Ben-Hur
1925 

7.6
4,525
Aventuras
La acción se sitúa en el año 26 d.C. Roma somete a los hebreos a una violenta represión. Judah Ben-Hur, un joven judío de familia acomodada, conversa con Messala, un antiguo amigo de la infancia que se ha convertido en centurión romano. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y Messala ya no es el mismo. (FILMAFFINITY)
29 de agosto de 2006
29 de agosto de 2006
46 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Superproducción realizada por Fred Niblo ("La marca del zorro", 1920). Es la segunda adaptación al cine de la novela "Ben-Hur" (1880) de Lew Wallace. La primera, de 15/20 minutos, es de 1907. Se rodó en Italia (Anzio, Livorno y Roma), California (Inverson Ranch y Santa Catalina Island) y en los Culver Studios (CA), con un abultado presupuesto de 3,9 M dólares. Se estrenó para el gran público el 8-X-1927.
La acción tiene lugar en Jerusalén, Roma, Antioquía y Mar Mediterráneo, entre los años 1 y 33. Narra la historia de Judah Ben-Hur (Ramon Novarro), noble judío, nacido en torno al año 1, leal, desinteresado, honesto y bien parecido. Messala (Francis X. Bushman), arrogante, egoista y ambicioso, amigo de la infancia de Judah y jefe de las tropas romanas en Judea, le acusa injustamente de atentar contra la vida del nuevo cónsul romano. Le condena a galeras de por vida y cierra en prisión a la madre y hermana.
Pese a las incidencias de la producción, la obra ofrece una notable y grata fluidez narrativa. El relato se ajusta con mayor fidelidad a la novela que la versión de 1959. Contrapone las ansias de venganza de Ben-Hur con las enseñanzas de Jesús de Nazaret, en esta ocasión conocidas a través de sus propias palabras, que invitan al amor y al perdón. Cumplida la venganza, recupera su fortuna y con ella levanta dos legiones contra los romanos para proclamar rey de Judea a Jesús de Nazaret. Estos propósitos chocan con la opción por la paz de éste, que proclama que su reino no es de este mundo. La película, pese a ser muda, es una obra muy rica en sugerencias, que conmueve y emociona. El personaje de Ben-Hur, a cargo de Novarro ("Mata Hari", 1931), es mucho más simpático, cálido y próximo que el de Heston, hierático y distante. Nueve escenas fueron rodadas en color (2 colores). Son destacables la escena de la batalla naval (muy superior a la de 1959), la de los galeotes en la bodega, la de María el 24 de diciembre, el malicioso intento de seducción de Ben-Hur por la pérfida Iras (Carmel Myers), el beso en el suelo de Miriam (destinado al hijo que no quiere contagiar), la mujer adúltera, el camino de la Cruz, la de madre e hija en prisión, el terremoto y otras. La estética del film es ecléctica: se aproxima al barroco (María y María con el niño), modernismo (Iras en traje de gran gala), romanticismo (montañas del valle de los leprosos) y expresionismo (Miriam y Tirzah en prisión).
La acción tiene lugar en Jerusalén, Roma, Antioquía y Mar Mediterráneo, entre los años 1 y 33. Narra la historia de Judah Ben-Hur (Ramon Novarro), noble judío, nacido en torno al año 1, leal, desinteresado, honesto y bien parecido. Messala (Francis X. Bushman), arrogante, egoista y ambicioso, amigo de la infancia de Judah y jefe de las tropas romanas en Judea, le acusa injustamente de atentar contra la vida del nuevo cónsul romano. Le condena a galeras de por vida y cierra en prisión a la madre y hermana.
Pese a las incidencias de la producción, la obra ofrece una notable y grata fluidez narrativa. El relato se ajusta con mayor fidelidad a la novela que la versión de 1959. Contrapone las ansias de venganza de Ben-Hur con las enseñanzas de Jesús de Nazaret, en esta ocasión conocidas a través de sus propias palabras, que invitan al amor y al perdón. Cumplida la venganza, recupera su fortuna y con ella levanta dos legiones contra los romanos para proclamar rey de Judea a Jesús de Nazaret. Estos propósitos chocan con la opción por la paz de éste, que proclama que su reino no es de este mundo. La película, pese a ser muda, es una obra muy rica en sugerencias, que conmueve y emociona. El personaje de Ben-Hur, a cargo de Novarro ("Mata Hari", 1931), es mucho más simpático, cálido y próximo que el de Heston, hierático y distante. Nueve escenas fueron rodadas en color (2 colores). Son destacables la escena de la batalla naval (muy superior a la de 1959), la de los galeotes en la bodega, la de María el 24 de diciembre, el malicioso intento de seducción de Ben-Hur por la pérfida Iras (Carmel Myers), el beso en el suelo de Miriam (destinado al hijo que no quiere contagiar), la mujer adúltera, el camino de la Cruz, la de madre e hija en prisión, el terremoto y otras. La estética del film es ecléctica: se aproxima al barroco (María y María con el niño), modernismo (Iras en traje de gran gala), romanticismo (montañas del valle de los leprosos) y expresionismo (Miriam y Tirzah en prisión).

