Mujeres
7.0
1,619
Comedia
Un grupo de mujeres de la clase alta pasa la mayor parte del día entre salones de belleza y tiendas de ropa, siempre murmurando, con cotilleos y rumores. De repente, una de ellas descubre que su marido se ve a escondidas con una dependienta. Esta situación provoca un escándalo entre sus amigas, produciéndose diversas situaciones de celos, envidias y rumores. (FILMAFFINITY)
11 de abril de 2007
11 de abril de 2007
70 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
El propio Almodóvar lo dice: “Cukor es un genio en el tratamiento de los personajes femeninos.” Y no es de extrañar que cite a “Mujeres” entre sus exquisitas referencias.
Razón no le falta. Tan sólo hay que ojear la filmografía de Cukor y sondear su alargada sombra e incluso ciñéndose únicamente a “Mujeres” aparece una versión de Fassbinder para televisión y un futuro remake de Diane English (“Murphy Brown”), donde se rumorean nombres como Anne Hathaway, Meg Ryan o Lisa Kudrow. ¿?
Yo también me he deslumbrado por la adaptación de la obra de teatro de Clare Boothe, por esta deliciosa comedia interpretada exclusivamente por mujeres dejando en off a los hombres, por esos personajes secundarios y sus frases (“Oh, l'amour, l'amour”), por esas actrices que resplandecen como Norma Shearer, la inocente y sufrida esposa, Joan Crawford, la amante desvergonzada, o Rosalind Russell, la amiga pícara y liante. Me encontraba tan aturdido y enrolado a la causa femenina que iba a incluir a “Mujeres” entre mis películas preferidas de los treinta…
Pero llegó el final y me quedé pensando en que no entiendo a las mujeres, al menos a estas mujeres que me habían enamorado durante más de dos horas.
Razón no le falta. Tan sólo hay que ojear la filmografía de Cukor y sondear su alargada sombra e incluso ciñéndose únicamente a “Mujeres” aparece una versión de Fassbinder para televisión y un futuro remake de Diane English (“Murphy Brown”), donde se rumorean nombres como Anne Hathaway, Meg Ryan o Lisa Kudrow. ¿?
Yo también me he deslumbrado por la adaptación de la obra de teatro de Clare Boothe, por esta deliciosa comedia interpretada exclusivamente por mujeres dejando en off a los hombres, por esos personajes secundarios y sus frases (“Oh, l'amour, l'amour”), por esas actrices que resplandecen como Norma Shearer, la inocente y sufrida esposa, Joan Crawford, la amante desvergonzada, o Rosalind Russell, la amiga pícara y liante. Me encontraba tan aturdido y enrolado a la causa femenina que iba a incluir a “Mujeres” entre mis películas preferidas de los treinta…
Pero llegó el final y me quedé pensando en que no entiendo a las mujeres, al menos a estas mujeres que me habían enamorado durante más de dos horas.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Me he mirado desnudo ante un espejo y observado detenidamente algo que colgaba en mi entrepierna. No soy una mujer, pensé. Así que pregunté a diferentes mujeres sobre el final, que me parece precipitado, y la decepcionante elección de la protagonista.
El resultado final del sondeo es mayoritario: resulta creíble que Mary desee sacar sus garras ‘rojo selva’ y recuperar a su marido humillando a su nueva mujer. Pero a mí me defrauda. No lo entiendo pese a que tengan una hija en común. Ah sí, l'amour, l'amour… pero la pregunta es si perdonarías a tu ex habiéndose acostado durante más de un año con un zorrón que sólo le quería por su dinero y que encima acaba la relación no porqué te quiera realmente sino porque el zorrón en cuestión le ha sido infiel.
Y volver a él con los brazos abiertos… Tal vez en su época fuera lo ‘normal’, pero yo me imaginaba a Mary humillando a la Crawford y diciendo a su marido: “Esto que está delante de ti. Esta verdadera mujer, la has perdido para siempre”. Y al l'amour, l'amour que le den, que antes va la dignidad.
El resultado final del sondeo es mayoritario: resulta creíble que Mary desee sacar sus garras ‘rojo selva’ y recuperar a su marido humillando a su nueva mujer. Pero a mí me defrauda. No lo entiendo pese a que tengan una hija en común. Ah sí, l'amour, l'amour… pero la pregunta es si perdonarías a tu ex habiéndose acostado durante más de un año con un zorrón que sólo le quería por su dinero y que encima acaba la relación no porqué te quiera realmente sino porque el zorrón en cuestión le ha sido infiel.
