Kóblic
5.9
3,512
Drama. Thriller
Durante la dictadura militar argentina (finales de los 70), el excapitán de la Armada Tomás Kóblic (Ricardo Darín) participó en “los vuelos de la muerte”, denominados así porque se arrojaban vivos al mar a los detenidos-desaparecidos. Cuando abandona la Armada, Kóblic se refugia en Colonia Helena, donde impera la ley del comisario Velarde (Oscar Martínez), un delincuente con uniforme policial, líder de una banda que se dedica al robo de ... [+]
10 de diciembre de 2016
10 de diciembre de 2016
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
236/05(05/12/16) Atractivo film argentino de Sebastian Borensztein, una sugerente mezcla de géneros, sobresaliendo el del western, añadiéndose dosis de thriller, y de drama político, esto último bastante superficial, mera muleta para cimentar un trauma del pasado del protagonista. Es una cinta que a pesar de no tener un ritmo rápido se ve con agilidad y gracilidad, sustentada en unos antagonistas que lo bordan, Ricardo Darín y Oscar Martínez, y en un crescendo dramático muy bien manejado, sabiendo dosificar la tensión y la violencia, para cuando estalle hacerlo de modo seco y muy creíble.
Kóblic (Ricardo Darín) era uno de los pilotos que manejaban los llamados “Vuelos de la Muerte”, que durante la dictadura militar arrojaban a enemigos del régimen desde aviones en vuelo al mar. Esto ha traumatizado a Kóblic decidiendo huir de Buenos Aires, llega de incógnito a un pequeño pueblo de provincias, Colonia Elena, se instalará en el hangar de un aeródromo de un amigo, allí laborará como piloto de aviones fumigadores de cosechas, intentando a la vez pasar inadvertido en el pueblo. Villa regida con pulso de hierro por un corrupto y sádico comisario llamado Velarde (Oscar Martínez). También tendrá importancia en el relato Nancy (Inma Cuesta), que regenta la gasolinera local.
Kóblic (Ricardo Darín) era uno de los pilotos que manejaban los llamados “Vuelos de la Muerte”, que durante la dictadura militar arrojaban a enemigos del régimen desde aviones en vuelo al mar. Esto ha traumatizado a Kóblic decidiendo huir de Buenos Aires, llega de incógnito a un pequeño pueblo de provincias, Colonia Elena, se instalará en el hangar de un aeródromo de un amigo, allí laborará como piloto de aviones fumigadores de cosechas, intentando a la vez pasar inadvertido en el pueblo. Villa regida con pulso de hierro por un corrupto y sádico comisario llamado Velarde (Oscar Martínez). También tendrá importancia en el relato Nancy (Inma Cuesta), que regenta la gasolinera local.

Ricardo Darín
Es un film que en su arranque puede llevar a engaño al espectador, al parecer que estaremos ante una reflexión sobre el sentido del deber frente a la corrupción, ello mostrado por el dilema moral que un piloto sufre al tener que obedecer manejar aeronaves como patíbulo, algo similar al de los nazis que se excusaron en la obediencia mayor como excusa para sus atroces crímenes, analizando los sentimientos de culpa, la responsabilidad individual de los actos, conllevando los demonios en la conciencia, y con ello los anhelos de redención, pero esta vertiente es tratada de un modo superficial, muy tangencial, si acaso como muestrario del “reinado” del terror del país del cono sur, reflejado en esto en el pueblo atemorizado por un cruento “caudillo”, quedando lo del trauma como mero artificio para embestir de un trauma al “héroe” del film, este como motor de arranque del cuasi-western, forastero misterioso que llega a un pueblo gobernado manu militari por un despiadado “sheriff”.