La música del DVD (2005) incluye una excelente banda sonora, original de Carl Davis, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Londres, que acompaña la acción activamente e introduce fragmentos de órgano en las escenas sagradas. La fotografía ofrece imágenes de gran belleza y escenas de extraordinario dinamismo. El guión, del legendario June Matis, demuestra una sorprendente capacidad de sugestión. Las interpretaciones son admirables. La dirección crea una obra memorable.
Película antológica, más interesante que conocida.
Película antológica, más interesante que conocida.
21 de febrero de 2009
21 de febrero de 2009
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
87/32(18/02/09) Bienvenidos a uno de los mayores espectáculos del cine mudo. Una obra en que la espectacularidad es una hemorragia incontenible, escenas de masas coreografiadas maravillosamente, una batalla navales rodada de forma sublime, que aún hoy no se ha podido superar, la carrera de cuadrigas a la altura de su predecesora de 1.959 de William Wyler, un portento del quedarse con la boca abierta, poseedora de un montaje colosal, que imprime de un ritmo descomunal al film. Le falla a mi modo de ver, mezclar la épica historia con la de Jesús, esto lastra la cinta, supongo que habrá que contextualizarlo en la época que se rodó, pero es que roza el ridículo en la parte de Ben-Hur que va a reclutar legiones para luchar por él, en este sentido está mucho mejor el Ben-Hur de Charlton Heston, ya que la bíblica historia está contada de un modo más subliminal, sin cargarse el peso de la película. Recomendable film a los que gusten de grandes espectáculos del cine mudo. Fuerza y honor!!!
23 de febrero de 2021
23 de febrero de 2021
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues no, no fue la 1ª versión de este clásico, sino la 2ª, la 2ª, parere ser, fue un corto en 1907. Esta película de 1925, se ciñe más y mejor que cualquiera de las otras 2, la aclamadísima de 1959, y una de mis favoritas, o la más reciente de 2016, a la novela de 1880 de Wallece.
La historia la conocemos todos, es preciosa, y en esta película, que hasta tuvo unas cuantas imágenes en color, las primeras en el mundo del cine, destaca poderosamente la intepretación de Ramón Novarro, un actor de nacimiento y origen mejicano, aunque norteamericano de residencia, que está muy por encima de lo que se estilaba en aquellos primeros años del cine mudo, xon sobreactuaciones que él ya las controlaba bastante.
Destacan por su gran calidad e intensidad las imágenes de la batalla naval en la que queda unido par siempre al general romane la versión del 59 es una de las más relevantes del 7º arte. Me ha encantado ver esta versión, está bien escrita, con las párrafos justos para conseguir una entrega que se ve de maravilla. Mi nota es un 8,5.
La historia la conocemos todos, es preciosa, y en esta película, que hasta tuvo unas cuantas imágenes en color, las primeras en el mundo del cine, destaca poderosamente la intepretación de Ramón Novarro, un actor de nacimiento y origen mejicano, aunque norteamericano de residencia, que está muy por encima de lo que se estilaba en aquellos primeros años del cine mudo, xon sobreactuaciones que él ya las controlaba bastante.
Destacan por su gran calidad e intensidad las imágenes de la batalla naval en la que queda unido par siempre al general romane la versión del 59 es una de las más relevantes del 7º arte. Me ha encantado ver esta versión, está bien escrita, con las párrafos justos para conseguir una entrega que se ve de maravilla. Mi nota es un 8,5.
17 de enero de 2026
17 de enero de 2026
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Poca gente sabe que el péplum en cinemascope de Ben-Hur de 1959(?) de Charlton Heston debe muchísimo a esta versión de la historia de Ben Hur.
Ver esta película, es ser testigo del momento en que el cine descubrió que podía ser más grande que la vida misma. Es una experiencia que me sobrecoge porque, a diferencia del despliegue digital moderno, aquí siento el peso real del mármol, el peligro genuino del galope y el sudor de miles de extras que no fueron multiplicados por computadora.
Lo que más me fascina de su narrativa es cómo entrelaza una tragedia íntima de traición con el trasfondo divino.
Acompaño a Judá Ben-Hur, un aristócrata judío cuya vida es pulverizada por la ambición de su amigo de la infancia, el romano Mesala. La historia no es solo una venganza; es un descenso a los infiernos.
Siento su agonía en las galeras, donde el ritmo del tambor marca su deshumanización, y su posterior ascenso como hijo adoptivo de Roma. Pero lo que realmente le da peso es el "vía crucis" paralelo: la presencia constante, aunque velada, de Jesús de Nazaret, que actúa como un imán moral que tira de Judá mientras él solo busca sangre. Es una odisea de odio que solo encuentra descanso en el perdón.
