El bosque maldito
2019 

4.8
2,783
20 de julio de 2019
20 de julio de 2019
107 de 122 usuarios han encontrado esta crítica útil
He estado leyendo críticas y no creo que se trate de una película de terror y de usurpación de identidad. Sí que se trata de terror, el peor por el que uno puede pasar, ese terror llamado "ansiedad".
Voy a intentar resumirlo en la zona Spoilers, que aunque no le interese a nadie, pero si ya ha visto la película que tenga otro punto de vista. Un punto de vista del que haya pasado por una situación parecida, como en mi caso que aún sigo padeciéndola, sería interesante. Enfermedad que no se la deseo ni a mi peor enemigo.
Os quitará un par de minutos leerla y os lo agradecería:
Voy a intentar resumirlo en la zona Spoilers, que aunque no le interese a nadie, pero si ya ha visto la película que tenga otro punto de vista. Un punto de vista del que haya pasado por una situación parecida, como en mi caso que aún sigo padeciéndola, sería interesante. Enfermedad que no se la deseo ni a mi peor enemigo.
Os quitará un par de minutos leerla y os lo agradecería:
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
A mi parecer el mensaje de la película trata sobre la ansiedad, desrealización y despersonalización. Que es el miedo más grande que uno puede tener, no poder controlar sus pensamientos y vivir en tercera persona.
Creo que ni existen esos monstruos, ni hay un agujero en el bosque, ni nada por el estilo.
Partimos la base que la madre es una chica separada, maltratada físicamente y supongo también psicológicamente. Tiene su rutina diaria, lleva al peque al cole, va a trabajar, cuando vuelve da de comer y juego con su hijo. Luego se pone a reformar la casa para tener la mente distraída.
El niño se nota que es poco social, el típico marginado en clase y aracnofóbico (nada de extrañar). Bueno voy a grano, el detonante se produce cuando aplasta pisa la araña con el pie y le dice a su madre que es una mentirosa varias veces y ase adentra en el bosque. Ahí es donde ella empieza a ver la realidad de forma distinta, cree que su hijo se ha transformado en su padre. De buenas a primeras el chaval es social con sus compañeros de clase, come como un adulto y ve películas de mayores en vez de jugar como cualquier niño de su edad. Agrede a la madre y también se disculpa al momento diciéndole "lo siento" muchas veces y "te quiero". Lo que hace cualquier maltratador. Pero en sí es su forma de percibir esa realidad paralela, el miedo a que el niño sea como su padre y ella cae en un episodio grave de ansiedad; llamado desrealización. Percibes la realidad de forma distinta, en sus sueños se puede comprobar, también en la escena del concurso de talentos en el colegio, mientras todos los padres están viendo la función de sus hijos ella está percibiendo otra cosa, que no es su hijo. Por eso se va del colegio corriendo, un intento de huir hasta de su propio hijo. Algo que realmente no pasó, porque el niño estaba en casa y de haber sido así no hubiese llegado caminando ni otro profesor lo llevase a la casa después de esa reacción. Habrían llamado a los servicios sociales para hacerse cargo del niño mientras buscaban a la madre.
Creo que ni existen esos monstruos, ni hay un agujero en el bosque, ni nada por el estilo.
Partimos la base que la madre es una chica separada, maltratada físicamente y supongo también psicológicamente. Tiene su rutina diaria, lleva al peque al cole, va a trabajar, cuando vuelve da de comer y juego con su hijo. Luego se pone a reformar la casa para tener la mente distraída.
