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1
24 de agosto de 2017
24 de agosto de 2017
52 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil
De antemano decir que soy fan absoluto de la saga de La Torre Oscura. Una saga que me ha atrapado desde que leí el primer libro, a mediados de los 80, hasta el último, publicado 30 años después. Una espera larga y con la incertidumbre de saber si algún día finalizaría.
La verdad es que me lo temía. Tenía la casi completa seguridad de que la película me iba a defraudar, pero mi "Mitad Oscura", esa que es capaz de lo mejor y de lo peor, tomó la decisión. Salí de casa, cogí el "Buick 8" del garaje y salí al encuentro de esa cita tan esperada. Es media tarde, entro en el centro comercial, "La Cúpula" de cristal lo ilumina todo, pero para mí es como entrar en una "Casa Negra", presiento el desastre que voy a ver.
Con la entrada en mi “Posesión”, entro en el cine. Paso al lado de "La Tienda", pensando que quizás, un enorme bol de palomitas, fuese como “El Talismán” que pudiese salvar la función. Entro por el oscuro corredor que se me antoja como el “Pasillo de la Muerte”. La sala está medio llena, todo el mundo mirando sus móviles, con la mirada perdida, como si fuese un "Cementerio de animales". Me siento y apago mi "Cell(ular)". Se apagan las luces, comienza “El juego (de Gerald)”.
La verdad es que me lo temía. Tenía la casi completa seguridad de que la película me iba a defraudar, pero mi "Mitad Oscura", esa que es capaz de lo mejor y de lo peor, tomó la decisión. Salí de casa, cogí el "Buick 8" del garaje y salí al encuentro de esa cita tan esperada. Es media tarde, entro en el centro comercial, "La Cúpula" de cristal lo ilumina todo, pero para mí es como entrar en una "Casa Negra", presiento el desastre que voy a ver.
Con la entrada en mi “Posesión”, entro en el cine. Paso al lado de "La Tienda", pensando que quizás, un enorme bol de palomitas, fuese como “El Talismán” que pudiese salvar la función. Entro por el oscuro corredor que se me antoja como el “Pasillo de la Muerte”. La sala está medio llena, todo el mundo mirando sus móviles, con la mirada perdida, como si fuese un "Cementerio de animales". Me siento y apago mi "Cell(ular)". Se apagan las luces, comienza “El juego (de Gerald)”.

Idris Elba
La primera imagen de un mocoso en Nueva York, ya me incomoda. No es posible que la película no empiece con el mítico… “El hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él”. No puede ser. Empezamos mal, muy mal. Los primeros minutos están centrados en el muchacho y me temo lo peor, la historia está contada desde su punto de vista y eso es imperdonable. El protagonista tiene que ser el pistolero, sí o sí, el resto es secundario. Para rematar el desaguisado, vemos al hombre de negro. Sí, el hombre de negro, ese personaje oscuro y escurridizo, que nunca acabamos de ver en el libro, aquí sale a las primeras de cambio, todo “El Misterio (de Salem’s Lot)” desvelado. Pienso que a partir de aquí la cosa sólo puede ir a peor y los presagios se confirman. “La historia (de Lisey)” no tiene ni pies ni cabeza. Si no has leído “La Torre Oscura”, no entenderás absolutamente nada, estarás más perdido que un ciego observando “El retrato de Rose Madder”, más perdido que un ludópata jugando “El juego de Gerald”, más desorientado que un arqueólogo buscando “Corazones en la Atlántida”. Si conoces la historia, notarás como dentro de ti se empieza a formar “La Tormenta del Siglo”, cómo te invade la “Rabia”, tus pupilas arden como si tuvieras “Ojos de Fuego”, en fin, mal rollo.

Matthew McConaughey
En cuanto a los actores, sólo se salvan, ligeramente, Idris Elba y Matthew McConaughey, pero la verdad es que su trabajo no da para más. Ni los efectos especiales son dignos de mención y sólo la escena en el poblado tiene “El Resplandor” suficiente.
Acaba la película. Es una de la peores que he visto en mi vida en el cine. Nada compensaría el precio de la entrada, ni siquiera si hubiera ido acompañado de la preciosa “Christine”, la “Chica que amaba a Tom Gordon”. Ni eso. Me levanto derrotado, recojo mi mochila, que pesa como “Un saco de huesos” y salgo a hurtadillas del cine como si fuese un “Fugitivo”, huyendo por una “Carretera Maldita”. Estoy enfadado y defraudado. Para hacer esto era mejor no hacer nada. "Eso" que vas a ver no es "La Torre Oscura" que tú soñabas ver. Los seguidores de la saga, que hemos aguantado "La larga marcha" que fue la publicación de los libros durante 30 años, no merecíamos una película así y el autor de "Carrie" no debería haberlo permitido.
