El intendente Sansho
1954 

8.2
6,631
Drama
A finales de la Época Heian en el siglo XII, el gobernador de un pueblo es enviado al exilio. A pesar de que su familia quiere ir con él, ninguno podrá acompañarle, pues, engañados por una vieja que se hace pasar por sacerdotisa, son vendidos como esclavos por separado: la madre por un lado y los hijos por otro. (FILMAFFINITY)
6 de noviembre de 2011
6 de noviembre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un drama poético en relato que se desarrolla en el japón del siglo XII, donde los avatares de una familia forman el centro de atención. El padre con su carácter suave, que es gobernador de una provincia, es desterrado, sus hijos (Hanayaki, kagawa) vendidos como esclavos, la madre (Tanaka) obligada a prostituirse.
Una película conmovedora con una dirección y fotografía brillantes. Gran, gran película de uno de los grandes, Kenji Mizoguchi.
Una película conmovedora con una dirección y fotografía brillantes. Gran, gran película de uno de los grandes, Kenji Mizoguchi.
8 de abril de 2014
8 de abril de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Japón es un pueblo admirable. Su entorno geográfico puede calificarse como hostil: diseminado en numerosas islas de costas recortadas y de orografía escarpada, pobladas de bosques o desnudas, y sometido a frecuentes terremotos y tsunamis. A pesar de ello, han desarrollado una original civilización con una refinada estética. Sus edificios de madera, más resistentes a los terremotos, proporcionarón pautas estéticas y espaciales a los arquitectos occidentales del racionalismo. El conocimiento de las estampas japonesas (en las que no se usaba la perspectiva) en la Europa de finales del XIX supuso una renovación en las concepciones espaciales de la pintura occidental. El refinamiento de sus objetos de uso sigue siendo modélico para el diseño actual. Pero, ¿habeis visto alguna vez una silla en una película histórica japonesa?
En el abrupto paisaje japonés, sin grandes espacios abiertos, estás obligado a mirar de arriba abajo o viceversa. En los depurados interiores japoneses, en los que no existen las sillas, los japoneses se sientan sobre sus talones (me duelen las piernas sólo de pensarlo). Es obvio que no pueden tener el mismo punto de vista que los occidentales. Y ese punto de vista es el que proporciona al cine clásico japonés su inconfundible impronta: la singular belleza de sus encuadres sesgados.
En el abrupto paisaje japonés, sin grandes espacios abiertos, estás obligado a mirar de arriba abajo o viceversa. En los depurados interiores japoneses, en los que no existen las sillas, los japoneses se sientan sobre sus talones (me duelen las piernas sólo de pensarlo). Es obvio que no pueden tener el mismo punto de vista que los occidentales. Y ese punto de vista es el que proporciona al cine clásico japonés su inconfundible impronta: la singular belleza de sus encuadres sesgados.

Por contra, la música tradicional japonesa apenas ha calado en la cultura occidental. Y lo mismo puede decirse de sus danzas y de su teatro. Reconocemos su refinamiento, pero nos emocionan escasamente. La cadencia de la narración está más en consonancia con estas tradiciones y el tempo se ralentiza (por ejemplo, largo plano de dos piedras circulares semienterradas en la tierra; yo me pregunto: "¿y esto?" y antes de que termine el plano digo: "una elipsis"). Además, el modo de interpretar de los actores puede resultarnos chocante. El caso es que no termina de llegar la emoción.
Una cosa por la otra. La belleza de las imágenes me resulta más emotiva que el indudable dramatismo de la narración, que (salvo contadas secuencias) no me conmueve. Ya se que Mizoguchi no tiene la culpa. Soy yo, que no tengo el día.
Una cosa por la otra. La belleza de las imágenes me resulta más emotiva que el indudable dramatismo de la narración, que (salvo contadas secuencias) no me conmueve. Ya se que Mizoguchi no tiene la culpa. Soy yo, que no tengo el día.