Ricardo Darín & Inma Cuesta
El realizador desarrolla su historia con pulso firme, de modo seco, áspero, adusto, entre silencios lapidarios que dicen mucho, con personajes que transpiran mucha vida interior, reflejan fantasmas del pasado, en un marco de la Argentina profunda (en sintonía con cualquier pueblo del salvaje oeste estadounidense), donde la violencia late para explotar de modo impactante y neurálgico. Relato que trata de modo tenso la eterna lucha entre el bien y el mal, el maltrato doméstico, el abuso de las autoridades, el despotismo, ello como mapa de un una nación que se corroía, degradada, donde el miedo y las iniquidades campaban a sus anchas provocando en el espectador un clima de asfixia y claustrofobia anímica a pesar de acontecer el relato en paisajes abiertos, creando un aura gris de infelicidad que se incrusta en los personajes. El fuerte de la cinta que sobrevuela todo el metraje es el duelo subliminal que se cierne entre los dos antagonistas, Koblic y Velarde, dos polos opuestos, un tipo atormentado (como era también el personaje del anterior film de Borenzstein del propio Darín en “Un cuento chino”, aquí angustiado por la Guerra de las Malvinas) que intenta dejar atrás su sórdido pasado, frente a un tiránico comisario, reflejado con maña en detalles como cuando vemos al piloto cuidar a un perro vagabundo, curar sus heridas, y por otro lado el “sheriff” pega un tiro a otro perro que le molesta con sus ladridos, y en medio un clásico del western, una chica que quiere salir del hoyo que para ella es su lúgubre pueblo. Aunque caiga en lo previsible, el director sabe hacer funcionar sus piezas de modo que resulta una narración fluida y te engancha por sus buenas cualidades sugestivas, por saber cómo acabará el duelo entre héroe y némesis.
Aunque al argumento le falta originalidad, adolece de mayor valentía y arrojo, y no hacerlo todo tan nítido, donde caben los grises, o todos muy buenos o muy malos, aquí cojea. Tampoco el romance entre Koblic y Nancy aporta mucho, notándose un recurso metido con calzador. Tampoco la reiteración constante de flash-backs ayuda a dar sutileza al relato, quedando estos tramos de una excesiva redundancia, traduciéndose en poca autoestima del director en poder expresar los sentimientos del protagonista sin darnos masticados, remasticados y regurgitados,sus pensamientos y pesadillas en imágenes, restando esta reiteración dimensión. Tampoco se aprovecha la disyuntiva moral del protagonista, herramienta necesaria en el entramado de la dictadura para acometer sus tropelías, luego escapado de esta dinámica, pero este componente complejo es manejado de modo liviano, sin fuerza dramática.
Ricardo Darín borda este tipo de personajes atormentados, de mirada profunda, de sentimientos hondos, aportando una natural melancolía, emitiendo empatía natural con el espectador que difícilmente lo podrá ver nunca como alguien que no sea el bueno. El coloso del film es un Oscar Martínez impresionante (imposible creer que sea el Daniel Mantovani de “El ciudadano ilustre” de este mismo año), un villano carismático, mesurado cuando debe, de verbo fácil, de imagen puede que inspirada en el Hank Quinland de “Sed de mal”, desdeñado, con peluquín, desgarbado, sibilino en sus ademanes, transmitiendo violencia latente, vez que sale magnetiza con su rol serpentil, espléndido. Inma Cuesta está correcta en un papel solo esbozado, mera apoyo romántico del protagonista que artificiosamente le ponen una pareja mugrienta, asquerosa, y sobre todo violento, esto para empujar al espectador a tener sus simpatías con ella y Koblic.
Aunque al argumento le falta originalidad, adolece de mayor valentía y arrojo, y no hacerlo todo tan nítido, donde caben los grises, o todos muy buenos o muy malos, aquí cojea. Tampoco el romance entre Koblic y Nancy aporta mucho, notándose un recurso metido con calzador. Tampoco la reiteración constante de flash-backs ayuda a dar sutileza al relato, quedando estos tramos de una excesiva redundancia, traduciéndose en poca autoestima del director en poder expresar los sentimientos del protagonista sin darnos masticados, remasticados y regurgitados,sus pensamientos y pesadillas en imágenes, restando esta reiteración dimensión. Tampoco se aprovecha la disyuntiva moral del protagonista, herramienta necesaria en el entramado de la dictadura para acometer sus tropelías, luego escapado de esta dinámica, pero este componente complejo es manejado de modo liviano, sin fuerza dramática.
