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YakartaMiniserie

Serie de TV. Drama Serie de TV (2025). 6 episodios. José Ramón Garrido es un exjugador olímpico de bádminton que sobrevive dando clases de educación física en un instituto público de Vallecas. Divorciado y sin ilusiones, Joserra cree descubrir en un torneo escolar el diamante que puede darle un giro a su vida: Mar, una jugadora adolescente que podría ser el billete que le lleve a cumplir su sueño de competir en Yakarta, la ciudad donde los exjugadores ... [+]
Críticas 26
Críticas ordenadas por utilidad
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7
7 de noviembre de 2025
42 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
Diego San José deja a un lado la sátira política y el humor cínico para contar una historia humana sin perder su ironía. Lo que comienza como un plan absurdo, viajar a Yakarta para jugar al bádminton, deriva en una road movie llena de moteles, gasolineras y torneos menores. La serie mezcla drama deportivo y coming of age, pero en el fondo trata sobre dos soledades que se encuentran, no sobre ganar, sino sobre continuar.

La dirección colectiva, guiada por San José, combina ternura y realismo cotidiano, con episodios que equilibran tensión, desencanto y una sensibilidad visual cercana al cine social español. La puesta en escena es sobria pero vital, observando con cariño lo vulgar y encontrando belleza en lo cotidiano.

El núcleo está en Joserra y Mar, interpretados por Javier Cámara y Carla Quílez, que forman una pareja disfuncional casi paterno-filial. Él la ve como una segunda oportunidad y ella como la primera vía de escape, y la relación crece entre discusiones sinceras y silencios que revelan necesidad mutua.
La serie destaca por su coherencia visual, con fotografía naturalista, tonos cálidos en interiores y cielos apagados en los viajes, la cámara próxima a los personajes y un montaje fluido que nunca recurre a artificios. Yakarta emociona sin giros espectaculares ni héroes ideales, porque su fuerza está en lo cotidiano y en el viaje como transformación: Yakarta no solo es un lugar, sino un punto interior desde el que volver a empezar.

Resumen de la crítica escrita por Pablo Veiga Carpintero
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
8
30 de noviembre de 2025
28 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
467/53(29/11/25) Esta es la historia de dos derrotados que avanzan como pueden por una España que no les recuerda, que no les quiere y que tampoco los necesita, pero donde todavía se puede encontrar una chispa de humanidad entre gasolineras, bingos y karaokes de provincias. Es una serie tan honesta como incómoda, tan áspera como luminosa, que hace del bádminton un simple espejo para hablarnos de todo lo demás. Una dramedia con espinas, sí, pero también con un corazón pertinaz que late, aunque a veces parezca que se ha quedado sin pilas. Me parece más un golpe al estómago que un producto televisivo, imperfecta, magnífica, y peligrosamente real.

Creada por Diego San José que lleva años demostrando que no necesita una cámara para convertirse en autor— es posiblemente su obra más comprimida, menos complaciente y más sangrante. Esta serie, producida por 100 Balas y Buendía Estudios Canarias, nace de ese espacio extraño donde el costumbrismo se mezcla con una tristeza que parece hija ilegítima de “Fe de etarras” (Borja Cobeaga, 2017) y los pasillos silenciosos de “La Maternal” (2022). Lo que hay detrás de “Yakarta” es pura intuición narrativa, una historia pequeña que quiere ser grande sin elevar la voz, confiando en los detalles, en las semillas, en los silencios, en lo que se dice entre líneas.
San José escribe junto a Daniel Castro y Fernando Delgado-Hierro, y juntos articulan un guion milimétrico pero con apariencia de espontaneidad, de improvisación incluso. Esa es la trampa más hermosa de “Yakarta”, parece fácil, pero no hay nada fácil en esto. Cada frase de Javier Cámara (“El problema no es el bádminton, es España”, T1E2) está alineada con intenciones ocultas; cada diálogo tiene poso, contexto y trauma. Es un guion que respira. Que tose. Que huele a humanidad y a derrota.