5 de agosto de 2020
5 de agosto de 2020
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
236/40(29/07/20) Sugestivo film japonés dirigido por Kenji Mizoguchi, de gran belleza visual, con momentos de enrome beldad, aunque yo no veo la obra maestra que muchos ven, pues bajo mi modesta opinión su desarrollo me resulta artificioso, manufacturado, simplista en su devenir, demasiado subrayante en su moralina, no dejando lugar a la sutilidad, donde las situaciones avanzan de modo prefabricado cual fábula infantil, pero esta crítica seguramente no sería la misma si no fuera por venir rodeada la cinta de una legión de seguidores que cual dogma de fe la ensalzan. La historia, se nos cuenta en una nota preliminar, tuvo lugar en "una era en la que la humanidad aún no había despertado como seres humanos".
Basado en una historia corta del mismo nombre de 1915 de Mori Ōgai, que a su vez se basó en un legendario folklore, sigue a dos niños aristocráticos que son vendidos como esclavos. Una obra con claro sentido humanista, revisionismo histórico del Japón medieval es fruto de la búsqueda de las raíces de un pueblo, una afirmación de la propia identidad, la historia de esta desgraciada familia que entra una vorágine de desgracias sirve para hacer un loable ensalzamiento en favor de la libertad contra la opresión, la fuerza de la familia frente la insolidaridad, la fe (religiosa) frente a la desesperanza. Muchos historiadores han señalado, los ideales humanistas profesados en esta película anacrónicos, nociones retroajustantes del siglo XX sobre el escenario medieval de la película. Sentimientos como "Todos los hombres son creados iguales" o "Todos tienen derecho a la felicidad", no corresponde con la mentalidad imperante en un Japón marcado a fuego por el clasismo. Pero en 1954, con Japón y el resto del planeta aun recuperándose del cruel nacionalismo que provocó la WWII, la resonancia es para atacar a las tiranías del pasado reciente.
Basado en una historia corta del mismo nombre de 1915 de Mori Ōgai, que a su vez se basó en un legendario folklore, sigue a dos niños aristocráticos que son vendidos como esclavos. Una obra con claro sentido humanista, revisionismo histórico del Japón medieval es fruto de la búsqueda de las raíces de un pueblo, una afirmación de la propia identidad, la historia de esta desgraciada familia que entra una vorágine de desgracias sirve para hacer un loable ensalzamiento en favor de la libertad contra la opresión, la fuerza de la familia frente la insolidaridad, la fe (religiosa) frente a la desesperanza. Muchos historiadores han señalado, los ideales humanistas profesados en esta película anacrónicos, nociones retroajustantes del siglo XX sobre el escenario medieval de la película. Sentimientos como "Todos los hombres son creados iguales" o "Todos tienen derecho a la felicidad", no corresponde con la mentalidad imperante en un Japón marcado a fuego por el clasismo. Pero en 1954, con Japón y el resto del planeta aun recuperándose del cruel nacionalismo que provocó la WWII, la resonancia es para atacar a las tiranías del pasado reciente.

Kyôko Kagawa
Mizoguchi hizo alrededor de 75 películas, de todas ellas "Sansho" puede contener el impulso más autobiográfico. Viviendo en pobreza, su familia colocó a su hermana mayor en adopción, y la familia adoptiva la vendió como geisha. Su padre trató a la familia brutalmente. Estas son quizás las razones por las cuales la historia de "Sansho", basada en un cuento popular de 500 años, resonó tan fuertemente en la mente del director. Mizoguchi era pintor, por lo que ver sus películas es como admirar una pintura en movimiento, sus tiros son amplios, permitiéndonos observar el entorno de los personajes, quienes tienden a ser encuadrados en planos medios, resaltando sus actuaciones, de claras influencias kabuki-histriónicas. Haciendo sobresalir en su hermosura dramática la escena del suicidio.
El título hace referencia a un personaje secundario de poco protagonismo argumental, pero de gran peso específico y simbolismo en la historia. Versando el relato sobre un gobernador provincial humanitario en el Japón del siglo XI se ve obligado a exiliarse por sus opositores políticos, y los miembros de su familia (esposa, hijo e hija) son víctimas de todas las crueldades del período en su camino para unirse a él.
El título hace referencia a un personaje secundario de poco protagonismo argumental, pero de gran peso específico y simbolismo en la historia. Versando el relato sobre un gobernador provincial humanitario en el Japón del siglo XI se ve obligado a exiliarse por sus opositores políticos, y los miembros de su familia (esposa, hijo e hija) son víctimas de todas las crueldades del período en su camino para unirse a él.

