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Yo maté a Einstein, caballeros

Comedia. Ciencia ficción En un futuro próximo un grupo terrorista provoca un accidente nuclear. La espantosa consecuencia de la radiación supone que a todas las mujeres les crece la barba. Científicos y gobernantes se unen para hallar una solución al problema, pero todo esfuerzo parece inútil. El prestigioso profesor Moore parece haber encontrado la solución: ha ideado una máquina del tiempo. Con ella piensa trasladarse hasta 1911 y asesinar a Einstein antes de ... [+]
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6
24 de julio de 2015
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La disparatada premisa de "Yo maté a Einstein, caballeros" de Oldrich Lipský nos sitúa en un futuro 1999 en el que un grupo de terroristas ha provocado un incidente nuclear de consecuencias desoladoras: a las mujeres de la Tierra les ha crecido la barba. Ante esta situación de emergencia internacional, surge la brillante idea de atacar el problema de raíz. ¿Y si esa tecnología nunca se hubiese desarrollado? Con esa idea en mente, un eminente científico junto a sus dos acompañantes se embarcan en un viaje al pasado, hasta el año 1911, con un objetivo: matar a Albert Einstein antes de que siente las bases de la física moderna y permita a través de sus descubrimientos el desarrollo de armamento nuclear.

De un planteamiento tan irracional cabría esperar un tratamiento de la trama ligero y paródico, y efectivamente, la película deja de lado cualquier pretensión de manejar sus temas con seriedad, transformándose desde el primer momento en una farsa que satiriza tanto las convenciones de los viajes en el tiempo como la paranoia nuclear, por medio del humor absurdo e irreverente y de un tratamiento laxo de la ciencia ficción, en el que se nota claramente la intención de anteponer la parodia a la coherencia narrativa. No es, por tanto, su objetivo analizar en profundidad la problemática de viajar al pasado, sino utilizarla en diversas formas -la paradoja del viajero, la creación de futuros alternativos impredecibles- para dar lugar a una comedia surrealista en un escenario que da pie a una variedad de situaciones carentes de toda lógica. Y, por supuesto, los científicos encargados de la misión son incompetentes como ellos solos, cometen errores de cálculo básicos y fracasan repetidas veces en su cometido, debido a su torpeza y falta de tacto al tratar con elementos del pasado, retorciendo un objetivo sencillo hasta convertirlo en una meta imposible.
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Esas cualidades se trasladan también a la cuestión nuclear, el otro tema alrededor del cual orbita la narración. La cinta puede interpretarse como un alegato en contra del progreso científico descontrolado y sus riesgos para la humanidad. Su planteamiento reaccionario en ese sentido da pie a una visión fatalista que Lipský encauza muy hábilmente por medio de la ironía, logrando con ello una sátira inteligente que se transforma en retrato y burla de la condición humana. El desenlace de la película es especialmente brillante en ese sentido, al retorcer la situación de manera que el problema inicial se convierta en la única solución posible de un imprevisto colateral.

De todas maneras, a pesar de sus logros, "Yo maté a Einsten, caballeros" se queda lejos de ofrecer una experiencia contundente, llegando a resultar más bien irregular y llena de altibajos. Su humor, tan centrado en ramalazos excéntricos de sus personajes o en situaciones extravagantes, puede en algunas ocasiones resultar excesivo y carente de interés, sobre todo si no se tiene una afinidad especial por ese tipo de comedia. Por ejemplo, la alargada secuencia del striptease falla en mi opinión, alargando en exceso un chiste que de por sí no tiene sustancia, y matando el ritmo de la narración de paso. Por otro lado, su estructura no favorece a la sensación de solidez global de la obra, dando lugar a dos mitades claramente diferenciadas, con la segunda renqueando respecto de los logros de la primera e inevitablemente agotando las fórmulas que habían resultado frescas y originales en un principio.

