Éxtasis
6.6
644
Drama. Romance
Tras casarse con su marido, un viejo caballero, Eva (Hedy Lamarr) descubre que éste está obsesionado con el orden y la tranquilidad, dejando poco tiempo a la pasión y el romanticismo que ella esperaba. Desanimada, abandonará a su marido y regresará con su padre. Un día, mientras se baña en el lago conoce a un joven del que se enamora. (FILMAFFINITY)
31 de octubre de 2008
31 de octubre de 2008
26 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy interesante película de Gustav Machaty, famosa por las escenas de desnudos de una jovencísima y guapísima Hedy Lamarr (que figura en los créditos como Hedy Kiesler). Habla del amor y el deseo, del incorformismo ante la vida, del libre albedrío en nuestra existencia. Todo ello dirigido con maestría por Machaty, con unos planos, un montaje y una forma de rodar moderna y atractiva.
Dos curiosidades:
- Aunque la peli es de 1933, es casi muda, apenas hay diálogos y todo se expone visualmente.
- Los actores son todos estupendos. Quizá Lamarr es la que flojea un poco (una Lamarr que aún no tiene los rasgos físicos de años después, parece una chica cándida e inocente, lo que quizá contradice su actitud en la peli; salvo que el director lo quisiera así para añadir el morbo de esa contradicción).
Dos curiosidades:
- Aunque la peli es de 1933, es casi muda, apenas hay diálogos y todo se expone visualmente.
- Los actores son todos estupendos. Quizá Lamarr es la que flojea un poco (una Lamarr que aún no tiene los rasgos físicos de años después, parece una chica cándida e inocente, lo que quizá contradice su actitud en la peli; salvo que el director lo quisiera así para añadir el morbo de esa contradicción).
25 de diciembre de 2011
25 de diciembre de 2011
22 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Eran tiempos inocentes cuando salía un desnudo con toda espontaneidad, sin que la diva del momento estuviera pensando en cobrar millonadas por lucir sus divinas carnes y hasta contratara seguros para salvaguardar el trasero, las tetas, la manos o las partes del cuerpo que se aseguran los famosos cuando les da por esas extravagancias. Hoy día un desnudo en películas de ámbito comercial es tan exorbitantemente caro (y no es que sean desnudos integrales siquiera) que uno tendría que darse por eternamente agradecido y afortunado porque el semidiós o la semidiosa de la pantalla se digna mostrar su olímpico palmito para inaudito disfrute de los ordinarios mortales.
El cine que tira más a lo suyo, que no se gasta unos dinerales de campeonato y que no se preocupa tanto por los resultados en taquilla tiende a ser más humilde, así como los intérpretes que por módicos precios a veces se avienen a aparecer con toda naturalidad como los trajeron al mundo, sin montar un revuelo por ello.
El cine que tira más a lo suyo, que no se gasta unos dinerales de campeonato y que no se preocupa tanto por los resultados en taquilla tiende a ser más humilde, así como los intérpretes que por módicos precios a veces se avienen a aparecer con toda naturalidad como los trajeron al mundo, sin montar un revuelo por ello.

Hedy Lamarr
Por eso se echan de menos aquellos tiempos en que Hedy Lamarr salía completamente ligera de ropa sin los menores remilgos ni con tanta pamplina de sobresueldos y demás.
Era la inocencia del cine, parecido a los desnudos en las pinturas de Miguel Ángel. Mientras otros de mirada sucia sólo veían perdición carnal, el artista concebía sus obras como tributos místcos a un Dios que creó algo tan fascinante como la figura humana.
También se podría aludir a la falta de vergüenza de la infancia, la que en la Biblia portaban Adán y Eva, felices en su desnudez hasta que aprendieron lo que era el pecado.
En este largometraje de incipiente inmersión en la técnica sonora, Hedy se solaza en el éxtasis de la juventud tras el fracaso de su matrimonio con un hombre mayor frío y soso, y abandonándolo se deja llevar por su cuerpo que le pide acción, que para eso se nos ha concedido.
Tal audacia de desafiar la moralidad que asfixia los impulsos naturales le costó a la pobre Hedy en su vida real ser vendida por sus padres como una yegua a un magnate obsesionado con ella que la mantuvo encerrada y la celó como un cancerbero, persiguiendo las copias de “Éxtasis” para impedir que otros viesen desnuda a su prisionera. Hasta que con suerte y ardides ella pudo escapar del degenerado fantoche.
