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Las líneas discontinuas

Drama Bea es una mujer de 50 años que se está separando de su marido. El día en el que tiene que abandonar el hogar en el que ha vivido los últimos veinte años llega a su casa y se encuentra todo patas arriba y a uno de los ladrones dormido en su cama. Denís es un chico trans de 28 años que, a pesar de haber estudiado una carrera, lucha con la precariedad laboral y la falta de oportunidades. Después de pasar tres días juntos, cada uno deberá continuar su camino. [+]
Críticas 6
Críticas ordenadas por utilidad
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5
14 de julio de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las líneas discontinuas transforma una situación que podría derivar en un thriller o una comedia en un drama íntimo sobre dos personajes que atraviesan un periodo de incertidumbre. Durante tres días comparten conversaciones y silencios que los llevan a enfrentarse a sus propias heridas. Aunque pertenecen a generaciones distintas, ambos viven la sensación de haber perdido el rumbo.

La identidad trans de Denís forma parte esencial de su historia, pero la película evita convertirla en el único centro del relato. Aun así, el desarrollo dramático no siempre aprovecha todo el potencial de la premisa, ya que algunas situaciones se prolongan sin aportar nuevos matices y la relación entre los protagonistas no alcanza toda la intensidad emocional que promete.

Anxos Fazáns apuesta por una puesta en escena sobria, centrada en los pequeños gestos y en las emociones contenidas. La cámara acompaña de cerca a los personajes mientras intentan reconstruir sus vidas en un entorno que parece seguir avanzando sin ellos.
La dirección prescinde del dramatismo excesivo y confía en la fuerza de las conversaciones y los silencios para expresar los conflictos. Esta sensibilidad aporta autenticidad al relato, aunque también provoca un ritmo irregular que hace perder intensidad en algunos momentos.

Las actuaciones sostienen gran parte del interés de la película. Mara Sánchez transmite con naturalidad la desorientación de una mujer que debe rehacer su vida tras veinte años de matrimonio, mientras que Adam Prieto construye un personaje definido por mucho más que su identidad de género.

La relación entre ambos evoluciona de forma pausada y creíble, basada en el apoyo mutuo más que en la necesidad de cambiar al otro. Esa conexión aporta sinceridad al conjunto, aunque el guion no desarrolla plenamente todas las posibilidades dramáticas de ese encuentro.

La fotografía recurre a una estética sencilla que refuerza el realismo de la narración, utilizando los espacios vacíos como reflejo del estado emocional de Bea. La puesta en escena evita los artificios y mantiene el foco en los personajes.
El montaje acompaña el tono contemplativo con un ritmo pausado, mientras que la música aparece de forma discreta para dejar que las conversaciones y los silencios tengan el mayor protagonismo. Todo el apartado técnico se pone al servicio de la historia, sin buscar grandes alardes visuales.

Las líneas discontinuas propone una reflexión sobre la identidad, la soledad y la posibilidad de empezar de nuevo a través del encuentro entre dos personas que atraviesan momentos decisivos de sus vidas. Su mirada resulta cercana y honesta, aunque la excesiva contención del relato hace que la película no termine de alcanzar toda la fuerza emocional que sugería su planteamiento inicial.

Resumen de la crítica escrita por Pablo Veiga Carpintero
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
9
21 de febrero de 2026 2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me gustó mucho la película, la forma de transmitir emociones y de poner en el foco preocupaciones reales, la fotografía el guion y la interpretación son impecables, por decir un contra diría que quizás es un poco lenta en algunos momentos pero se entiende perfectamente como licencia artística, vale la pena ir a verla , es muy diferente.
8
24 de febrero de 2026 2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una bonita historia alrededor de dos personas aparentemente diferentes a través de un breve encuentro, como diría Lean, que permite que se acerquen, y de paso acercarnos, de modo muy natural porque en el fondo todos nos nutrimos de afecto más que de roles o prejuicios.