Ricardo Darín borda este tipo de personajes atormentados, de mirada profunda, de sentimientos hondos, aportando una natural melancolía, emitiendo empatía natural con el espectador que difícilmente lo podrá ver nunca como alguien que no sea el bueno. El coloso del film es un Oscar Martínez impresionante (imposible creer que sea el Daniel Mantovani de “El ciudadano ilustre” de este mismo año), un villano carismático, mesurado cuando debe, de verbo fácil, de imagen puede que inspirada en el Hank Quinland de “Sed de mal”, desdeñado, con peluquín, desgarbado, sibilino en sus ademanes, transmitiendo violencia latente, vez que sale magnetiza con su rol serpentil, espléndido. Inma Cuesta está correcta en un papel solo esbozado, mera apoyo romántico del protagonista que artificiosamente le ponen una pareja mugrienta, asquerosa, y sobre todo violento, esto para empujar al espectador a tener sus simpatías con ella y Koblic.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La puesta en escena resulta bastante realista en su ambientación, con una dirección artística de Dario Feal (“Vidas privadas”), filmándose San Andrés de Giles y San Antonio de Areco (Provincia de Buenos Aires-Argentina), para la ficticia Santa Elena, esto con la fotografía de Rodrigo Pulpeiro (“Un cuento chino”), en tonalidades apagadas para emitir la melancolía climática, con cielos nublados, bajo patinados blancos, negros y grises, trasladando al espectador la aridez del lugar, la tristeza que asola la región.
Spoiler:
Momentos recordables: Velarde interrogando ferozmente al chico de correos en el patio, con el perro ladrando insistentemente, Velarde se cabrea,saca su arma y mata al animal ante las suplicas del chico, atroz; El vuelo a lo “Memorias de África” de Koblic con Nancy; Velarde visitando al jefe de Koblic en el hangar, y de improvisto hay un impactante culatazo del comisario; Koblic buscando a su amigo, de pronto ve en el campo un grupo de cuervos volando en círculos, Koblic corre hacia allí, y el director inteligentemente no lo muestra, pasamos en una elipsis inteligente al entierro; El “marido” de Nancy llegando al hangar para matar a Koblic, le da un puñetazo, saca su arma y de pronto un disparo, el ayudante del hangar ha disparado al “marido” con una escopeta; El duelo muy del oeste, entre Velarde y Koblic, este se ha puesto de gala militar para enfrentarse a su némesis, llega frente a la comisaria, esperando a que salga Velarde, este sale y comienza a platicarle y de improviso Koblic saca su pistola y le pega un tiro entre la frente, impactante, uno espera un clímax que dure más y no es seco, elevando las dosis de realismo.
Spoiler:
Momentos recordables: Velarde interrogando ferozmente al chico de correos en el patio, con el perro ladrando insistentemente, Velarde se cabrea,saca su arma y mata al animal ante las suplicas del chico, atroz; El vuelo a lo “Memorias de África” de Koblic con Nancy; Velarde visitando al jefe de Koblic en el hangar, y de improvisto hay un impactante culatazo del comisario; Koblic buscando a su amigo, de pronto ve en el campo un grupo de cuervos volando en círculos, Koblic corre hacia allí, y el director inteligentemente no lo muestra, pasamos en una elipsis inteligente al entierro; El “marido” de Nancy llegando al hangar para matar a Koblic, le da un puñetazo, saca su arma y de pronto un disparo, el ayudante del hangar ha disparado al “marido” con una escopeta; El duelo muy del oeste, entre Velarde y Koblic, este se ha puesto de gala militar para enfrentarse a su némesis, llega frente a la comisaria, esperando a que salga Velarde, este sale y comienza a platicarle y de improviso Koblic saca su pistola y le pega un tiro entre la frente, impactante, uno espera un clímax que dure más y no es seco, elevando las dosis de realismo.

