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El perdón

6.6
311
votos
Año
2009
País
España
Director
Reparto
Documental
Género
Documental | Crimen
Sinopsis
En 1994, Andrés Rabadán se entrega a la policía después de descarrilar tres trenes y matar a su padre con una ballesta. En el juicio se le declara inocente, porque le diagnostican una esquizofrenia delirante paranoide, pero se procede a su ingreso en un pabellón psiquiátrico penitenciario. En la actualidad, Rabadán continúa aislado, está casado, ha publicado dos novelas y ha expuesto tres colecciones de pinturas expresionistas que ... [+]
Críticas ordenadas por:
26 de mayo de 2010
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando se trata de hechos reales acabo decantándome por los documentales antes que por las películas. No me aportan mucho las ficciones, en realidad emborronan la verdad o, mejor dicho, su aproximación. En este caso "Las dos vidas de Andrés Rabadán" 2008, es una película correcta, sin más, y se atiene bastante a los datos ofrecidos en el documental que nos ocupa.

"El perdón" es un documental interesante, ofrece todo tipo de material acerca de Andrés Rabadán: dibujos, grabaciones, videos caseros, fotos, entrevistas. Te adentra en esa familia y el espectador decidirá qué pasó, cómo y por qué y si es justo que Andrés Rabadán siga encerrado.

Andrés Rabadán es un personaje seductor e inteligente, es innegable, y también tiene aprendido el papel de su propia vida, quiero decir que al expresarse noto cierta falta de espontaneidad, cosa -por otra parte- natural ya que debe haber repetido muchas veces lo que le pasó y acaba auto-interpretándose.

¿Qué le pasó? que se le fue la pelota hasta allá. ¿Dónde es "allá"? "Allá" es el lugar donde anida el tabú, donde sólo llegan determinadas personas y bajo determinadas circunstancias.

Pero llegados a este punto de las "circunstancias" pueden venir, y de hecho vienen, a la mente de todos muchísimos casos que están incluso de actualidad donde existe ese salto del tabú donde "las circunstancias" no obedecen a un "por qué" sino a un "porque sí" o "porque-puedo", quiero evitar citar los casos más mediáticos y recientes pero es difícil hacerlo. Es decir, existiría un grupo de delincuentes acusados de asesinato, unos menores, otros recién abandonada la minoría de edad, que cumplirían su condena con las disminuciones legales correspondientes y la cosa en 7 u 8 años quedaría saldada (ahora estoy pensando en un cantante francés muy contestatario él que con 7 años saldó su cuenta con la justicia, y eso que no quería citar a nadie, no tengo arreglo). Y existiría otro grupo en el que se encuentra Andrés Rabadán, esto es: el enfermo mental.

Efectivamente, como dice su abogado, si hubiera sido considerado un asesino gozaría de los permisos pertinentes e incluso ya estaría en la calle, al ser definido "enfermo mental" le está vetado el acceso, además tengamos en cuenta la responsabilidad de los peritos (y su miedo, así se hace ver en "Las dos vidas...") a poner en la calle a un "curado" que pudiera reincidir. Así las cosas, me temo que Andrés Rabadán, a pesar de los esfuerzos de Ventura Durall por
contar su historia, se pasará los 20 años encerrado, ya lleva 16, así que...

