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Un maldito policía

Drama Dura y polémica película sobre la corrupción policial. Un policía (Harvey Keitel) agobiado por las enormes deudas contraídas en el juego y que comete toda clase de abusos de autoridad, decide replantearse su vida y su profesión cuando investiga el caso de una joven monja que ha sido violada. (FILMAFFINITY)
Críticas 88
Críticas ordenadas por utilidad
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7
8 de diciembre de 2013
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida del teniente de policía más malo y pervertido que he visto en la pantalla empieza en esta película haciendo de chófer a sus hijos, a quienes lleva al colegio porque han perdido el autobús. Luego les incita a tomar medidas para que su tía no les ocupe el lavabo, se mete unos tiritos de cocaína y se va a la escena de un doble crimen en la que discute con sus colegas de gremio acerca de las opciones de apostar por un equipo de béisbol o por otro. No es poca cosa ese arranque de Abel Ferrara, es una apuesta tan alta como de diez, de obra maestra, el principio de "Teniente corrupto" es de matrícula de honor, sencillamente espeluznante.

Con el paso de los minutos la trama no aparece y seguirá sin aparecer porque no la hay, se trata de la fotografía en movimiento del policía más chungo de la historia del cine. Hay todo tipo de escenas para elegir entre las más provocadoras, pegándole un tiro a su propia radio del coche, metiéndose un chinito, inyectándose un pico de caballo, robándole a unos ladronzuelos... Y por supuesto no olvidaré jamás la más lamentable de todas, con esa pajilla de vergüenza ajena delante de las dos adolescentes.
Harvey Keitel
El camino del policía es de un descenso de manual a los infiernos, mientras que Harvey Keitel sale encumbrado irremediablemente a la máxima altura interpretativa posible. El papel de Keitel es más que de Óscar, de ahí que no fuera ni nominado por los que supuestamente entienden. A parte dejo la redención súbita de nuestro malvado policía y las connotaciones religiosas, seguramente necesarias porque de otra manera todo quedaría en nada. Yo prefiero ignorar esa inclinación del director, me quedo con el alcohol, las drogas, las putas y el lado salvaje de la vida de un madero que produce un asco tremendo.
4
9 de mayo de 2016
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película que se dedica a mostrar a un sobreactuado (y aún peor doblado) Harvey Keitel (que prácticamente monopoliza el reparto), que como podemos deducir por el título del film es un teniente de policía, perdiendo la cabeza a causa del abuso de poder, droga, apuestas y sexo de dudosa moralidad. A partir de un caso al que se le dedica 5 minutos del metraje, busca su redención intentando enmendar en otros 2 ó 3 minutos de la peli todos sus vicios que nos ha mostrado (mostrado, y mostrado, y mostrado...) en el resto de la película. Poco más de 90 minutos que se hacen eternos, la película ni fluye ni (cuanto menos a mí) impacta.
4
19 de septiembre de 2020
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Harvey Keitel mereció llevarse el Óscar, pero eso no resta un ápice a las arcadas que produce el guión y la materialización de la película. Abel Ferrara es un enfermo, amante de la morbosidad que supone ver a una persona inyectarse una jeringuilla, amén de la retahíla de infracciones que este teniente siniestro comete a lo largo de los 90 minutos de película.

Hace 20 años, Garci llevó esta película a su programa de “Qué grande es el cine”. Qué bemoles tuvo… Sin duda, una situación de riesgo extremo, en un país que ya estaba alejado de los años oscuros, pero que era gobernado por conservadores. Nada más lejos de la realidad. La televisión pública apostó por Garci y este demostró su total y completa libertad e independencia.

La escena más dura es la de la violación a distancia a las dos jóvenes. Sabes que lo va a hacer, pero no te lo esperas así. Es una invasión tremenda a los derechos más fundamentales de las personas. Por otra parte, las muchachas logran transmitirnos la misma sorpresa con la que nosotros encaramos esta escena patética.
8
30 de enero de 2023 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Consigue provocar de las formas más inimaginables y llamativas jamás contadas. Es angustiante, a más no poder, hasta rozar el absurdo y permitirse regocijarse en él. Habla sin tapujos de una sociedad anestesiada y sin rumbo, del nihilismo y la insubstancialidad al que aboca la superficialidad de la profesión; de la creencia mágica a la impunidad y sus efectos devastadores en la vida. Keitel, brillante, tipo duro y malcarado que hace sus juramentos sagrados a la diosa fortuna, la providencia divina del misticismo del azar, sobre todo a través de una apuesta deportiva. ¿hay algo más terrible?

