El rey de las máscaras
7.4
783
Drama
En la China de los años 30, a un viejo artista de la calle, maestro en el arte de cambiar de máscara, le es dada la oportunidad de practicar su arte en la opera de Pekín. Pero él rechaza la oferta, ya que solamente quiere pasar sus conocimientos a un heredero masculino. Una noche le es vendido un niño, Pichón, por sus padres, hundidos en la pobreza. (FILMAFFINITY)
5 de marzo de 2008
5 de marzo de 2008
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras diez años en blanco, Wu Tianming realizó una película realmente conmovedora. El film trata sobre la búsqueda de un descendiente varón, por parte de Luo Sulan (Zhigang Zhang) un artista callejero, conocido como el rey de las máscaras. El viejo busca a un niño a quien le pueda transmitir todos sus conocimientos. Tras rechazar una importante oferta para formar equipo con el maestro Liang (Zhigang Zhao), un cantante de ópera; el viejo adopta un niño de ocho años al que llama "Doggie" (Renying Zhou) o "Pichón" si se ve en castellano.
El film habla sobre las arraigadas tradiciones chinas, y el papel minúsculo y desgraciado que las mujeres ejercían en esa sociedad. Wu Tianming sabe que teclas tocar para emocionar al espectador con facilidad, e incluso siendo todo muy previsible y no habiendo lugar a la sorpresa, el director emociona porque sabe cómo hacerlo.
La relación de Doggie con su abuelo es el eje del film, y esa pequeña criatura es lo más tierno de la película. La cinta es muy bonita y conmovedora, y a pesar de poder adivinar el transcurrir de los hechos, la película emociona por igual porque está hecha con cariño. Al menos, esa es la sensación que a mi me ha dado.
El film habla sobre las arraigadas tradiciones chinas, y el papel minúsculo y desgraciado que las mujeres ejercían en esa sociedad. Wu Tianming sabe que teclas tocar para emocionar al espectador con facilidad, e incluso siendo todo muy previsible y no habiendo lugar a la sorpresa, el director emociona porque sabe cómo hacerlo.
La relación de Doggie con su abuelo es el eje del film, y esa pequeña criatura es lo más tierno de la película. La cinta es muy bonita y conmovedora, y a pesar de poder adivinar el transcurrir de los hechos, la película emociona por igual porque está hecha con cariño. Al menos, esa es la sensación que a mi me ha dado.
27 de noviembre de 2007
27 de noviembre de 2007
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
El viejo vagabundo con un arte tradicional que va de hombre en hombre, el actor-estrella que interpreta siempre el mismo papel femenino, y una niña condenada a sobrevivir como hombre o como esclava... he aquí un triángulo que se arma de valor para asomar la cabeza en una China de tradiciones milenarias en las que destaca la religiosidad, el abuso de poder, los extremos de riqueza y pobreza... y el desprecio pleno a la mujer fuera del ritual de la familia.
El rey de las máscaras tiene una factura singular, una atmósfera muy lograda de tensión dramática en la que temes por tus criaturas, comprendes la ignorancia, ansías la liberación.
La ambigüedad de los personajes se refleja no sólo en los aspectos sexuales (el actor especializado en hacer de mujer que reconoce ser un poco mujer; la niña que se hace pasar por niño) sino también en el bien y el mal: el hombre bueno, el artista generoso que vive con orgullo su pobreza económica y su destructiva afición a lo tradicional, a cumplir con esa esclavitud propia de todas las civilizaciones, basada en la fidelidad a unas normas de conducta que limitan la existencia. En este caso, el tema central que deambula por toda la narración como una serpiente: la pena de ser niña. Mas cuando ella se empieza a abrir camino como una mujer decidida a todo desde sus ocho años, pregunta: "Qué tiene un niño que yo no tenga" Y el hombre fiel a la sobrevaloración del macho empieza a dudar, aún sin darse cuenta: "Un pitorro de tetera".
Un cine asiático que exhibiendo el pasado refleja con sabiduría las constantes del presente; presenta con habilidad situaciones enrevesadas y crueles, quedándose en el justo límite del horror y el cine familiar, ya que no omite el secuestro de niños para su explotación ni la venta desesperada o meramente mercantil en un callejón: venta de bebés o niños por familia numerosa, a tal punto que a veces se regalan.
Avanza la trama sin desbordar el punto justo en que la angustia podría ser insoportable, pero el afán de supervivencia se impone con holgado sentido del humor y abundante ternura.
Los tres actores dominan una técnica de excepcional calidad: tres generaciones, tres estilos y una dinámica de creatividad muy lograda a pesar de contar con escasos recursos.
Mención aparte para la excelente fotografía que ayuda al logro de momentos muy ricos en sugerencias, sobre todo cuando el viejo y la niña deambulan por ambientes húmedos y
miserables: tienes frío y hambre como ellos y como ellos aspiras al calor de un hogar, al abrazo de un amigo.
El rey de las máscaras tiene una factura singular, una atmósfera muy lograda de tensión dramática en la que temes por tus criaturas, comprendes la ignorancia, ansías la liberación.
