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La Traviata

Musical. Drama Adaptación al cine de la ópera homónima de Giuseppe Verdi, que se basa en la novela "La dama de las camelias" (1848) de Alejandro Dumas. (FILMAFFINITY)
Críticas 9
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8
21 de noviembre de 2008
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con el cine pasa un poco como con la ópera. Están las grandes obras épicas, protagonizadas por dioses, príncipes, reyes y toda clase de gente magnífica y que exigen poderosas gargantas capaz de hacer temblar la platea con la mera sugestión de su tono imperial. Y por otro lado, obviando pasos intermedios, están las óperas que representan un drama humano. Este tipo de óperas obligan a los artistas a reducir las dimensiones de su voz, someterla a unos dictados mucho más sutiles e infinitamente más complicados: es más fácil caminar a zancadas que andar de puntillas. Y lo cierto es que Wagner nos impresiona más, pero nunca dejará el mismo poso de emoción que nos deja una ópera de Verdi. ¿Porqué?. Porque quizás admiremos a Sigfrido, pero nunca lloraremos por él.

Resulta un bello privilegio presenciar esta Traviata, un recital de humanidad y talento que para nuestra suerte, Zeffirelli ha atrapado en el ámbar del celuloide, conservando así el prodigio de un Plácido Domingo en plenitud de sus facultades y una Teresa Strata que a pesar de su corpulencia, logra transmitir la turbuleta fragilidad de Violetta. Como suele ser en el caso del director italiano, la puesta en escena es de lo más clásica y elegante, con un gran cuidado en lo que respecta al vestuario y a los lujosísimos decorados, de modo que el placer para el oído se complementa estupendamente con el placer para la vista. La calidad de sonido es más que aceptable, para la época en que se rodó el filme y creo que no decepcionará a menos que uno se espere que suene como en la primera fila de la Scala, sitio en el que por cierto nunca he estado, pero que me imagino que tendrá una acústica de caerse de espaldas.

Y por último añadir que, retomando un poco lo que se mencionaba en el primer párrafo, no sólo tenemos la ocasión de devorar un banquete artístico que nutrirá nuestro cuerpo y sobre todo, nuestra alma, además, volvemos a tomar conciencia, por medio de la eterna historia de la hermosa puta tísica y su rico amante, que la humanidad, esto es, la herida imperfección de los seres pequeños, es tan difícil de plasmar en una voz como en una pantalla y sin embargo, cuando se consigue...uff. No existe nada igual.
9
23 de octubre de 2008
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una soprano griega que no tiene la figura adecuada para el personaje, y sin embargo convence, seduce y te lleva adonde quieras en esta historia que Dumas escribió como La dama de las Camelias y el genial Giuseppe Verdi convirtió en ópera intimista y crítica contra su propio público burgués que en el estreno abandonó la sala, heridos en su amor propio porque el canto desdichado es el de una traviata, una perdida, una mujer que vive de los hombres y que se pierde doblemente en la siniestra sociedad de su tiempo: la doble moral de los ricos.

Plácido Domingo lo hace muy bien. El británico Cornell MacNeil está inmenso en su larga y magnífica escena. Teresa Stratas logra con maestría todas las facetas del personaje.

Zeffirelli director teatral, diez puntos. Como hombre de cine le saca menos partido. Pero también participa en toda la producción activamente como si fuera uno de sus estrenos teatrales, y lo hace con notable talento. Aporta un prólogo muy de su interés: un joven hermoso abre la puerta de un testimonio de una hermosa mujer, dando paso al intenso poema musical en el que los seres humanos se degradan a lo largo del tiempo y de las miserias sociales. Esa melancolía propia del bell canto ante lo imposible...
8
4 de noviembre de 2025 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película fue un gran éxito de crítica y público, recibiendo nominaciones a los Premios Óscar y ganando un Grammy por su banda sonora.

Realismo visual y suntuosidad: lo que más aprecio es el diseño de producción de Zeffirelli, que es lujoso y visualmente impactante, transportando al espectador al París del siglo XIX con gran detalle. A diferencia de una producción teatral tradicional, el uso de localizaciones reales y el realismo cinematográfico tienen mucho mérito. Cada vestuario, cada salón opulento y cada habitación de enfermo están diseñados con un realismo que rara vez se ve en el teatro, lo que intensifica el drama inherente a la historia de Marie Duplessis.

Plácido Domingo (Alfredo Germont)
La elección de Plácido Domingo como Alfredo es un éxito rotundo. Está en su papel perfecto. Domingo encarna al joven enamorado con gran pasión e intensidad. Su presencia física y su química con Stratas funcionan muy bien en pantalla.

Capacidad vocal: Su voz se encontraba en un momento álgido de su carrera. La riqueza, potencia y belleza de su tenor lírico-spinto se adaptaban perfectamente al rol de Alfredo. Su capacidad vocal no solo correspondía al papel, sino que lo elevaba, proporcionando un ancla musical sólida y brillante a la producción.


Actuaciones potentes: Las interpretaciones de Teresa Stratas (Violetta) y Plácido Domingo (Alfredo) se merece el elogio por su intensidad dramática. La cámara capta cada matiz de sus expresiones, algo que funciona especialmente bien con la frágil Violetta de Stratas, cuya actuación se considera completa y conmovedora.