El niño se nota que es poco social, el típico marginado en clase y aracnofóbico (nada de extrañar). Bueno voy a grano, el detonante se produce cuando aplasta pisa la araña con el pie y le dice a su madre que es una mentirosa varias veces y ase adentra en el bosque. Ahí es donde ella empieza a ver la realidad de forma distinta, cree que su hijo se ha transformado en su padre. De buenas a primeras el chaval es social con sus compañeros de clase, come como un adulto y ve películas de mayores en vez de jugar como cualquier niño de su edad. Agrede a la madre y también se disculpa al momento diciéndole "lo siento" muchas veces y "te quiero". Lo que hace cualquier maltratador. Pero en sí es su forma de percibir esa realidad paralela, el miedo a que el niño sea como su padre y ella cae en un episodio grave de ansiedad; llamado desrealización. Percibes la realidad de forma distinta, en sus sueños se puede comprobar, también en la escena del concurso de talentos en el colegio, mientras todos los padres están viendo la función de sus hijos ella está percibiendo otra cosa, que no es su hijo. Por eso se va del colegio corriendo, un intento de huir hasta de su propio hijo. Algo que realmente no pasó, porque el niño estaba en casa y de haber sido así no hubiese llegado caminando ni otro profesor lo llevase a la casa después de esa reacción. Habrían llamado a los servicios sociales para hacerse cargo del niño mientras buscaban a la madre.

Seána Kerslake
A la señora mayor que está vagando por los caminos le pasó algo similar, cayó en una depresión cuando su marido atropelló a su hijo porque éste conducía rápido. Por eso sigue buscando a su hijo muerto cuando se topa con la madre del niño y ,entonces ella le dice que no es su hijo, creyendo que de alguna forma podría ser el suyo fallecido, del que nunca superó su pérdida.
El marido se la señora mayor tampoco es desvela nada, la grabación de la cámara de fotos no dice nada. Incluso en la reproducción de ese vídeo no se ve nada cuando está pantalla rota. La protagonista está más pendiente de los espejos que hay en su casa que de otra cosa. Son meras especulaciones, ya que los trastornos de ansiedad son muchos y algunos muy difíciles de superar.
Concluyendo, al final la madre se da cuenta que la única forma de recuperar su vida es enfrentándose a la realidad, porque las pastillas que tomaba no la hacían efecto; por lo que va al pozo a hacerle frente a sus miedos. El pozo puede ser un lugar de su mente donde oculta sus propios fantasmas. Sin ir más lejos el suyo propio, cuando el monstruo que está en el pozo le agarra de la mano, se convierte en ella y ahí es donde se da cuenta de que ella misma es su propio fantasma, es cuando le hace frente golpeándola con la linterna y deshaciéndose del mal, de su propio mal, "la ansiedad". Acto seguido comienza una nueva vida, vuelve a la universidad, aquello que dejó en el pasado por haberse quedado embarazada, y mira a su hijo por la ventana haciéndole fotos, cuya fotos reproduce para ver si sigue siendo real lo que ve y no otra parte de anterior episodio de ansiedad, la desrealización.
El marido se la señora mayor tampoco es desvela nada, la grabación de la cámara de fotos no dice nada. Incluso en la reproducción de ese vídeo no se ve nada cuando está pantalla rota. La protagonista está más pendiente de los espejos que hay en su casa que de otra cosa. Son meras especulaciones, ya que los trastornos de ansiedad son muchos y algunos muy difíciles de superar.
Concluyendo, al final la madre se da cuenta que la única forma de recuperar su vida es enfrentándose a la realidad, porque las pastillas que tomaba no la hacían efecto; por lo que va al pozo a hacerle frente a sus miedos. El pozo puede ser un lugar de su mente donde oculta sus propios fantasmas. Sin ir más lejos el suyo propio, cuando el monstruo que está en el pozo le agarra de la mano, se convierte en ella y ahí es donde se da cuenta de que ella misma es su propio fantasma, es cuando le hace frente golpeándola con la linterna y deshaciéndose del mal, de su propio mal, "la ansiedad". Acto seguido comienza una nueva vida, vuelve a la universidad, aquello que dejó en el pasado por haberse quedado embarazada, y mira a su hijo por la ventana haciéndole fotos, cuya fotos reproduce para ver si sigue siendo real lo que ve y no otra parte de anterior episodio de ansiedad, la desrealización.
19 de julio de 2019
19 de julio de 2019
58 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil
Imagínate comiendo, todos los días, tu plato favorito. Terminarás harto. Lógico. Hay que comer, normalmente, platos corrientes para poder apreciar mejor, de vez en vez, tu plato favorito.
Lo mismo pasa con las películas. Si solamente ves buenas películas, llega un momento en que no las aprecias debidamente. Pierdes la perspectiva. Es imprescindible ver malas películas, de vez en cuando, para apreciar mejor las buenas.
