Estrellas en mi corona
7.4
801
Western. Drama
Un veterano de guerra civil llamado Josiah Grey (Joel McCrea) llega a una pequeña ciudad del sur de los Estados Unidos para ejercer su ministerio como pastor religioso. Grey tiene una familia y muchos amigos, pero pronto encuentra la fricción con algunos de sus feligreses. En seguida se crea una disputa entre su ministerio y el del joven doctor del lugar, que busca el tratamiento científico para curar a sus pacientes. La aparición del ... [+]
11 de mayo de 2020
11 de mayo de 2020
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra maravillosa película semidesconocida de un director que, indudablemente, hay que repasar.
Catalogada como western, se trata más bien de un drama rural y de costumbres con alto contenido espiritual que invita a la reflexión sobre dónde se encuentran las soluciones a la salud física y anímica de las personas.
Con un magnífico retrato de costumbres, Tourneur nos lleva a un pequeño pueblo, justo después de la Guerra de la Secesión y nos presentará a sus habitantes, construyendo con gran pericia a cada uno de sus habitantes, dotándoles de una personalidad bien diferenciada, sus formas de vida, sus maneras de pensar...Todo ello con cuatro trazos magníficos y pinceladas de sus formas de vida que nos instalan en ese pueblo rápidamente, como si siempre hubiéramos vivido allí.
Nos presentarán al pastor ( Joel McCrea) y sus encontronazos con el joven médico, recién instalado allí que pronto sostendrán una cierta rivalidad sobre la prioridad de sus respectivas profesiones. Pero la peli no se limita a una mera confrontación ciencia, religión, como podríamos suponer, sino que abarca mucho más.
El ser humano tiene muchas necesidades físicas y espirituales y la ayuda puede provenir de muchas maneras y de muchas personas.
De la ciencia, que sana el cuerpo y lo encarna el médico, de la religión que cura el alma y lo encarna el pastor. También de la generosidad y la nobleza que lo encarna el agnóstico Jed Isbell y de la psicología que vuelve a encarnar el pastor que se sirve de este recurso para salvar a un negro de sus propios conciudadanos.
Todo vale y todo lo necesitamos, venga de donde venga. Si nos hace bien, bienvenido sea. Como si una cosa fuera más importante que otra.
Una excelente película que no se puede dejar de recomendar. Qué estúpidos somos dejando que mueran estas películas.
Quiero llamar también la atención hacia la cantidad de extraños aparatos que he visto en el film que me han llamado la atención.
Aparatos como arcaicos peladores de frutas y verduras, una especie de ventilador, o no sé muy bien que era eso, una especie de extraña rueca...No sé, no me daba tiempo a fijarme bien, pero no cabe duda de que se han provisto bien de aparatos propios de esa época para la mejor ambientación del film que sin duda contribuyen a dar mayor autenticidad a la historia. El director ha sabido meterte en ese pueblo, no hay duda.
Emocionante y humana.
Catalogada como western, se trata más bien de un drama rural y de costumbres con alto contenido espiritual que invita a la reflexión sobre dónde se encuentran las soluciones a la salud física y anímica de las personas.
Con un magnífico retrato de costumbres, Tourneur nos lleva a un pequeño pueblo, justo después de la Guerra de la Secesión y nos presentará a sus habitantes, construyendo con gran pericia a cada uno de sus habitantes, dotándoles de una personalidad bien diferenciada, sus formas de vida, sus maneras de pensar...Todo ello con cuatro trazos magníficos y pinceladas de sus formas de vida que nos instalan en ese pueblo rápidamente, como si siempre hubiéramos vivido allí.
Nos presentarán al pastor ( Joel McCrea) y sus encontronazos con el joven médico, recién instalado allí que pronto sostendrán una cierta rivalidad sobre la prioridad de sus respectivas profesiones. Pero la peli no se limita a una mera confrontación ciencia, religión, como podríamos suponer, sino que abarca mucho más.
El ser humano tiene muchas necesidades físicas y espirituales y la ayuda puede provenir de muchas maneras y de muchas personas.
