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Cordero de Dios

Drama Narra la historia real de unas monjas polacas embarazadas tras ser violadas por las tropas rusas durante II Guerra Mundial. Agosto de 1945. Un monasterio cerca de Varsovia (Polonia) alberga un oscuro secreto. Mathilde Beaulieu es una joven médico francesa enviada por la Cruz Roja con el fin de garantizar la repatriación de los prisioneros franceses heridos en la frontera entre Alemania y Polonia. A través de la petición de una monja ... [+]
Críticas 30
Críticas ordenadas por utilidad
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8
24 de diciembre de 2016
55 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué es la fe? Según el diccionario de la lengua de la RAE la fe es “en la religión católica, primera de las tres virtudes teologales, asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia”, pero también “conjunto de creencias de una religión”. No aclara mucho, ya que resulta una definición epidérmica y deja fuera la vivencia y experiencia de la fe, de cómo tiñe nuestros actos y de cómo condiciona nuestros razonamientos. El diccionario de uso del español de María Moliner es algo más útil al decir que es una “creencia en algo sin necesidad de que esté confirmado por la experiencia o por la razón propias”. Hoy en día, en la sociedad secular y cartesiana que nos anega, provoca rechazo o recelo, sin darnos cuenta que aún hoy mueve el devenir del mundo, ya sea tanto en lo íntimo como en lo colectivo (sirvan los atentados de fanáticos musulmanes integristas como ejemplo).

Por ello se agradece la mirada serena que propone esta cinta a las inconsistencias, miserias y arbitrariedades que la religión provoca en un convento asediado por el sentimiento de culpa y la incomprensión, ya que las monjas y novicias que lo habitan han sido violadas por las fuerzas soviéticas ‘de liberación’ y se enfrentan a la dificultad y confusión de aceptar la inminente maternidad de muchas de ellas, así como el calvario inmisericorde que provocan unos invasores tan laicos como prepotentes, tan carentes de respeto como de compasión, tan abusadores como insensibles. Además del repudio a la religión y a todo lo religioso que traen esos nuevos bárbaros, en un pueblo como el polaco tan torturado como masacrado, que ha vivido su catolicismo como una seña de identidad con la que diferenciarse y protegerse de los vándalos.
Se nos muestran las paradojas, los absurdos y las arbitrariedades en el seno de las religiosas, pero también las de todos aquellos que se ponen en contacto o relación con ellas, de buena voluntad o a regañadientes. Es notable su sobria puesta en escena, la austeridad del entorno, los rostros atormentados de las mujeres, el punto de vista que oscila entre el estoicismo, la censura y la clemencia, la frialdad de un ambiente que parece congelar la piedad y la ternura de los individuos que lo habita, la sinrazón de ciertos comportamientos, el dolor de lo inefable. No hace falta compartir unos ideales para poder respetarlos. Se refleja un episodio verídico de la II Guerra Mundial que, sin embargo, parece una ficción descabellada.

La tragedia y la mugre van de la mano. Fascinante y repelente a un tiempo, resulta una experiencia conmovedora.
9
22 de abril de 2017
54 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entrañable película religiosa. Todo un remanso de valores trascendentales, cristiano-católicos, donde sobremanera destaca la profundización sobre la fe religiosa y cristiana, que el filme resume en estas dos espléndidas reflexiones:

«Ya sabe cómo es la fe, al principio es como un niño que va de la mano de su padre y se siente seguro, pero hay un momento que tarde o temprano llega en el que te suelta la mano, te sientes perdida, sola, pides ayuda y nadie responde. Por mucho que te mentalices, te sorprende, te golpea de lleno en el corazón. Esa es nuestra cruz. Detrás de todo gozo hay una cruz.»

«La fe son veinticuatro horas de dudas y un minuto de esperanza.»

Y al mismo tiempo que la fe, el filme abunda en la constatación de que tarde o temprano, a esta principal virtud siempre le corresponde por parte de Dios o de su Misterio Trascendente, el envío auxiliador de un ángel, de algún tipo de salvación o resurrección.
Fej Delvahe
7
10 de julio de 2016
41 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cine de autor francés ambientado en Polonia en el invierno de 1946, la película se centra en un convento de religiosas que a la llegada de los rusos sufrieron una violación colectiva y que hace que gran parte de las monjas esté embarazada y a punto de dar a luz. Algo que por vergüenza han mantenido oculto dentro de los muros.
Hasta que una de las religiosas pide ayuda a una miembro francesa de la Cruz Roja. Una joven idealista que creía en el papel liberador del Ejército Rojo y ha ido de voluntaria a curar soldados rusos. Su fe en el comunismo se tambalea cuando ve la brutalidad y la indisciplina del soldado ruso.
Mientras su fe se tambalea, las religiosas intentan conservar la suya, pese a lo que han sufrido y a que se preguntan por qué Dios ha permitido eso. Cada una de las monjas llevará sus últimos días de embarazo de un modo distinto. Desde la resignación, al miedo al infierno o incluso el amor o el odio hacia la criatura que llevan dentro.