"Bosque maldito" (¡vaya traducción!) es una excelente mala película. Tiene un argumento indescifrable. Unos diálogos sonrojantes. Un niño repelente que aparece y desaparece sin explicación. Una madre con cara de : "a mí qué me cuentas". Y, lo más importante, te aburre soberanamente.
Durante una temporada, después de ver "Bosque maldito", todas las películas te parecerán excelentes.
Lo mismo pasa con las películas. Si solamente ves buenas películas, llega un momento en que no las aprecias debidamente. Pierdes la perspectiva. Es imprescindible ver malas películas, de vez en cuando, para apreciar mejor las buenas.
"Bosque maldito" (¡vaya traducción!) es una excelente mala película. Tiene un argumento indescifrable. Unos diálogos sonrojantes. Un niño repelente que aparece y desaparece sin explicación. Una madre con cara de : "a mí qué me cuentas". Y, lo más importante, te aburre soberanamente.
Durante una temporada, después de ver "Bosque maldito", todas las películas te parecerán excelentes.
20 de agosto de 2022
20 de agosto de 2022
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este “slow burn” de Lee Cronin difícilmente se salva si lo vemos como un mero “ritornello” de fórmulas ya muy usadas en el cine, algunas de las cuales provenientes del subgénero extraterrestre: “Invasores de Marte” (1953), de William Cameron Menzies (con su reposición de 1986, dirigida por Tobe Hooper); “La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (1956), de don Siegel (repetida en 1978 por Philip Kaufman); “La Cara del Terror” (1999), de Rand Ravich, por poner una algo más cercana…
Pero las similitudes más escandalosas por las que se podría calificar a “The Hole in the Ground” (2019) de remake, sinó de plagio, se dan con la más reciente “The Hollow Child” (2017), de Jeremy Lutter. Cualquiera que haya visto esta última, como yo al principio, podrá haber pensado que “Bosque Maldito”, que nos ocupa, es un calco de su predecesora canadiense.
El hilo temático es exactamente el mismo: niño o niña desaparecidos en un bosque de las inmediaciones, que permanecen un tiempo desaparecidos, y regresan mostrando un comportamiento extraño, generando el delirio intuitivo de que algo o alguien ha suplantado su identidad, para extrañeza primero, y desesperación y terror después, de los que les rodean.
Pero las similitudes más escandalosas por las que se podría calificar a “The Hole in the Ground” (2019) de remake, sinó de plagio, se dan con la más reciente “The Hollow Child” (2017), de Jeremy Lutter. Cualquiera que haya visto esta última, como yo al principio, podrá haber pensado que “Bosque Maldito”, que nos ocupa, es un calco de su predecesora canadiense.
El hilo temático es exactamente el mismo: niño o niña desaparecidos en un bosque de las inmediaciones, que permanecen un tiempo desaparecidos, y regresan mostrando un comportamiento extraño, generando el delirio intuitivo de que algo o alguien ha suplantado su identidad, para extrañeza primero, y desesperación y terror después, de los que les rodean.

Seána Kerslake & James Quinn Markey.
No faltarían argumentos para tildar a Cronin de “copión”. Aunque analizadas ambas cintas en su contexto y su forma, hallaremos notables diferencias que harán de “The Hole in the Ground” una historia un tanto distinta, por lo menos en la perspectiva y el foco desde los que el guión elabora la trama. También en varios aspectos formales. Pero el eje troncal del argumento, no obstante, es el mismo.
El rasgo dispar del trabajo de Cronin reside en el planteamiento del estado mental de la madre (Seána Kerslake), que huye hacia una zona rural de un marido maltratador, causante de un pemanente síndrome de estrés y de ansiedad, tanto en ella como en su hijo, también aparentemente traumatizado, para poder empezar una nueva vida y restablecer su salud psíquica.
Ahí está el recurso básico en el que el script del propio director, con la colaboración de Stephen Shields, se constituye en el brasero en el que la tensión del espectador se irá cociendo a fuego lento: el debate entre la realidad de lo que está viviendo la protagonista con su hijo, o la naturaleza delirante de sus experiencias; todo centrado en la relación entre ambos. Un juego camaleónico en el que la historia cambia su color, según el punto de vista, o la hermenéutica en la que se base el discurso del observador.
