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Críticas 183
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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8 de noviembre de 2025
41 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director es Guillermo del Toro, así que hay que estar preparado para digerir su estilo. Si no te gusta el exceso visual, lo gótico saturado y la mezcla de lo feo con lo bello que él hace, no intentes ver esta película porque es muy fiel a su estilo precisamente.
El cine de Guillermo del Toro siempre fue un choque entre lo espectacular y lo personal, pero acá hay un problema grave con los efectos. Es una contradicción irritante que en una obra gótica tan artesanal se sientan los efectos visuales tan fríos. El ejemplo más claro son los lobos, que no se los cree nadie. Se ven como efectos digitales sintéticos o de muy mala calidad, y para una película con un presupuesto altísimo como esta, que la calidad de esos efectos hechos con IA sea pésima es imperdonable. La falta de autenticidad en esos detalles digitales rompe la suspensión de la incredulidad y se siente como una traición al alma tangible del cine de monstruos. Además, ese artificio se suma a lo sobrecargado que está el drama. Del Toro parece incapaz de encontrar un punto medio entre lo grotesco y lo empalagoso. El Monstruo es desgarrador, sí, pero la narrativa está constantemente sobrecargada de azúcares y lirismo melodramático, lo cual pasa del horror existencial a la lágrima fácil con rapidez. Todo es excesivo; los decorados, la música, las emociones están subrayadas hasta el punto de la asfixia. Esta película no es para el espectador que disfruta la sutileza; es para el que necesita ser guiado por cada emoción, que tolera mal la ambigüedad moral y la contención dramática. Es una fantasía desbordada para quien busca que el dolor existencial sea siempre bello, brillante y envuelto en terciopelo. Respecto a qué tipo de espectador adulto le puede gustar una fantasía sobrecargada de azúcares como esta, mi nieto adolescente bostezó tres veces antes de decirme "abuelo, y si miramos otra cosa".
31 de julio de 2025
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algunos críticos vieron Una vida honrada como una “película de odio a los pobres”. Yo la vi como lo contrario: un retrato incómodo —y bastante ajustado— del modo en que ciertos discursos supuestamente solidarios terminan encubriendo manipulación, cinismo y hasta crueldad. No es una defensa de los ricos: es una crítica a los que usan la rebeldía como disfraz para hacer lo que quieren sin hacerse cargo de nada.

El protagonista no “traiciona a su clase”, como dicen algunos. Se saca de encima una farsa. Y se da cuenta —tarde, pero se da cuenta— de que lo que lo rodea no es revolución, sino una bolsa de gatos: sectarismo, narcisismo político y un par de ladrones con pretensiones literarias. Lo interesante de esta película no es a quién defiende, sino a quién desarma. Y sí, desarma al progresismo sentimental, ese que dice luchar contra el sistema mientras se droga con sus beneficios.

La película no es de derecha. Es crítica, ambigua y por momentos despiadada. El problema es que para ciertos sectores, todo lo que no repite el catecismo es automáticamente “reaccionario”. Acá no hay buenos ni malos de manual. Hay jóvenes confundidos, discursos envenenados y un tipo que, con todas sus torpezas, prefiere pensar por su cuenta.

Y eso, parece, es lo que más les molesta.
3 de julio de 2025
15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cuarta temporada parece un plato recalentado que ya no engaña a nadie. Donde antes había vértigo, ahora hay letargo. Los personajes siguen atrapados en sus propios traumas, pero sin el filo ni el pulso que solían tener. La cocina dejó de ser un campo de batalla para convertirse en un consultorio de terapia grupal. Los monólogos, cada vez más largos y menos necesarios, reemplazan la acción por introspección vacía. Hay capítulos que apenas avanzan, repitiendo los mismos conflictos con la ilusión de profundidad. Ni siquiera las actuaciones -que siguen siendo buenas- alcanzan para disimular el estancamiento creativo. Lo que fue una serie feroz ahora se arrastra como un animal herido, demasiado consciente de su fama, demasiado preocupado por parecer sofisticado.

...

