Maratón de la muerte
1976 

7.1
11,371
Intriga. Thriller
En Nueva York, Babe Levy (Dustin Hoffman), un universitario que está haciendo el doctorado en la Universidad de Columbia y que pasa parte de su tiempo libre preparándose para correr maratones, conoce a Elsa, una extraña mujer suiza con la que inicia una relación amorosa. (FILMAFFINITY)
31 de agosto de 2011
31 de agosto de 2011
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Buena intriga servida a fuego lento por John Schlesinger. De inicio, puede descolocar a uno. No obstante, el poder de atracción que irradia te mantiene pegado a la pantalla durante sus dos horas de metraje. ¿Qué sucede? ¿Por qué? No sudamos como Hoffman, mítico hombre maratón. Pero sí se nos descompasa el corazón, rozando la taquicardia, cuando vemos la que se le viene, de modo repentino, encima.
Un excelente guión, compacto y sin fisura alguna, escrito por William Goldman a partir de su propio material literario, que nos zambulle en una historia irascible como pocas, radiografiando a uno de los mayores canallas del siglo XX (se basa en Josef Mengele): un nazi refugiado en la hospitalidad de los tiranos latinoamericanos de los años 70. ¿Pagó por sus pecados cometidos? Lacerante escena la brindada por Schlesinger cuando el "Ángel Blanco" es reconocido en pleno asfalto neoyorquino. Aunque no es sólo eso. No sólo salió impune de aquella barbarie llamada Auschwitz, sino que también se lucró, y se lucra, (diamantes y oro) de la raza que él, y los suyos, consideraban degenerada. Todo esto salpicará, de refilón, a un incoformista chaval que únicamente soñaba con correr una maratón.
Un excelente guión, compacto y sin fisura alguna, escrito por William Goldman a partir de su propio material literario, que nos zambulle en una historia irascible como pocas, radiografiando a uno de los mayores canallas del siglo XX (se basa en Josef Mengele): un nazi refugiado en la hospitalidad de los tiranos latinoamericanos de los años 70. ¿Pagó por sus pecados cometidos? Lacerante escena la brindada por Schlesinger cuando el "Ángel Blanco" es reconocido en pleno asfalto neoyorquino. Aunque no es sólo eso. No sólo salió impune de aquella barbarie llamada Auschwitz, sino que también se lucró, y se lucra, (diamantes y oro) de la raza que él, y los suyos, consideraban degenerada. Todo esto salpicará, de refilón, a un incoformista chaval que únicamente soñaba con correr una maratón.

Dustin Hoffman
La factura técnica es intachable. Grandes nombres en nómina: Schlesinger (dirección), Conrad Hall (fotografía), William Goldman (guión) o Laurence Olivier, Dustin Hoffman y Roy Schreider en el reparto. Casi nada. Todo puesto, como ya se ha dicho, al servicio de una obra que nos contagia su frenético pulso. Su montaje, aún con apariencia aparatosa y caótica, tan sólo busca esconder una sencilla y simple historia que arrancará, de modo desbocado, a partir de la segunda mitad del film: la historia de un canalla, un sinvergüenza sin escrupulos que arrasó, y arrasa, con todo lo que le obstruía su necio camino. Allí, sin quererlo, estaba Babe Levy. Estudiante brillante de Columbia y ferviente atleta.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Un viejo alemán sale del banco. De vuelta a casa, se topa con un grosero conductor. Se enzarzan en una discusión que termina de modo fatal: muertos en accidente de coche.
Todo cambia a partir de ahí. ¿Por qué? Porque resulta ser el hermano de un nazi de cuidado. Un tipo que amasa una auténtica fortuna en forma de diamantes, la cuál descansa en las cuidadosas manos (o en la llave) de su hermano, el ahora fallecido. Temeroso por una conspiración de sus empleados, el Jefazo Nazi, escondido en Uruguay, saldrá de su guarida para alzarse con su ansiado botín. Y señalará con el dedo a un claro sospechoso de la muerte de su hermano: Doc, una especie de policía que trabaja para él como correo.
El resto, ya es bien conocido. Un inocente hermano que se verá, sin quererlo ni beberlo, en la boca del lobo.