Su historia puede parecer plana, pero sus matices la dotan de un escenario inconmensurable, en dónde el horror se reproduce bajo la cotidianidad del desastre. Malos vicios, una sagrada familia inexistente, una esposa invisible, la soberbia del ganador y la lascivia del errante, entre otras, construyen un mapa de lo profano tan sucio que parece sacralizarse, que parece que puede competir con el perdón y la redención. Es un prodigio, como si se diera vida al realismo de Bukowski, y despertase de su letargo en un familia americana media.
El único pecado es no querer atender a sus silencios, porque el camino de la expiación es largo y despiadado, pónganse cómodos, si pueden.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Sus dos hijos, unos desconocidos, en la primera escena de la película también son los dos violadores a quienes empaqueta hacia a Los Ángeles. Ciudad por otra parte, que le cuesta la vida al teniente por haber apostado por el equipo de los Dodgers.

Hay algunas escenas que rozan la excelencia de la incomodidad:

- La tienda de coreanos en dónde actúa como un delincuente matón, y en donde muestra por primera vez su aura de invulnerabilidad. Quedándose la pasta del ladrón, por supuesto.

- En la escena de un crimen. Tiroteo a un conductor negro. Se cuela rápido en el coche para dejar droga como prueba incriminatoria. La mirada posterior con su compañero, el cual sabe perfectamente lo que acaba de hacer, es simplemente brillante.

- La rabieta por haber perdido la apuesta, que provoca que se derrumbe en el coche policial y ponga la sirena mientras llora y grita: "¡puto negro!" entre otros improperios, ante la mirada desconcertada de un civil afroamericano.
Harvey Keitel
- La raya de cocaína que se esnifa delante de su suegra sobre una foto de sus hijas. O como se levanta de resaca de caballo, hecho una absoluta piltrafa y quita los Looney Tones a su hija para poner un partido de beisbol, mientras su familia compuesta por mujeres esta poniendo la mesa acuradamente. No hay un mínimo afecto. El sacramento sagrado de La Familia, es inexistente.

- La escena quizá más polémica, la violación simbólica que provoca con las dos chicas jóvenes -quizá niñas- que habiendo hecho parar su coche con la excusa de tener un faro fundido y, después de haber oído como violaron a la monja, se calienta y hace teatralizar mediante un chantaje obsceno una relación sexual, en medio de la calle, mientras se masturba. Una escena que dudo que pueda olvidar.

- Las epíclesis. El silencio de Jesús ante la frustración de ver que la monja hipersexualizada clama el perdón, a pesar de las atrocidades que se han cometido contra ella.

Sin religión, o un campo ético similar, no hay valores que corromper. Pero nuestro teniente es creyente, y por eso camina, sin saberlo, hacia la purgación de su alma.
10
13 de marzo de 2014
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recuerdo que dí con ésta película escuchando la canción "Puta Policía" de Narco, con el speech "Hablo en serio, quiero ver como chupas una jodida polla".

No se puede calificar a la película de genialidad, porque no lo es: su estilo atropellado, rudo, agrio y violento pueden alinear al espectador entre aquellos que la consideren una obra menor, pseudotransgresora y hasta desagradable. Y otros que la pongan en su sitio: un ejercicio de realidad sin contemplaciones.

Pero es que tanto la estética como la realización ausente de florituras, le va como anillo al dedo, sobre todo por su personaje central: Harvey Keitel haciendo de teniente al borde del colapso, avocado a todo tipo de vicios: sexo, drogas, alcohol, juego.

Un papel, que de no ser porque en Hollywood son unos ultraconservadores de mierda, ya habría obtenido como mínimo una nominación. Porque se podrá estar de acuerdo o no con el personaje central y sus motivaciones nihilistas, pero está claro que Keitel hace un papel tan grande que incluso logra que empatices con él.
Harvey Keitel
La escena onanista con las jóvenes aterrorizadas, el festín sexual, psicotrópico y etílico que se marca al son de Johnny Ace "Pledging My Love" acaban trasportándote a un infierno sin retorno. Un tren que se va a estrellar y del cual no hay salida.

En resumen: una película cruda pero genial.
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