En cama sigo pensando en la película, el “Doctor Sueño” no me visita esta noche y tengo “Insomnia”. Mis ojos encendidos como “Ojos de Dragón” y no puedo dormir. Qué “Misery” de película, qué “Desesperación”. Ni el “Apocalipsis”, ni mil “Dolores (Clairbone)”, ni un maldito “Maleficio” harán que vuelva a caer en la trampa. Mientras tengo un “Revival” de imágenes confusas de la película que podría haber sido, por fin “El cazador de sueños” me atrapa en sus redes y “Montando en la bala” entro en “La zona muerta” del sueño.
Como dice el refrán, “Quien pierde, paga” y en este caso el que paga, pierde el tiempo y el dinero.
¡Pero que “Cujo”nes habéis hecho con La Torre Oscura!
Firmado Mr. Mercedes, alias “Colorado Kidd”, desde un remoto pasado, “22/11/63”.
Acaba la película. Es una de la peores que he visto en mi vida en el cine. Nada compensaría el precio de la entrada, ni siquiera si hubiera ido acompañado de la preciosa “Christine”, la “Chica que amaba a Tom Gordon”. Ni eso. Me levanto derrotado, recojo mi mochila, que pesa como “Un saco de huesos” y salgo a hurtadillas del cine como si fuese un “Fugitivo”, huyendo por una “Carretera Maldita”. Estoy enfadado y defraudado. Para hacer esto era mejor no hacer nada. "Eso" que vas a ver no es "La Torre Oscura" que tú soñabas ver. Los seguidores de la saga, que hemos aguantado "La larga marcha" que fue la publicación de los libros durante 30 años, no merecíamos una película así y el autor de "Carrie" no debería haberlo permitido.
En cama sigo pensando en la película, el “Doctor Sueño” no me visita esta noche y tengo “Insomnia”. Mis ojos encendidos como “Ojos de Dragón” y no puedo dormir. Qué “Misery” de película, qué “Desesperación”. Ni el “Apocalipsis”, ni mil “Dolores (Clairbone)”, ni un maldito “Maleficio” harán que vuelva a caer en la trampa. Mientras tengo un “Revival” de imágenes confusas de la película que podría haber sido, por fin “El cazador de sueños” me atrapa en sus redes y “Montando en la bala” entro en “La zona muerta” del sueño.
Como dice el refrán, “Quien pierde, paga” y en este caso el que paga, pierde el tiempo y el dinero.
¡Pero que “Cujo”nes habéis hecho con La Torre Oscura!
Firmado Mr. Mercedes, alias “Colorado Kidd”, desde un remoto pasado, “22/11/63”.
9
9 de julio de 2012
9 de julio de 2012
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues yo voy a romper las lanzas que hagan falta para defender esta maravilla.
En primer lugar, vamos con lo de la egolatría. Su definición es: persona que siente veneración por sí misma. Acusar a Arirang de ególatra no tiene sentido, porque ver a un genio como Kim Ki Duk cagando todas las mañanas es lo más alejado de la egolatría que he visto en mi vida. Y lo digo en serio.
Una persona, figura mundial del cine, que se desnuda ante la cámara como nunca antes había visto. Borracho, deprimido, desaliñado, comiendo como un perro, llorando. Entrevistándose a sí mismo de una forma original y honesta, atreviéndose a hacerse (y a contestar) las preguntas que ningún periodista se atrevería a hacer. Sintiéndose culpable, hundido, incapaz de continuar. No sé, a mi parece lo más alejado a un ególatra.
Por otro lado, he de reconocer que he conectado con su forma de pensar, de ver el mundo, entiendo su (valiente) retiro, entiendo sus preguntas y sus respuestas, y si ya sentía admiración por su cine, ahora siento admiración por él, como persona.
En cuanto a la película, me ha parecido una genialidad, esa forma de autocuestionarse, ese montaje, en el que parece que hay más cámaras...hasta ese final inventado que le da sentido a todo: Kim Ki Duk a muerto. Viva Kim Ki Duk.