Todo cambia a partir de ahí. ¿Por qué? Porque resulta ser el hermano de un nazi de cuidado. Un tipo que amasa una auténtica fortuna en forma de diamantes, la cuál descansa en las cuidadosas manos (o en la llave) de su hermano, el ahora fallecido. Temeroso por una conspiración de sus empleados, el Jefazo Nazi, escondido en Uruguay, saldrá de su guarida para alzarse con su ansiado botín. Y señalará con el dedo a un claro sospechoso de la muerte de su hermano: Doc, una especie de policía que trabaja para él como correo.
El resto, ya es bien conocido. Un inocente hermano que se verá, sin quererlo ni beberlo, en la boca del lobo.
7 de septiembre de 2009
7 de septiembre de 2009
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
La carrera en Central Park, el encuentro con el anticuario, las bombas, los coches embistiéndose en las calles de Nueva York…Uno no entiende nada pero ya esperamos que va pasar algo. La fórmula del suspense. Poco a poco la historia se va centrando hasta alcanzarse la linealidad en Dustin Hoffman. Éste se ha granjeado pronto nuestras simpatías. En la elección entre un heroico agente secreto y un estudiante de Universidad con algo de perdedor, pronto nos identificamos con éste último. Y esta elección será nuestro asidero ante los vaivenes de una trama frenética. Será también nuestra condena porque la historia se desarrolla adversamente contra nuestro protagonista, que involuntariamente acaba enfrentándose a la personificación del horror encarnado en un criminal nazi –genial Laurence Olivier- en una trama de agentes secretos y diamantes que nunca queda demasiado clara. Poco importa, porque Dustin sufre y nosotros con él. Estamos lejos de los superhombres a los que estamos acostumbrados en la épica. Aquí nos hallamos ante un ser humano en peligro. Podría ser cualquiera de nosotros. ¿Qué haríamos en su situación? Así es como se encara este macabro juego de rol no apto para aprensivos a los dentistas. Treinta y tantos años después y con todo lo que se inventa en el cine para sacudirnos la apatía, un cine así justifica la existencia de éste. Prepárense para estar en tensión.
16 de enero de 2012
16 de enero de 2012
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fenomenal película de intriga que podría semejarse a un film de espionaje; pero la habilidad de John Schlesinger (Cowboy de Medianoche) en la dirección y William Goldman (autor de la Princesa Prometida) en el guión exorcizan los fantasmas del nazismo en la era moderna; dónde de las penumbras de la jungla sudamericana renace el Doctor de las SS Szell o “El Ángel Blanco” para sus víctimas, magníficamente caracterizado por Sir Laurence Olivier que dos años después se interpretaría un papel radicalmente opuesto: el del cazador de nazis Ezra Lieberman (inspirado en la figura real de Simon Wiesenthal) en “Los Niños del Brasil” (The Boys from Brazil, 1978) de Franklin J. Schaffner.
Si desglosamos éste notable thriller que sigue poniéndome los pelos de punta en cada visionado, el eje se centra en la preocupación del criminal Szell por unas joyas (protegido por una supuesta organización de agentes secretos, entre ellos Roy Scheider, que velan por su seguridad a cambio de que delate la localización de otros nazis fugitivos). Tan preciado tesoro lo tiene protegido en una cámara de seguridad de un banco neoyorkino, cuyas llaves solo las posee él y su hermano (Ben Dova) que muere de un trágico y absurdo accidente de tráfico después de tener una discusión con un judío cascarrabias. Y así se desatan los fantasmas del pasado. Pero aquí no termina, porque la trama continua con la implicación de un estudiante universitario y corredor de fondo llamado Babe Levy (Dustin Hoffman) cuyo hermano Doc (Roy Scheider) viaja por todo el mundo, vive de hoteles y come bien en restaurantes parisinos con el fin de proteger la seguridad de un nazi que regresa a la civilización cuyo objetivo es proteger un patrimonio que, años atrás y como dentista, saqueó de las bocas de los miles de judíos prisioneros que tuvo en su poder.