Kyôko Kagawa (izq.)
Tiene un sugerente inicio (estamos en el final de la era Heian, S.XII, y la esclavitud en Japón está muy extendida) donde sobre una ladera de un bosque la huida de Tamaki (Kinuyo Tanaka) y los jóvenes Zushiô y Anju, Mizoguchi, se abren camino como pueden entre la maleza (alegoría de su duro presente), narra el pasado que el cabeza de familia, gobernador Masauji (Masao Shimizu), desterrado por samuráis a causa de su insobornable sentido de justicia en favor de campesinos. "Si una persona no siente la caridad, no es una persona. Incluso ante tu enemigo hay que sentir la caridad... Todos los seres humanos son iguales, y no se les puede privar de la libertad ", esto le dice en un flash-back Masauji a su hijo Zushio, convirtiendo en el leit-motive del film.
Mizoguchi tiene su fuerte en la poesía con que riega la película, con recursos fílmico inteligentes que calan, ejemplo es la dualidad que ejerce sobre algunos actos paralelos: Poco después de ser apresados, Zushiô y Anju observan horrorizados los crueles métodos de castigo aplicados a un fugitivo, al que Sansho marca el rostro con un hierro al rojo vivo, métodos que años más tarde vemos al propio Zushiô (Yoshiaki Hanayagi), amoralmente amoldado al entorno, aplica este salvaje (siendo benévolo) castigo a un prisionero alentado por Sansho; Cuando al principio de la película Zushiô y Anju recogen juncos y ramas para pasar la noche a la intemperie, vemos a los dos hermanos riendo al caer al suelo tras ceder bruscamente la rama de un árbol, un plano y acción que Mizoguchi repite exactamente cuando los dos hermanos deben preparar el lecho de muerte de una prisionera moribunda, esta vez el accidente con la rama no provoca risas. Pero si ejerce de deux machine mental para Zushiô entienda de donde viene.
Es la historia triste de la desdicha de una familia pudiente venida a muy menos. EL patriarca es desterrado de su lugar y alejado de su familia, su familia busca en precarias condiciones a su cabeza de clan, y por el camino es traicionada, siendo la madre vendida como prostituta y los hijos como esclavos. Siendo el núcleo principal del film el campo de esclavos regido con mano de hierro brutal por Sansho, un sádico que disfruta imponiendo su brutal ley. Viéndose aquí otra de las dualidades del film, y es que el propio hijo de Sansho, Taro (Akitake Kôno), está en contra de los sanguinarios métodos de represión del padre, ello mientras vemos la evolución de Zushio es inversa, un esclavo que se convierte en mano derecha del sátrapa. Teniendo este personaje una hermosa redención gracias a su tierna relación con una anciana que se erige en figura materna, Namiji (Noriko Tachibana), y cuyo cruel destino cala cual epifanía en Zushio, y hace vuelva a recordar la doctrina humanista de su padre.
Mizoguchi tiene su fuerte en la poesía con que riega la película, con recursos fílmico inteligentes que calan, ejemplo es la dualidad que ejerce sobre algunos actos paralelos: Poco después de ser apresados, Zushiô y Anju observan horrorizados los crueles métodos de castigo aplicados a un fugitivo, al que Sansho marca el rostro con un hierro al rojo vivo, métodos que años más tarde vemos al propio Zushiô (Yoshiaki Hanayagi), amoralmente amoldado al entorno, aplica este salvaje (siendo benévolo) castigo a un prisionero alentado por Sansho; Cuando al principio de la película Zushiô y Anju recogen juncos y ramas para pasar la noche a la intemperie, vemos a los dos hermanos riendo al caer al suelo tras ceder bruscamente la rama de un árbol, un plano y acción que Mizoguchi repite exactamente cuando los dos hermanos deben preparar el lecho de muerte de una prisionera moribunda, esta vez el accidente con la rama no provoca risas. Pero si ejerce de deux machine mental para Zushiô entienda de donde viene.