De la ciencia, que sana el cuerpo y lo encarna el médico, de la religión que cura el alma y lo encarna el pastor. También de la generosidad y la nobleza que lo encarna el agnóstico Jed Isbell y de la psicología que vuelve a encarnar el pastor que se sirve de este recurso para salvar a un negro de sus propios conciudadanos.
Todo vale y todo lo necesitamos, venga de donde venga. Si nos hace bien, bienvenido sea. Como si una cosa fuera más importante que otra.
Una excelente película que no se puede dejar de recomendar. Qué estúpidos somos dejando que mueran estas películas.
Quiero llamar también la atención hacia la cantidad de extraños aparatos que he visto en el film que me han llamado la atención.
Aparatos como arcaicos peladores de frutas y verduras, una especie de ventilador, o no sé muy bien que era eso, una especie de extraña rueca...No sé, no me daba tiempo a fijarme bien, pero no cabe duda de que se han provisto bien de aparatos propios de esa época para la mejor ambientación del film que sin duda contribuyen a dar mayor autenticidad a la historia. El director ha sabido meterte en ese pueblo, no hay duda.
Emocionante y humana.
3 de enero de 2023
3 de enero de 2023
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Eso fue lo primero que me impactó, hallarme ante una película en la que, independientemente de virtudes o defectos, su contenido era como un bálsamo frente a todas las producciones que nos ofrecen hoy tan llenas de negrura, de fealdad, de ausencia de ética, de odios intrínsecos, de ideologías encubiertas, de degradaciones antinaturales. Parecía cine hecho en otro planeta, fresco, vital, esperanzador, sencillo. Como digo, aunque pueda tener aspectos criticables, la cinta en su conjunto tiene ya ese valor intrínseco, y es que al finalizar su metraje puedes sentir en lo que mayormente se ha convertido el cine de hoy.
Alguien dirá que es una película llena de contenidos propagandísticos (el tema de la religión) o de ñoñerías varias; que el argumento es infantil e increíble, propio de mentes simplonas. Pero a mí me ha llegado todo el argumento de otra manera, por una sencilla razón: La historia está contada por un niño, son los recuerdos de infancia de un hombre que revive sus momentos desde las sensaciones del momento. Seguramente esta cuestión la han olvidado los más críticos con la cinta.
¿Los cánticos espirituales? Para mí son cánticos de alegría, de comunión con tus iguales. así los recordaba el chaval. Para quien tiene tirria por todo lo que suena a eclesial, los sufrirá, pero en mi caso veo un elemento que aporta vitalidad a los personajes de la historia (no soy ningún practicante católico).
¿La forma tan amable de las relaciones sociales? Recordemos cuando éramos niños (si no fue época traumática), sobre todo hace 40 ó 50 años, ¿Acaso no vivíamos el entorno con esa confianza? A pesar de que la visión es idílica, no deja de contener de una verdad potencial, pero eso solo lo saben los que en algún momento de su vida han saboreado esa realidad.
¿La cualidad del reverendo de autoridad pública? De primeras, agradecí la no presencia de elementos policiales en toda la historia. Ello permite conectarse con la posibilidad de una sociedad más libre, más responsable, más humana. Es cierto que el reverendo se arroga un exceso de autoridad, pero también es cierto que este tipo de personajes serán siempre necesarios si no hay un suficiente número de individuos con dignidad y valentía necesarios.
¿El reverendo aleccionador? En la escena con su amigo el herrero podemos comprobar que no, lo que mira es el corazón de las personas, no es un dictador, no está obstinado con que se vaya a misa obligatoriamente. En algún momento aparece muy prepotente (al llegar al pueblo) pero pienso que es la vulgaridad de los nativos lo que le lleva a ello.
¿Valores? La amistad, el compañerismo, el buen trato de pareja (hermosa la manera de ayudar el reverendo a su mujer), la convivencia positiva, la valentía para ayudar al indefenso (Cloroformo), la fortaleza para hacerse valer.
La película demuestra como, aunque tengamos las ideas que sea, lo que nos define como humanos son nuestras acciones y no las palabras que exhortemos.
Sorprendente todo lo que ocurre respecto a la aparición de una enfermedad en el pueblo. El médico quiere imponer su "quédate en casa". ¿No les ha recordado esa escena a lo que hemos vivido recientemente con la pandemia? ¿No se les han revuelto las tripas al comprobar con qué facilidad quién es autoridad te quiere encerrar sin suficiente fundamento? (como nos ha ocurrido hace poco).