Era la inocencia del cine, parecido a los desnudos en las pinturas de Miguel Ángel. Mientras otros de mirada sucia sólo veían perdición carnal, el artista concebía sus obras como tributos místcos a un Dios que creó algo tan fascinante como la figura humana.
También se podría aludir a la falta de vergüenza de la infancia, la que en la Biblia portaban Adán y Eva, felices en su desnudez hasta que aprendieron lo que era el pecado.
En este largometraje de incipiente inmersión en la técnica sonora, Hedy se solaza en el éxtasis de la juventud tras el fracaso de su matrimonio con un hombre mayor frío y soso, y abandonándolo se deja llevar por su cuerpo que le pide acción, que para eso se nos ha concedido.
Tal audacia de desafiar la moralidad que asfixia los impulsos naturales le costó a la pobre Hedy en su vida real ser vendida por sus padres como una yegua a un magnate obsesionado con ella que la mantuvo encerrada y la celó como un cancerbero, persiguiendo las copias de “Éxtasis” para impedir que otros viesen desnuda a su prisionera. Hasta que con suerte y ardides ella pudo escapar del degenerado fantoche.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Aquel cine de antaño oscilaba entre aquella plasticidad turgente de erotismo naïve y la sutileza de las elipsis. La representación panteísta de la naturaleza subrayaba la lujuria que preside el proceder de millones de especies, la búsqueda entre seres que precisan del contacto sexual para reproducirse, en el caso de los animales, o para experimentar el goce de la unión, en el caso humano, esté de por medio o no el objetivo de la perpetuación. Con esta imponente base visual (heredera del expresionismo alemán) se desarma cualquier pretensión de artero morbo, presentando la atracción, el enamoramiento y la pasión como comportamientos perfectamente normales y necesarios, opuestos a la represión y la tibieza. El matrimonio de la chica con el cónyuge equivocado es una esclavitud para sus sentimientos y sus sentidos. Hay algún paralelismo con el cautiverio forzoso al que la actriz fue sometida por el marido indeseado. Se trata en ambos casos de maridos amargados, egocéntricos y enfermizos, incapaces de amar a una mujer en un plano de igualdad y expansión.
Notable film checoslovaco amenazado sin éxito por un loco pronazi que quiso convertir en su pelele a una estrella, un trozo de celuloide de una era que conviene evocar, con una heroína que destacó por su belleza, su inteligencia, su labor contra los nazis, su contribución a la ciencia (sí, nuestra era de las telecomunicaciones le debe una parte a ella), al cine y cuya aventurera vida fue digna de ser considerada como una película por derecho propio.
Notable film checoslovaco amenazado sin éxito por un loco pronazi que quiso convertir en su pelele a una estrella, un trozo de celuloide de una era que conviene evocar, con una heroína que destacó por su belleza, su inteligencia, su labor contra los nazis, su contribución a la ciencia (sí, nuestra era de las telecomunicaciones le debe una parte a ella), al cine y cuya aventurera vida fue digna de ser considerada como una película por derecho propio.
27 de julio de 2011
27 de julio de 2011
16 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me causa infinito dolor, imaginar tan sólo ¡cuantas generaciones vivieron reprimiendo sus ímpetus naturales por instigación e intimidación de obtusas religiones! Mujeres, por millones, que jamás conocieron la delicia de un orgasmo, porque les asignaban el rol pasivo de ser simples recipientes del engendrador semen masculino. Hombres, también a montones, con algunas ideas de amenizar su vida íntima, pero incapaces de proponer porque podían ser vistos como pervertidos. Pero, los más, necios egoístas que con satisfacer sus deseos sentían que ya todo estaba consumado… a sabiendas de que era la mujer la que luego cargaba, durante 9 meses, el retoño de lo que más parecía una violación. Así fue, en pocas palabras, la proyección de la historia de Adán y Eva por generaciones y generaciones.
En 1933, Gustav Machatý, un evolucionado director de cine checoslovaco que se merecía todos los honores, sintió que teníamos ahora otra perspectiva de la vida, que el sexo era un regalo de la naturaleza que merecía ser exultado y que, por tanto, la historia de Adán y Eva había que contarla ya desde otros ángulos. Esto fue lo que hizo con “ÉXTASIS”, un filme sobre el Amor y sobre el derecho de la mujer a reclamar satisfacción sexual, lejos de cualquier sentimiento de culpa o de pecado (aunque el justo final queda apenas sugerido por la improcedente injerencia de la censura).