En cualquier caso esta película de Lipský es una rareza muy disfrutable, una comedia marciana que ofrece otro punto de vista a la narrativa de los viajes en el tiempo, dando como resultado una historia tan divertida y estimulante como poco convencional, con más elementos de interés de los que en un principio podrían suponerse. Su vertiente satírica, aunque sin llegar a cotas magistrales, no queda tan lejos de otras cintas consagradísimas de la comedia política y social. Tal vez no sea la obra más audaz y desconcertante de su autor (menos aún comparada con la propuesta radical de Happy End), pero sí es una experiencia única que descubre a un director con un estilo, tanto en la narración como en la comedia, muy interesante y reivindicable, y otra muestra de la tremenda riqueza artística del cine checoslovaco en la década de los 60 y principios de los 70.

Texto escrito para www.cinemaldito.com
7
24 de febrero de 2025 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el futuro (el año 2000), unos terroristas provocan un accidente nuclear, cuya radiación hace que le salga barba a las mujeres. Para revertir tal desastre, el gobierno y la comunidad científica crean un plan: viajar atrás en el tiempo hasta 1911 y matar a Einstein, padre de la energía nuclear.

Y con tan genial y a la vez absurda sinopsis, se nos presenta esta película de la Nueva Ola Checoslovaca, que desde que la descubrí, no paro de encontrarme con películas tan curiosas como originales, como es el caso.

Mezclando la comedia con la ciencia ficción, con diseños futuristas loquísimos, unos carismáticos personajes y una trama que no hay por donde cogerla, esta película consigue sacarte algunas risas y hacerte pasar un rato divertido.

Hay que decir que la acción tiene altibajos, y es que se mezclan escenas realmente buenas con otras de humor bastante tonto, pero la sensación general que desprende la película es simpática, dejándote muy buen sabor de boca.
6
31 de diciembre de 2023 0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
355/28(30/12/23) Excéntrica comedia checoslovaca, irregular, alocada, demencial, y a la vez interesante en algunos gráciles elementos mordaces. Dirige Oldrich Lipský (que me tiene ganado desde que vi su “Final feliz” de 1967), con guion propio junto a Milosh Matsuorek, y a Josef Nesvadba, adaptando libremente una novela de este último. Lipský desde la comedia tiene el ingenio en plena dictadura comunista, haciendo poco de la Primavera de Praga en 1968, donde las ansias de libertad del pueblo centroeuropeo fueron aplastadas por las hordas soviéticas, para atracar el militarismo, la carrera nuclear, ensalza el feminismo, y ello con dardos algunos finos, otros de trazo grueso. Con un argumento ingenioso (probablemente de los pioneros en los viajes en el tiempo), sobre viajes en el tiempo al pasado para cambiar el futuro, y con ello incidiendo en las paradojas temporales, atacando en su devenir el uso bélico de la ciencia, auqneu con pellizquitos nimios de ursulina.

El guion con acidez irreverente hace mofa de los gustos censores comunistas en aquellos tiempos donde algunos de estos gobiernos prohibieron la enseñanza de la Relatividad y la física cuántica por ir en contra de los principios marxistas (¿?), es como ir en contra de la rueda o el fuego, para ello toman una idea aparatosa, como es la de querer acabar con el padre de esto, Albert Einstein, pero en este relato no por un fin pacificista o paranoico atómico, de hecho comentan de pasada que podrían matar a Hitler antes de ser conocido (esto es una nimiedad, lo importante4 es su motivación) sino porque los efectos colaterales de estas bombas hacen que en el futuro (en realidad ya pasado, pues este futuro es aquí 1999) las mujeres tengan barba, de ahí el delirante deux machine, buscar la belleza de las féminas por el bien de los hombres, pues aquí además muchas mujeres están a gusto con su vello facial, y no quieren afeitárselo, incidiendo con ello con uno de los caballos de batalla feministas de entonces, como era no querer depilarse en señal de empoderamiento de la mujer, pues esto lo veían como imposición estética machista.

Una historia coral protagonizada por Jiří Sovák, Jana Brejchová, Lubomír Lipský, Iva Janžurová, o Petr Čepek, donde no hay brújula moral alguna, todos los personajes son estrafalarios, ninguna actuación es destacable, toadas al servicio de la bufonería que toque, todos tiene sus razones, esto resta, pues todo llega a ser muy de payasos esperpénticos, aunque de vez en cuando hay alguna perlita, agradecible, ejemplo es su rush final paradójico punzante. Para una producción con valores modestos, pues casi toda la película acontece en interiores, la mayor parte en un salón de un apartamento pragués donde el centro es que una lámpara de araña caiga sobre Eistein y lo mate, todo gira alrededor de esto.


