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Infierno en la tierra

Bélico. Drama Durante la Segunda Guerra Mundial, en un campo de prisioneros alemán, unos seiscientos sargentos americanos comparten el barracón 17. En Nochebuena, dos de ellos se disponen a fugarse, pero son descubiertos y ejecutados por soldados alemanes que estaban al acecho. Los prisioneros empiezan a sospechar que en el barracón hay un traidor que informa a los nazis y llegan a la conclusión de que ese traidor es el sargento Sefton, un hombre más ... [+]
Críticas 66
Críticas ordenadas por utilidad
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8
1 de abril de 2019 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Evidentemente que la película no deja a nadie indiferente, para bien o para mal; aunque el que le puso el título en castellano en España así como los diferentes títulos de los países sudamericanos, se hubieran merecido arder.... (en fin donde ya sábeis). La película es totalmente memorable, con escenas para la posteridad; un tanto subrealista ya que el dramatismo que sugiere la historia, es sustituida por grandes dosis de comedia que no hace que sufra el realismo en su contexto pero que puede descuadrar. Tiene grandes encuadres "micro" de cámara sobre objetos que a mi me apasionan, porque te van contando la historia sin adelantar hasta más allá de la mitad de la película, quién es el verdadero traidor; en esa primera hora de película, juega al despiste sembrándonos dudas de a quién le corresponde los honores. Película con numerosos gags, que muchos nos hacen sonreir y otros soltar una carcajada; pero si algo me ha sorprendido que Billy Wilder en el año 1953 tuviera la certera decisión de hacer un baile de 8 minutos con hombres bien agarraditos; algo sin precedentes en una America, donde la caza de brujas y la censura era muy patente en esos años. Sólo había una forma de saltarsela, contándolo con mucha comedia y mejor humor. Por poner un pero el papel de William Holden no era para llevarse el Oscar.
10
2 de marzo de 2019
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra magnífica película del gran Billy Wilder, quién esta vez, mete su socarronería, mordacidad y sarcasmo en un campo de prisioneros alemán durante la segunda Guerra Mundial.
Me quedo atónito al observar que algunos usuarios se han decepcionado al observar poco realismo y lo que ellos llaman " ingenuidad", al tratar un tema tan duro y sórdido como es el subgénero de campos de concentración.
He observado los topics con que describe esta página sus géneros y veo que la califican como bélico, drama, drama carcelario y ejército. Creo que esto puede llevar a engaño a los usuarios, quiénes quizá esperando encontrarse con un film bélico al uso, se sientan desconcertados al observar estas caricaturas ( tan hilarantes por otra parte), en un subgénero que tan pocas bromas se ha permitido.
Porque esto, señores de filmmafinity y así debieran ponerlo en su topic, es una FARSA.
Basada en una exitosa comedia teatral, Wilder quién sufrió la represión nazi, lanza su mirada burlesca y sarcástica a ese grupo de alemanes ( el sargento Schultz, en mi opinión, es una creación portentosa) y también a los prisioneros, dibujando un nutrido y variado grupo de personajes en el que el papel más humilde, está dotado de mucha personalidad, a la que a algunos les corresponde un papel humorístico y a otros en cambio, un papel totalmente dramático donde Wilder no se olvida de meter escenas de muchísima emoción y tristeza ( veáse el papel del soldado traumatizado).
Peter Graves
¿Que es un campo de concentración muy peculiar). De acuerdo. Y ¿qué?. Es que Wilder no pretendía mostrarnos la realidad. Wilder siempre ha sabido que el humor es lo más serio del mundo y al caricaturizar esta situación, sabía que los espectadores íbamos a descubrir una verdad muy seria en cada uno de los personajes, si nos tomamos la molestia de escucharlos a través de sus breves y lacerantes palabras. Porque a Wilder no sólo hay que verle. También hay que escucharle. Y así, podremos captar tanto la risa espontánea e irreflexiva de la farsa, como de la profunda tragedia que se esconde tras ella, si así lo deseamos.
Si no podemos aceptar esta premisa, me figuro que todas las demás películas que vinieron después sobre el tema quedan también invalidadas. ¿ Qué hacemos con "la gran evasión" del gran Sturges, o "la vida es bella" de Benigni o incluso con "la lista de Schindler" con su niña del abriguito rojo que invalidaría la pretensión de realismo al utilizarlo como recurso de carga dramática?.
Peter Graves
No. No busquen realismo en esta película. Pero eso no quiere decir que porque ridiculice situaciones, no contengan verdad, mucha verdad. Les aseguro que hay millones de películas supuestamente "realistas", cuyas situaciones planas, tópicas y manipuladoras mienten y tergiversan mucho más cualquier situación que ésta.
Wilder qué grande has sido. Soberbia.
8
25 de febrero de 2009
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Traidor en el infierno pertenece a ese subgénero de películas bélicas dedicadas a los campos de prisioneros de guerra. El puente sobre el río Kwai, Evasión o victoria o el magnífico título de John Sturges La gran evasión, son filmes que sin duda alguna han bebido de la obra de Billy Wilder. De hecho, nada más comenzar, los soldados del barracón de prisioneros número cuatro intentan una huída por una trampilla situada debajo de la estufa, el mismo sistema que James Coburn y sus compañeros utilizarían en La gran evasión nueve años después.