Y Machatý lo hace con un perfecto poema visual, donde los sentimientos y los pensamientos son filmados con una profunda eficacia, mientras que la palabra entra en un plano de absoluta austeridad. Quizás, había en el director algo de aquella rebeldía contra el nuevo cine sonoro, pero, siento que sobre todo primaba el virtuosismo de un cineasta que sabía extraer de sus protagonistas toda la emotividad que reclamaba la historia. A Machatý le basta una, o dos imágenes, para dejar sentada la personalidad de cada uno de sus personajes: el ordenamiento riguroso de los objetos que hay sobre un tocador y el estiramiento de los hilos desordenados de un tapete en plena noche nupcial, dicen del orden obsesivo y del interés primario de Emil, el esposo de Eva. Y con otros significativos detalles, Eva y luego Adam, desnudarán su alma hasta sentir que pueden amarse en libertad y en comunión plena con la naturaleza.
En cada imagen, la emoción del momento se conjuga con una efectiva luz sombreada, herencia del expresionismo alemán; melodías de un cuidado romanticismo realzan las imágenes; y una serie de close-ups a objetos que sirven de metáfora, dan nuevos y sorprendentes significados a la pasión y al drama que comienza a disfrutar, y a padecer, la nueva humanidad que comienza a vislumbrarse.
Por donde se mire, “ÉXTASIS” es una obra de arte que está lejos, pero muy lejos, del morbo que sustrajo de ella la iglesia romana, la crítica puritana, y el oportunismo de los exhibidores que quisieron servirse del escándalo para aumentar sus ganancias.
En 1933, Gustav Machatý, un evolucionado director de cine checoslovaco que se merecía todos los honores, sintió que teníamos ahora otra perspectiva de la vida, que el sexo era un regalo de la naturaleza que merecía ser exultado y que, por tanto, la historia de Adán y Eva había que contarla ya desde otros ángulos. Esto fue lo que hizo con “ÉXTASIS”, un filme sobre el Amor y sobre el derecho de la mujer a reclamar satisfacción sexual, lejos de cualquier sentimiento de culpa o de pecado (aunque el justo final queda apenas sugerido por la improcedente injerencia de la censura).
Y Machatý lo hace con un perfecto poema visual, donde los sentimientos y los pensamientos son filmados con una profunda eficacia, mientras que la palabra entra en un plano de absoluta austeridad. Quizás, había en el director algo de aquella rebeldía contra el nuevo cine sonoro, pero, siento que sobre todo primaba el virtuosismo de un cineasta que sabía extraer de sus protagonistas toda la emotividad que reclamaba la historia. A Machatý le basta una, o dos imágenes, para dejar sentada la personalidad de cada uno de sus personajes: el ordenamiento riguroso de los objetos que hay sobre un tocador y el estiramiento de los hilos desordenados de un tapete en plena noche nupcial, dicen del orden obsesivo y del interés primario de Emil, el esposo de Eva. Y con otros significativos detalles, Eva y luego Adam, desnudarán su alma hasta sentir que pueden amarse en libertad y en comunión plena con la naturaleza.
En cada imagen, la emoción del momento se conjuga con una efectiva luz sombreada, herencia del expresionismo alemán; melodías de un cuidado romanticismo realzan las imágenes; y una serie de close-ups a objetos que sirven de metáfora, dan nuevos y sorprendentes significados a la pasión y al drama que comienza a disfrutar, y a padecer, la nueva humanidad que comienza a vislumbrarse.
Por donde se mire, “ÉXTASIS” es una obra de arte que está lejos, pero muy lejos, del morbo que sustrajo de ella la iglesia romana, la crítica puritana, y el oportunismo de los exhibidores que quisieron servirse del escándalo para aumentar sus ganancias.
2 de mayo de 2018
2 de mayo de 2018
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es famosa por ser pionera en el tratamiento del erotismo. Hedy Lamarr, protagonista de un desnudo mítico, empezaba mostrando una frustración evidente al casarse con un vejete que no le prestaba la debida atención. Se hartaba y se echaba en brazos de un guaperas en cuanto tenía ocasión, escenificándose esa relación sexual de manera elegante, pero escandalosa para la época. Hay que mencionar ese punto de vista femenino en el deseo sexual y una puesta en escena que mima cada una de sus secuencias. Se podría reprochar su formato de cine mudo en el que las imágenes y la música de fondo tienen todo el protagonismo frente a unos pocos diálogos. Pero en aquella época algunos cineastas se resistían al sonoro pleno (Chaplin fue uno de ellos), probablemente porque creían que así eran capaces de exhibir mejor su arte. Hedy Lamarr, guapísima, está mucho más natural que en sus películas de Hollywood, donde siempre mostró una imagen sofisticada y glamurosa hasta el exceso. Lo peor es la historia que se cuenta, simple y hasta tonta en algunos momentos. En el spoiler menciono las secuencias destacadas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
1-Esa noche de bodas, con el vejete y su pijama a rayas pasando de la novia, tiene algo de cómico. Ojo que no es una comedia, que el viejo acaba muy mal.
