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De canción en canción

Drama. Romance Dos triángulos amorosos interrelacionados, la de las parejas formadas por los compositores Faye (Rooney Mara) y BV (Ryan Gosling), y la del productor musical Cook (Michael Fassbender) y su novia camarera (Natalie Portman), persiguiendo todos el éxito mientras tropiezan con la obsesión y la traición en el mundo de la escena musical de Austin, Texas. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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18 de junio de 2017
49 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
A día de hoy, sigo creyendo que todo espectador tiene su propio misterio personal con Terrence Malick, cuando ve alguna de sus películas.
Sin embargo, los misterios tienen una particularidad: hay que querer resolverlos, o no.
De ahí supongo que vienen las brutales críticas y las encendidas alabanzas a un director que, pese a todo, no cambia por nada ni por nadie.

Menos mal, porque sus películas no son sólo historias audiovisuales, sino testimonios, emociones, impresiones...
Me resisto a creer que "Malick no cuenta nada" cuando en un par de planos es capaz de conectar con mi subconsciente y hacerme recordar experiencias de mi propia vida, parecidas a las que él a menudo retrata.

'Song to Song' se podría definir, de manera simple, como la historia de un triángulo amoroso, y de las personas que viven atadas a él.
Están el ingenuo e idealista BV, la etérea Faye y el intimidante Cook. Los dos primeros, cantantes de la escena musical de Texas, y el último productor deseoso de aprovechar sus florecientes talentos.
A medida que vemos estrecharse su amistad también nos damos cuenta de la asimetría de su relación, del inocente romance entre Faye y BV, y de la voraz sexualidad existente entre Cook y la propia Faye; ambos hombres están enganchados a una mujer que prefiere sentirlo todo, vivir o sufrir cada experiencia, antes que darse cuenta algún día de que no ha vivido nada.

Faye recopila sus confusos sentimientos, intenta que encajen, habla de vivir "canción a canción", sin plantearse nada más que lo puramente inmediato... cómo negarse, cuando vemos que entre los tres existe una química sencilla y natural, donde cada uno se siente parte de algo más grande, una sensación indescriptible desgranada entre atardeceres y charlas de madrugada difusa.

Cook ya sabe de los sentimientos entre Faye y BV, y los respeta, sin echarse atrás, de la única manera que entiende: viviendo como un bestia, devorando experiencias y atenciones, lidiando consigo mismo sin dejar de vivir por los demás... "no puedo tomar la vida tal cual es" pronuncia en un momento de la cinta, quizás su único momento de claridad entre desvanecimientos etílicos.
También le dice a BV: "todo esto... las fiestas, los acuerdos, la fama... es solo un escenario tío, solo eso".
Quizá por eso órbita alrededor de los dos amantes cantantes, exigiendo su parte de esa belleza que comparten cuando están juntos, esa belleza única que le hace a él sentirse horrendo y monstruoso.

Malick opta por casi silenciar lo superfluo, las conversaciones banales, los ruidos de fondo, y te sumerge en un estado de ensoñación marcado por pensamientos y canciones, como piezas de un puzzle que nunca logra acabarse.
"Quisiera que todo este dolor sirviera de algo" dice un desengañado BV, el único que todavía piensa en el punzante amor como cemento de pasiones y melodías, no como la hambrienta soledad que han cultivado Faye y Cook.
El amor es dolor, establece Malick. Quizá no sólo dolor, sino también renuncia de otros amantes, otros hechizos que dejamos pasar, y a la vez aceptación de la incertidumbre que supone buscar una luz de guía, que muchas veces nos dirige por el camino equivocado.

"No puedes tenerlo todo" susurra una sorprendente Lykke Li como amor pasado y sabio, asemejándose más que nunca a esa guía que creíamos perdida.
Pero el caso es que queremos todo, queremos una buena vida, queremos todas las pasiones que entraron y se quedaron (una magnífica Cate Blanchett, una sensual y cálida Bérénice Marlohe), queremos no darnos cuenta de que hemos gastado amor cuando ya es imposible recuperarlo.
Queremos levantarnos de la cama y que el tacto del lecho no nos devuelva algún eco del pasado, acariciando nuestro corazón no amado.

En última instancia, Malick exhibe cómo necesitamos el amor para comenzar de nuevo, para despellejar nuestra piel y renacer como el fénix que a todos nos toca ser en algún momento.
Hasta que lleguemos a redescubrir deseo en el simple acto de desabotonar nuestra camisa, porque ella o él pasará su mano por debajo, hasta que podamos prescindir de ese escenario en el que nos movemos aparentando ser lo que no queremos.
Y si se te ocurre vender una ilusión de amor... cuida de no venderte tú a la ilusión, como la pobre Rhonda que encarna Natalie Portman, mujer de inocencia sencilla y maneras de lolita, que teme lo que su amor exige de ella, y se desespera porque las chicas de abdominales perfectos y belleza exuberante no sienten miedo alguno.