El primer plano de la película es sublime. Sin mover la cámara, se nos muestra un soldado alemán patrullando con su perro entre dos verjas de lo que suponemos que es un campo de prisioneros de guerra gracias a la torre con los focos del fondo. Conocemos el “dónde” y el “cuándo” de la acción en un momento y sin necesidad de narrador. Wilder se sirve de la convivencia de los soldados dentro del barracón para presentarnos a los personajes y las relaciones que existen entre ellos. Las tensiones habituales se intensifican por estar encerrados y ello conduce a la masa del barracón, aparentemente llena de compañerismo, a linchar a uno de sus compatriotas por sospechar que es un “topo”.
Existe una guerra a nivel del campo para ver quién es más listo, los prisioneros americanos, o los alemanes valiéndose de un espía para adelantarse a todos sus movimientos. El guionista, que es el propio Billy Wilder, cosifica esta batalla en un tablero de ajedrez que será muy importante en el desarrollo de la trama.

Además, se nos deja entrever que nuestro protagonista consigue su objetivo final valiéndose únicamente de su astucia. Sin duda es el Sargento Sefton el que gana la carrera de ratas.
Y es que en esta competición es donde el director nos retrata la lucha del americano medio por llegar a ser algo en la sociedad americana. En esta vida, según Wilder, todo es negocio y si te sabes mover bien, sea cual sea la situación, acabarás consiguiendo: fama, dinero y la libertad. Como el propio director dijo que había conseguido al menos en parte, y para que no se le olvidara tenía en su despacho una jaula vacía con un pájaro encima.
9
18 de julio de 2009
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dentro del género bélico, existe un subgénero que el que se denomina “de prisioneros”, films en que lejos de acciones bélicas propiamente dichas, sus temas se desarrollan en campos de prisioneros, normalmente con una fuga (o intento) por medio. Quizás uno de los primeros en hablarnos sobre este tipo de películas fue Billy Wilder.
En este film, Wilder, se olvida prácticamente de la guerra para retratar un mundo aparte, que es el de los prisioneros de guerra, con mayor o menor realismo, pero cuya virtud es que nos lo creemos tal y como nos lo cuenta. Por otro lado, podría haber sido una película que hubiera podido haber firmado el mismo Hitchcock, ya que el tema principal del film es la sospecha que entre los prisioneros hay un espía alemán, y todas las sospechas recaen en el cínico e individualista sargento Sefton (William Holden).