¿La escena del viejo labrador negro y los que van a por él? Muy irreal, sí. Pero no importa, hay que recordar que el niño escondido es el que experimenta el momento.
En definitiva, un soplo de aire fresco frente al mayoritariamente demolido mundo cinematográfico de la contemporaneidad, un 7,5.
Ah ¿La escena del reverendo y la esposa del médico? ¿La escena final? (en spoiler)
Alguien dirá que es una película llena de contenidos propagandísticos (el tema de la religión) o de ñoñerías varias; que el argumento es infantil e increíble, propio de mentes simplonas. Pero a mí me ha llegado todo el argumento de otra manera, por una sencilla razón: La historia está contada por un niño, son los recuerdos de infancia de un hombre que revive sus momentos desde las sensaciones del momento. Seguramente esta cuestión la han olvidado los más críticos con la cinta.
¿Los cánticos espirituales? Para mí son cánticos de alegría, de comunión con tus iguales. así los recordaba el chaval. Para quien tiene tirria por todo lo que suena a eclesial, los sufrirá, pero en mi caso veo un elemento que aporta vitalidad a los personajes de la historia (no soy ningún practicante católico).
¿La forma tan amable de las relaciones sociales? Recordemos cuando éramos niños (si no fue época traumática), sobre todo hace 40 ó 50 años, ¿Acaso no vivíamos el entorno con esa confianza? A pesar de que la visión es idílica, no deja de contener de una verdad potencial, pero eso solo lo saben los que en algún momento de su vida han saboreado esa realidad.
¿La cualidad del reverendo de autoridad pública? De primeras, agradecí la no presencia de elementos policiales en toda la historia. Ello permite conectarse con la posibilidad de una sociedad más libre, más responsable, más humana. Es cierto que el reverendo se arroga un exceso de autoridad, pero también es cierto que este tipo de personajes serán siempre necesarios si no hay un suficiente número de individuos con dignidad y valentía necesarios.
¿El reverendo aleccionador? En la escena con su amigo el herrero podemos comprobar que no, lo que mira es el corazón de las personas, no es un dictador, no está obstinado con que se vaya a misa obligatoriamente. En algún momento aparece muy prepotente (al llegar al pueblo) pero pienso que es la vulgaridad de los nativos lo que le lleva a ello.
¿Valores? La amistad, el compañerismo, el buen trato de pareja (hermosa la manera de ayudar el reverendo a su mujer), la convivencia positiva, la valentía para ayudar al indefenso (Cloroformo), la fortaleza para hacerse valer.
La película demuestra como, aunque tengamos las ideas que sea, lo que nos define como humanos son nuestras acciones y no las palabras que exhortemos.
Sorprendente todo lo que ocurre respecto a la aparición de una enfermedad en el pueblo. El médico quiere imponer su "quédate en casa". ¿No les ha recordado esa escena a lo que hemos vivido recientemente con la pandemia? ¿No se les han revuelto las tripas al comprobar con qué facilidad quién es autoridad te quiere encerrar sin suficiente fundamento? (como nos ha ocurrido hace poco).
¿La escena del viejo labrador negro y los que van a por él? Muy irreal, sí. Pero no importa, hay que recordar que el niño escondido es el que experimenta el momento.
En definitiva, un soplo de aire fresco frente al mayoritariamente demolido mundo cinematográfico de la contemporaneidad, un 7,5.
Ah ¿La escena del reverendo y la esposa del médico? ¿La escena final? (en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La escena del reverendo y la esposa del médico: ¿Cómo se cura la esposa del médico? No la cura el reverendo haciendo un milagro, en mi opinión se salva porque no todo está en manos de los humanos, hay cuestiones que están más allá de él, esto es una verdad que solo los necios no quieren reconocer, y para ello no necesitas creer ciegamente ningún credo organizado.
La escena final: El amigo herrero se inicia en la Iglesia. Sí, no era necesario. Pero me quedo con la idea de que los iguales llegan a formar una comunidad auténtica.