El rasgo dispar del trabajo de Cronin reside en el planteamiento del estado mental de la madre (Seána Kerslake), que huye hacia una zona rural de un marido maltratador, causante de un pemanente síndrome de estrés y de ansiedad, tanto en ella como en su hijo, también aparentemente traumatizado, para poder empezar una nueva vida y restablecer su salud psíquica.
Ahí está el recurso básico en el que el script del propio director, con la colaboración de Stephen Shields, se constituye en el brasero en el que la tensión del espectador se irá cociendo a fuego lento: el debate entre la realidad de lo que está viviendo la protagonista con su hijo, o la naturaleza delirante de sus experiencias; todo centrado en la relación entre ambos. Un juego camaleónico en el que la historia cambia su color, según el punto de vista, o la hermenéutica en la que se base el discurso del observador.
Con esta estrategia, Cronin sumerge al espectador en el contexto diegético de la película, haciéndolo partícipe del punto de vista de Sarah. En “The Hollow Child”, por el contrario, nos hallamos desde un punto de observación externo de los acontecimientos, permitièndonos ver, y por lo tanto anticipar, más allá de la escena en la que se está centrando la cámara en un momento determinado, por lo que, como valor añadido, vivimos un plus de suspense (y por lo tanto de tensión), que en “Bosque Maldito” veremos restado, ya no sólo por estar “aprisionados” desde una perspectiva limitada, casi en primera persona, sinó también por la lentitud del ritmo a la que avanzan los acontecimientos.
La fotografía de Tom Comerford es quizá lo que da más enteros a la cinta. Con una predominancia de tonalidades frías, y buscando una nitidez en la imagen, como si quisiera mostrar una realidad desnuda, clara, diáfana, en contraste con el lenguaje del guión en general. Y no sobra decir, que, en consonancia a éste, los enfoques y los encuadres contribuyen a potenciar el planteamiento desde la perspectiva de la protagonista.
La fotografía de Tom Comerford es quizá lo que da más enteros a la cinta. Con una predominancia de tonalidades frías, y buscando una nitidez en la imagen, como si quisiera mostrar una realidad desnuda, clara, diáfana, en contraste con el lenguaje del guión en general. Y no sobra decir, que, en consonancia a éste, los enfoques y los encuadres contribuyen a potenciar el planteamiento desde la perspectiva de la protagonista.
La prolongada duración de planos, escenas… es la clave del parsimonioso avance de la historia, que si bien algunos espectadores no pueden ver más allá de su aburrimiento, se antoja bastante necesario para que podamos digerir sin sobresaltos la evolución de los acontecimientos a la luz de esa tan turbulenta como escalofriante relación socioafectiva entre madre e hijo.
El set de rodaje, las localizaciones de las escenas…, dentro de lo ya convencional que se instaura en este tipo de películas, se acopla a la intención de transmitir metafóricamente la necesidad de escape y aislamiento de una Sarah huyendo con su hijo, de los factores estresantes que la sumieron en su neurosis: una casa rural, algo apartada de un pequeño pueblo donde se relacionarán con las pocas personas que constituirán su círculo social; y el siempre siniestro y temido bosque, que representa la parte más sombría, el escondrijo del inconsciente donde se esconden, agazapan, se rearman i contraatacan los traumas. Y ya no se trata del bosque en sí, sinó del enorme agujero en el que moran, y de el que emanaran esos entes amorfos, esas rémoras propias que se apoderarán de la personalidad del pequeño Chris, hasta el punto que su madre dejará de reconocerlo como tal.
El set de rodaje, las localizaciones de las escenas…, dentro de lo ya convencional que se instaura en este tipo de películas, se acopla a la intención de transmitir metafóricamente la necesidad de escape y aislamiento de una Sarah huyendo con su hijo, de los factores estresantes que la sumieron en su neurosis: una casa rural, algo apartada de un pequeño pueblo donde se relacionarán con las pocas personas que constituirán su círculo social; y el siempre siniestro y temido bosque, que representa la parte más sombría, el escondrijo del inconsciente donde se esconden, agazapan, se rearman i contraatacan los traumas. Y ya no se trata del bosque en sí, sinó del enorme agujero en el que moran, y de el que emanaran esos entes amorfos, esas rémoras propias que se apoderarán de la personalidad del pequeño Chris, hasta el punto que su madre dejará de reconocerlo como tal.