Y volver a él con los brazos abiertos… Tal vez en su época fuera lo ‘normal’, pero yo me imaginaba a Mary humillando a la Crawford y diciendo a su marido: “Esto que está delante de ti. Esta verdadera mujer, la has perdido para siempre”. Y al l'amour, l'amour que le den, que antes va la dignidad.
26 de octubre de 2008
26 de octubre de 2008
34 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de los films más reconocidos de los realizados por George Cukor durante su etapa en la MGM. El guión de Anita Loos y Jane Murfin adapta la obra de teatro “The Women” (1936), de Clara Boothe Luce, que tuvo gran éxito en Broadway. Se rueda en los platós de MGM Studios (Culver City, CA). Producido por Hunt Stromberg para MGM, se estrena el 1-IX-1939 (EEUU).
La acción dramática tiene lugar en NYC, Reno y en el trayecto en tren entre ambas localidades. Incluye escenas separadas por 2 años (1937-39). Mary Haines (Shearer), felizmente casada y madre de una niña, la pequeña Mary (Weidler), es la última en enterarse que su marido se entretiene con la dependienta de una tienda de cosméticos, Crystal Allen (Crawford). Forman parte, además, del grupo de amigas Peggy Day (Fontaine), Edith Potter (Povah), la condesa Flora (Boland), Miriam Aarons (Goddard), la columnista Dolly Depuyster (Hopper). Mary es ingenua, romántica, virtuosa, simpática y sufrida. Sylvia Fowler (Russell) es chismosa, liante, venenosa y astuta. Crystal Allen es desvergonzada, insolente e interesada. Flora, de más de 50 años, divorciada de 4 maridos, es muy rica y aficionada a los hombres jóvenes. Miriam es sensata y muy atractiva. Dolly es curiosa y entrometida.
El film suma comedia y drama. Desarrolla una historia de cotilleos, murmuraciones, disputas y peleas, protagonizada por mujeres casadas, viudas y divorciadas de la alta sociedad de NYC, que se mueven en torno de Park Avenue (boutiques, perfumerías, salones de belleza, sombrererías...) durante los últimos años de la década de los 30 del s XX. Construye una aguda, festiva y elegante sátira de la vida y costumbres de las mujeres neoyorquinas adineradas de los años que precedieron a la IIGM.
Añade una divertida parodia de tópicos femeninos, como la afición a los salones de belleza, las compras de perfumería, la preocupación por la moda en el vestir, las conversaciones sobre los hombres, los cotilleos sobre la vida sentimental de conocidos y famosos, etc. La parodia se extiende a las nuevas costumbres (práctica de la equitación, la pesca...). Incluye los rasgos contemporáneos de pertenencia a la alta burguesía (beber jerez, tener servicio doméstico, disfrutar de 15 días al año de vacaciones estivales en el extranjero...). Presta especial atención a las costumbres sexuales del colectivo (infidelidades, parejas inestables...). Con singular delicadeza muestra la existencia natural de la homosexualidad femenina.
La cinta está protagonizada sólo por mujeres (actrices principales, de reparto y figurantes suman 135). La realización corre a cargo de un inspirado George Cukor, especialista reconocido en la dirección de actrices.
La acción dramática tiene lugar en NYC, Reno y en el trayecto en tren entre ambas localidades. Incluye escenas separadas por 2 años (1937-39). Mary Haines (Shearer), felizmente casada y madre de una niña, la pequeña Mary (Weidler), es la última en enterarse que su marido se entretiene con la dependienta de una tienda de cosméticos, Crystal Allen (Crawford). Forman parte, además, del grupo de amigas Peggy Day (Fontaine), Edith Potter (Povah), la condesa Flora (Boland), Miriam Aarons (Goddard), la columnista Dolly Depuyster (Hopper). Mary es ingenua, romántica, virtuosa, simpática y sufrida. Sylvia Fowler (Russell) es chismosa, liante, venenosa y astuta. Crystal Allen es desvergonzada, insolente e interesada. Flora, de más de 50 años, divorciada de 4 maridos, es muy rica y aficionada a los hombres jóvenes. Miriam es sensata y muy atractiva. Dolly es curiosa y entrometida.