Lo mejor: el planteamiento y atreverse a hacer algo así, algo que nunca había visto antes. Que a pesar de que haya muerto, los asiáticos creen en la reencarnación, ja, ja.
Lo peor: quizás acortar algún monólogo.
La escena: verlo llorar viendo una de sus películas.
En primer lugar, vamos con lo de la egolatría. Su definición es: persona que siente veneración por sí misma. Acusar a Arirang de ególatra no tiene sentido, porque ver a un genio como Kim Ki Duk cagando todas las mañanas es lo más alejado de la egolatría que he visto en mi vida. Y lo digo en serio.
Una persona, figura mundial del cine, que se desnuda ante la cámara como nunca antes había visto. Borracho, deprimido, desaliñado, comiendo como un perro, llorando. Entrevistándose a sí mismo de una forma original y honesta, atreviéndose a hacerse (y a contestar) las preguntas que ningún periodista se atrevería a hacer. Sintiéndose culpable, hundido, incapaz de continuar. No sé, a mi parece lo más alejado a un ególatra.
Por otro lado, he de reconocer que he conectado con su forma de pensar, de ver el mundo, entiendo su (valiente) retiro, entiendo sus preguntas y sus respuestas, y si ya sentía admiración por su cine, ahora siento admiración por él, como persona.
En cuanto a la película, me ha parecido una genialidad, esa forma de autocuestionarse, ese montaje, en el que parece que hay más cámaras...hasta ese final inventado que le da sentido a todo: Kim Ki Duk a muerto. Viva Kim Ki Duk.
Lo mejor: el planteamiento y atreverse a hacer algo así, algo que nunca había visto antes. Que a pesar de que haya muerto, los asiáticos creen en la reencarnación, ja, ja.
Lo peor: quizás acortar algún monólogo.
La escena: verlo llorar viendo una de sus películas.
Documental
2011Documental, Intervenciones de: Werner Herzog
8
25 de junio de 2013
25 de junio de 2013
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La pena de muerte es una de esas vergüenzas que arrastran algunas de las llamadas sociedades del primer mundo, como por ejeplo, los EEUU o Japón. Es un tema que me toca especialmente, que la venganza personal quede institucionalizada por ley es algo repugnante y que obliguemos a poner todo el aparato del estado para cumplir esa estupidez, es vergonzoso. Así que dejando claro mi rechazo absoluto a esa práctica, dejo claro también mi fascinación por Werner Herzog, más en su variante documentalista que como cineasta de ficción. Así que en este documental se han juntado el hambre con las ganas de comer y la verdad es que me he zampado este documental con gran satisfacción.
Me encanta cómo suele abordar los temas Herzog, temas a los que generalmenre es ajeno, pero que siempre acaba llevándolos a su terreno, desde la vida de un extraño saltador de esquí, hasta los parajes helados de la Antártida. Y en esta ocasión, lo vuelve a bordar. El tema central es la pena de muerte, pero acaba siendo un duro retrato de la white trash estadounidense, tan alejada del glamour de Nueva York o Los Ángeles. Esa clase media-baja norteamericana que, personalmente, me horroriza, porque en el fondo son ellos los que deciden quien dirige el país más fuerte del planeta, gente analfabeta, embrutecida por las míseras condiciones de vida, violenta, cargada de armas, drogas y alcohol.
Herzog, como europeo, intenta diseccionar esa cultura de muerte que es la pena capital, intentando ver desde todos los ángulos posibles: los niñatos capaces de asesinar por un coche y claramente culplables, para que no quede atisbo de duda, plantear la pena de muerte con reclusos dudosos sería demasiado fácil; la parte del estado que contribuye a su ejecución, desde el policía cumplidor, hasta los emotivos relatos del capellán y el ejecutor arrepentido; desde las víctimas muertas (increíble la inserción de los vídeos policiales) hasta la víctimas vivas, esos familiares desgarrados por la pérdida traumática. Todos pasan por el cuchillo afilado de Herzog y de todos es capaz de sacar lo necesario para acabar de componer el puzzle. Sin involucrarse claramente, deja bien a las claras su posición y retrata perfectamente una sociedad y una situación.
Lo mejor: Herzog, está sin estar, hurgando en la superficie hasta llegar al fondo.
Lo peor: que exista la pena capital y que tenga que existir este tipo de documentales para abrir los ojos.
La escena: el relato de los asesinatos con el testimonio del policía y las imágenes reales, pone los pelos de punta.