2-No es buena idea dejar la ropa sobre el caballo cuando te estás bañando desnuda en el río. El caballo puede irse en busca de pareja y tú quedarte en una situación delicada, deambulando por el bosque como Eva en el paraíso. No es casualidad que el personaje se llame Eva precisamente. Atención al enfado de ella cuando el galán tarda unos segundos en darle su ropa.
3-La fuga de la chica, dejando al galán dormido en la estación del tren, tiene diferentes interpretaciones. Se puede pensar que Eva rechaza ese amor por haber ocasionado una tragedia. O, lo más probable, que recapacita y tras el simple calentón que los unió, piensa que no hay suficientes motivos para seguir junto a él. En todo caso un desenlace interesante.
2-No es buena idea dejar la ropa sobre el caballo cuando te estás bañando desnuda en el río. El caballo puede irse en busca de pareja y tú quedarte en una situación delicada, deambulando por el bosque como Eva en el paraíso. No es casualidad que el personaje se llame Eva precisamente. Atención al enfado de ella cuando el galán tarda unos segundos en darle su ropa.
3-La fuga de la chica, dejando al galán dormido en la estación del tren, tiene diferentes interpretaciones. Se puede pensar que Eva rechaza ese amor por haber ocasionado una tragedia. O, lo más probable, que recapacita y tras el simple calentón que los unió, piensa que no hay suficientes motivos para seguir junto a él. En todo caso un desenlace interesante.
19 de julio de 2011
19 de julio de 2011
10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Filme checoslovaco que trata sobre el amor y sirve de crítica a esos matrimonios aburridos en los que, por aquella época, la mujer solía cargar con una relación que rozaba el hastío. Habitualmente son matrimonios concertados por intereses -en general- económicos, pero aquí no se exponen las razones por las cual la protagonista elige ¡a una auténtica momia! para pasar el resto de sus vidas. Si no es por conveniencia, la cinta puede también hacer crítica de aquellos noviazgos que van a las mil maravillas, y después de pasar por el altar, la convivencia da un giro de ciento ochenta grados.
Una película pionera para la época: desnudo integral de la protagonista, escenas cargadas de erotismo y hasta el mero hecho de que una mujer tenga la iniciativa (y el valor) de divorciarse o abandonar a su marido, es ya aplaudible. Y es que nada más comenzar se nos muestra a una mujer necesitada en todos los aspectos de sentirse mujer, de disfrutar de los placeres de la vida en compañía. Poco a poco la historia se va abriendo paso y aparece un apuesto joven que encandila a nuestra protagonista. 'Éxtasis' es prácticamente muda, con apenas una veintena de diálogos, y que tiene un cargado carácter expresionista abusando de excelentes primeros planos. La contra del filme viene en su ritmo pausado, demasiado quizá, en donde las escenas se alargan a más no poder llenándose de secuencias repetitivas (el lago, el coche, la cena, etc.). La daré un seis por lo que significó en la época y porque el final me cogió de sorpresa (pero no la propaganda comunista). Si os gustó ésta, os recomiendo desde aquí 'A Woman of Paris' (1923), de temática similar y dirigida por Charles Chaplin nada más y nada menos.
Una película pionera para la época: desnudo integral de la protagonista, escenas cargadas de erotismo y hasta el mero hecho de que una mujer tenga la iniciativa (y el valor) de divorciarse o abandonar a su marido, es ya aplaudible. Y es que nada más comenzar se nos muestra a una mujer necesitada en todos los aspectos de sentirse mujer, de disfrutar de los placeres de la vida en compañía. Poco a poco la historia se va abriendo paso y aparece un apuesto joven que encandila a nuestra protagonista. 'Éxtasis' es prácticamente muda, con apenas una veintena de diálogos, y que tiene un cargado carácter expresionista abusando de excelentes primeros planos. La contra del filme viene en su ritmo pausado, demasiado quizá, en donde las escenas se alargan a más no poder llenándose de secuencias repetitivas (el lago, el coche, la cena, etc.). La daré un seis por lo que significó en la época y porque el final me cogió de sorpresa (pero no la propaganda comunista). Si os gustó ésta, os recomiendo desde aquí 'A Woman of Paris' (1923), de temática similar y dirigida por Charles Chaplin nada más y nada menos.
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