Si desglosamos éste notable thriller que sigue poniéndome los pelos de punta en cada visionado, el eje se centra en la preocupación del criminal Szell por unas joyas (protegido por una supuesta organización de agentes secretos, entre ellos Roy Scheider, que velan por su seguridad a cambio de que delate la localización de otros nazis fugitivos). Tan preciado tesoro lo tiene protegido en una cámara de seguridad de un banco neoyorkino, cuyas llaves solo las posee él y su hermano (Ben Dova) que muere de un trágico y absurdo accidente de tráfico después de tener una discusión con un judío cascarrabias. Y así se desatan los fantasmas del pasado. Pero aquí no termina, porque la trama continua con la implicación de un estudiante universitario y corredor de fondo llamado Babe Levy (Dustin Hoffman) cuyo hermano Doc (Roy Scheider) viaja por todo el mundo, vive de hoteles y come bien en restaurantes parisinos con el fin de proteger la seguridad de un nazi que regresa a la civilización cuyo objetivo es proteger un patrimonio que, años atrás y como dentista, saqueó de las bocas de los miles de judíos prisioneros que tuvo en su poder.

Dustin Hoffman & Laurence Olivier
Y en un juego de persecuciones, falsas mentiras (la secuencia del restaurante entre Scheider, Hoffman y Keller es antológica como arranque a una trama que se irá cada vez enmarañando más hasta los momentos de más suspense; cuando Babe es perseguido de madrugada por los hombres de Szell) se presenta una película que por su título nos sugiere una carrera a contrarreloj para salvar el pellejo, aunque no te veas directamente implicado en la trama. Soberbio ejercicio como para hacerte saltar del sofá unas cuantas veces.
23 de agosto de 2007
23 de agosto de 2007
8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando vi esta película era muy niño pero recuerdo que me sobrecogió, sobre todo por la famosa escena de la tortura dental, lo que me valió continuas trifulcas con mis padres cada vez que tenía que ir al dentista. Ya mayor, y con la intención de exorcizar viejos miedos la volví a ver, pero nada, igual me impresionó. Pero, qué película. Es difícil encasillarla como un simple film de espionaje o un homenaje a los film noir de los 40, pero sin duda John Schlesinger redondeó uno de sus mejores filmes, con permiso de "Cowboy de Medianoche", sin duda su mejor película. Gran fotografía, ritmo trepidante, sólidas actuaciones y escenas realmente fuertes para la época, hacen de esta película una de mis favoritas. Dustin Hoffman está muy bien como el joven atleta universitario "Babe" que se ve involucrado en una peligrosísima intrigapor culpa de un hermano espía, pero quien se roba la película es el extraordinario Lawrence Olivier, quien compone con su Dr. Szell una de los mejores caracterizaciones de criminales de guerra que yo haya visto. Su técnica de realizar perforaciones dentales sin anestesia sin duda pasarán a la historia. Imperdible, no se pierdan las escenas iniciales.
18 de julio de 2009
18 de julio de 2009
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Inquietante thriller del director de cowboy de medianoche, con un gran guión y una enrevesada trama que te pondrá los nervios de punta hasta el desenlace final.
Después de este bonito discurso con el que os quedareis más o menos igual, decir que la película es absolutamente cojonuda y que ya desde el principio se nota que vas a "sufrir" viéndola.
La peli esta muy bien estructurada y las interpretaciones de todos los actores son magníficas.
En la escena de la tortura aproveche para ir al baño, sencillamente porque no la aguantaba y no porque fuera chapucera o marrullera, más bien por todo lo contrario.
En resumen, una muy buena película de suspense del de verdad con maravillosas interpretaciones de sus protagonistas (a Laurence Oliver da ganas de pegarle un tiro solo viéndole la cara) y un guión sencillamente magistral o acojonante como queraís.
En serio no debeís perdérosla.
Después de este bonito discurso con el que os quedareis más o menos igual, decir que la película es absolutamente cojonuda y que ya desde el principio se nota que vas a "sufrir" viéndola.
La peli esta muy bien estructurada y las interpretaciones de todos los actores son magníficas.
En la escena de la tortura aproveche para ir al baño, sencillamente porque no la aguantaba y no porque fuera chapucera o marrullera, más bien por todo lo contrario.
En resumen, una muy buena película de suspense del de verdad con maravillosas interpretaciones de sus protagonistas (a Laurence Oliver da ganas de pegarle un tiro solo viéndole la cara) y un guión sencillamente magistral o acojonante como queraís.
En serio no debeís perdérosla.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El malo es Laurence Oliver y como dentista es peor que malo.
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