¿Qué emoción tan ingrata es la misma que cambia de piel según lo que pidas de ella?
La misma que te permite volver a empezar, por mucho que la hayas apaleado y la consideres muerta dentro de ti.
Al final, todo vuelve a su sitio, en un atardecer que sabe a fin de búsqueda, y en un lugar que huele a felicidad reverdecida.
"Esto. Solo algo como esto"

Vivamos de canción en canción, sí.
Quizá la única pena es que muchas no las queramos oír hasta más tarde (o nunca) y otras tantas no suenen cuando las necesitamos.
Pero nadie es dueño de su propio álbum.
Charles
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18 de junio de 2017
33 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para no hacer perder tiempo a nadie hablaré claramente: si te gustaron las dos primeras obras de este señor pero las demás te han empezado a caer gordas, no veas Song to song. No entiendo que sigan soltándole la pasta a este hombre para hacer lo de siempre: lens flares entre plantas, planos contrapicados con objetivos angulares, voces en off........Y así hasta que llega la siesta.
MartinScocerse
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4 de julio de 2017
11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película muy similar a su predecesora Knight Of Cups; Personajes sufridos y atormentados bajo una lupa de linda y sugestiva fotografía. El guión se mueve como un pedo de culebra, bastante desorientado, sin brújula, dando la impresión de estar constantemente mareado por su propio instrospectivismo sordo de frustración existencial.

La cámara de Malick es un gran angular muy abierto y algo borracho, que tiende a deslizar su mirada en diagonal, y desmayarse en contrapicado, cuando se ve interrupido con un corte de toma abrupto; a otra fija, contemplativa, en otro lugar; resaltando una composición fotográfica minimalista de budismo chic.
Destellan muchos ases oblicuos y perpendiculares de luz de atardecer, porque casi siempre es atardecer. Los cortes de toma forman un bucle experimental cansador, sin ritmo, pulso ni continuidad, que hacen de la edición y montaje un mamarracho de vanguardia adolescente. Una lástima, porque la fotografía pese a todo aquello sigue siendo hermosa, de verdad, pero mejor sería si estuviera fija e impresa en papel para contemplar en una revista. La narración en off de sus protagonistas es susurrante, tímida y cansina; sin la fuerza profunda y solemne de "To The Wonder". Creo haber identificado varias tomas realizadas con GoPro, y todo entremezclado con distintas texturas y calidad de factura visual. Si no fuera por un aclamado director de foto, todo esto sería un esperpento infumable. Al menos la hizo opioide. Y por eso el 5 de mi valoración, en un ataque de generosidad y clemencia, y, porque también, no todo es tan malo; algunos flash de diálogos y cosas resultan pese a tanta improvisación experimental. Hay valentía al jugar fuera de cualquier molde. Te disculpo Malick. Sé que la próxima película será un golpe de timón y dejarás todos estos fantasmas agobiantes en el pasado: ya lo reconociste en rueda de prensa. Salud por eso, y con tramadol.

Pd: Es más, voy a meter la película en un programa de edición y le voy a reemplazar la pista de audio por un boiler room de música electrónica, uno como el de Nicola Cruz o El Búho. Quedaría estupenda.
Claudio Puga
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21 de agosto de 2017
15 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Historia contada en off por los mismos protagonistas analizando sus emociones y con una filmación rara al estilo "actividad paranormal". Realmente cuesta seguirla, si la miras mas de 40 minutos, sos el rey de la paciencia. Pésima. 1\10.
Darío Lapicki
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20 de junio de 2017
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nueva película de Malick donde una vez más vemos los mismos personajes existenciales, mismos conflictos internos, misma estructura, mismas voces en off (que funcionarían de igual forma en sus dos anteriores películas), misma fotografía (la más floja a mi gusto de todas sus películas) y mismas bellezas femeninas. Lo único que cambia es el entorno en donde se mueven estos desvalidos personajes, en una eterna búsqueda de su yo fragmentado en medio de un País ideal, donde nada los satisface.

Desde ese punto de vista, creo que esta película logra el cierre más satisfactorio de la tres. Que a diferencia de "To the Wonder y Knight of Cups, en ellas daba la sensación que podrían estirarse eternamente (lamentablemente sin aburrirme). Pero quería tocar un punto, que no sé si es porque uno ya se ha acostumbrado e interiorizado la propuesta de Malick, pero en Song to Song me dio la sensación que en Rooney Mara se hace (por momentos) totalmente explícita la "vanguardista" dirección de Malick. Simplemente la mayoría del tiempo no logré conectar con su personaje, daba la impresión que ni siquiera ella sabía lo que estaba haciendo, incluso en ocaciones miraba a la cámara y sonría fuera de su personaje.

Comparto el análisis de un crítico donde comenta la ausencia de Malick en el set (debido a su manera de dirigir casi fantasmal a través de una radio) y siento que esto influye completamente en el corazón de algunas escenas que prácticamente no expresan nada, están Vacías.

Por último recalcar algo que también me llamó la atención y es que la fotografía en esta película bajó considerablemente su nivel. No se a que se haya debido (¿pereza de Malick?) pero los encuadres y el aumento del gran angular muchas veces hacían ver la película con una calidad de GoPro utilizada por un estudiante de Cine.

Sin más, decir que lamentablemente Malick me sigue gustando, y pese a todo disfruto sus películas como muy pocas en la actualidad. Su puesta en escena logra muchas veces sensaciones que me sumergen de lleno en esa espiritualidad etérea que no logra cualquiera. La naturaleza como eje principal del desarrollo de sus películas, sigue estando presente. Los personajes pasan a un segundo plano y solo queda dejarse llevar por el sonido del viento, susurros y pasos fantasmales, que pese a no conducir a ningún lugar, te sientes parte del mundo infinito donde transitan.

Espero que Malick intente un cambio narrativo en su próxima película, si no, a esperarla de igual forma.
Chapsuc
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