La ambigüedad de los personajes se refleja no sólo en los aspectos sexuales (el actor especializado en hacer de mujer que reconoce ser un poco mujer; la niña que se hace pasar por niño) sino también en el bien y el mal: el hombre bueno, el artista generoso que vive con orgullo su pobreza económica y su destructiva afición a lo tradicional, a cumplir con esa esclavitud propia de todas las civilizaciones, basada en la fidelidad a unas normas de conducta que limitan la existencia. En este caso, el tema central que deambula por toda la narración como una serpiente: la pena de ser niña. Mas cuando ella se empieza a abrir camino como una mujer decidida a todo desde sus ocho años, pregunta: "Qué tiene un niño que yo no tenga" Y el hombre fiel a la sobrevaloración del macho empieza a dudar, aún sin darse cuenta: "Un pitorro de tetera".
Un cine asiático que exhibiendo el pasado refleja con sabiduría las constantes del presente; presenta con habilidad situaciones enrevesadas y crueles, quedándose en el justo límite del horror y el cine familiar, ya que no omite el secuestro de niños para su explotación ni la venta desesperada o meramente mercantil en un callejón: venta de bebés o niños por familia numerosa, a tal punto que a veces se regalan.
Avanza la trama sin desbordar el punto justo en que la angustia podría ser insoportable, pero el afán de supervivencia se impone con holgado sentido del humor y abundante ternura.
Los tres actores dominan una técnica de excepcional calidad: tres generaciones, tres estilos y una dinámica de creatividad muy lograda a pesar de contar con escasos recursos.
Mención aparte para la excelente fotografía que ayuda al logro de momentos muy ricos en sugerencias, sobre todo cuando el viejo y la niña deambulan por ambientes húmedos y
miserables: tienes frío y hambre como ellos y como ellos aspiras al calor de un hogar, al abrazo de un amigo.
28 de abril de 2009
28 de abril de 2009
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
El rey de las máscaras es una historia pequeña, bonita y lastimera que empieza siendo china y termina pareciendo americana. Es el pequeño drama de un hombre -el Rey de las Máscaras- que desea un heredero con desesperación para legarle su arte; su pequeña compañera, una niña llena de determinación, como sólo puede serlo una superviviente en un país marcado por la miseria y por la discriminación femenina; y un actor que interpreta papeles de mujer en el teatro, lo cual le convierte en una especie de eunuco a ojos del mundo.
Es muy hermoso el principio, con el anciano Rey de las Máscaras mostrando sus asombrosas habilidades a la multitud y también poco después, en las conmovedoras escenas con la niña (a la que cree un niño), que están rebosantes de cariño. Pero de las lágrimas a las babas a veces no hay más que un paso que dictamina el buen o mal gusto del director y hacia la segunda mitad la cosa se vuelve de un sensiblero escalofriante, con la puntilla de un final algo exagerado y ridículo.
Aún así, las escenas del anciano realizando su espectáculo con máscaras o los bellos momentos entre él y la niña en la barquita encima del río, son de una humildad y encanto que seduce. Recomendable con reparos.
Es muy hermoso el principio, con el anciano Rey de las Máscaras mostrando sus asombrosas habilidades a la multitud y también poco después, en las conmovedoras escenas con la niña (a la que cree un niño), que están rebosantes de cariño. Pero de las lágrimas a las babas a veces no hay más que un paso que dictamina el buen o mal gusto del director y hacia la segunda mitad la cosa se vuelve de un sensiblero escalofriante, con la puntilla de un final algo exagerado y ridículo.
Aún así, las escenas del anciano realizando su espectáculo con máscaras o los bellos momentos entre él y la niña en la barquita encima del río, son de una humildad y encanto que seduce. Recomendable con reparos.
26 de octubre de 2010
26 de octubre de 2010
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
De todas las opiniones referentes a esta hermosa película de Tianming leidas en este foro, ninguna me ha convencido realmente. La mayoría de los críticos destacan como tema principal el atraso de la sociedad china tradicional, marcada por la marginación y la discriminación de las mujeres. Y si bien un espectador la recomienda por su dimensión humana y conmovedora, no faltan quienes la tildan de historia pequeña y sensiblera, con final americano de corte previsible y lagrimoso.
A mi modo de ver, ninguno de los críticos acierta con la esencia de esta vibrante experiencia humana, que no es sino una conmovedora parábola cargada de enseñanzas espirituales.
Las cuales vienen a demostrar que, en la vida, las desgracias que nos hunden en los abismos de la desesperación constituyen también pruebas que - una vez superadas con el paso del tiempo - nos pueden abrir el camino del entendimiento y de la felicidad.
A mi modo de ver, ninguno de los críticos acierta con la esencia de esta vibrante experiencia humana, que no es sino una conmovedora parábola cargada de enseñanzas espirituales.