La escena final: El amigo herrero se inicia en la Iglesia. Sí, no era necesario. Pero me quedo con la idea de que los iguales llegan a formar una comunidad auténtica.
6 de noviembre de 2025
6 de noviembre de 2025
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bienintencionado melodrama ambientado en la época posterior a la Guerra Civil Americana, en la ciudad sureña de Walesburg. El predicador Josiah Gray (McCrea) llega a la ciudad y rápidamente se establece para convertirse en una parte importante de la comunidad. Pronto se enfrentará a dos enfermedades mortales: la fiebre tifoidea y el odio racial.
Repleta de canciones religiosas y patrióticas (se pasan la mitad del metraje cantando, lo que hace algo insufrible el visionado de la cinta). Luego está el eterno debate entre ciencia (medicina) y religión: el argumento es predecible hasta lo indecible, sin aportar nada nuevo a nivel visual, narrativo y/o técnico.
El abuso de la "voz en off" no ayuda en ningún caso por la simplicidad meliflua del guión que redunda en un proselitismo anticuado de la vida eclesiástica del pequeño pueblo y el fanatismo racial. Dicho esto, es una película que para nada es un western, siendo un edulcorado y predecible melodrama. La historia se nutre de las fortalezas y debilidades de la comunidad, mezclando tramposamente ambas para mostrar el optimismo que se ofrece a pesar de las fatalidades humanas. La batalla entre la fe y la medicina es tan mezquina y falsa como la nieve en verano.
Fallida y tendenciosa hagiografía del pastor Josiah Grey en la comunidad sureña de Walesburg con uno de los finales más sonrojantes y lamentables que se hayan filmado nunca.
Repleta de canciones religiosas y patrióticas (se pasan la mitad del metraje cantando, lo que hace algo insufrible el visionado de la cinta). Luego está el eterno debate entre ciencia (medicina) y religión: el argumento es predecible hasta lo indecible, sin aportar nada nuevo a nivel visual, narrativo y/o técnico.
El abuso de la "voz en off" no ayuda en ningún caso por la simplicidad meliflua del guión que redunda en un proselitismo anticuado de la vida eclesiástica del pequeño pueblo y el fanatismo racial. Dicho esto, es una película que para nada es un western, siendo un edulcorado y predecible melodrama. La historia se nutre de las fortalezas y debilidades de la comunidad, mezclando tramposamente ambas para mostrar el optimismo que se ofrece a pesar de las fatalidades humanas. La batalla entre la fe y la medicina es tan mezquina y falsa como la nieve en verano.
Fallida y tendenciosa hagiografía del pastor Josiah Grey en la comunidad sureña de Walesburg con uno de los finales más sonrojantes y lamentables que se hayan filmado nunca.
11 de noviembre de 2025
11 de noviembre de 2025
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Estrellas en mi corona" es el título de un himno religioso que le gusta cantar al pastor protestante Gray (McCrea) en la iglesia de Walesboorg.
Recién llegado a la ciudad, entra decido a la cantina donde pronuncia su primer sermón bajo la amenazante presencia de dos pistolones. También encontrará durante su ministerio espinas en su corona.
Se puede perdonar la mentirijilla de prometer un western en la imagen del cartel, pues la obra se centra en la labor apostólica de Gray, auxiliado por su esposa y por un sobrino que convive con el matrimonio que hace de narrador.
La cinta es rica en escenas y cánticos religiosos, pero poco a poco va planteando las relaciones entre ciencia médica y fe cristiana.
Reina la armonía al principio entre el pastor y el viejo Dr. Daniel K. Harris (Stone) que bromean al paso del carromato del Profesor Jones, "Conjurador e hipnotista", quien ofrece entre láminas anatómicas su curalotodo, un infalible "Tónico de malaquita" para mujeres, niños y animales.
La vida discurre plácidamente en aquella piadosa comunidad que, sin embargo, tiene también larvado en su entraña el virus del egoísmo y del racismo.
Pero todo cambia con la llegada del nuevo médico Dan (Mitchell), "Sobrado de educación y algo escaso de sentido común", al decir de su propio padre el citado Dr. Daniel Harris que no tardará en morir.