Después de ver El perdón, no sé por qué, me vino a la cabeza el documental "Mi enemigo íntimo" de Werner Herzog 1999, en el que los indígenas hartos de las estridencias del notas de Kinski le preguntaron a Herzog ¿quiere que lo matemos? La pregunta está hecha desde la sencillez más pasmosa, desde la lógica más cartesiana. Continúa en spoiler por falta de espacio-->
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Victoria
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21 de julio de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La realidad es tan grotesca y abominable que a veces, para entretenerse y demostrar que puede, le gusta adornar sus acciones más atroces y repulsivas con un punto de humor negro y unas gotas de ominoso sarcasmo, ese detalle definitivo que pone rúbrica al espanto, la firma del autor, del pintor de batallas en su cuadro.
Este es el caso, ya que cuando empecé a ver esta cosa documental tenía la peregrina idea, vete a saber tú por qué, quizás su mayor mercadotecnia, de encontrarme al Rabadán de la catana, José, el que asesinó a toda su familia, padre, madre y hermana, siendo un criajo repelente de 16 años, y no a este otro Rabadán, el de la ballesta, Andrés, que asesinó solo, más que suficiente, a su padre después de descarrilar varios trenes previamente, más talludito, ya no adolescente.
No habrá apellidos en el mundo para que tengan que coincidir estos dos ni mucho menos habituales en parecidas y horrorosas y esperpénticas circunstancias, perpetrando similares espantos.
Lo dicho, se añade grosería a lo macabro, sal gruesa en la herida abierta, risa sucia en la más grande ignominia.
Aclarado este asunto, que Andrés-21-ballesta-solo padre y trenes no es José-16-catana-toda la familia, vayamos al grano.
Hablan la hermana principalmente, el otro hermano parece que no quiere saber nada, quizás sea esa la opción más digna y elegante en estos horribles casos, aunque nunca se sabe, y Andrés, también un amigo, seguramente el único. Más abogados, psiquiatras, criminalistas, periodistas y demás gente de esa calaña.
No se tiene ni puta idea de por qué pasó lo que pasó, la vida manda y se divierte haciendo estas guarradas sin nombre.
Pero claro, hay que buscar explicaciones, causas, motivos, orden, reglas, leyes, límites, fechas, toda esa rutinaria mandanga.
Pues a eso, a reducir, que decía Ferrán Adriá.
(Spoiler aquí por falta de espacio ahí abajo)
- Estaba loco. Esquizofrenia delirante paranoide. O no estaba loco, era un psicópata frío que sabía en todo momento lo que hacía (fingirá locura posteriormente para salvar el culo). O estaba cuerdo pero le dio inesperadamente un brote psicótico (si te da un brote solo cada seis meses no estás loco, si te dan más, sí: ¿y seis meses y un día y seis meses menos un día?). Dice Rabadán que en determinadas circunstancias, con mucha presión o desgobierno, personas de mente frágil pueden estallar y cometer ciertas tropelías. Pues eso. O tampoco. Seguro que hay opciones para todos los gustos. Bueno, le metemos en la cárcel, no, mejor en un psiquiátrico y echamos la llave o si no ya veremos.
- ¿Por qué lo hizo? Porque su padre puso la leche tibia (pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca), señalaron algunos medios en cachondos titulares, con guasa malsana. Él mismo dice que no sabe por qué lo hizo, lo de los trenes en cambio sí, porque se sentía perseguido y quería vengarse, avisar de que podía ser peligroso si le hacían algo, si se seguía sintiendo acosado, aunque solo fuera imaginariamente.
Y luego está la hermana que se agarra al comodín del público y que uno, perro viejo en estas lides criminales espectaculares tan televisivas y cinematográficas o de cómo se produce la metamorfosis que va de lo íntimo e inexplicable a lo masivo y morboso, intuye, sabe desde el mismo principio, al ver cómo se juega con la sorpresa y cómo se administra el misterio, mejor después de la publicidad, siempre, que aparecerán los muy conocidos abusos sexuales, hacia ella, no hacia él, por parte del padre, hecho que pareciera siempre cerrar cualquier caso, que fuera la explicación definitiva, casi la única de todo mal, y que se suele frivolizar y banalizar al convertirse casi en un Macguffin, cuando obviamente suele formar parte, cuando muy desgraciadamente los hay, no siempre, inextricablemente, de todo lo demás.
Bueno, dejemos esto a un lado y vayamos a algo de lo más interesante que apuntan pero en lo que no profundizan apenas nada, ese realismo costumbrista (el mal perfecto y más hondo suele estar ahí agazapado, no en los fuegos artificiales, sí en la costra de cada día, en esa masa viscosa, inadvertida, nada rimbombante ni llamativa, en la cobardía, maldad y estupidez conjunta de la mayoría, en esa inercia, burocracia o rutina que cubre de normalidad el horror sin remedio ni salida) español tan tremendo: que se gustaron, liaron y embarazaron, que él se largó como alma que lleva el diablo y al de poco lo persiguieron y encontraron, como manada de lobos sedientos, los hermanos de ella, cumpliendo con su destino y obligación, seguro que con pocas ganas, con lo que la pareja feliz, así apuntaba todo, se casó y tuvo tres hijos en total; y que ella era sumisa y él parecía que mandaba más, que ella dependía completamente de él, hasta para salir a la calle necesitaba su presencia, no se atrevía sola. Bueno, y sobre todo, que ella, se ve que muy harta de su mala vida, se suicida. Una tragedia. Sí, esa es una gran señal de que algo gordo está pasando, va muy mal, además de posible propiciadora de más desgracias en cascada.
Pero ya, no se investiga ni comenta nada más, se insinúa constantemente que el padre era un pequeño monstruo y la madre una gran víctima, pero porque lo dice la hermana de aquella manera, tampoco mucho y más sobre todo a posteriori, cuando la gran tormenta ya había pasado; Andrés nada malo dice de su padre y por supuesto no comenta nada al respecto de los abusos, de hecho, nadie lo hace, su hermano mayor lo negaba y hasta parece que creo que Carlos Quiles, el periodista, niega su valor y hasta su credibilidad, al considerar que ella tardó demasiados años en hablar (ella se justifica diciendo que al principio no se atrevía y luego ya después sí...), por lo que queda todo un poco cojo, desangelado, superficial, tópico y un tanto tramposo finalmente.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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10 de abril de 2019
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un ejercicio de empatía necesario. Pone de manifiesto las deficiencias de nuestro sistema jurídico en el tratamiento de crímenes como éste, y la falta de escrúpulos de ciertos medios en juzgar paralelamente sin profundizar lo suficiente.

¿Hasta qué punto necesitamos deshumanizar a una persona para justificar una condena?
¿Cuánto somos capaces de responsabilizar a un individuo por las consecuencias de nuestros fallos como sociedad? ¿Quién debe pedir perdón a quién?
brabo
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