En este ámbito revivimos la idea o concepto de ese callejón sin salida que supone el pretender huir de los propios fantasmas: siempre se acaba llegando a un destino, un lugar, donde hay que hacerles frente, o sucumbir ante su fuerza.
El hecho de que los habitantes del pequeño pueblo al que llegan Sarah y Chris (en un coche viejo, claramente gastado por el uso, y figurativamente otra imagen metafórica del estado anímico de los protagonistas), a los que apercibimos como extraños, cerrados… y hasta cierto punto acobardados por extraños sucesos que presagian lo que acontecerá; ello refuerza la imagen del escenario como lugar de “retiro” y “purificación” de todos quienes van a parar a aquél lugar.
La banda sonora de Stephen McKeon es otro ingrediente que funciona como puntal del film. Sin ella, perdería la poca tensión acumulada que va generando. Los temas principales siguen una línea melódica figurativa que ayuda a entrar en la atmósfera narrativa. No sin momentos en los que hasta raya lo épico (¿y no se podría calificar de épico el sufrimiento que experimenta la protagonista en todo el metraje?).
El hecho de que los habitantes del pequeño pueblo al que llegan Sarah y Chris (en un coche viejo, claramente gastado por el uso, y figurativamente otra imagen metafórica del estado anímico de los protagonistas), a los que apercibimos como extraños, cerrados… y hasta cierto punto acobardados por extraños sucesos que presagian lo que acontecerá; ello refuerza la imagen del escenario como lugar de “retiro” y “purificación” de todos quienes van a parar a aquél lugar.
La banda sonora de Stephen McKeon es otro ingrediente que funciona como puntal del film. Sin ella, perdería la poca tensión acumulada que va generando. Los temas principales siguen una línea melódica figurativa que ayuda a entrar en la atmósfera narrativa. No sin momentos en los que hasta raya lo épico (¿y no se podría calificar de épico el sufrimiento que experimenta la protagonista en todo el metraje?).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Utiliza los propios elementos orquestales para crear y potenciar los efectos sonoros, sin añadir florituras sobrecargantes ni efectos electrónicos de sonido para forzar la presión sobre la angustia del espectador. Va echando “leña al fuego” de forma muy comedida, bien mesurada; al paso de lo que podamos ir intuyendo o imaginando. Igual que el resto de instrumentos narrativos, sólo sugiriendo, jamás desvelando.
El peso interpretativo, sustentado por el binomio Séana Kerslake – James Quinn Markey, a pesar de los puntos flacos de la primera en determinados momentos que se atisba algo de sobre interpretación, se complementa con el grato y bien logrado papel secundario de James Cosmo, que actua como eficaz contrafuerte del tándem principal; así como la fugaz pero notable actuación de la veterana actriz finlandesa Kati Outinen, quien se ha mostrado siempre como una correcta intérprete, versátil, en múltiples géneros (romance, drama, comedia… ).
La conexión entre lo que le sucedió a esa ya anciana pareja con su propio hijo, en años pasados: algo similiar a lo que vivirán Chris y Sarah, el accidente (¿habría sido realmente un accidente?) que sume a Noreen en la (¿)locura(¿)… , sobre lo que Sarah intentará escudriñar la verdad (¿para poder realmente vislumbrar si lo que le ocurre es real o fruto de su patología?); es una columna maestra sobre la que se sostiene el interés suspensivo de la trama. Y a ello contribuyen enormemente sus sobrias y creíbles interpretaciones: la de un hombre asqueado que sólo quiere olvidar, y la de una mujer desesperada y consumida por el dolor psicológico, respectivamente.
