequeña maravilla.
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