Los conflictos, las espinas, llegan con algunos casos de fiebre tifoidea que pronto se extienden haciéndose epidémicos. Y aquí entra en conflicto la ciencia médica, llamada desde el primer momento a la cabecera de los enfermos, con la fe cristiana que reclaman también las familias como consuelo espiritual.
Ciencia y fe. Médico de cuerpos y pastor de almas. No lleva bien el joven Dan la presencia de Gray en las casas de los dolientes que parece restarle protagonismo. Algún celillo profesional esconde su tajante oposición a esas visitas que pueden ayudar a propagar la fiebre. Bien contestado por el clérigo cuando le recuerda que también puede hacerlo su constante deambular entre afectados.
¿Pero, quién es más importante en esos momentos críticos, el médico o el pastor? Es la pregunta que plantea Dan y que obliga a Gray a retirarse a su casa.
Bien, sabedores de la causa que tienen las aguas contaminadas en la difusión de la fiebre tifoidea, cuando localizan el foco responsable y se toman las medidas sanitarias oportunas se "calmarán las aguas". Para entonces el joven médico va comprendiendo el importante papel que juega también el consuelo espiritual y el factor humano de la religión ante la enfermedad. Incluso a la hora de resolver problemas de la gravedad del racismo y del odio.
Cinta religiosa, de valores humanos, que no un western como se promete, pero que plantea con elegancia el viejo debate entre ciencia y fe. Para nosotros no hay duda que se trata de caminos separados, paralelos, pero susceptibles de influirse mutuamente. No hemos entendido nunca la ciencia como algo aislado o intocable, sino como algo que puede enriquecerse con aportaciones llegadas desde el humanismo, la filosofía (en su seno nació en la Grecia clásica), la historia, el arte, incluso desde la teología y el fenómeno religioso.
Hemos hablado del tema de la película, pero también hay que destacar que se desarrolla a través de un excelente guion y una gran realización que dibuja con nitidez personajes entrañables y creíbles. Con un ritmo bastante pausado vamos conociendo las interioridades de la feligresía, la vida tranquila en una ciudad provinciana que tampoco se ve libre de ambiciones y racismo. Estrellas y espinas.
Buenas interpretaciones, correcta fotografía con abundancia de interiores y nocturnos.
Muy buena y poco conocida película que recomendamos sobre todo a los estudiosos de las relaciones entre la ciencia y la fe en el mundo del cine.
Recién llegado a la ciudad, entra decido a la cantina donde pronuncia su primer sermón bajo la amenazante presencia de dos pistolones. También encontrará durante su ministerio espinas en su corona.
Se puede perdonar la mentirijilla de prometer un western en la imagen del cartel, pues la obra se centra en la labor apostólica de Gray, auxiliado por su esposa y por un sobrino que convive con el matrimonio que hace de narrador.
La cinta es rica en escenas y cánticos religiosos, pero poco a poco va planteando las relaciones entre ciencia médica y fe cristiana.
Reina la armonía al principio entre el pastor y el viejo Dr. Daniel K. Harris (Stone) que bromean al paso del carromato del Profesor Jones, "Conjurador e hipnotista", quien ofrece entre láminas anatómicas su curalotodo, un infalible "Tónico de malaquita" para mujeres, niños y animales.
La vida discurre plácidamente en aquella piadosa comunidad que, sin embargo, tiene también larvado en su entraña el virus del egoísmo y del racismo.
Pero todo cambia con la llegada del nuevo médico Dan (Mitchell), "Sobrado de educación y algo escaso de sentido común", al decir de su propio padre el citado Dr. Daniel Harris que no tardará en morir.
Los conflictos, las espinas, llegan con algunos casos de fiebre tifoidea que pronto se extienden haciéndose epidémicos. Y aquí entra en conflicto la ciencia médica, llamada desde el primer momento a la cabecera de los enfermos, con la fe cristiana que reclaman también las familias como consuelo espiritual.
Ciencia y fe. Médico de cuerpos y pastor de almas. No lleva bien el joven Dan la presencia de Gray en las casas de los dolientes que parece restarle protagonismo. Algún celillo profesional esconde su tajante oposición a esas visitas que pueden ayudar a propagar la fiebre. Bien contestado por el clérigo cuando le recuerda que también puede hacerlo su constante deambular entre afectados.
