arrow
You must be a loged user to know your affinity with Vivoleyendo
/
Vivoleyendo rating:
7
Vivoleyendo rating:
7
Drama. Romance Marlon Brando plays Paul, an American expatriate whose wife has recently committed suicide. Maria Schneider is Jeanne, a young Frenchwoman engaged to be married to an earnest young filmmaker. When they meet by chance in an empty Paris apartment, Paul and Jeanne embark on an intense sexual relationship that obliterates the outside world each is hiding from. Bertolucci and Brando created controversy with their poignant vision of desire inflamed by grief. [+]
August 13, 2011
14 of 16 users found this review helpful
Sórdidas y enfermizas obsesiones que recuerdan a un Polanski en su vena más perturbadora, y se trata nada menos que del versátil Bernardo Bertolucci. Ahora comprendo que provocara un revuelo tan grande en su época, y lo de menos es que se vean desnudos integrales de una debutante Maria Schneider que, por su osadía, fue recompensada con un encasillamiento en su carrera cinematográfica del que nunca se recuperó. Lo menos escandaloso sería su morboso cuerpo de veinte años, aunque sí que sería un reclamo poderoso para que la audiencia acudiera a los cines (había incluso quienes pasaban desde España a Francia sólo para ir a verla) como los niños que se cuelan en una función prohibida, temiendo ser pillados in fraganti y disfrutando precisamente por eso. Pero detrás del reclamo carnal, que hoy día no es para tanto ni muchísimo menos, lo que realmente debió de ser polémico, y que lo sigue siendo ahora (y precisamente por eso este psicodrama de Bertolucci dio en la fórmula de la atemporalidad, de una extraña cualidad imperecedera), tuvo que ser ese Brando deslenguado, neurótico, desequilibrado, asqueado, libidinoso, sadomasoquista, un renegado de Dios, de lo sagrado, vituperador de lo establecido, de la familia que a su personaje no le dio alegrías. Un despotricador de las instituciones que predican la felicidad universal, pero que dejan tras de sí la triste realidad de esos descarrilados maltratados que parecieron nacer por error, sin ser deseados, culpados desde su nacimiento como si ellos fueran los responsables de su propia llegada.
Paul, ciudadano mediocre, viudo de una mujer que se acaba de suicidar (no sé si es coincidencia, aunque no lo creo, que ya en dos películas de Bertolucci que he visto el comienzo parta de un suicidio), cansado de tanto desamor y de tanto asco, y de tanta hipocresía, da rienda suelta a sus instintos más salvajes en el anonimato de una especie de piso franco que alquilará exclusivamente para encuentros furtivos con una jovencita de la que quiere poseer todo excepto su nombre. A ella puede decirle todas las cosas sucias que no puede decirle a otra. Con ella puede jugar a juegos sexuales tachados como tabú. Con ella puede echar fuera la locura y el sinsentido. Y ella volverá. Sin acuerdos explícitos, sin horarios fijos, sin nombres, regresan por propia voluntad a ese piso destartalado, y él fantasea con someterla y humillarla, y a ella la fascina y la repugna, pero siempre vuelve. Pese a la reticencia inicial, él poco a poco se va dejando enroscar por su deseo de ella, y sus palabras duras y su manera de hundirse en su carne son su forma de decirle que la necesita, y su negación a escuchar su nombre es el modo de pedirle que lo envuelva por completo en sus misterios femeninos, que él nunca podrá alcanzar, como no pudo alcanzar los de su esposa muerta.
SPOILER ALERT: The rest of this review may contain important storyline details. View all
Spoiler:
Jeanne se resbala por una doble vida errática que en cualquier momento puede reventar, por un lado su algo chiflado prometido apasionado del cine, por el otro su totalmente chiflado amante secreto que le saca la vena más turbia. Ella no podrá resistir mucho más…
Un seco latigazo a la moral de bombo y platillo, y una expresión de ese inframundo de las frustraciones, fobias, filias y parafilias, de los deseos culpables y de la desesperación por canalizar por alguna vía los impulsos sexuales, destructivos y caóticos.
Y encontrar algo a lo que poder llamar amor. O enfermedad.
arrow