Ricardo Darín
Cinta entretenida, ágil en su tempo sereno, con protagonistas sobresalientes (sobre todo Oscar Martínez), un western singular con el que pasaras un rato ameno, pero sin perduración. Fuerza y honor!!!
9 de noviembre de 2017
9 de noviembre de 2017
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una especie de western rodada en la pampa argentina es “koblic”, que narra eficientemente la historia de un aviador de la armada que participo en los vuelos de la muerte en la dictadura
Cuesta encontrar películas latinas de buena factura en cines locales pero bendito sean los formatos digitales que permiten ir rescatando algunas de ellas de muy buena factura y que mejor si es en nuestro idioma. “Koblic”, dirigida por Sebastián Borensztein autor de un “Cuentro Chino” también protagonizado por Ricardo Darin, estrella de “Relatos Salvajes” o el “Secrteto de sus Ojos”, se adentra en la historia de un aviador de la armada argentina atormentado por unos trabajos realizados con la armada en plena dictadura donde fue testigo de muchas atrocidades que lo persiguen en los denominados vuelos de la muerte donde desaparecieron muchos en el mar. Escondido en un pequeño pueblo trata de pasar inadvertido trabajando en un avión fumigador pero como el destino siempre depara sorpresas no pasara mucho para que su estadía incógnita se transforme cuando el jefe de la policía local comienza a sospechar de su origen.
Cuesta encontrar películas latinas de buena factura en cines locales pero bendito sean los formatos digitales que permiten ir rescatando algunas de ellas de muy buena factura y que mejor si es en nuestro idioma. “Koblic”, dirigida por Sebastián Borensztein autor de un “Cuentro Chino” también protagonizado por Ricardo Darin, estrella de “Relatos Salvajes” o el “Secrteto de sus Ojos”, se adentra en la historia de un aviador de la armada argentina atormentado por unos trabajos realizados con la armada en plena dictadura donde fue testigo de muchas atrocidades que lo persiguen en los denominados vuelos de la muerte donde desaparecieron muchos en el mar. Escondido en un pequeño pueblo trata de pasar inadvertido trabajando en un avión fumigador pero como el destino siempre depara sorpresas no pasara mucho para que su estadía incógnita se transforme cuando el jefe de la policía local comienza a sospechar de su origen.

Oscar Martínez
“Koblic”, es una película estructurada como un viejo Western de Clint Eastwood, me atrevo a decir que es un homenaje a ese género pero ambientado a fines de los setentas, rodado en plena pampa argentina, con el hombre sometido a la inmensidad de la naturaleza y que carga con grandes secretos llegando a un lugar donde prima la ley del jefe de policía local, en un rol a cargo por el actor Oscar Martinez, que encarna a Velarde particular jefe de la policía de Colonia Elena que es el lugar donde Kóblic pensaba para esconderse de su destino y que de apoco se verán arrastrados a un duelo despiadado.
La resolución final de esta cinta de buena factura técnica, de cuidada dirección de arte y fotografía, que obviamente no contaremos, resulta muy ingeniosa. “Koblic” es una pequeña sorpresa del cine argentino que lleva un poco de ventaja al nuestro en narrar episodios de la dictadura con tintes centrados en los personajes y sus miedos internos.
Una cinta recomendada a quienes estan cansados de las secuelas de Hollywood y ver algo de contenido y contundencia. Un buen thriller, donde se huele la sangre con sutil tensión y obviamente donde romance que no puede faltar. El reparto encabezado por el siempre solvente Ricardo Darin da muestras de su contundencia como actor y se le suma la española Inma Cuesta, destacada en el cine ibérico encarnando a Nancy vendedora de la estación de combustible del pueblo y cierta forma gatillante de cierta parte de la historia.
La resolución final de esta cinta de buena factura técnica, de cuidada dirección de arte y fotografía, que obviamente no contaremos, resulta muy ingeniosa. “Koblic” es una pequeña sorpresa del cine argentino que lleva un poco de ventaja al nuestro en narrar episodios de la dictadura con tintes centrados en los personajes y sus miedos internos.