La dirección principal corre a cargo de Elena Trapé (“Yo, adicto”), que ofrece esta vez un registro más árido que en “Celeste”, más gris, más pegado a la tierra. Como siempre, se nota su mano para dejar que los actores respiren en primer plano sin convertirlo en un festival de manierismos.

Delgado-Hierro dirige el Episodio 3 (T1E3), probablemente el más denso emocionalmente. Y Cámara, en un alarde inesperado, firma un Episodio 4 (T1E4) de esos capítulos botella que funcionan como radiografía, su mirada es íntima, claustrofóbica, casi autocrítica consigo mismo. A veces uno siente que está viendo el reverso emocional de su personaje incluso antes de que abra la boca.
La fotografía de Rita Noriega (“Celeste”) opta por una paleta apagada que acompaña perfectamente el tono de la serie. Los interiores son cálidos, casi sucios, los exteriores, desangelados, como si España fuera un domingo eterno sin nada abierto. No hay alardes, no hay pirotecnia, no hay glamour, solo luz natural, textura y verdad.El montaje (de Ana Pfaff, responsable de “La Maternal”) es limpio, casi quirúrgico, pero nunca frío. Alterna silencios con estallidos, miradas con huidas, carreteras con pasillos de instituto. Yakarta es gris, sí, pero no depresiva, es honesta. Y en su honestidad encuentra su belleza; La música juega un papel fundamental, Julio Iglesias aparece como un fantasma amable pero implacable. “Me olvidé de vivir” (1978) funciona como leitmotiv, como advertencia, como espejo roto. A veces la serie parece escrita desde esa línea.

Javier Cámara, el hombre que perdió todo, salvo la capacidad de aguantar. Cámara está bestial, seguramente en uno de sus mejores papeles desde “Vota Juan”. Su Joserra es un ser cansado, torcido, quemado por dentro, incapaz de olvidar y también incapaz de seguir adelante. Hay algo profundamente español en su mirada: ese hombre que sigue apostando al 92 porque es el año que más brilla en su memoria, aunque todo lo demás se haya caído. Cámara compone un personaje cómico, patético y trágico sin cambiar de tono, sin forzar nada. Le basta un gesto mínimo, una frase murmurada, una mirada esquiva.

Carla Quílez, rabia de niña, temple de veterana. Quílez confirma por qué “La Maternal” fue su trampolín. Construye a Mar sin clichés, sin domesticarla. Es feroz y tierna, silenciosa y explosiva. Su rabia no es un síntoma, es un idioma. Y las escenas con Cámara —sobre todo cuando él se desmorona— tienen una electricidad que en España no se ve tan a menudo.

Secundarios que sostienen, moldean y rompen: David Lorente, como Millán, ofrece una presencia que recuerda constantemente que el pasado no desaparece, solo cambia de forma; Marina Guerola, como Laura, aporta una humanidad desde la distancia, casi como un eco; Pilar Gómez está soberbia, menos es más, siempre.

“Yakarta” es una serie en la que casi todo lo importante sucede fuera de campo, lo cual no es casual, es una apuesta estética y narrativa. Pero cuando decide mostrar, lo hace con precisión quirúrgica.

Episodio 2 (T1E2): “El problema no es el bádminton, es España”.

Una frase que define la serie entera. Es política sin ser panfletaria. Es amarga sin ser cinismo.

Episodio 3 (T1E3): El trauma revelado, ese silencio que se rompe como un cristal viejo. Delgado-Hierro dirige el capítulo con una contención admirable.

Episodio 4 (T1E4): El regreso a Tardajos. La conversación en el bar de carretera, con Mar y Joserra enfrentados por una mesa que parece un océano. El espejo roto que abre el capítulo: metáfora explícita que funciona.

Los pájaros: Metáfora insistente, sí, pero tremendamente efectiva. El agaporni aterrado es quizá la imagen más triste de la serie.