El film suma comedia y drama. Desarrolla una historia de cotilleos, murmuraciones, disputas y peleas, protagonizada por mujeres casadas, viudas y divorciadas de la alta sociedad de NYC, que se mueven en torno de Park Avenue (boutiques, perfumerías, salones de belleza, sombrererías...) durante los últimos años de la década de los 30 del s XX. Construye una aguda, festiva y elegante sátira de la vida y costumbres de las mujeres neoyorquinas adineradas de los años que precedieron a la IIGM.
Añade una divertida parodia de tópicos femeninos, como la afición a los salones de belleza, las compras de perfumería, la preocupación por la moda en el vestir, las conversaciones sobre los hombres, los cotilleos sobre la vida sentimental de conocidos y famosos, etc. La parodia se extiende a las nuevas costumbres (práctica de la equitación, la pesca...). Incluye los rasgos contemporáneos de pertenencia a la alta burguesía (beber jerez, tener servicio doméstico, disfrutar de 15 días al año de vacaciones estivales en el extranjero...). Presta especial atención a las costumbres sexuales del colectivo (infidelidades, parejas inestables...). Con singular delicadeza muestra la existencia natural de la homosexualidad femenina.
La cinta está protagonizada sólo por mujeres (actrices principales, de reparto y figurantes suman 135). La realización corre a cargo de un inspirado George Cukor, especialista reconocido en la dirección de actrices.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La obra apuesta por el amor monógamo y la familia, explica que conviene a la mujer no fiarse de las amigas, aconseja posturas activas frente a las amenazas del grupo, desaconseja la ingenuidad y la excesiva buena fe, recomienda que en la pareja el amor prevalezca sobre el orgullo y el resentimiento y exalta la amistad femenina. Aporta un interesante retrato social de la mujer occidental acomodada de antes de la IIGM.
La narración se asienta sobre diálogos abundantes, múltiples personajes, una definición consistente de caracteres, un ritmo rápido, una fastuosa puesta en escena y unas interpretaciones excelentes, entre las que destacan la simpática actuación de Shearer y la cómica entrega de Russell. El humor se apoya en referencias picantes, situaciones absurdas, enfrentamientos hilarantes (tensión entre Mary y Cristal), ocurrencias divertidas y peleas que en ocasiones llegan a la agresión física. Son escenas memorables la delicioso combate pugilístico de Miriam y Sylvia, el relato que hace la criada de la pelea verbal de Mary y Stephen, la descripción del salón de belleza y sus múltiples actividades, etc.
La música, de David Snell y Edward Ward, aporta composiciones de acompañamiento románticas (violines), alegres (jazz de ritmo rápido) y alocadas (viento). Añade canciones ajenas, como “Forevermore” (coro final) y algunas melodías tarareadas por las protagonistas (“Please Don’t Talk About Me When I’m Gone”, a cargo de Shearer y doblada). La fotografía, de Oliver T. Marsh y Joseph Rutemberg, crea notables planos secuencia, planos de media y larga distancia, planos picados y planos generales de gran dinamismo. Refuerza la comicidad con abundante humor visual (ejercicios gimnásticos de Sylvia, pelea de dos caniches...).
La película conserva gran parte del vigor inicial. La frescura e intensidad de las interpretaciones y la eficacia de la dirección hacen de ésta una obra disfrutable y notable.
La narración se asienta sobre diálogos abundantes, múltiples personajes, una definición consistente de caracteres, un ritmo rápido, una fastuosa puesta en escena y unas interpretaciones excelentes, entre las que destacan la simpática actuación de Shearer y la cómica entrega de Russell. El humor se apoya en referencias picantes, situaciones absurdas, enfrentamientos hilarantes (tensión entre Mary y Cristal), ocurrencias divertidas y peleas que en ocasiones llegan a la agresión física. Son escenas memorables la delicioso combate pugilístico de Miriam y Sylvia, el relato que hace la criada de la pelea verbal de Mary y Stephen, la descripción del salón de belleza y sus múltiples actividades, etc.
La música, de David Snell y Edward Ward, aporta composiciones de acompañamiento románticas (violines), alegres (jazz de ritmo rápido) y alocadas (viento). Añade canciones ajenas, como “Forevermore” (coro final) y algunas melodías tarareadas por las protagonistas (“Please Don’t Talk About Me When I’m Gone”, a cargo de Shearer y doblada). La fotografía, de Oliver T. Marsh y Joseph Rutemberg, crea notables planos secuencia, planos de media y larga distancia, planos picados y planos generales de gran dinamismo. Refuerza la comicidad con abundante humor visual (ejercicios gimnásticos de Sylvia, pelea de dos caniches...).