¿Pero, quién es más importante en esos momentos críticos, el médico o el pastor? Es la pregunta que plantea Dan y que obliga a Gray a retirarse a su casa.
Bien, sabedores de la causa que tienen las aguas contaminadas en la difusión de la fiebre tifoidea, cuando localizan el foco responsable y se toman las medidas sanitarias oportunas se "calmarán las aguas". Para entonces el joven médico va comprendiendo el importante papel que juega también el consuelo espiritual y el factor humano de la religión ante la enfermedad. Incluso a la hora de resolver problemas de la gravedad del racismo y del odio.
Cinta religiosa, de valores humanos, que no un western como se promete, pero que plantea con elegancia el viejo debate entre ciencia y fe. Para nosotros no hay duda que se trata de caminos separados, paralelos, pero susceptibles de influirse mutuamente. No hemos entendido nunca la ciencia como algo aislado o intocable, sino como algo que puede enriquecerse con aportaciones llegadas desde el humanismo, la filosofía (en su seno nació en la Grecia clásica), la historia, el arte, incluso desde la teología y el fenómeno religioso.
Hemos hablado del tema de la película, pero también hay que destacar que se desarrolla a través de un excelente guion y una gran realización que dibuja con nitidez personajes entrañables y creíbles. Con un ritmo bastante pausado vamos conociendo las interioridades de la feligresía, la vida tranquila en una ciudad provinciana que tampoco se ve libre de ambiciones y racismo. Estrellas y espinas.
Buenas interpretaciones, correcta fotografía con abundancia de interiores y nocturnos.
Muy buena y poco conocida película que recomendamos sobre todo a los estudiosos de las relaciones entre la ciencia y la fe en el mundo del cine.
23 de noviembre de 2024
23 de noviembre de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jacques Tourneur era un virtuoso. A poco que uno se acerque a su obra percibe claramente que este cineasta tenía un don clarividente para sacar el máximo rendimiento posible de los medios con los que contaba, y para saber narrar de la mejor forma posible la historia que se proponía.
Según se repasa su filmografía descubre que era capaz de acometer géneros dispares respetando siempre las constantes temáticas, pero adaptándolas a su estilo suave y delicado, que se ajustaba como un guante a cualquiera de ellos.
Que “Estrellas sobre mi corona” pueda catalogarse, aunque sea de refilón, como western, se debe únicamente a la época concreta en la que se desarrolla la historia, y la localización de la misma en un pequeño pueblo sureño, unos años después de terminada la Guerra Civil Americana. Y también, por qué no decirlo, a que en la primera aparición del pastor Grey, éste saque sus revólveres para hacer callar a los congregados en la taberna y que presten así atención a su primer sermón.
Es inevitable durante su visión acordarse de algunas de las pequeñas joyas costumbristas que el gran maestro John Ford firmó durante los años 30. Me refiero concretamente a “El sol siempre brilla en Kentucky”, “El juez Priest” o “El doctor Bull”, con la que curiosamente guarda algunas importantes similitudes, centradas en el personaje del médico del pueblo y el dilema del cambio generacional, y también porque la aparición de una epidemia de fiebres tifoideas afecta a la vida de los habitantes, abriendo un arco dramático argumental.
Lejos del rico estilismo de “La mujer pantera”, del austero relato sombrío de “Retorno al pasado” o del optimismo vital de “El halcón y la flecha”, Tourneur elige aquí el íntimo retrato de personajes, abordado desde el cariño y el respeto. A diferencia de “Tierra generosa”, su primer acercamiento a un western, aquí no encontramos esos bellos paisajes coloridos que encuadran las aventuras de los colonos asentándose en tierras extrañas y salvajes. En esta ocasión, el marco lo forman las relaciones humanas en su vida cotidiana, sus roces en el día a día, la evolución a través de los años. La vida y la muerte como puntas visibles del iceberg que esconde las profundas interacciones de las relaciones humanas, donde cada vida influye en la vida del otro.