En el sustrato simbólico de la pelicula, como en varias “parientas” suyas irlandesas producidas en los últimos tres, cuatro años, vemos elementos propios de las mitologías y el folklore celta, como parte de la identidad de este país: criaturas, duendes, espíritus de los bosques; el culto a la naturaleza, que conforma el arquetipo psíquico de lo femenino en el ámbito espiritual y religioso: el espesor de una inmensa selva que es tan proveedora de recursos, como exigente de víctimas de sacrificios, y del retorno de lo dado incondicionalmente; expresado en la imagen de este gran “cono vaginal”, el agujero que representa la absorción, el retorno, a la indefinición (y por lo tanto, pérdida de la propia personalidad) que representa el primer vínculo materno-filial, y que puede afectar, por igual, de forma adaptativa o patológica, tanto a la madre como al infante.
Es la visión poética de la resistencia o la incapacidad a construir la propia personalidad, y limitarse a proyectar en “el otro(a)” los propios miedos e inseguridades, creándose así un lazo enfermizo de interdependencia emocional (¿se explica así narrativamente la presencia de los espejos que la madre coloca al final de la película por toda la casa?).
La conclusión de la película mantiene el frágil equilibrio de perspectivas con las que nos ha mantenido durante casi sus 90 minutos de duración: pero lo hace de forma muy sutil, encajando finamente las costuras con esa imagen final de los espejos. Aunque Sarah aparentemente ha superado sus miedos, ha culminado su propio proceso de redención en su frenético arrastre por los túneles del agujero (¿su atormentada mente?) en busca de su “auténtico hijo”, al final quedan rémoras, sombras y temores. Algo mejor perfilado que estos finales como en “The Hollow Child”, en los que después de una sobrevenida y macabra sesión de “slasher”, y de un aparente final feliz, tenemos un “plano-susto”, con mirada fija, penetrante y malévola detrás de un abrazo, anunciando secuela. Sin desmerecer, eso sí, la del perverso Damien cuando vuelve el rostro en “La Profecía” (1976), que esa sí deja literalmente con los huevos en la garganta.
Cronin, por lo contrario, prescinde de cualquier efectismo parejo, y deja el centro de debate de su cuento en el aire con elegancia y encanto. Y esa elegancia es lo que lo salva de la hoguera, pues deja con ganas de más.
El peso interpretativo, sustentado por el binomio Séana Kerslake – James Quinn Markey, a pesar de los puntos flacos de la primera en determinados momentos que se atisba algo de sobre interpretación, se complementa con el grato y bien logrado papel secundario de James Cosmo, que actua como eficaz contrafuerte del tándem principal; así como la fugaz pero notable actuación de la veterana actriz finlandesa Kati Outinen, quien se ha mostrado siempre como una correcta intérprete, versátil, en múltiples géneros (romance, drama, comedia… ).
La conexión entre lo que le sucedió a esa ya anciana pareja con su propio hijo, en años pasados: algo similiar a lo que vivirán Chris y Sarah, el accidente (¿habría sido realmente un accidente?) que sume a Noreen en la (¿)locura(¿)… , sobre lo que Sarah intentará escudriñar la verdad (¿para poder realmente vislumbrar si lo que le ocurre es real o fruto de su patología?); es una columna maestra sobre la que se sostiene el interés suspensivo de la trama. Y a ello contribuyen enormemente sus sobrias y creíbles interpretaciones: la de un hombre asqueado que sólo quiere olvidar, y la de una mujer desesperada y consumida por el dolor psicológico, respectivamente.
En el sustrato simbólico de la pelicula, como en varias “parientas” suyas irlandesas producidas en los últimos tres, cuatro años, vemos elementos propios de las mitologías y el folklore celta, como parte de la identidad de este país: criaturas, duendes, espíritus de los bosques; el culto a la naturaleza, que conforma el arquetipo psíquico de lo femenino en el ámbito espiritual y religioso: el espesor de una inmensa selva que es tan proveedora de recursos, como exigente de víctimas de sacrificios, y del retorno de lo dado incondicionalmente; expresado en la imagen de este gran “cono vaginal”, el agujero que representa la absorción, el retorno, a la indefinición (y por lo tanto, pérdida de la propia personalidad) que representa el primer vínculo materno-filial, y que puede afectar, por igual, de forma adaptativa o patológica, tanto a la madre como al infante.