Es la historia triste de la desdicha de una familia pudiente venida a muy menos. EL patriarca es desterrado de su lugar y alejado de su familia, su familia busca en precarias condiciones a su cabeza de clan, y por el camino es traicionada, siendo la madre vendida como prostituta y los hijos como esclavos. Siendo el núcleo principal del film el campo de esclavos regido con mano de hierro brutal por Sansho, un sádico que disfruta imponiendo su brutal ley. Viéndose aquí otra de las dualidades del film, y es que el propio hijo de Sansho, Taro (Akitake Kôno), está en contra de los sanguinarios métodos de represión del padre, ello mientras vemos la evolución de Zushio es inversa, un esclavo que se convierte en mano derecha del sátrapa. Teniendo este personaje una hermosa redención gracias a su tierna relación con una anciana que se erige en figura materna, Namiji (Noriko Tachibana), y cuyo cruel destino cala cual epifanía en Zushio, y hace vuelva a recordar la doctrina humanista de su padre.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hay un manejo dramático de las melodías sibarita. Antes de la huida de Zushiô, Anjou tiene conocimiento del terrible destino de Tamaki a través del canto de una joven prisionera recién llegada, narra la trágica historia de la madre recluida como prostituta en la isla de Sado. Mizoguchi enlaza el plano de Anjou escuchando entre lágrimas el canto de la joven con imágenes del intento de fuga de Tamaki. Recurso emocional que repite poco después en otra escena que combina horror y belleza: tras la huida de Zushiô, Anjou se sumerge bajo las aguas de un río mientras escuchamos de nuevo el lamento en forma de canto de Tamaki, estremecedor tramo.
La puesta en escena resulta exquisita en su función de emitir el estado de ánimo adecuado. Empezando por un notable diseño de producción de Hisakazu Tsuji (“Hitori okami”), llevándonos por lares dramáticos, como ese bosque cuasi encantado, ese lago que separa a familias, la hacienda de esclavos de Sansho, etc; Esto realzado por la estupenda cinematografía en glorioso b/n de Kazuo Miyagawa (“Rashomon”), con claras influencias pictóricas, haciendo evocadores los bosques japoneses, sus ríos, lagos, playas, contrastando esto con el ‘averno’ de la finca de esclavos, donde los esclavos se ven amontonados cual bestias en un corral, con tomas panorámicas de gran belleza, siendo majestuosa la del suicidio en su lírica filmación, cavando en fuera de plano sensible; La música es compuesta por Fumio Hayasaka (“Los 7 Samuráis”), cargada de melodías orquestales mezclados con percusiones japonesas tradicionales e instrumentos de cuerda que potencian las emociones.
La puesta en escena resulta exquisita en su función de emitir el estado de ánimo adecuado. Empezando por un notable diseño de producción de Hisakazu Tsuji (“Hitori okami”), llevándonos por lares dramáticos, como ese bosque cuasi encantado, ese lago que separa a familias, la hacienda de esclavos de Sansho, etc; Esto realzado por la estupenda cinematografía en glorioso b/n de Kazuo Miyagawa (“Rashomon”), con claras influencias pictóricas, haciendo evocadores los bosques japoneses, sus ríos, lagos, playas, contrastando esto con el ‘averno’ de la finca de esclavos, donde los esclavos se ven amontonados cual bestias en un corral, con tomas panorámicas de gran belleza, siendo majestuosa la del suicidio en su lírica filmación, cavando en fuera de plano sensible; La música es compuesta por Fumio Hayasaka (“Los 7 Samuráis”), cargada de melodías orquestales mezclados con percusiones japonesas tradicionales e instrumentos de cuerda que potencian las emociones.

Yoshiaki Hanayagi y Kinuyo Tanaka
Spoiler:
Momentos recordables (aparte de los ya mencionados): La desgarradora separación familiar en el lago; El ‘akelarre’ festivo con que los esclavos destrozan y queman la hacienda de Sansho tras ser estos liberados; El suicidio de Anju merece capítulo aparte. Esta se dirige al centro de un estanque situado en magnífico paisaje, entra en el agua recordando la canción de su madre. Parece un fantasma fundándose con el agua, el plano siguiente vemos a Kayano de lejos, arrodillado en la sombra del bosque, al siguiente plano Anju ha desaparecido. El agua del estanque ya no permanece inmóvil, y, con los matojos de la orilla actuando de testigos mudos, las ondas revelan que ha engullido a la joven en su presente eterno; ‘El final, donde Zushiô llega a la isla de Sado, donde su madre, envejecida y hundida, se deja morir en una chabola de madera. Abrazados y bañados en lágrimas, se dan cuenta de que a pesar de todos los sacrificios han perdido más de lo que han ganado. Su recuperada libertad, la frágil abolición de la esclavitud y su reunión materno-filial no son nada al lado de todas las pérdidas, su padre, su hermana Anju, su honor y su tierra.’