Las cuales vienen a demostrar que, en la vida, las desgracias que nos hunden en los abismos de la desesperación constituyen también pruebas que - una vez superadas con el paso del tiempo - nos pueden abrir el camino del entendimiento y de la felicidad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Aquejado por sus prejuicios y por el peso de las tradiciones, - los conocimientos sólo pueden trasmitirse de padre a hijo - el viejo actor Luo Sulan no está en medida de apreciar las infinitas cualidades de la pequeña y listísima Doggie, que acaba de adoptar, e intenta apartarla de su vida en cuanto descubre que es una niña.
A este respecto, es muy interesante observar la contradicción interna que padece Sulan: por una parte siente ternura hacia la niña, que le es muy agradecida y lo mima con sus infinitos cuidados – rasgándole la espalda - , y por otra, reprime sus instintos amorosos tratándola como una pura sirviente (“No me llames Abuelo, llámame Jefe a partir de ahora”)
Sin proponérselo, la inocente chiquilla de 8 años hundirá la existencia del viejo actor en la miseria más absoluta, primero quemándole el barco donde viven, y luego trayéndole un niñito raptado y buscado por la policía, hasta el punto de que Luo Sulán será condenado a muerte por este error fatídico, del que no es responsable.
Y será la misma niña que, haciendo gala de una capacidad de entrega poco frecuente, ofrecerá espontáneamente su vida para rescatarle de una muerte segura.
Tras haber superado esta terrible prueba, el Rey de las Máscaras recapacitará, reparando los errores del pasado tras tomar conciencia de sus nefastos prejuicios y entender que no es más que la víctima de tradiciones tan absurdas como arbitrarias.
Las últimas imágenes no precisan de diálogo: sereno y feliz, el viejo maestro está legando todos los secretos que posee a su aventajada alumna para que pueda perpetuar su inefable arte, consistente en cambiar de máscara a una velocidad vertiginosa.
La vida misma se ha encargado de demostrar al viejo actor que sólo se puede alcanzar la felicidad permaneciendo abierto y flexible, y éste es sin duda el mensaje más provechoso de esta admirable cinta.
A este respecto, es muy interesante observar la contradicción interna que padece Sulan: por una parte siente ternura hacia la niña, que le es muy agradecida y lo mima con sus infinitos cuidados – rasgándole la espalda - , y por otra, reprime sus instintos amorosos tratándola como una pura sirviente (“No me llames Abuelo, llámame Jefe a partir de ahora”)
Sin proponérselo, la inocente chiquilla de 8 años hundirá la existencia del viejo actor en la miseria más absoluta, primero quemándole el barco donde viven, y luego trayéndole un niñito raptado y buscado por la policía, hasta el punto de que Luo Sulán será condenado a muerte por este error fatídico, del que no es responsable.
Y será la misma niña que, haciendo gala de una capacidad de entrega poco frecuente, ofrecerá espontáneamente su vida para rescatarle de una muerte segura.
Tras haber superado esta terrible prueba, el Rey de las Máscaras recapacitará, reparando los errores del pasado tras tomar conciencia de sus nefastos prejuicios y entender que no es más que la víctima de tradiciones tan absurdas como arbitrarias.
Las últimas imágenes no precisan de diálogo: sereno y feliz, el viejo maestro está legando todos los secretos que posee a su aventajada alumna para que pueda perpetuar su inefable arte, consistente en cambiar de máscara a una velocidad vertiginosa.
La vida misma se ha encargado de demostrar al viejo actor que sólo se puede alcanzar la felicidad permaneciendo abierto y flexible, y éste es sin duda el mensaje más provechoso de esta admirable cinta.
20 de marzo de 2010
20 de marzo de 2010
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un anciano artista callejero es El rey de las máscaras, un arte que domina como nadie pero que no tiene sucesor. El anciano practica un arte complicado que consiste en contar historias mientras se pone y quita unas máscaras a toda velocidad para ambientar el relato. Según la tradición centenaria, el maestro sólo puede transmitir su conocimiento a un hijo varón y el pobre anciano perdió a su hijo hace más de 20 años. Sin embargo, un joven actor de ópera le da la fuerza y esperanza necesaria para que encuentre a alguien al que poder transmitir su sabiduría. El anciano compra a un nieto en un mercado local y comienza el aprendizaje hasta que descubre que su nieto es en realidad nieta.
La película es pura poesía y narra con dulzura extrema el complicado asunto de la marginación femenina en la sociedad china; es una película llena de sentimientos, de amor, de amistad, de humanidad, de sensibilidad. Una de esas películas imprescindibles.
Para adictos a la lágrima fácil.
Lo mejor: la maravillosa forma de narrar la historia, casi perfecta.
Lo peor: la previsible detención del anciano.
La escena: cómo la niña salva al anciano en una escena de todo o nada.
La película es pura poesía y narra con dulzura extrema el complicado asunto de la marginación femenina en la sociedad china; es una película llena de sentimientos, de amor, de amistad, de humanidad, de sensibilidad. Una de esas películas imprescindibles.
Para adictos a la lágrima fácil.
Lo mejor: la maravillosa forma de narrar la historia, casi perfecta.
Lo peor: la previsible detención del anciano.
La escena: cómo la niña salva al anciano en una escena de todo o nada.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
Últimas películas consultadas
US
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana

