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Spain Spain · Gijón
Loberto rating:
3
Drama In the film, which is based on a true story, Penn plays Sam Bicke, a disillusioned "everyman" who, in 1974, was driven to plot the assassination of the 37th President of the United States. Despite the fact that his marriage is breaking up and that he is trapped in a sales job he finds demeaning, Sam tries desperately to succeed both at home and in the workplace; all he wants is to win his family back and to start a business of his own. ... [+]
Language of the review:
  • es
September 16, 2006
2 of 9 users found this review helpful
Resulta difícil saber qué pretende esta especie de "biopic", aparte de matar al espectador (de aburrimiento, se entiende). Con la excepción de los títulos de crédito, y alguna imagen del paisaje aislada, no recuerdo un solo plano en el que no salga Sean Penn.

Y al principio la cosa no va mal: Penn está contenido, y parece representar a un hombre inseguro que sale de una mala racha y va intentando poco a poco sacar la cabeza del pozo. Pero, claro, sólo lo parece, porque esto no es un relato de autosuperación, sino de autodestrucción. Lo que pasa es que, al menos a mí, este hundimiento de Sam Bicke en la desesperación me importó bien poco.

Y es que a uno le cuesta identificarse con un personaje al cual todo le parece mal, y que encima está rodeado de meras fotocopias de personajes, porque en este film se dan todos los tópicos: el amigo fiel, y a la sazón, negro oprimido; el vendedor que engaña a los clientes; la ex-mujer del susodicho Bicke (¿qué le aportaba este papel insulso a Naomi Watts?) que pasa de él...

Para más inri, las ideas que expresa nerviosamente Penn (el cáncer del sistema, el racismo de los líderes, la opresión del proletariado...) son tan panfletarias, que más parece una caricatura que un personaje real (quién sabe, quizás eran cosas de la "dramatización" de los hechos). Si a esto sumamos que al amigo Bicke le entra la idea de matar a Nixon de una escena a otra, por las buenas, y que Sean Penn empieza a mostrar esos clásicos tics faciales, la cosa empeora por momentos.

La dirección varía entre el estilo de pseudo-documental y planos varios de las arrugas de Penn, aparte de introducir todos los elementos tópicos: ambientes cerrados para demostrar la opresión del sistema, planos lejanos para mostrar su soledad, voces en off para decir lo que no puede mostrar con imágenes...

Es de esperar que bajo esta fachada no se esconda ningún mensaje, porque parecerá que cualquiera que no se encuentra a gusto con su vida o con el estado de las cosas es un psicópata a punto de hacer una locura (fíjense que los demás personajes no parecen darse cuenta de cómo tienen que humillarse para sobrevivir, pobrecitos). Ojalá todo parecido con la realidad sea, esta vez más que nunca, una mera coincidencia. Y hasta eso sería preocupante.
Loberto
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