Taras: La hacienda de los esclavos de Sansho no parece un lugar muy bien guardado, incluso dejan a los esclavos salir fuera sin vigilancia, por lo que me queda la impresión de que el que lo desee puede escapar de allí. De hecho Zushiô lo hace sin demasiadas dificultades, nunca siente acoso alguno en su travesía; Siendo turbadoramente bella la escena del suicidio, si lo analizas no tiene sentido, no se entiende el motivo; Me resulta ridículo el modo en que Zushiô pasa de esclavo Don Nadie a ‘gerifalte’, una tomadura de pelo, como uno de los mandamases conocía al padre, ‘pues te elevo a jefe político del territorio’, me es un parche poco digerible; Le han dicho a Zushiô cuando lo ‘entronan’ que él no puede abolir la esclavitud, pero lo hace, con lo que es ilegal, todo lo injusto que se quiera y más, pero ilegal, con lo que primero pueden ‘enchironar’ por ello a Zushiô, y lo más importante los esclavos seguirán siéndolo.
Película ensalzable en su mensaje humanista, en algunas hermosas secuencias, pero sobrevalorada bajo mi modesto entender (que tampoco es tanto). Fuerza y honor!!!
Para leer más sobre el film ir a: https://conloslumiereempezo.blogspot.com/2020/08/el-intendente-sansho.html
Momentos recordables (aparte de los ya mencionados): La desgarradora separación familiar en el lago; El ‘akelarre’ festivo con que los esclavos destrozan y queman la hacienda de Sansho tras ser estos liberados; El suicidio de Anju merece capítulo aparte. Esta se dirige al centro de un estanque situado en magnífico paisaje, entra en el agua recordando la canción de su madre. Parece un fantasma fundándose con el agua, el plano siguiente vemos a Kayano de lejos, arrodillado en la sombra del bosque, al siguiente plano Anju ha desaparecido. El agua del estanque ya no permanece inmóvil, y, con los matojos de la orilla actuando de testigos mudos, las ondas revelan que ha engullido a la joven en su presente eterno; ‘El final, donde Zushiô llega a la isla de Sado, donde su madre, envejecida y hundida, se deja morir en una chabola de madera. Abrazados y bañados en lágrimas, se dan cuenta de que a pesar de todos los sacrificios han perdido más de lo que han ganado. Su recuperada libertad, la frágil abolición de la esclavitud y su reunión materno-filial no son nada al lado de todas las pérdidas, su padre, su hermana Anju, su honor y su tierra.’
Taras: La hacienda de los esclavos de Sansho no parece un lugar muy bien guardado, incluso dejan a los esclavos salir fuera sin vigilancia, por lo que me queda la impresión de que el que lo desee puede escapar de allí. De hecho Zushiô lo hace sin demasiadas dificultades, nunca siente acoso alguno en su travesía; Siendo turbadoramente bella la escena del suicidio, si lo analizas no tiene sentido, no se entiende el motivo; Me resulta ridículo el modo en que Zushiô pasa de esclavo Don Nadie a ‘gerifalte’, una tomadura de pelo, como uno de los mandamases conocía al padre, ‘pues te elevo a jefe político del territorio’, me es un parche poco digerible; Le han dicho a Zushiô cuando lo ‘entronan’ que él no puede abolir la esclavitud, pero lo hace, con lo que es ilegal, todo lo injusto que se quiera y más, pero ilegal, con lo que primero pueden ‘enchironar’ por ello a Zushiô, y lo más importante los esclavos seguirán siéndolo.
Película ensalzable en su mensaje humanista, en algunas hermosas secuencias, pero sobrevalorada bajo mi modesto entender (que tampoco es tanto). Fuerza y honor!!!