Ver esta película, es ser testigo del momento en que el cine descubrió que podía ser más grande que la vida misma. Es una experiencia que me sobrecoge porque, a diferencia del despliegue digital moderno, aquí siento el peso real del mármol, el peligro genuino del galope y el sudor de miles de extras que no fueron multiplicados por computadora.
Lo que más me fascina de su narrativa es cómo entrelaza una tragedia íntima de traición con el trasfondo divino.
Acompaño a Judá Ben-Hur, un aristócrata judío cuya vida es pulverizada por la ambición de su amigo de la infancia, el romano Mesala. La historia no es solo una venganza; es un descenso a los infiernos.
Siento su agonía en las galeras, donde el ritmo del tambor marca su deshumanización, y su posterior ascenso como hijo adoptivo de Roma. Pero lo que realmente le da peso es el "vía crucis" paralelo: la presencia constante, aunque velada, de Jesús de Nazaret, que actúa como un imán moral que tira de Judá mientras él solo busca sangre. Es una odisea de odio que solo encuentra descanso en el perdón.

Visualmente, me parece un milagro técnico. El uso del Technicolor de dos colores en escenas bíblicas específicas le otorga una cualidad de cuadro renacentista que me deja sin aliento.
El sentido de la película es la redención a través del contraste: la opulencia decadente de Roma frente a la humildad espiritual de Judea. Es un recordatorio de que el poder terrenal es efímero, representado en esa escala monumental de decorados que hoy parecen imposibles.
Lo bueno y lo malo.
Lo mejor: Sin duda, la carrera de cuadrigas. He visto muchas escenas de acción, pero nada iguala la tensión de esos carros reales chocando en el Circus Maximus construido en Los Ángeles. Es pura adrenalina analógica. También destacaría la sutileza de no mostrar el rostro de Cristo, lo que eleva su mística.
Lo peor: El ritmo puede sentirse algo pesado en el segundo acto para el espectador moderno, y algunas interpretaciones secundarias pecan de ese histrionismo teatral excesivo propio de la transición del cine mudo que hoy resulta algo forzado.
El sentido de la película es la redención a través del contraste: la opulencia decadente de Roma frente a la humildad espiritual de Judea. Es un recordatorio de que el poder terrenal es efímero, representado en esa escala monumental de decorados que hoy parecen imposibles.
Lo bueno y lo malo.
Lo mejor: Sin duda, la carrera de cuadrigas. He visto muchas escenas de acción, pero nada iguala la tensión de esos carros reales chocando en el Circus Maximus construido en Los Ángeles. Es pura adrenalina analógica. También destacaría la sutileza de no mostrar el rostro de Cristo, lo que eleva su mística.
Lo peor: El ritmo puede sentirse algo pesado en el segundo acto para el espectador moderno, y algunas interpretaciones secundarias pecan de ese histrionismo teatral excesivo propio de la transición del cine mudo que hoy resulta algo forzado.
Personajes.
Ramón Novarro (Judá Ben-Hur): Me cautiva su vulnerabilidad. A diferencia de la fuerza bruta de Charlton Heston, Novarro aporta una sensibilidad casi poética; su mirada transmite un dolor profundo que me hace empatizar con su causa de inmediato.
Francis X. Bushman (Mesala): Es el villano perfecto. Su arrogancia es palpable y su presencia física es imponente. Bushman logra que lo odies profundamente, representando la soberbia de un Imperio que se cree eterno.
Betty Bronson (María): Aunque su papel es breve, aporta una cualidad etérea necesaria para el tono espiritual del filme.
Aunque es cine mudo, el mensaje que resuena en toda la obra y define el conflicto es:"¿Eres tú, Mesala, quien busca esclavizar a mi pueblo?"
En definitiva, esta versión de 1925 es, a mis ojos, la más auténtica. Es el cine como catedral: un monumento construido con esfuerzo humano real que nos habla de la lucha eterna entre la venganza y la fe.
Ramón Novarro (Judá Ben-Hur): Me cautiva su vulnerabilidad. A diferencia de la fuerza bruta de Charlton Heston, Novarro aporta una sensibilidad casi poética; su mirada transmite un dolor profundo que me hace empatizar con su causa de inmediato.
Francis X. Bushman (Mesala): Es el villano perfecto. Su arrogancia es palpable y su presencia física es imponente. Bushman logra que lo odies profundamente, representando la soberbia de un Imperio que se cree eterno.
Betty Bronson (María): Aunque su papel es breve, aporta una cualidad etérea necesaria para el tono espiritual del filme.
Aunque es cine mudo, el mensaje que resuena en toda la obra y define el conflicto es:"¿Eres tú, Mesala, quien busca esclavizar a mi pueblo?"
En definitiva, esta versión de 1925 es, a mis ojos, la más auténtica. Es el cine como catedral: un monumento construido con esfuerzo humano real que nos habla de la lucha eterna entre la venganza y la fe.
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