Una cinta recomendada a quienes estan cansados de las secuelas de Hollywood y ver algo de contenido y contundencia. Un buen thriller, donde se huele la sangre con sutil tensión y obviamente donde romance que no puede faltar. El reparto encabezado por el siempre solvente Ricardo Darin da muestras de su contundencia como actor y se le suma la española Inma Cuesta, destacada en el cine ibérico encarnando a Nancy vendedora de la estación de combustible del pueblo y cierta forma gatillante de cierta parte de la historia.

Ricardo Darín
En palabra de los autores, Sebastián Borensztein y Alejandro Ocón, "no había otra forma de hablar de la dictadura y de los vuelos de la muerte si no era desde un género definido". El western les da el marco perfecto para el desarrollo de la acción. Como en todo western, no hay buenos o malos. Hay dos hombres, enfrentados por la venganza”.
9 de diciembre de 2016
9 de diciembre de 2016
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Borensztain cambia de registro después de que hace ya 5 años nos ofreciera una buena comedia dramática ("Un cuento chino") también con Darín como protagonista. Aquí el asunto es más espinoso. Tanto como el horror (uno más) de los asesinatos crueles que comete el ser humano en este caso la dictadura Argentina a finales de los 70 (antesdeayer).
Uno de esos pilotos huye de su conciencia y de aquellos que no le quieren como testigo hacia un lugar indeterminado del vasto país. Aqui Borensztain se sirve de la estructura del western y el forastero será acosado por el sheriff maloso (genial Oscar Martínez), conocerá a la chica atrapada por su destino y acabará con el "so long" de turno.
El director consigue mantener el suspense, saca partido al entorno y rueda con solvencia un guión con situaciones algo forzadas, sobre todo la relación con la chica (estupenda Inma Cuesta) y Darín se luce un poco menos de lo habitual en su, a mi juicio, acertada composición que busca el equilibrio entre sus demonios interiores, la situación comprometida y su impronta de militar. Uno se queda con la sensación de que a "la fruta" se le podía haber sacado más jugo, pero el que hay tiene buen sabor.
Uno de esos pilotos huye de su conciencia y de aquellos que no le quieren como testigo hacia un lugar indeterminado del vasto país. Aqui Borensztain se sirve de la estructura del western y el forastero será acosado por el sheriff maloso (genial Oscar Martínez), conocerá a la chica atrapada por su destino y acabará con el "so long" de turno.
El director consigue mantener el suspense, saca partido al entorno y rueda con solvencia un guión con situaciones algo forzadas, sobre todo la relación con la chica (estupenda Inma Cuesta) y Darín se luce un poco menos de lo habitual en su, a mi juicio, acertada composición que busca el equilibrio entre sus demonios interiores, la situación comprometida y su impronta de militar. Uno se queda con la sensación de que a "la fruta" se le podía haber sacado más jugo, pero el que hay tiene buen sabor.
22 de diciembre de 2016
22 de diciembre de 2016
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia arranca en 1977 y la cámara sigue a Kóblic, un piloto en los tiempos de la dictadura en Argentina —en los tiempos de los vuelos de la muerte—. De pronto un fundido nos lleva al presente y vemos a Kóblic (un Darín excelente como siempre) escondido en un pueblo, y, esto permite una serie de conjeturas sobre qué hay detrás de esa especie de exilio forzado (o de fugitivo, según se le quiera ver) del personaje y su nuevo presente.
De manera que la historia un híbrido entre thriller y western, el cineasta Sebastián Borensztein nos muestra las contradicciones en la mente de un ex capitán de la Armada. Un personaje y su pasado (baste recordar los flash back de la cinta), aunque la clave de todo esta lectura se plantea en el presente del personaje y sobre todo en el segundo tercio del guion (empezando por las pesquisas de un comisario corrupto). Y es que para hablar del destino y sus condicionantes, es evidente que el hombre atesora sus pros y sus contras a la hora de decidir, lo que hay que decidir.
