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España España · Somewhere over the rainbow
Críticas de iñaki
Ordenadas por:
195 críticas
1 2 3 4 10 20 39 >>
5
2 de enero de 2014
51 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando se completa una temporada de una serie que quiero ver, me hago con ella y la veo del tirón, no sin antes volver a ver la temporada anterior. Excepto la última tanda de ocho episodios, que sólo la he visto una vez, el resto de episodios de "Breaking Bad" los he visto, al menos, dos veces. Muchos direis que es una gran inversión de tiempo en una serie para acabar poniéndola un cinco, de pasable. Es mi tibia contribución a enfriar la sobredimensionada puntuación general de esta serie, que es más que pasable, pero que está muy lejos de la obra maestra.
"Breaking Bad" ha sido una serie que ha muerto de éxito. Y mejor en cinco temporadas que en seis. Porque ya era demasiado reiterativa, porque ya eran demasiados deus ex machina. Porque el final sólo ha sido una variante hipertrofiada de la primera visita de Walter White a la oficina de Tuco Salamanca en aquella ya lejana primera temporada y me ha traído el rancio tufo de las invenciones de McGyver.
Reiterativa porque las relaciones de Walter con Jesse o con Skyler ya habían penduleado demasiado entre el odio y la colaboración. Reiterativa porque el problema siempre ha sido el de la comercialización del producto, que obligaba a Walter y a Jesse a trabajar para el cartel mexicano primero, a aliarse a ese genio del mal que era Gus Fring y a terminar sometidos a una banda de amorales neonazis.
Porque en la premisa inicial de la historia había un elemento dramático, el cáncer de Walter, que la dotaba de sentido y que se volatilizó con el éxito, volviéndo a aparecer cuando los guionistas supieron por los productores que podían quemar toda la pólvora sobrante en ocho capítulos. Y nos han dado un espectáculo pirotécnico que ha dejado chiquito al de la eliminación del cártel mexicano o a la salida de escena del demoniaco Gus.
La historia, las situaciones, los personajes, no daban más de sí. Estaban metidos en el callejón sin salida del "más difícil todavía" y ya habíamos atravesado demasiadas cortinas de humo para que nuestra suspensión de la credibilidad no estuvise seriamente resentida. Los dilemas morales que tuvieron un sentido en su principio se habían convertido en clichés. Había pasado de ser una serie muy interesante a ser una serie muy entretenida, que tampoco es poco.
Es el gran problema de estas series: si tienen éxito están condenadas a seguir enganchando al espectador utilizando todo tipo de trampas y malas artes. Una sensación similar a la que me dejo "The Shield". La primera temporada de "Homeland" me dejó ávido de más. Tras ver la segunda, me dije:"Suficiente". Son lo que yo llamo "series sin propósito". El más perfecto ejemplo de "serie con propósito" es "The Wire". Para mí, la distancia entre el "sin" y el "con" es la que media entre una serie pasable, aceptable, incluso buena, y una obra maestra.
iñaki
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2
11 de mayo de 2014
38 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
La ciencia ficción permite dar rienda suelta a la imaginación para representar el futuro. Cuando ese futuro imaginado presenta un horizonte de alienación recibe el nombre de distopía. El origen de esa alienación se encuentra en algo que los creadores perciben en la sociedad contemporánea. Así, la sociedad futura imaginada estaría prefigurada en ciertos rasgos de las sociedades del presente. Las distopías clásicas ("Un mundo feliz", "1984", "Fahrenheit 451") están inspiradas por los regímenes totalitarios. Recientemente, la serie "Black Mirror" ha imaginado plausibles distopías derivadas de nuestra revolución tecnológica.
La distopía presentada en "Snowpiercer" es la de una sociedad totalitaria y jerarquizada, con privilegiados y excluidos. Pero los ocupantes del furgón de cola no son una clase productiva y servil, como los trabajadores subterráneos de "Metrópolis" o los epsilón de "Un mundo feliz". Sólo son una clase parásita a la que hay que alimentar y que supone una amenaza constante de rebelión. Lo que no entiendo es porque se les mantiene enganchados al tren. No producen y son peligrosos, pues fuera con ellos. La explicación que se dá al final de porque se les mantiene unidos al tren no puede ser más endeble.
La metáfora del tren como trasunto del mundo, de la vida, de la sociedad o del tiempo no puede ser más ramplona ni estar más manida. Lo mismo podía haber sido un barco que no encuentra puerto tras la subida del nivel de las aguas debido al calentamiento global. O una superestructura de cubos móviles de la que es imposible salir. En este aspecto, el vuelo de la imaginación de los guionistas es tan corto como el de una gallina. A esto se pueden añadir otras incoherencias-inconsistencias del guión como unos fósforos ubicuos, unas balas que se habían acabado pero que despues se reparten con generosidad, una niña vidente, y así ad nauseam.
Antes del final se interrumpe la acción y tenemos dos largos diálogos, uno en la antecámara de la máquina y otro en el interior de la misma, llenos de confusas y poco convincentes explicaciones de lo que llevamos visto. Ed Harris da pena haciendo otra vez de Dios ("El show de Truman"). Y el final, tal como yo lo interpreto, no puede ser más reaccionario (ver spoiler).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
iñaki
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7
28 de febrero de 2014
21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hay zombies que vuelven de ultratumba, ni presencias sobrenaturales, ni seres de apariencia monstruosa, pero esta si que es una película de miedo. El tráfico de seres humanos es una realidad sangrante, pero que se realice bajo el amparo de instituciones internacionales cuya misión es la de proteger a la población de países víctimas de enfrentamientos armados, es aberrante.