La película conserva gran parte del vigor inicial. La frescura e intensidad de las interpretaciones y la eficacia de la dirección hacen de ésta una obra disfrutable y notable.
9 de enero de 2009
9 de enero de 2009
29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cukor rodó esta comedia exclusivamente protagonizada por un abigarrado y bien escogido plantel de actrices, en la que realiza una mordaz sátira de la guerra de sexos.
Aunque se resiente un poco del tiempo transcurrido desde su rodaje, pesando sobre ella los cambios socioculturales e ideológicos de las últimas siete décadas, así como la revolución sexual y la lucha por la igualdad de géneros, sin embargo la afilada crítica se encuentra agazapada entre los perfumes, las ropas suntuosas, los chismorreos; entre las miradas, unas depredadoras, que despellejan, envidiosas, calculadoras, hipócritas, y otras honestas e inocentes; entre dardos envenenados que salen de lenguas ociosas y viperinas; y, en general, en una divertida farsa bastante esperpéntica y aguda acerca de la superficialidad, de las conveniencias, de la hipocresía, de la maledicencia y de la relaciones interesadas. El retrato que Cukor realiza, tanto del elemento femenino de la sociedad acomodada de Nueva York, como del elemento masculino, y sus interacciones, no resulta muy favorecedor.
Toda la puesta en escena, las espléndidas actuaciones del numeroso elenco de féminas y el agilísimo y vertiginoso guión transmiten una impresión de gran dinamismo que roza lo caótico y lo mareante. Durante casi todo el metraje se suceden escenas en las que grupos de mujeres charlan sin cesar, cotillean, ponen vestidas de limpio a otras y se meten en los asuntos ajenos, pasan por diversas etapas sentimentales predominando los problemas conyugales, las infidelidades, las rupturas, los divorcios y los nuevos matrimonios. La olla de grillos llega a alcanzar proporciones considerables, mientras el revuelo es cada vez mayor alrededor de la dulce y desengañada Mary Haines, que como tantas otras sufre del fantasma de los celos y de la traición de su marido, al que ella ama tiernamente.
Un análisis algo desfasado y a veces bastante estereotipado y condescendiente que no encaja demasiado setenta años después, pero a menudo irónico, sobre todo de los roles masculino y femenino en el amor y en el matrimonio, de las dificultades de pareja, del sexismo, de la supuesta permisividad y paciencia que deben tener las esposas ante los devaneos extramaritales de sus obtusos, inseguros y tontorrones maridos, los cuales se dejan atrapar por lagartas que sólo persiguen su dinero y su posición... Llegando a la conclusión de que el orgullo, la dignidad, la rebeldía femenina, el negarse a ser plato de segunda mesa y el divorcio por despecho son soluciones erróneas. Y que ante el amor, no hay orgullo que valga, y que las mujeres tienen que aceptar que sus maridos son unos pobres tontos dignos de lástima.
Ni unas ni otros quedan en buen lugar.
Aunque se resiente un poco del tiempo transcurrido desde su rodaje, pesando sobre ella los cambios socioculturales e ideológicos de las últimas siete décadas, así como la revolución sexual y la lucha por la igualdad de géneros, sin embargo la afilada crítica se encuentra agazapada entre los perfumes, las ropas suntuosas, los chismorreos; entre las miradas, unas depredadoras, que despellejan, envidiosas, calculadoras, hipócritas, y otras honestas e inocentes; entre dardos envenenados que salen de lenguas ociosas y viperinas; y, en general, en una divertida farsa bastante esperpéntica y aguda acerca de la superficialidad, de las conveniencias, de la hipocresía, de la maledicencia y de la relaciones interesadas. El retrato que Cukor realiza, tanto del elemento femenino de la sociedad acomodada de Nueva York, como del elemento masculino, y sus interacciones, no resulta muy favorecedor.
Toda la puesta en escena, las espléndidas actuaciones del numeroso elenco de féminas y el agilísimo y vertiginoso guión transmiten una impresión de gran dinamismo que roza lo caótico y lo mareante. Durante casi todo el metraje se suceden escenas en las que grupos de mujeres charlan sin cesar, cotillean, ponen vestidas de limpio a otras y se meten en los asuntos ajenos, pasan por diversas etapas sentimentales predominando los problemas conyugales, las infidelidades, las rupturas, los divorcios y los nuevos matrimonios. La olla de grillos llega a alcanzar proporciones considerables, mientras el revuelo es cada vez mayor alrededor de la dulce y desengañada Mary Haines, que como tantas otras sufre del fantasma de los celos y de la traición de su marido, al que ella ama tiernamente.