Después de que una bomba atómica provoque que las mujeres se vuelvan infértiles, la ONU organiza una reunión del científico más importante del mundo para resolver el problema. Llama la atención de todos, el profesor David Moore (Jirí Sovák) revela que se le ha ocurrido una idea, que implicaría él y su equipo usan una máquina del tiempo para viajar atrás en el tiempo a 1911 y matar a Albert Einstein (Petr Cepek con maquillaje cantarín) antes de que siente las bases de la física moderna y permita a través de sus descubrimientos el desarrollo de armamento nuclear. Al no poder aportar ninguna otra idea, la ONU firmó el plan de Moore. Al retroceder en el tiempo, Moore y su equipo pronto se dan cuenta de que no han sumado todos los efectos que sus acciones tendrán en la historia.

Tiene un comienzo desconcertante, donde parece asistimos a un beso entre dos hombres, hasta que se separan y vemos uno de ellos en realidad es una mujer con barba. A partir de aquí se desarrolla su descacharrante premisa, agradeciéndose que nunca se toma en serio a sí misma, mezclando reflexiones ligeras con humor mayormente proveniente del absurdo, el slapstick, con porrazos, golpes, habiendo lugar para los dobles sentidos y las equivocaciones. Una farsa desequilibrada, aunque grácil en su ingenuidad en la que se solazan, jugando con futuros alternativos si se cambia algo en el pasado, el efecto mariposa o caos (si muere un niño, este no podrá ser padre y por tanto uno de los de la misión desaprecerá). Azuzado esto por el carácter estrambótico de los protagonistas que van en misión especial al pasado cometiendo un sinfín de estropicios y torpezas.

La película se puede partir en dos. La primera mitad más consistente en su humor, más fresca en sus niveles de comedia, no conocemos aun el contexto, toda la presentación de situación, el viaje en el tiempo a un escenario de teatro, la llegada al apartamento donde estará Einstein, todo el juego que da la lámpara, el niño resabiado, el caos de la resolución en esta parte; En la segunda parte hay otro viaje en nel tiempo y aparecen antagonistas terroristas, y el humor ya de por sí astracanada, se desborda cual big bang, y con ello se vuelve todo más farragoso haciéndome alejar de la conexión con la pantalla. Acabando todo sin fuelle, aunque para bien está su tramo del final.

Aun en conjunto tiene sus momentos e ideas apreciables, como esas armas propulsoras, el modo de amordazar con papel higiénico, las preguntas de mates al niño, ese tipo que conoce al niño que será su padre, el vodevil con las personas inmovilizadas en el baño, el gatito blanco con antena, el abracadabrante striptease (menuda la criada con el sexy body transparente tan poco acorde al tiempo), los continuos intentos de asesinato a Eisntein.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Einstein al final no es asesinado, por el contrario, abandonó sus trabajos de física para dedicarse a ser violinista, con lo que el resultado fue el deseado pro la misión al pasado. Pero ahora los efectos secundarios de esto es que todos los hombres se volvieran afeminados con pechos y tienen miedo de las mujeres, por lo que el futuro de la raza humana todavía está en riesgo! Por suerte, nuestro héroe que inventó la máquina del tiempo ahora “inventa” la bomba atómica y hacen volar en pedazos a los químicos. Conclusión fatalista: Da igual lo que hagamos el mundo está condenado!

Al asesino a sueldo designado se le une en la sala de control de alta tecnología su esposa, quien insiste en tomarse una foto con su marido saliente, y para ello hace gestos con una varita. La punta emite un flash y luego la imagen se despliega desde lo que resulta ser el primer palo para selfies. Por supuesto, se trata de una combinación de cámara y palo selfie, adelantado a su tiempo.

Me queda una sugestivas propuesta, aunque le falta desarrollo imaginativo mordaz, y le sobra esperpento. Gloria Ucrania!!!
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