Es la visión poética de la resistencia o la incapacidad a construir la propia personalidad, y limitarse a proyectar en “el otro(a)” los propios miedos e inseguridades, creándose así un lazo enfermizo de interdependencia emocional (¿se explica así narrativamente la presencia de los espejos que la madre coloca al final de la película por toda la casa?).
La conclusión de la película mantiene el frágil equilibrio de perspectivas con las que nos ha mantenido durante casi sus 90 minutos de duración: pero lo hace de forma muy sutil, encajando finamente las costuras con esa imagen final de los espejos. Aunque Sarah aparentemente ha superado sus miedos, ha culminado su propio proceso de redención en su frenético arrastre por los túneles del agujero (¿su atormentada mente?) en busca de su “auténtico hijo”, al final quedan rémoras, sombras y temores. Algo mejor perfilado que estos finales como en “The Hollow Child”, en los que después de una sobrevenida y macabra sesión de “slasher”, y de un aparente final feliz, tenemos un “plano-susto”, con mirada fija, penetrante y malévola detrás de un abrazo, anunciando secuela. Sin desmerecer, eso sí, la del perverso Damien cuando vuelve el rostro en “La Profecía” (1976), que esa sí deja literalmente con los huevos en la garganta.
Cronin, por lo contrario, prescinde de cualquier efectismo parejo, y deja el centro de debate de su cuento en el aire con elegancia y encanto. Y esa elegancia es lo que lo salva de la hoguera, pues deja con ganas de más.
10 de febrero de 2019
10 de febrero de 2019
14 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anoche visione esta película y la verdad que sin esperar nada de ella la sorpresa fue mayúscula. Una película que se preocupa en desarrollar a sus dos personajes principales y con una atmosfera que da muy pero que muy mal rollo desde el mismo inicio. No se basa en dar sustos de baratillo acompañados de aparición repentina mas aumento de sonido como el cine de terror actual nos tiene acostumbrados, no, aquí se basa sobre todo en causar un mal estar en el espectador ante las situaciones que se dan en pantalla por que aunque no se muestra como tal hasta bien avanzada la trama en todo momento se sabe que algo turbio y oscuro esta sucediendo ante nuestros ojos y que de un momento a otro se va a desatar la locura alrededor de los personajes.
El argumento no es que sea muy original, una madre divorciada se va a vivir con su hijo a una casa en mitad del campo a las afueras de una ciudad y un día descubren que en el bosque que tienen al lado existe un gran agujero en el suelo cuyo fondo es imposible de divisar. Una noche, su hijo desaparece entre la maleza que hay tras su casa rural. Aunque parece ser la misma persona cuando regresa a casa, su comportamiento comienza a ser cada vez más errático. Pronto, sospechara que puede que el niño que ha vuelto no sea su hijo. Pues bien, con esta simple premisa se consiguen crear unas escenas realmente terroríficas y escalofriantes y a todo esto lo apoya un ritmo constante en la cinta sin decaer en ningún momento.
En definitiva que tras el fiasco que me supuso The Prodigy el otro día necesitaba reconciliarme con el género de terror y con esta película lo he conseguido, me ha ofrecido todo aquello que la otra no me lo dió.
Mi nota de un 8.5 sobre 10
El argumento no es que sea muy original, una madre divorciada se va a vivir con su hijo a una casa en mitad del campo a las afueras de una ciudad y un día descubren que en el bosque que tienen al lado existe un gran agujero en el suelo cuyo fondo es imposible de divisar. Una noche, su hijo desaparece entre la maleza que hay tras su casa rural. Aunque parece ser la misma persona cuando regresa a casa, su comportamiento comienza a ser cada vez más errático. Pronto, sospechara que puede que el niño que ha vuelto no sea su hijo. Pues bien, con esta simple premisa se consiguen crear unas escenas realmente terroríficas y escalofriantes y a todo esto lo apoya un ritmo constante en la cinta sin decaer en ningún momento.
En definitiva que tras el fiasco que me supuso The Prodigy el otro día necesitaba reconciliarme con el género de terror y con esta película lo he conseguido, me ha ofrecido todo aquello que la otra no me lo dió.