Balance entre ópera y cine: Se aprecia cómo Zeffirelli logra un equilibrio entre la fidelidad a la ópera de Verdi y las exigencias del medio cinematográfico, haciendo la obra accesible incluso para aquellos que no son fanáticos habituales de la ópera.

Aspectos vocales: Aunque las actuaciones dramáticas son excepcionales, algunas reseñas notan que la voz de Stratas puede ser algo irregular en los pasajes más exigentes ("Sempre libera", por ejemplo), aunque su entrega teatral compensa cualquier deficiencia vocal. La voz de Plácido Domingo se considera en excelente forma y su ardor juvenil convincente, a pesar de parecer quizás algo maduro para el papel de Alfredo.

El enfoque de Zeffirelli: Zeffirelli, conocido por su estilo grandilocuente, diseñó, escribió y dirigió la película, imprimiendo su visión personal en cada aspecto de la producción.
Elenco estelar: La película contó con la Orquesta y Coro de la Ópera del Metropolitan de Nueva York bajo la dirección musical de James Levine, lo que garantizó un alto nivel musical.
Influencia en la cultura popular: Esta versión es a menudo la referencia para el público general. Es la ópera que Richard Gere lleva a Julia Roberts a ver en la película Pretty Woman, lo que da una idea de su impacto y reconocimiento popular.

Realismo de la enfermedad: La historia de La Traviata se basa en la vida real de Marie Duplessis, una cortesana que murió joven de tuberculosis. La película de Zeffirelli captura la crudeza de la enfermedad, mostrando a una Violetta demacrada y frágil que evoca la realidad de la época.
La "mujer descarriada": El título "La Traviata" se traduce como "la descarriada" o "la mujer caída" (del verbo italiano traviare, que significa desviar o corromper). Esta versión cinematográfica enfatiza la hipocresía social de la época, donde la prostitución era común pero condenada públicamente.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En general, la elección de las actrices y los actores principales para la versión televisiva/cinematográfica de La Traviata de 1982, bajo la dirección de Franco Zeffirelli, resulta acertada en términos de actuación dramática y presencia en pantalla, aunque la adecuación vocal genera matices.

Teresa Stratas (Violetta Valéry)
La correspondencia de Teresa Stratas con el papel de Violetta es el punto más debatido, aunque a mí me parece una buena actuación.

Actuación dramática: Stratas fue una elección brillante para la cámara. Su frágil físico, su intensidad teatral y su capacidad para transmitir la enfermedad y el tormento interno de Violetta son inigualables en el cine operístico. Su interpretación se enfoca en el realismo y la vulnerabilidad del personaje.

Capacidad vocal: si bien Stratas era una soprano talentosa, algunos puristas opinamos que su voz, de naturaleza más lírica, resulta algo liviana para las exigencias de toda la ópera. Específicamente, las coloraturas del Acto I (como en "Sempre libera") a veces se perciben como forzadas o menos fluidas que las de sopranos coloratura puras. Sin embargo, su entrega vocal en los actos dramáticos posteriores (II y III) es muy efectiva y conmovedora, adaptándose perfectamente a la visión realista y cinematográfica de Zeffirelli.

Otros Papeles:
los papeles secundarios, interpretados por miembros del Metropolitan Opera fueron bien elegidos.

Cornell MacNeil (Giorgio Germont): Como el padre de Alfredo, MacNeil ofrece una interpretación vocal sólida y dramáticamente imponente, aunque su actuación puede ser un poco más "de ópera escénica" que cinematográfica en comparación con la sutileza de Stratas.

En resumen, la película priorizó la verdad dramática y el realismo cinematográfico tanto como la perfección vocal pura.
10
22 de abril de 2022 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las óperas más famosas de la historia, llevada al cine e interpretada por 2 de los mejores cantantes de ópera de todos los tiempos: Plácido Domingo, irreconocible tan joven, y una tremendísima Teresa Stratas, que lleva el peso de la película de una forma majestuosa.

Una película donde no solo hay que tener en cuenta el apartado musical, que ya es puro arte en sí, ya que lo visual también es totalmente disfrutable, con esos decorados, ese vestuario tan majestuoso, todos esos detalles coloridos, esas escenas con montones de extras, todo en su conjunto, hacen de esta película algo realmente hermoso.

Nunca he tenido la oportunidad de ver esta ópera en directo, pero al menos en su versión cinematográfica, me parece de 10.
10
24 de abril de 2015 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me enamoré de la Ópera viendo esta Traviata de Zefirelli.
Después de ver muchas otras versiones, creo que sigue siendo la mejor con diferencia.
Aunque debe tener alguna "licencia" con relación a la obra original.
Las voces maravillosas, al igual que los coros. Los ballets espectaculares. La puesta en escena preciosista hasta el "súmun", lo mismo que el vestuario. La introducción para la Obertura emocionante hasta las lágrimas. La plasmación de sentimientos insuperable. Etc, etc, etc...
En fin, la exquisitez con mayúsculas hecha ópera.
Un hito, un antes y un después.
Sabido esto, perdérsela es dejar coja tu vida.

Por ponerle algún pero, en la fotografía se resiente algo su calidad técnica (que no plástica), con relación a la alta definición de la fotografía actual.
Otro punto a su favor fué, que su edición para la venta (VHS y DVD) se hizo por la via de cine (Tristar creo). Con lo que su precio de venta fue aprox.un tercio o más de las ediciones vía musical (Deutch gramophone Etc.). Poniendola al alcance de bolsillos más modestos.
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