Los karaokes de imitadores de Julio Iglesias: Brillante mezcla de patetismo y ternura. España en estado puro. “Yakarta” está construida como una carretera emocional: Llena de baches, pero avanza. Avanza siempre.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hay una idea esencial que late en toda la serie: solo pierden los que lo intentan. Un lema perverso, derrotista, que define a España mejor que miles de tesis doctorales. Joserra lo cree, Mar lo intuye, la Federación lo confirma. Yakarta no va de éxito, va de la imposibilidad de alcanzarlo. Va de volver, siempre volver, incluso cuando ya no queda nada a lo que regresar. Va de entender que los triunfos no importan porque nadie los recuerda, pero los fracasos se quedan incrustados como metralla emocional.

La decisión de no mostrar los partidos es brillante. Las victorias y derrotas están en otro lado: en una llamada telefónica, en una discusión, en un silencio compartido. El bádminton es un McGuffin, sí, pero uno honesto: nunca se pretende engañar al espectador.

El contraste entre la España gris y la Yakarta soñada es tan deliberado como devastador. Yakarta no es un lugar, es el derecho a imaginar que la vida puede ser de otra manera.

ZONA SPOILER
La serie culmina en un cierre emocional que no es redondo porque no debe serlo. Es crudo, ambiguo, doloroso. El grito final de Mar —eco del primer episodio— es quizá el mejor cierre posible. No es llamada de auxilio, es llamada de reconocimiento. Es admitir que necesita a Joserra, pero solo porque él también la necesita a ella. Una alianza entre rotos.

El enfrentamiento con la Federación no se resuelve, porque en España nada se resuelve. Se parchea, se olvida, se guarda en un cajón.

El último plano, con la canción de Julio Iglesias flotando sobre la carretera, funciona como un epitafio irónico: “De tanto querer ser en todo el primero, me olvidé de vivir los detalles pequeños”. Ahí está la tesis completa de la serie. Joserra y Mar no llegan a Yakarta. O sí. Pero da igual, Yakarta es un poema, no un destino.

Y así termina esta dramedia imperfecta y maravillosa, esta serie que parece pequeña pero pesa más que muchas superproducciones: Una obra sobre los derrotados, los olvidados y los que siguen respirando, aunque a veces les cueste. Gloria Ucrania!!!
6
9 de noviembre de 2025
35 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
La serie a pesar de su premisa deportiva, se revela rápidamente como un drama psicológico bien armado y efectivo. La serie cumple con su objetivo principal: está bien hecha y logra entretener al espectador a lo largo de su recorrido, aunque lo hace a costa de evitar cualquier ambición de mensaje o utilidad práctica.

Guion y Estructura: La Fuerza de la Revelación Lenta
El guion es, sin duda, el motor de la serie y su mayor acierto estructural. Yakarta se apoya en la tensión generada por un pasado elusivo, dejando pistas a cuentagotas sobre la tragedia que persigue a su protagonista, Joserra (Javier Cámara). Esta técnica narrativa es un ejemplo brillante de "Laying Pipes"; los detalles sutiles se siembran en el presente para justificar y dar peso emocional a la revelación final.

La serie utiliza este misterio como su principal gancho, logrando que el espectador se mantenga enganchado no por el bádminton, sino por la necesidad de completar el puzle emocional de Joserra. Este mecanismo es tan eficaz que, tal como se señala, una vez que las revelaciones del pasado se descubren por completo, la serie ya no tiene más camino que el desenlace, cerrando justo a tiempo antes de que la tensión se disipe. Los personajes están bien montados, especialmente por la solidez de las interpretaciones, que elevan un material denso.
Tema y Tono: No obstante, el principal punto débil de Yakarta radica en su elección tonal y temática. La serie es un ejercicio de una narración empapada casi por completo en la tristeza, el dolor y la frustración.

Este exceso de tonalidad oscura, sin suficiente contraste de ligereza o humor genuino (más allá de algún destello), puede resultar empalagoso y agotador para el espectador. La ausencia de ese contrapunto emocional hace que, si bien la experiencia es intensa, no ofrece el espectro de texturas narrativas que permite que un drama toque fibras más profundas.