De manera que la historia un híbrido entre thriller y western, el cineasta Sebastián Borensztein nos muestra las contradicciones en la mente de un ex capitán de la Armada. Un personaje y su pasado (baste recordar los flash back de la cinta), aunque la clave de todo esta lectura se plantea en el presente del personaje y sobre todo en el segundo tercio del guion (empezando por las pesquisas de un comisario corrupto). Y es que para hablar del destino y sus condicionantes, es evidente que el hombre atesora sus pros y sus contras a la hora de decidir, lo que hay que decidir.

Así que el último tercio del guion nos lleva de la mano de la intriga, a establecer culpables y delitos, en una puesta en escena que marca el interés de una confabulación bien manejada. Estamos pues ante una de las excelentes películas argentinas, que sin lugar a dudas con este personaje de Kóblic, nos dejará una lección: Los riesgos que se corren en la vida.
Por Gonzalo Restrepo Sánchez
Visite: www.elcinesinirmaslejos.com.co
Por Gonzalo Restrepo Sánchez
Visite: www.elcinesinirmaslejos.com.co
11 de octubre de 2016
11 de octubre de 2016
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La gota que colmó el vaso.
¡No llega!, intenta ser un thriller negro, pasional, de cuentas pendientes e infierno a cuestas, pero ¡no llega!
Con sus pesadillas del pasado y su escondite del presente, Ricardo Darín hace bien su trabajo, como siempre es excelente costumbre en él, pero ¡poco más!; este ex militar, oficial de la armada de época oscura, que participó de lo que no debía, y que ahora encuentra una razón de valentía para seguir existiendo, no crea gran apego ni suspiro, sólo un conformado mirar, donde la tensión no sube por mucho que avance y se enrede la cosa.
Es serena, pulcra, trabajada, pero ni sospechosa, ni inquieta, ni encendida; papeles concretos en su convencional definición , de obviedad en su estratégica disposición, para un tablero de ajedrez cuya partida no es de jaque mate, tiene sus previstas y cómodas piezas, las cuales no se mueven con animosidad de peligro ni astucia pícara.
El dilema moral de la responsabilidad de los actos, de la carga de conciencia, del horror realizado, del deber ético no cumplido, del estómago revuelto, del recuerdo que no olvida..., todo es de ocurrencia equilibrada, que no satisfactoria, para elaborar ese tapete de malos contra peores, con justicia redentora e interventora del aguante de uno; porque “yo también tengo límites”, y siempre llega el momento de saturación y explosión de la ira vengativa, donde instintivamente se dice ¡basta!, hasta aquí hemos llegado, ahora entra en juego quien lleva tiempo oculto y callado.
Pobre de aspiración y contenido, la excusa es la dictadura argentina y sus atrocidades, pero no va de política, más bien juega a esa rivalidad westerniana de quien se mete con otro y rivaliza a soberbia de pisar el terreno y ser el dueño del pueblo.
Fuerza al encadenar el romance, exagera en el cambio resolutivo del principal personaje, sutil y contenida, lánguida y melancólica, tenue y apagada, es la profundidad de las actuaciones las que mantienen su guión; elementos de aprecio son la elegancia de huir de la sangre y la violencia gratuita, optar por el desafío fino y distinguido de dos pistoleros enfrentados por la lealtad hacia el amigo, pero falta consistencia de identidad al suceso para hacerlo interesante y degustador de su desenlace.
Es la fecundidad nutritiva de los secundarios la que desfallece a la hora de rellenar y complementar a los principales, ahondando en una vacuidad atmosférica que no atrapa, ni seduce, ni respira con sustancialidad de presencia y materia; de “Un cuento chino” estupendo proviene Sebastián Borensztein, también con Darín a la cabeza, allí maravilloso/aquí con las mismas garantías demostrativas de su habilidad para el Séptimo Arte, su sincera excelsa valía, pues sino fuera por su presencia, ¡otro gallo cantaría!