Una película muy bien interpretada. emotiva, amarga y con momentos muy duros mientras se decide el destino de esos bebés, que viene a seguir la estela de películas y libros que en los últimos años han roto el tabú sobre el Ejército Rojo y los estragos que causó en Europa central y del este en los últimos meses de guerra y primeros de posguerra.
Esperaba un final trágico, hacia el que la cinta parecía encaminada, pero reconozco que me ha emocionado ese rayito final de esperanza, mientras la enfermera sostiene en sus manos la foto con las monjas y los niños que ayudo a venir al mundo.
8
29 de octubre de 2016
17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Trabajo inspirado en hechos reales, cuando soldados rusos en Polonia violaron a las monjas de un convento, a finales de la II Guerra Mundial.
Como contó la directora en la rueda de prensa de la Seminci, todo parte de un diario (más bien técnico) que dejó escrito la auténtica enfermera de la historia, pero el resto, es decir, la línea narrativa y otros personajes surgió de la imaginación de los guionistas.
Anne Fontaine opta por el punto de vista de un personaje ajeno al convento para ser más imparcial y ello es un acierto.
A mí me ha impresionado esta historia que no conocía y esa lucha entre la razón y la fe, a través del hecho de permitir la intervención o no de personas ajenas al convento para solucionar su problema, desobedeciendo sus leyes internas.
A pesar de narrar hechos tan traumáticos o cae en el tremendismo.
Esta denuncia debería servir para que estas atroces situaciones contra la dignidad de las mujeres no vuelva a suceder en ninguna guerra (o no guerra).
Estreno previsto en España para el 23 de Diciembre.
5
24 de diciembre de 2016
18 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los mayores horrores que dejó la Segunda Guerra Mundial lejos de las líneas de batalla estuvo representado por las múltiples violaciones a las mujeres de los territorios ocupados o liberados. Polonia fue uno de los países que más presenció esta clase de crímenes, especialmente cuando el Ejército Rojo traspasó sus fronteras camino del aniquilamiento de la Alemania nazi. Cifras a un lado, en esta epidemia de ataques sexuales ni siquiera permanecían a salvo aquellas monjas que pasaban sus días en un convento.

La historia real de unas monjas violadas por las tropas soviéticas es narrada por la cineasta Anne Fontaine en Las inocentes, una película ambientada en verano de 1945, exactamente nueve meses después de las violaciones. Muchas de estas víctimas pagaron doblemente las consecuencias del crimen, ya que quedaron embarazadas. Mathilde, médica francesa de la Cruz Roja, será quien asista a las monjas en el parto al tiempo que observa el difícil dilema de estas mujeres a la hora de compaginar el fruto de una terrible experiencia con una profunda fe religiosa.

Más allá del heroísmo que Fontaine pretende inculcar en la protagonista del film, Las inocentes dedica buena parte de su metraje a contar cómo las monjas afrontan de manera distinta esta difícil situación. La madre superiora tiene claro que la fe debe prevalecer sobre cualquier asunto, mientras que diversas hermanas, como la que acude en busca de Mathilde, no están por la labor de quedarse sentadas esperando a que Dios lo resuelva todo. La película tiene como fondo, pues, una vieja historia entre el conservadurismo de los que tienen el control y aquellos que desean un cambio.

Sin pretensión de redundar en la losa moral pasada y presente que tienen que afrontar las monjas, Fontaine opta por centrar su objetivo en un mensaje con tintes esperanzadores acerca del futuro de estas mujeres y sus nuevos hijos. Para ello, la directora utiliza al personaje de Mathilde como una especie de reflejo femenino con características no tan diferentes a las que observamos en las religiosas, pese a que su preferencia por la ciencia y sus raíces comunistas al principio pudieran indicar lo contrario. La protagonista lleva a cabo un ejercicio de fe mayor que el de las propias monjas, una circunstancia que se apreciará de manera aun más clarividente tras la escena más angustiosa de la película.

El mayor problema de Las inocentes no está por tanto en su base, más o menos acertada pero indudablemente loable, sino en cómo traslada al espectador la parte emocional del film. A ratos aséptica, otras veces dramática, la cinta no termina de definir su personalidad cinematográfica, resultando en un conjunto de buenas secuencias sin un claro patrón. El desenlace es una clara expresión de esta circunstancia, ya que pretende resaltar una emotividad que minutos atrás se perdió en otras reflexiones. Ni siquiera Lou de Laâge, quien sigue el buen rumbo actoral demostrado en la sublime Respire, puede remediar esta pérdida de empatía.

Lo gélido es lo que termina cosechando un mejor efecto en Las inocentes. Desde el punto de vista de ambientación, narración e interpretaciones, cuando Fontaine huye de lo emotivo y nos invita a contemplar su obra desde una perspectiva más alejada —cosa que sucede durante la primera mitad de película— es cuando el film alcanza su pleno sentido en lo visual. Es posible que, de haber seguido esta línea, Las inocentes hubiera encontrado un terreno en el que expresar más certeramente una historia que por desgracia se podría contar en muchas guerras. Lo que al final queda es un trabajo confuso en su guión y estilo, de fácil visionado a pesar de sus defectos pero con escasa fuerza dramática para impactar en los que estamos al otro lado de la pantalla.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para Cine Maldito
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