El final de El Oso confirma lo peor: la serie perdió totalmente la identidad, o si se quiere, la cambió por otra. Lo que nos enganchó en las primeras temporadas -los nervios, la adrenalina de la cocina y una historia que se entendía- desapareció. En su lugar, esta quinta entrega confirma la tendencia de la cuarta y nos deja un producto elitista, cerrado e ilegible, que habla en un lenguaje críptico que probablemente le interese a una elite (de la que estoy lejos de formar parte).
La serie venía arrastrando dos temporadas raritas. En esta última se la pasan dando vueltas en discusiones densas sobre cuestiones filosófico-culinarias, convirtiendo el restaurante en un lugar artificial que no tiene nada que ver con la realidad. Prefirieron armar un envoltorio técnico indescifrable para buscar premios antes que contar bien la historia.
Al formato directo del principio lo cambiaron por silencios y sentencias crípticas que no dicen nada y una especie de melodrama familiar totalmente exagerado. La historia se conviertió en un bucle que aburre y repite los mismos vicios, y queda claro que podrá una producción con mucho estilo, un estilo único si alguien quiere verlo así, pero se quedó sin ninguna sustancia. Se encapricharon en inventar la pólvora y dinamitaron la conexión con la gente.
En el final del E04 intentan corregir el rumbo, pero es tarde.
Este cierre en vez de dar nostalgia; da alivio. Alivio de ver terminar un ciclo que se volvió insoportable, encerrado en su propio elitismo y totalmente ajeno a la crudeza verosímil que alguna vez lo hizo atractivo y querible.
3 de abril de 2026
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película arranca con una premisa clara: un grupo de bailarinas viaja a una competencia y queda atrapado en un entorno controlado por criminales. Hasta ahí, todo reconocible. El problema es lo que viene después: la historia empieza a moverse entre registros sin terminar de definirse.

Por momentos parece una película de acción, apoyada en la idea de usar la técnica del ballet como forma de combate. Hay secuencias que intentan diferenciarse desde lo coreográfico, donde el movimiento y la precisión reemplazan al golpe directo. Pero esa idea, que podría sostener el conjunto, aparece de forma intermitente.

Al mismo tiempo, el guion introduce elementos de thriller, algo de humor e incluso tonos cercanos al horror. Nada de eso termina de consolidarse. La película avanza sumando capas que no se integran, generando una sensación constante de indefinición.

Los personajes tampoco ayudan a ordenar el relato. Están apenas esbozados, funcionando más como piezas dentro de la situación que como motores reales de la historia. La progresión es previsible, pero el tono cambia lo suficiente como para desorientar.
Millicent Simmonds
La presencia de Uma Thurman como antagonista suma peso, pero queda absorbida por un conjunto que no termina de decidir qué quiere ser. La película tiene una idea central interesante, pero no la organiza alrededor de un eje claro.

El resultado es un producto irregular, con momentos entretenidos pero atravesado por una pregunta constante: qué tipo de película está intentando ser.
20 de junio de 2026
15 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
La serie arranca con un hombre que lleva cinco años preso por el asesinato de su hijo. Durante todo ese tiempo nadie le creyó que era inocente: ni la esposa, ni los amigos, ni siquiera los padres. Hasta que un día la cuñada ve una foto de un gurí que se parece al hijo muerto. Lo va a ver a la cárcel, se la muestra y ¡click! magia, todo cambia. Ahora el tipo tiene ganas de demostrar que no es un asesino y la cuñada se da cuenta que vale la pena decirle que siempre le creyó y que lo va ayudar.
Si ese planteo te convence, seguramente vas a poder seguir adelante sin mayores problemas. A mi esas cosas me resultan incomprables.
A partir de ahí la serie se convierte en otro de esos productos perfectamente engrasados que Netflix y Harlan Coben vienen fabricando hace años. Un misterio lleva a otro, después aparece un secreto, después un sospechoso nuevo, después un giro y después otro más. Todo muy bien pensado para que el espectador tipo de estas series, siga mirando. Las actuaciones no ayudan nada. Sam Worthington y buena parte del elenco parecen sacados de una telenovela de cuarta. El guión no tiene ninguna vergüenza en contradecirse y en hacer ver cosas imposibles como lo más normal del mundo.
Sam Worthington
Y sin embargo estas series funcionan y funcionan muy bien. Está claro que están construidas para un tipo de consumo muy particular. No hace falta prestar demasiada atención a los detalles ni preguntarse mucho si las cosas tienen sentido: al revés, es mejor no atender a los detalles y aceptar que todo tiene sentido, aún lo absurdo. Netflix y Coben encontraron una fórmula infalible. En lugar de jugarse con historias sólidas pero que requieran un poco de pienso, se la pasan vendiendo todo el tiempo la promesa de que la gran respuesta está en el próximo episodio.
Es muy mala pero (o sin peros) le auguro mucho éxito.
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