Lo hace además adoptando el difícil punto de vista de un niño, sin que haya ni el más mínimo asomo de infantilismo o superficialidad. Es un relato de la vida del pueblo de Walesburg, que ya no existirá como tal, pero que sigue teniendo las mismas calles y las mismas personas en la memoria del niño. Y todo contado con las dosis exactas de humor, de sentimiento, de drama, de intriga y de romance.
Joshiah Grey llega al pueblo y pasa de ser un desconocido a ser alguien querido y respetado, no sólo por su labor religiosa, sino por su carácter apacible y conciliador. Hace visitas constantes a todo el mundo simplemente para estar un rato con ellos, charlar y escuchar. Así conocemos a personajes entrañables, muy bien definidos, y mejor interpretados, que nos sirven de referencia para conocer los hábitos y criterios de la época.
Su amigo Jed Isbell, un sensacional (como siempre) Alan Hale, combatió con Grey en la Guerra Civil, y ahora posee una granja donde trabaja acompañado de sus seis hijos. Grey lo incita permanentemente a que acuda a la iglesia, pero Isbell rehúye cualquier contacto con la religión, a pesar de ser un hombre bueno y honrado. Lon Backett (Ed Begley) es un próspero hombre de negocios que explota una mina, y ha descubierto que el filón atraviesa también las tierras de su vecino, Famous Prill (Juano Hernández). A pesar de las ofertas que le hace para comprar sus tierras, Famous las rechaza siempre alegando que no necesita dinero, y que se conforma con tener una casa con una cama donde dormir, y unas tierras que trabajar. Pronto empezará a recibir amenazas que irán subiendo de tono hasta hacer peligrar su vida. Cuando el pastor Grey le diga “eres un hombre libre, y hay leyes”, Famous contestará “sólo por decirlo no se convierte en realidad”.
También encontramos el maravilloso personaje de Lewis Stone como el veterano doctor Harris que, sabiendo que su final se aproxima, reflexiona sobre el cambio generacional encarnado por su hijo: “ahora está sobrado de educación, y algo escaso de sentido común, le falta mucho que aprender y aun así es mejor médico que yo”. Cuando el doctor Harris Jr. siga los pasos de su padre, tendrá que lucha por imponer sus métodos modernos en sus paisanos, acostumbrados a la forma de proceder de su padre. Emprenderá entonces una cruzada personal contra el pastor Grey, entendiendo que la curación de sus pacientes es terreno de la ciencia, donde no hay cabida para la religión, que debe quedarse limitada al espacio entre las paredes de la iglesia.
Uno va asistiendo a los acontecimientos que narra la película teniendo la sensación creciente de que asiste a algo importante, a algo narrado de forma ejemplar. No son pocas las escenas en las que puede percibir cierta poesía visual, y un permanente toque sensible, una mirada humildemente hermosa en la forma de trasladarlo a la pantalla. Es de esas películas que finaliza y aún sigue resonando en nuestra cabeza. Uno intenta asimilar lo que acaba de ver, preguntándose si era una comedia costumbrista, un drama rural, una historia sobre la infancia, un alegato antirracista, un conflicto entre ciencia y religión, o algo más que se nos ha escapado. Y resulta que eran todas esas cosas, combinadas de forma magistral en una película inolvidable e indispensable.
Según se repasa su filmografía descubre que era capaz de acometer géneros dispares respetando siempre las constantes temáticas, pero adaptándolas a su estilo suave y delicado, que se ajustaba como un guante a cualquiera de ellos.
Que “Estrellas sobre mi corona” pueda catalogarse, aunque sea de refilón, como western, se debe únicamente a la época concreta en la que se desarrolla la historia, y la localización de la misma en un pequeño pueblo sureño, unos años después de terminada la Guerra Civil Americana. Y también, por qué no decirlo, a que en la primera aparición del pastor Grey, éste saque sus revólveres para hacer callar a los congregados en la taberna y que presten así atención a su primer sermón.
Es inevitable durante su visión acordarse de algunas de las pequeñas joyas costumbristas que el gran maestro John Ford firmó durante los años 30. Me refiero concretamente a “El sol siempre brilla en Kentucky”, “El juez Priest” o “El doctor Bull”, con la que curiosamente guarda algunas importantes similitudes, centradas en el personaje del médico del pueblo y el dilema del cambio generacional, y también porque la aparición de una epidemia de fiebres tifoideas afecta a la vida de los habitantes, abriendo un arco dramático argumental.