Para leer más sobre el film ir a: https://conloslumiereempezo.blogspot.com/2020/08/el-intendente-sansho.html
19 de diciembre de 2005
19 de diciembre de 2005
9 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra de las obras maestras de Mizoguchi, además de las más conocidas y mentadas de su filmografía, que se ubica en el Japón feudal del siglo XII, dónde tras distintos avatares, dos niños serán despojados de su madre, cayendo en las redes del terrible gobernador Sansho...
Compone Mizoguchi una obra delicada y finísima, de gran capacidad en la creación/evocación de imágenes, con una atmósfera muy lograda (la crueldad primitiva del hombre, la capacidad redentora, impasible y generosa de la mujer, que lo "salva" y hace que se retrotaiga de su ciego embrutecimiento sin retorno a una reflexión humanista, amplia, básica).
Muy bien acabada y suavemente poética, denota una mayúscula sensibilidad en cada fotograma, con varios momentos antológicos preñados de lirismo, desgarro y hermosura, como por ejemplo el final.
Compone Mizoguchi una obra delicada y finísima, de gran capacidad en la creación/evocación de imágenes, con una atmósfera muy lograda (la crueldad primitiva del hombre, la capacidad redentora, impasible y generosa de la mujer, que lo "salva" y hace que se retrotaiga de su ciego embrutecimiento sin retorno a una reflexión humanista, amplia, básica).
Muy bien acabada y suavemente poética, denota una mayúscula sensibilidad en cada fotograma, con varios momentos antológicos preñados de lirismo, desgarro y hermosura, como por ejemplo el final.
12 de julio de 2010
12 de julio de 2010
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
EL INTENDENTE SANSHO: Perfección, Maestria, Grandeza, Excelencia, Poderío.
Una Obra Maestra de esas películas en las que se resume todo el concepto de cine y arte, de aquellas que conmueven hasta su máxima expresión, Si señor! me pongo de pié para aplaudir al maestro KENJI MIZOGUCHI.. por crear este tipo de bellezas, plasmadas en imagenes.
Yo me pregunto ¿Como puede ser que una película así llegue a ser tan especial? y la respuesta sería. Porque la realizó un Maestro del Septimo Arte.... Este genio tras cámaras logra pulir los rincones más escondidos de la belleza y poesia y plasmarlos sobre un blanco y negro extraordinario, adhiriendose al alma del espectador..
En esta película reside el verdadero concepto de amor, sacrificio, esperanza, entrega, valentía, en este cine están las emociones y sentimiendos de VERDAD; no como las plásticas y baratas envolturas sensibleras que nos quiere vender actualmente Hollywood
Son actuaciones realistas y reales; son elementos memorables, son todo lo que se acerca a la palabra perfección, escenas imborrables que despiertan una cantidad de sentimientos encontrados, momentos que expresan en un solo segundo miles y miles de emociones, Irrepetible, única, soberbia, magistral.
Una Obra Maestra de esas películas en las que se resume todo el concepto de cine y arte, de aquellas que conmueven hasta su máxima expresión, Si señor! me pongo de pié para aplaudir al maestro KENJI MIZOGUCHI.. por crear este tipo de bellezas, plasmadas en imagenes.
Yo me pregunto ¿Como puede ser que una película así llegue a ser tan especial? y la respuesta sería. Porque la realizó un Maestro del Septimo Arte.... Este genio tras cámaras logra pulir los rincones más escondidos de la belleza y poesia y plasmarlos sobre un blanco y negro extraordinario, adhiriendose al alma del espectador..
En esta película reside el verdadero concepto de amor, sacrificio, esperanza, entrega, valentía, en este cine están las emociones y sentimiendos de VERDAD; no como las plásticas y baratas envolturas sensibleras que nos quiere vender actualmente Hollywood
Son actuaciones realistas y reales; son elementos memorables, son todo lo que se acerca a la palabra perfección, escenas imborrables que despiertan una cantidad de sentimientos encontrados, momentos que expresan en un solo segundo miles y miles de emociones, Irrepetible, única, soberbia, magistral.
¡¡Obra Maestra Capital!!! y es que nadie puede negarlo "THIS IS A MASTERPEACE"
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