Wilder sabe distraernos durante las dos horas que dura el film, contándonos diversos episodos paralelos sirviendose de los diversos personajes que pueblan el campo de prisioneros en general y el Stalag (barracón) 17 en particular. Dichos episodios, algunos de ellos destinados a relajarnos e incluso hacernos reir (algunos personajes aparecen claramente caricaturizados y cumplen fundamentalmente una función divertida dentro de una trama de suspense o dramática), no tienen mucho que ver con la trama principal, pero le sirve al genial director para mostrarnos su pequeño y heterogéneo universo, que aunque supeditados a los alemanes se rigen por unos códigos própios. Por la época en que se dirigió es inevitable ver a los alemanes como un cuerpo homogéneo, maligno, y estúpido en ocasiones, pero en realidad, para la historia que nos cuenta Wilder, esta imágen sirve a sus propósitos, ya que el principal enfoque lo encontraremos entre los prisioneros aliados.
William Holden
Al margen del excelente guión, firmado por el propio Wilder junto con Edwin Blum, uno de los pilares fundamentales del cine de Wilder, destacar la excelente dirección de actores, encabezados por un estupendo William Holden cuya interpretación es soberbia, dando cuerpo a un curioso personaje pero al mismo tiempo muy creible, pero sin olvidarse del resto del reparto entre los que podemos encontrar a Otto Preminger (posteriormente director de cine), Don Taylor, Robert Strauss, Peter Graves, o Richard Erdman, actores poco conocidos, pero cuyas interpretaciones componen a la perfección el variopinto universo planteado por Wilder en este film, cuya temática y puesta en escena son más propias del cine de Hitchcock o incluso del cine negro.
7
28 de diciembre de 2016 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Billy Wilder (escéptico por definición) pertenecía a una generación de cineastas en la que la comunicación activa con el espectador de su cine ocupaba un lugar central en todo el proceso creativo. Ajeno por completo a tentaciones sermoneadoras, Wilder apostaba por un tipo de intercambio en el que las soluciones a los problemas planteados no procedieran siempre de la pantalla: “El director debe estimular al público y distraerle, además de plantearle buenas preguntas. El cineasta que cree conocer las respuestas no es un artista, es más bien un imbécil”, sentenciaba. El método de Wilder busca la transparencia formal y la sencillez estilística, despojando a las imágenes de toda ornamentación ajena a las necesidades narrativas, huyendo de la pedantería y el narcisismo.

Que un cineasta realice un film sobre un campo de prisioneros nazi durante la 2ª Guerra Mundial y plantee la mayor parte de sus secuencias en tono de comedia es algo que, en principio, no puede dejar de sorprender. Pero si lo hace Billy Wilder, por el contrario, la cosa sorprende bastante menos. Sobre todo porque su protagonista es típicamente wilderiano, un cínico sin escrúpulos, un tipo que se dedica a comerciar partiendo de la escasez de recursos que genera la reclusión, al que no le incomoda mantener buenas relaciones con los guardianes alemanes. El film de Wilder, nada complaciente, parece buscar un cierto acomodo con la moral del momento con la transformación que experimenta el sargento Sefton (Wlliam Holden) sin olvidar que su empeño en atrapar al traidor, lo hace en buena parte como venganza y deseo de autojustificación más que por defender los intereses de sus compañeros (que desconfiaron de él) y cuando, se decide a colaborar en ayudar lo hace por claros intereses económicos, no patrióticos ni de amistad.
William Holden
En “Traidor en el infierno”, Wilder adapta una comedia de Donald Bevan y Edmund Trzcinsi, convirtiéndola en una farsa, pero también en un alegato contra el linchamiento moral y físico de unos compañeros que no tienen pruebas para juzgar con tanta alevosía a un tipo amoral sospechoso de traición, que es el reverso del héroe cívico por su descarnado pragmatismo. En su lucha por la acomodación y egoísta supervivencia, trafica con cigarrillos y licor, ademas de otros objetos que atesora en su baúl personal, entre ellos el jabón, valioso en aquel sucio confinamiento, y que por su situación privilegiada genera recelo entre sus compañeros.

Wilder, el judío vienés, que emigró a USA cuando Hitler llegaba al poder, aprovecha al máximo los rasgos más patéticos de los hacinados, como la recepción de las cartas por parte de quienes llevan largo tiempo en cautiverio, las privaciones con el sexo femenino a las que se ven sometidos, la imaginación que le echan para ocupar sus largas horas de ocio. El ambiente de represión que sufren los prisioneros convertidos en espectadores que contemplan ventanas empañadas de vapor - tras las cuales se intuye, pero no se ve, que se están bañando algunas mujeres – o les hace organizar bailes desolados, para convertirlos en esperpento de lo grotesco, para construir algunos gags sarcásticos, pues se trata de sobrevivir lo mejor posible. También, al respecto, habría que hacer notar las composiciones de los que incorporan a los nazis – desde el colega de Wilder, Otto Preminger, convertido en oficial, hasta el increíble Sig Ruman – para demostrarnos que “Stalag 17” es un film que no desmerece en la carrera de un cineasta que ha edificado buena parte de su obra sobre la lúcida contemplación de la naturaleza humana, con sus virtudes y miserias.
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