Lejos del rico estilismo de “La mujer pantera”, del austero relato sombrío de “Retorno al pasado” o del optimismo vital de “El halcón y la flecha”, Tourneur elige aquí el íntimo retrato de personajes, abordado desde el cariño y el respeto. A diferencia de “Tierra generosa”, su primer acercamiento a un western, aquí no encontramos esos bellos paisajes coloridos que encuadran las aventuras de los colonos asentándose en tierras extrañas y salvajes. En esta ocasión, el marco lo forman las relaciones humanas en su vida cotidiana, sus roces en el día a día, la evolución a través de los años. La vida y la muerte como puntas visibles del iceberg que esconde las profundas interacciones de las relaciones humanas, donde cada vida influye en la vida del otro.
Lo hace además adoptando el difícil punto de vista de un niño, sin que haya ni el más mínimo asomo de infantilismo o superficialidad. Es un relato de la vida del pueblo de Walesburg, que ya no existirá como tal, pero que sigue teniendo las mismas calles y las mismas personas en la memoria del niño. Y todo contado con las dosis exactas de humor, de sentimiento, de drama, de intriga y de romance.
Joshiah Grey llega al pueblo y pasa de ser un desconocido a ser alguien querido y respetado, no sólo por su labor religiosa, sino por su carácter apacible y conciliador. Hace visitas constantes a todo el mundo simplemente para estar un rato con ellos, charlar y escuchar. Así conocemos a personajes entrañables, muy bien definidos, y mejor interpretados, que nos sirven de referencia para conocer los hábitos y criterios de la época.
Su amigo Jed Isbell, un sensacional (como siempre) Alan Hale, combatió con Grey en la Guerra Civil, y ahora posee una granja donde trabaja acompañado de sus seis hijos. Grey lo incita permanentemente a que acuda a la iglesia, pero Isbell rehúye cualquier contacto con la religión, a pesar de ser un hombre bueno y honrado. Lon Backett (Ed Begley) es un próspero hombre de negocios que explota una mina, y ha descubierto que el filón atraviesa también las tierras de su vecino, Famous Prill (Juano Hernández). A pesar de las ofertas que le hace para comprar sus tierras, Famous las rechaza siempre alegando que no necesita dinero, y que se conforma con tener una casa con una cama donde dormir, y unas tierras que trabajar. Pronto empezará a recibir amenazas que irán subiendo de tono hasta hacer peligrar su vida. Cuando el pastor Grey le diga “eres un hombre libre, y hay leyes”, Famous contestará “sólo por decirlo no se convierte en realidad”.
También encontramos el maravilloso personaje de Lewis Stone como el veterano doctor Harris que, sabiendo que su final se aproxima, reflexiona sobre el cambio generacional encarnado por su hijo: “ahora está sobrado de educación, y algo escaso de sentido común, le falta mucho que aprender y aun así es mejor médico que yo”. Cuando el doctor Harris Jr. siga los pasos de su padre, tendrá que lucha por imponer sus métodos modernos en sus paisanos, acostumbrados a la forma de proceder de su padre. Emprenderá entonces una cruzada personal contra el pastor Grey, entendiendo que la curación de sus pacientes es terreno de la ciencia, donde no hay cabida para la religión, que debe quedarse limitada al espacio entre las paredes de la iglesia.
Uno va asistiendo a los acontecimientos que narra la película teniendo la sensación creciente de que asiste a algo importante, a algo narrado de forma ejemplar. No son pocas las escenas en las que puede percibir cierta poesía visual, y un permanente toque sensible, una mirada humildemente hermosa en la forma de trasladarlo a la pantalla. Es de esas películas que finaliza y aún sigue resonando en nuestra cabeza. Uno intenta asimilar lo que acaba de ver, preguntándose si era una comedia costumbrista, un drama rural, una historia sobre la infancia, un alegato antirracista, un conflicto entre ciencia y religión, o algo más que se nos ha escapado. Y resulta que eran todas esas cosas, combinadas de forma magistral en una película inolvidable e indispensable.
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