Mi nota de un 8.5 sobre 10
20 de julio de 2019
20 de julio de 2019
19 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los primeros dos tercios de la película, donde se nos presenta a los protagonistas y empieza a mostrarse el misterio, me parecieron geniales. Con muy poco, sin grandes alardes ni sustos básicos, la película consigue hacerte pasar realmente miedo. Sin embargo... el final parece haber sido escrito por otro guionista. Si el inicio era sobrio y cautivaba con su misterio, el final parece de blockbuster palomitero del malo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Qué lástima que no desarrollasen más el misterio del agujero en el bosque. Con lo bien que hubiera quedado que la protagonista hubiera ido preguntando e investigando por el pueblo y hubiera ido descubriendo alguna historia chula tipo mitología celta, o algo de brujería acontecido allí en el pasado... Pero no. No se da cancha al agujero más que para la aventura bajo tierra de la madre... que parece de serie B. El guión en la parte final hace aguas por todas partes :(
1) ¿Cómo puede seguir su verdadero hijo vivo después de varios días sin beber?
2) ¿De verdad es capaz de avanzar la madre arrástrando al niño por ese túnel TAN estrecho sin que le pille el bicho antes?
3) ¿Por qué aparecen tantos "engendros" formándose dentro del agujero cuando sólo ha caído la madre?
4) ¿Cómo consigue volver a salir la madre y el hijo por del agujero? Si al menos hubiésemos visto que la madre se lanzaba atada a una cuerda o algo que le hiciese más sencillo volver...
5) Con la fuerza que demuestra tener el niño impostor... ¿no es capaz de forzar la puerta del sótano?
Y otros fallos de guión:
a) ¿Cómo puede el impostor dar el pego en el colegio, saber hablar inglés y hacer los deberes de clase, pero no saber ciertas cosas del comportamiento del niño? Quiero decir, o suponemos que "absorbe" los conocimientos del niño, y entonces sabría TODO sobre él y su mundo, o no sabría nada y sería algo así como un ser salvaje. Pero en la película parece saber todo salvo pequeñas cosas sobre la forma de ser del niño al que suplanta.
b) Parecía que la madre no tenía dónde caerse muerta, y por eso tenía un trabajo "cutre", un coche cutre, no podía comprarle a su hijo la bice, etc etc. Entonces... ¿de dónde saca el dinero al final para mudarse a una ciudad grande, comprarle la bici a su hijo y dedicarse a ir a la Universidad?
c) Si es tan obvio que el impostor muestra su increíble forma en un espejo y le tiene ya atrapado... ¿por qué no llama a las autoridades y simplemente se lo muestra, para después ir con ellos a buscar a su hijo al agujero?
1) ¿Cómo puede seguir su verdadero hijo vivo después de varios días sin beber?
2) ¿De verdad es capaz de avanzar la madre arrástrando al niño por ese túnel TAN estrecho sin que le pille el bicho antes?
3) ¿Por qué aparecen tantos "engendros" formándose dentro del agujero cuando sólo ha caído la madre?
4) ¿Cómo consigue volver a salir la madre y el hijo por del agujero? Si al menos hubiésemos visto que la madre se lanzaba atada a una cuerda o algo que le hiciese más sencillo volver...
5) Con la fuerza que demuestra tener el niño impostor... ¿no es capaz de forzar la puerta del sótano?
Y otros fallos de guión:
a) ¿Cómo puede el impostor dar el pego en el colegio, saber hablar inglés y hacer los deberes de clase, pero no saber ciertas cosas del comportamiento del niño? Quiero decir, o suponemos que "absorbe" los conocimientos del niño, y entonces sabría TODO sobre él y su mundo, o no sabría nada y sería algo así como un ser salvaje. Pero en la película parece saber todo salvo pequeñas cosas sobre la forma de ser del niño al que suplanta.
b) Parecía que la madre no tenía dónde caerse muerta, y por eso tenía un trabajo "cutre", un coche cutre, no podía comprarle a su hijo la bice, etc etc. Entonces... ¿de dónde saca el dinero al final para mudarse a una ciudad grande, comprarle la bici a su hijo y dedicarse a ir a la Universidad?
c) Si es tan obvio que el impostor muestra su increíble forma en un espejo y le tiene ya atrapado... ¿por qué no llama a las autoridades y simplemente se lo muestra, para después ir con ellos a buscar a su hijo al agujero?
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