Está narrada con cariño y proximidad y tampoco tiene subrayados de más apoyándose en el buen hacer de sus dos protagonistas (por cierto, él se parece a Paul Mescal lo que también es un plus) generando empatía.Tiene además un buen fondo musical, además con discos de vinilo, otro plus.

Por mi parte, teniendo en cuenta lo joven que es esta directora gallega yo estaré atenta a sus próximas películas porque me gusta su línea, aunque sea discontinua ;)
6
6 de julio de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Película galllega, sencilla, modesta en cuanto a producción y, supongo, ambición, que no obstante consigue convencer.

Y lo hace gracias a su sinceridad, dignidad formal y honestidad en cuanto a planteamiento y desarrollo.

Una narración clara, buenas interpretaciones y realización segura y eficaz, nos lleva a una relación en principio poco probable, entre dos personas antagónicas, lejanas tanto en edad como en posición social que, gracias al diálogo logran conectar, conocerse mejor y respetarse, cuando no quererse.

Dos personas que están pasando por momentos difíciles en sus vidas, con muchas dudas e inseguridades, que lograrán, con su interrelación, ver el camino a seguir en el futuro.

He leído por ahí que es conmovedora y muy emotiva. La verdad, a mí me ha gustado, pero no me ha emocionado, bien por su ritmo, tranquilo, bien porque me ha resultado, para bien, muy estoica, con silencios y miradas más expresivas que cualquier diálogo.
Esperaremos más trabajos de Anxos Fazáns, una joven realizadora a tener en cuenta.

https://filmsencajatonta2.blogspot.com
2
10 de julio de 2026 0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los porqués quedan escritos en la zona de spoilers, que recomiendo leer antes que este comentario.
Como la historia no tiene consistencia dramática ni lógica, la dirección se refugia en los clichés del cine de festival contemporáneo. Planos eternos, silencios incómodos y primerísimos primeros planos de la piel o de la casa vacía, mezclados con luces de neón y música electrónica de la noche gallega para simular una crisis existencial profunda, intentando comunicar visualmente lo que el guion fue incapaz de escribir.
La cosa va más allá de la película y después aflora la enorme condescendencia y deshonestidad de la prensa especializada. Los portales de crítica le clavaron 4 de 5 estrellas con discursos vacíos sobre "ejercicios honestos y valientes", no haciendo otra cosa que intentar un blindaje ideológico gigante para premiar la película porque el protagonista es trans y cumple con la agenda del momento; si esta misma ridiculez aburrida e insostenible la protagonizara una pareja heterosexual convencional de clase media, la habrían destrozado sin lástima. Un producto hecho para la autocomplacencia progre que supongo que el público general va a ignorar con total justicia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
As liñas descontinuas, una película dirigida por Anxos Fazáns, se desarrolla en un terreno muy transitado por el cine de festivales: el cruce íntimo entre dos personajes rotos, uno por la precariedad y el otro por el desengaño. Lástima que la propuesta se cae a pedazos desde el primer minuto y requiere que el espectador lobotomice su sentido común para avanzar en la trama. Todo empieza con el desvalijamiento de la casa de una mujer de 50 años en pleno proceso de divorcio, donde uno de los ladrones (un chico trans de 28 años) se queda plácidamente dormido en la cama de la víctima.
A partir de este absurdo inicial, el texto de Fazáns e Ian de la Rosa comete los peores atropellos contra la psicología humana. La protagonista no llama a la policía, no grita y después de darle un par de sopapos (¡¿?!) reacciona con total indiferencia ante la violación de su propiedad, dejando ir al delincuente (que después regresa ¡a devolverle la palta que le había robado!) para iniciar un vínculo forzado que mezcla lo afectivo/sexual con lo maternal. Lo que sigue es una procesión de situaciones inverosímiles, por ejemplo un almuerzo familiar incómodo traído de los pelos y escenas de seducción en una piscina donde la mujer actúa con la madurez de una adolescente tonta y la gracilidad de una ninfa en un juego visual que da más vergüenza ajena que sensualidad.
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