Me encanta cómo suele abordar los temas Herzog, temas a los que generalmenre es ajeno, pero que siempre acaba llevándolos a su terreno, desde la vida de un extraño saltador de esquí, hasta los parajes helados de la Antártida. Y en esta ocasión, lo vuelve a bordar. El tema central es la pena de muerte, pero acaba siendo un duro retrato de la white trash estadounidense, tan alejada del glamour de Nueva York o Los Ángeles. Esa clase media-baja norteamericana que, personalmente, me horroriza, porque en el fondo son ellos los que deciden quien dirige el país más fuerte del planeta, gente analfabeta, embrutecida por las míseras condiciones de vida, violenta, cargada de armas, drogas y alcohol.
Herzog, como europeo, intenta diseccionar esa cultura de muerte que es la pena capital, intentando ver desde todos los ángulos posibles: los niñatos capaces de asesinar por un coche y claramente culplables, para que no quede atisbo de duda, plantear la pena de muerte con reclusos dudosos sería demasiado fácil; la parte del estado que contribuye a su ejecución, desde el policía cumplidor, hasta los emotivos relatos del capellán y el ejecutor arrepentido; desde las víctimas muertas (increíble la inserción de los vídeos policiales) hasta la víctimas vivas, esos familiares desgarrados por la pérdida traumática. Todos pasan por el cuchillo afilado de Herzog y de todos es capaz de sacar lo necesario para acabar de componer el puzzle. Sin involucrarse claramente, deja bien a las claras su posición y retrata perfectamente una sociedad y una situación.
Lo mejor: Herzog, está sin estar, hurgando en la superficie hasta llegar al fondo.
Lo peor: que exista la pena capital y que tenga que existir este tipo de documentales para abrir los ojos.
La escena: el relato de los asesinatos con el testimonio del policía y las imágenes reales, pone los pelos de punta.
3 de septiembre de 2010
3 de septiembre de 2010
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dice el refrán que la venganza es un plato que debe comerse frío y en esta película muda, de uno de los pioneros del cine, la venganza planeada durante muchos años, puede convertirse en un plato indigesto. El gran Lon Chaney protagoniza una película sórdida y oscura, en la que un mago venido a menos, sufre un enorme desengaño amoroso, provocado por un rival sin escrúpulos. El protagonista se enzarza en una pelea, en la que además de perder a la mujer de su vida, queda minusválido. A partir de ese momento en su cabeza sólo existe un plan para vengarse del rival, aunque pasen los años, toda su vida girará en torno a esa venganza. Resulta dramático observar cómo el protagonista pierde todo su atractivo moral y se convierte en un ser despreciable hasta límites insospechados, con tal de poder llevar a cabo su cruenta venganza.
Película de Tod Browning (La parada de los monstruos) que rezuma maldad, es como una herida supurante, que no acaba de cicatrizar, hasta que finalmente un rayo de esperanza parece redimir al ser humano de una condición cercana a la del animal. Destacan, la ambientación sucia, sudorosa, de atmósfera pesada y húmeda, y un actor que sabe sacar la miseria humana a la luz.
Para degustadores de joyas antiguas.
Lo mejor: el ambiente bizarro, la maldad del personaje protagonista, Lon Chaney, los giros de la historia.
Lo peor: un final un poco alargado.
La escena: el protagonista por el suelo, moviéndose con sus muñones y sus piernas arrastradas, capaz de dar lástima por su situación y a la vez asco, por su falta de humanidad.
Película de Tod Browning (La parada de los monstruos) que rezuma maldad, es como una herida supurante, que no acaba de cicatrizar, hasta que finalmente un rayo de esperanza parece redimir al ser humano de una condición cercana a la del animal. Destacan, la ambientación sucia, sudorosa, de atmósfera pesada y húmeda, y un actor que sabe sacar la miseria humana a la luz.
Para degustadores de joyas antiguas.
Lo mejor: el ambiente bizarro, la maldad del personaje protagonista, Lon Chaney, los giros de la historia.
Lo peor: un final un poco alargado.
La escena: el protagonista por el suelo, moviéndose con sus muñones y sus piernas arrastradas, capaz de dar lástima por su situación y a la vez asco, por su falta de humanidad.