La crítica final sobre el mensaje es muy pertinente: la serie no funciona como un manual o ejemplo práctico. Al centrarse en el trauma y la derrota personal, Yakarta se abstiene de ofrecer cualquier luz o camino de redención social, ni siquiera sirviendo de ejemplo sobre cómo se debe actuar en situaciones de abuso. Su foco está en el dolor, no en el aprendizaje o la solución. Es una oda a los perdedores que humaniza la derrota, pero que deja al público sin una perspectiva de resiliencia o enseñanza moral clara.
Carla Quílez & Javier Cámara
Veredicto Final

Yakarta es una serie visceralmente entretenida gracias a su guion estructurado que dosifica el misterio del pasado y a la impecable química de sus protagonistas. Es una pieza de drama televisivo que cumple con su promesa de contar la historia de dos almas heridas. Sin embargo, su insistente inmersión en la tragedia absoluta la limita, impidiéndole alcanzar la complejidad temática de las grandes obras que, además de entretener, ofrecen una perspectiva sobre el mundo.

Recomendación: Muy recomendable para quienes busquen un drama psicológico con actuaciones sobresalientes y no teman a una historia que huye de los mensajes positivos.
8
10 de noviembre de 2025
28 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al acabar de ver el último capítulo de Yakarta, uno siente un profundo agradecimiento a los creadores de esta serie (o de esta larga película de cuatro horas dividida en episodios), porque han concebido algo profundamente hermoso y muy bien realizado.

Pero una historia que, ante todo, es una historia de personajes, no hubiera podido funcionar así de bien sin unos actores y actrices que lograran que todas esas ideas impresas en un papel nos llegaran, a través de sus interpretaciones, al fondo del corazón. Y por suerte para nosotros así ha sido.

El primero de todos, Javier Cámara, sin duda un actor mayúsculo que en otros países sería una gran celebridad. Su personaje en Yakarta es enormemente complejo, pues está roto por dentro, pero no deja de buscar una esperanza que se le escapa por todos lados. Su personificación de ese antiguo deportista de élite, orillado por muchos pero que busca reengancharse a la vida, es de verdad conmovedora y está llena de matices, tanto en los diálogos como en los silencios.
Javier Cámara & Carla Quílez
A su vez, Carla Quílez transmite también desde que aparece en imagen una energía inmensa, y aunque tenga menos experiencia y por tanto menos técnica que Cámara, el personaje que compone poco a poco se adueña de nosotros hasta cautivarnos del todo. Una niña de barrio a la que la vida ha endurecido antes de tiempo, pero con una capacidad de empatía encerrada dentro de ese caparazón que quizá ni ella misma sabe que existe, y que al final le permitirá advertir la ternura de ese adulto que, a su manera, logra inculcarle confianza en ella y una cierta visión del sentido de la vida. En la voz, la mirada, las réplicas secas llenas de rabia de Carla Quílez, aparecen muchas cosas: la perplejidad, el miedo, la duda y, al final, la gran humanidad que atesora Mar.

Merecen igualmente unas líneas algunos secundarios como David Lorente. Ver en pocos días El Centro y luego Yakarta permite valorar en su justa medida a este actorazo, capaz de extaer el máximo de dos personajes diametralmente opuestos.
Mención también para los escenarios y localizaciones: esos hoteles, pabellones, salas recreativas, restaurantes... el mejor contexto para que podamos entender visualmente aquello de lo que quieren huir los protagonistas, pero que les engulle pese a sus esfuerzos.

Aunque por momentos yo también eché de menos ver explícitamente los partidos de bádminton que Carla Quílez va jugando, o sus entrenos, en el fondo, viendo la historia en su conjunto, eso es lo de menos. Yakarta no va de deporte o de bádminton. Ese es únicamente el espacio en el que se mueven dos personas a la deriva, que descubrirán cuánto se necesitaban el uno al otro. La palabra “ganar”, una vez vista esta serie, toma un significado totalmente distinto al de vencer en un campeonato.

Que la disfruten.
8
6 de noviembre de 2025
25 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Directores, actores, guión...
Te deja tanta tristeza en el cuerpo que, para no caer en una depresión, has de leerte el pdf de autoayuda que te ha regalado tu terapeuta.
Todo me ha gustado. Es un equipo fenomenal y el resultado que da, es el que te esperas. No hay decepciones. Más cine así, completo, redondo... sin dejar agujeros negros. Sois unos cracks.
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