Un análisis algo desfasado y a veces bastante estereotipado y condescendiente que no encaja demasiado setenta años después, pero a menudo irónico, sobre todo de los roles masculino y femenino en el amor y en el matrimonio, de las dificultades de pareja, del sexismo, de la supuesta permisividad y paciencia que deben tener las esposas ante los devaneos extramaritales de sus obtusos, inseguros y tontorrones maridos, los cuales se dejan atrapar por lagartas que sólo persiguen su dinero y su posición... Llegando a la conclusión de que el orgullo, la dignidad, la rebeldía femenina, el negarse a ser plato de segunda mesa y el divorcio por despecho son soluciones erróneas. Y que ante el amor, no hay orgullo que valga, y que las mujeres tienen que aceptar que sus maridos son unos pobres tontos dignos de lástima.
Ni unas ni otros quedan en buen lugar.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Pero Cukor sabe darle el tono adecuado de farsa y de absurdo para que el resultado nos proporcione una forma de juzgarnos a nosotros mismos y de reírnos de nuestras tonterías y debilidades humanas.
Aunque sea algo ñoña y condescendiente a ratos, aunque al final quede ese regusto a conformismo pese a la aparente revolución, y esa sensación de estar en un gallinero donde todo el mundo está cortado por el mismo patrón, no hay duda de que Cukor supo dirigir con buena mano y excelentes diálogos esta comedia delirante en la que todo gira en torno a los hombres, sin que aparezca uno solo.
Aunque sea algo ñoña y condescendiente a ratos, aunque al final quede ese regusto a conformismo pese a la aparente revolución, y esa sensación de estar en un gallinero donde todo el mundo está cortado por el mismo patrón, no hay duda de que Cukor supo dirigir con buena mano y excelentes diálogos esta comedia delirante en la que todo gira en torno a los hombres, sin que aparezca uno solo.
17 de marzo de 2017
17 de marzo de 2017
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película en la que sólo aparecen mujeres pero que gira toda ella en torno a los hombres, o al menos giran las protagonistas. Supongo que en su momento se consideró como un hallazgo artístico y de paso comercial el hecho de que no apareciera ningún varón, pero paradójicamente, el varón (o los varones) están casi tan presentes (y casi sin el casi, si se puede decir) como las mujeres.
Por otro lado, el filme no resulta demasiado interesante. La anécdota es insulsa y previsible por no decir estúpida, y de no haber estado tras la cámara George Cukor delante de ella Norma Shearer o Paulette Godard el filme se haría insoportable.
A destacar que la considero una de las películas más sexistas que he visto últimamente.
Por otro lado, el filme no resulta demasiado interesante. La anécdota es insulsa y previsible por no decir estúpida, y de no haber estado tras la cámara George Cukor delante de ella Norma Shearer o Paulette Godard el filme se haría insoportable.
A destacar que la considero una de las películas más sexistas que he visto últimamente.
21 de septiembre de 2018
21 de septiembre de 2018
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entre un aire de frivolidad y cierto resabio de complacencia que G. Cukor maneja con envidiable destreza, la labor de A. Loos no puede pasar desapercibida porque su guión es excelente.
El director realiza un ejercicio magistral de narrativa cinematográfica y bordea la perfección en su capacidad para fabular las situaciones de tal modo que el espectador puede olvidar que se encuentra en el cine.
Y ello, a pesar de su dudosa pertinencia argumental.
Postales de la vida regalada en un contexto de lasitud psicológica y ética que esconde un notable punto de acidez.
El notable elenco femenino cumple su cometido con la profesionalidad y brillantez que el público espera de ellas.
No defrauda las expectativas.
El director realiza un ejercicio magistral de narrativa cinematográfica y bordea la perfección en su capacidad para fabular las situaciones de tal modo que el espectador puede olvidar que se encuentra en el cine.
Y ello, a pesar de su dudosa pertinencia argumental.
Postales de la vida regalada en un contexto de lasitud psicológica y ética que esconde un notable punto de acidez.
El notable elenco femenino cumple su cometido con la profesionalidad y brillantez que el público espera de ellas.
No defrauda las expectativas.
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