9 de mayo de 2011
9 de mayo de 2011
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
A veces, olvidamos que en la vieja y decadente Europa ha ocurrido una guerra hace menos de veinte años. Una guerra brutal, como todas, cargada de xenofobia, odios religiosos y viejas rencillas que venían de otra, la II Guerra Mundial. Como en todas las malditas guerras los que sufren las consecuencias, no son ni los políticos de turno, ni los militares con muchas chapitas en sus inmaculadas chaquetas caquis. Los verdaderos perdedores son la población civil, en la mayor parte de los casos ajena a esos odios sin sentido o las ansias de poder de algunos.
El círculo perfecto dirigida por el bosnio, Ademir Kenovic, es la historia desgarradora de unos pocos habitantes de Sarajevo condenados a sobrevivir en una ciudad sitiada. Los protagonistas son un poeta de mediana que ya no puede escribir, dos hermanos huérfanos, uno de ellos sordomudo y un perro abandonado. Con estos mimbres está claro que sólo se puede hacer un drama y eso es El círculo perfecto. Un drama humano sobre una guerra en la que todos pierden.
El poeta que ya no puede escribir sobrevive a duras penas en una ciudad fantasma donde el francotirador es el Átropos que decide quien vive, quien muere. En esas circunstancias prefiere que su mujer e hija tengan alguna posibilidad en el extranjero, mientras él resiste a base de una dieta de alcohol y de los paquetitos de comida que su mujer escondió por toda la casa. Los niños escapan de una muerte segura en manos de las milicias serbias, pero su mundo queda destruido y ellos desamparados. Ironías del destino, el poeta que envió a su familia a un lugar seguro, tiene ahora que hacerse cargo de dos niños sin familia.
En una de las secuencias, un francotirador frustrado por errar sus disparos, intenta matar a un pobre perro. Uno de los niños, pregunta atónito ante tal acto de maldad sin sentido, ¿por qué? Y esa es la pregunta clave de toda la película, ¿por qué los seres humanos se deshumanizan de ese modo?
Técnicamente la película es muy sencilla, pero los escenarios naturales de una Sarajevo sangrante, las fantásticas y creíbles actuaciones de los tres protagonistas y la historia, dejan en un segundo plano cualquier tipo de consideración técnica y alguna debilidad en la trama, en beneficio de una mayor carga dramática.
Para corazones sensibles y antibelicistas.
Lo mejor: la sensibilidad de la historia; los actores.
Lo peor: que la realidad supera a la ficción.
La escena: el final, desgarrador, diez minutos de alta tensión, casi sin diálogos, un monumento a la estupidez humana.
El círculo perfecto dirigida por el bosnio, Ademir Kenovic, es la historia desgarradora de unos pocos habitantes de Sarajevo condenados a sobrevivir en una ciudad sitiada. Los protagonistas son un poeta de mediana que ya no puede escribir, dos hermanos huérfanos, uno de ellos sordomudo y un perro abandonado. Con estos mimbres está claro que sólo se puede hacer un drama y eso es El círculo perfecto. Un drama humano sobre una guerra en la que todos pierden.
El poeta que ya no puede escribir sobrevive a duras penas en una ciudad fantasma donde el francotirador es el Átropos que decide quien vive, quien muere. En esas circunstancias prefiere que su mujer e hija tengan alguna posibilidad en el extranjero, mientras él resiste a base de una dieta de alcohol y de los paquetitos de comida que su mujer escondió por toda la casa. Los niños escapan de una muerte segura en manos de las milicias serbias, pero su mundo queda destruido y ellos desamparados. Ironías del destino, el poeta que envió a su familia a un lugar seguro, tiene ahora que hacerse cargo de dos niños sin familia.
En una de las secuencias, un francotirador frustrado por errar sus disparos, intenta matar a un pobre perro. Uno de los niños, pregunta atónito ante tal acto de maldad sin sentido, ¿por qué? Y esa es la pregunta clave de toda la película, ¿por qué los seres humanos se deshumanizan de ese modo?
Técnicamente la película es muy sencilla, pero los escenarios naturales de una Sarajevo sangrante, las fantásticas y creíbles actuaciones de los tres protagonistas y la historia, dejan en un segundo plano cualquier tipo de consideración técnica y alguna debilidad en la trama, en beneficio de una mayor carga dramática.
Para corazones sensibles y antibelicistas.
Lo mejor: la sensibilidad de la historia; los actores.
Lo peor: que la realidad supera a la ficción.
La escena: el final, desgarrador, diez minutos de alta tensión, casi sin diálogos, un monumento a la estupidez humana.
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