Porque es floja, porque no es lo que esperas, es menos, es inferior a lo deseado, y te vale, de momento, gracias a que siempre es un placer observar y disfrutar de este gran actor, en toda su espléndida veteranía..., pero en conjunto ¡no llega!
“Qué triste final ¿no?” “Sí, la verdad”, pero demostrado queda que Ricardo Darín continúa levantando guiones, que por si mismos no alzan el vuelo por su escasez de materia; él si que es ¡un clásico de los buenos!, ¡de los que nunca fallan! y valen, de todas, todas, ¡la pena!
Lo mejor; Ricardo Darín, ¡sin más!
Lo peor; su guión no logra cautivar.
lulupalomitasrojas.blogspot.com.es
¡No llega!, intenta ser un thriller negro, pasional, de cuentas pendientes e infierno a cuestas, pero ¡no llega!
Con sus pesadillas del pasado y su escondite del presente, Ricardo Darín hace bien su trabajo, como siempre es excelente costumbre en él, pero ¡poco más!; este ex militar, oficial de la armada de época oscura, que participó de lo que no debía, y que ahora encuentra una razón de valentía para seguir existiendo, no crea gran apego ni suspiro, sólo un conformado mirar, donde la tensión no sube por mucho que avance y se enrede la cosa.
Es serena, pulcra, trabajada, pero ni sospechosa, ni inquieta, ni encendida; papeles concretos en su convencional definición , de obviedad en su estratégica disposición, para un tablero de ajedrez cuya partida no es de jaque mate, tiene sus previstas y cómodas piezas, las cuales no se mueven con animosidad de peligro ni astucia pícara.
El dilema moral de la responsabilidad de los actos, de la carga de conciencia, del horror realizado, del deber ético no cumplido, del estómago revuelto, del recuerdo que no olvida..., todo es de ocurrencia equilibrada, que no satisfactoria, para elaborar ese tapete de malos contra peores, con justicia redentora e interventora del aguante de uno; porque “yo también tengo límites”, y siempre llega el momento de saturación y explosión de la ira vengativa, donde instintivamente se dice ¡basta!, hasta aquí hemos llegado, ahora entra en juego quien lleva tiempo oculto y callado.
Pobre de aspiración y contenido, la excusa es la dictadura argentina y sus atrocidades, pero no va de política, más bien juega a esa rivalidad westerniana de quien se mete con otro y rivaliza a soberbia de pisar el terreno y ser el dueño del pueblo.
Fuerza al encadenar el romance, exagera en el cambio resolutivo del principal personaje, sutil y contenida, lánguida y melancólica, tenue y apagada, es la profundidad de las actuaciones las que mantienen su guión; elementos de aprecio son la elegancia de huir de la sangre y la violencia gratuita, optar por el desafío fino y distinguido de dos pistoleros enfrentados por la lealtad hacia el amigo, pero falta consistencia de identidad al suceso para hacerlo interesante y degustador de su desenlace.
Es la fecundidad nutritiva de los secundarios la que desfallece a la hora de rellenar y complementar a los principales, ahondando en una vacuidad atmosférica que no atrapa, ni seduce, ni respira con sustancialidad de presencia y materia; de “Un cuento chino” estupendo proviene Sebastián Borensztein, también con Darín a la cabeza, allí maravilloso/aquí con las mismas garantías demostrativas de su habilidad para el Séptimo Arte, su sincera excelsa valía, pues sino fuera por su presencia, ¡otro gallo cantaría!
Porque es floja, porque no es lo que esperas, es menos, es inferior a lo deseado, y te vale, de momento, gracias a que siempre es un placer observar y disfrutar de este gran actor, en toda su espléndida veteranía..., pero en conjunto ¡no llega!
“Qué triste final ¿no?” “Sí, la verdad”, pero demostrado queda que Ricardo Darín continúa levantando guiones, que por si mismos no alzan el vuelo por su escasez de materia; él si que es ¡un clásico de los buenos!, ¡de los que nunca fallan! y valen, de todas, todas, ¡la pena!
Lo mejor; Ricardo Darín, ¡sin más!
Lo peor; su guión no logra cautivar.
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