La tupida trama de tráfico sexual que descubrió Kathryn Bolkovac en Bosnia después de la guerra de los Balcanes involucraba desde a los que engañaban y vendían a las jóvenes víctimas en sus países de origen hasta un alto comisionado de la ONU, pasando por los traficantes-explotadores, que actuaban impunemente no sólo ante la corrupta policía local, sino tambien ante los representantes internacionales, reclutados en países como EE.UU. por compañías privadas subcontratadas por el Gobierno y que también participaban en el negocio. Una estructura corrompida de abajo a arriba y viceversa, blindada por la impunidad.
No es una película redonda, pero tiene momentos realmente intensos retratando la desesperación de las víctimas, la brutalidad de los verdugos, la turbia complicidad de los implicados y la impotencia de una mujer que se enfrenta a una conspiración de silencio. La recreación de la sordidez que este tipo de tráfico implica está muy lograda y los interpretes cumplen, destacando la protagonista.
Valiente denuncia que pone en el punto de mira a una institución internacional, la ONU, a cuya inoperancia para resolver conflictos, se añade la pavorosa acusación de que la inmunidad de sus representantes les permite ejercer impunemente el abuso sobre aquellos a los que deberían defender. Esto si que da miedo.
iñaki
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1
6 de abril de 2010
32 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que para evaluar cualquier obra de creación hay que ponderar la distancia entre sus pretensiones y sus logros. Viendo esta película no estoy muy seguro de encontrarme ante un simple entretenimiento o si pretende transmitir un mensaje de calado sobre las relaciones humanas, la organización social, el instinto y la inteligencia, el poder y la violencia o cualquier otro asunto grave y trascendente. Intuyo que la cosa va por ahí, pero no llego a captar (claramente) el significado de la alegoría, parábola, metáfora o lo que sea. Desde esta perspectiva, me resulta una película confusa y bastante mema.
Unos individuos, sin comerlo ni beberlo, aparecen encerrados dentro de una complicada superestructura de cubos móviles plagada de trampas mortales. El proposito es sobrevivir, juntos o por separado. Poco antes del final, uno de los personajes declara que prefiere quedarse allí dentro antes de tener que enfrentarse a la estupidez humana que impera en el exterior. El pobre, despues de casi todas las peripecias que sufren a lo largo de la película, todavía no se ha dado cuenta de que en cuanto se juntan dos seres humanos la estupidez puede surgir en cualquier momento y que, incluso, algunos se bastan solos.
Si se trata de un sencillo entretenimiento, no se si calificarlo como pobre o como barato. Los guionistas crean unos personajes tan planos y esquemáticos como los que describe el policía psicópata, que dice poder "leer" el carácter y la personalidad de sus semejantes. Los diálogos son entre risibles y sonrojantes. Las explicaciones conspiratorias no llevan a ningún sitio, lo que no se si es un gesto de calculada ambigüedad o simple pereza mental. Los interpretes no tienen gran cosa que defender y algunos lo hacen francamente mal. La puesta en escena tampoco me ha deslumbrado ni me ha llamado la atención ningún aspecto técnico. Como entretenimiento, pues, entre pobre y barato.
Me da la impresión de que entre las pretensiones y los logros, si es que hay alguno, de esta película media un abismo. Suma la irritación que me produce la sensación de no haberme enterado de algo donde no había nada que entender y obtendrás la mínima puntuación.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
iñaki
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9
4 de septiembre de 2011
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tiras de una y salen otras cuatro enganchadas.
Estaba viendo “Nos habíamos amado tanto” cuando se me vino a la cabeza esta película. El tema puede considerarse el mismo: tres amigos cuya relación es puesta a prueba por el paso del tiempo. Pero la asociación se ha concretado por algo exclusivamente cinematográfico: gran plano general, tres amigos se separan por caminos divergentes. En la película de Scola ese plano sirve de bisagra entre el pasado y un tiempo posterior; en esta, el plano se repite al terminar el planteamiento de la historia y al final de la misma, cerrando un círculo.
Siempre he oído decir de esta continuación apócrifa de “Un día en Nueva York” que introduce una nota melancólica y reflexiva en el género musical, hasta entonces ligero e “intrascendente”, que supone su llegada a la edad adulta y su posterior declive. Sin embargo, creo que esta película es tan optimista como las anteriores del tándem Donen-Kelly, pero más consciente. Y si no puede llegar a la inalcanzable cima que es “Cantando bajo la lluvia”, yo la coloco un escalón por encima de “Un día en Nueva York”, aún demasiado ingenua.
Por lo demás, números musicales exultantes (la última noche como soldados, Cyd Charisse sobre el ring, Gene Kelly sobre patines, el de Dolores Gray), una divertida pelea coreográfica, y una cámara que baila y deja bailar a los protagonistas. ¿Qué actor actual baila, canta y actúa con la misma solvencia con que lo hacían estos? Aquí no hay engaños: bailes en planos generales y bastante largos. En los escasos musicales actuales el que baila es el editor, recomponiendo los movimientos fragmentados en tropecientos planos captados por media docena de cámaras desde docena y media de ángulos. Tan en desuso ha caído el musical que ya no hay quien sepa hacerlo con elegancia. Una pena.
iñaki
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