Corazón rebelde
6.7
13,867
Drama
Bad Blake (Jeff Bridges) es un cantante de música country que vive al margen de la sociedad, con varios fracasos matrimoniales a sus espaldas, miles de millas recorridas y que con frecuencia se refugia en el alcohol. Cuando parece que apenas hay salvación para él, aparece Jean (Maggie Gyllenhall), una reportera que descubrirá quién es el verdadero Bad, al hombre detrás del músico. (FILMAFFINITY)
25 de julio de 2020
25 de julio de 2020
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Corazón rebelde cuenta con una gran influencia de El aventurero de medianoche (Clint Eastwood, 1982) tanto en lo que quiere contar como en las formas que emplea para hacerlo. Bad Blake (Jeff Bridges), cantante y compositor de country, está en declive por la intromisión de las nuevas generaciones en la música, estancado en su trayectoria y encontrando refugio en el alcohol. Todo cambia hasta que una joven periodista, Jean Craddock (Maggie Gyllenhaal), entra en su vida, resonando el amor en ambos corazones. El intenso romance vendrá ligado con la elección entre el alcohol o el amor.
Scott Cooper debutó con esta excelente ópera prima, valiéndole numerosos premios como varios Globos de Oro, premios Independent Spirit e incluso dos Óscar, llevándose Jeff Bridges la mayor parte del crédito. A raíz de esta producción, el director estadounidense comenzó a codearse con grandes estrellas de Hollywood en su prometedora trayectoria, teniendo especial fijación por la cultura del sur de EE.UU. como Hostiles (2017), gracias a las cuales alcanzaría cierta popularidad en la industria.
Utilizando una estructura de película biográfica sobre el personaje ficticio creado por Thomas Cobb en su novela homónima, Cooper usa la música como hilo conductor del gran drama del alcoholismo, explorando la condición humana de su protagonista a través de un intenso romance que funciona como representación del artista que toca la fama, pero se desvía del camino para acabar siniestrado en la realidad que ignoraba por la gloria y el licor. La narración de road movie clásica desentraña las etapas de la enfermedad con sus travesías y paradas, sus intentos y recaídas, teniendo un fin de trayecto que depende exclusivamente de la evolución del paciente, cuya medicación es el amor que intenta rellenar ese hueco falsamente ocupado por un agente tóxico.
Los errores del pasado no enmendados, así como los que se siguen cometiendo, van a ser la tónica descriptiva de un hombre socialmente disfuncional, al que la apatía surgida de sus vicios personales lo arrastran y zarandean a una vida solitaria. El amor funciona como el mástil donde la bebida, la desesperanza, la desintoxicación, la música, la redención y la zozobra componen las cuerdas que rasga el protagonista en esta guitarra cínica y dolorida llamada Corazón rebelde. Cooper muestra la peor cara del mundo del espectáculo, en el que tantos acarician el cielo hasta vérselas cara a cara con la realidad, donde solo los fuertes la aceptan y sobreviven, mientras los débiles cantan desde la tumba. También representa el alma y pasión de muchos músicos seducidos por alcohol y derivados, poniendo el ojo en los viejos artistas de música country que, como Bad Blake, antepusieron el vicio a su música, a sus pasiones, a sus vidas. Cantantes como los legendarios Hank Williams o Johnny Cash son ejemplo de ello.
El guion lineal, planteado paso a paso donde se maneja una evolución verídica del alcoholismo por la personalidad del protagonista, con mucho énfasis en las relaciones interpersonales que mantiene a lo largo de la película, funciona desde la reveladora puesta en escena hasta el final, aun teniendo que acelerar el ritmo desde el tercer arco hasta el desenlace. Como buena muestra de cine independiente estadounidense, elude los tópicos de la industria para brindar un argumento donde la felicidad se escapa como una nota musical, siendo inclemente mostrando la difícil personalidad mancillada por los efectos del licor y no situando como víctima de las circunstancias al protagonista.
El cuidadísimo vestuario, donde la sensación de sudoración crea mayor impacto sobre el tema principal y el clima que crea, recuerda irrevocablemente a la leyenda de la música country Waylon Jennings, del que probablemente se hayan inspirado para representar la estética, y del que hasta suena Are You Sure Hank Done In This Way (literalmente significando ‘Estás seguro de que Hank ha hecho este camino’, refiriéndose al popular Hank Williams, cantante de country alcohólico y fallecido por sobredosis), reforzando el mensaje de Cooper. Ello, junto al excelente trabajo de Roger Love entrenando vocalmente a Jeff Bridges para las performances, conforman una apabullante y embebida banda sonora a cargo de la música popular americana y T-Bone Burnett, por la que ganó un merecido Óscar a mejor música.
Jeff Bridges hace uno de los mejores papeles de su extensa carrera elevando la farsa de una vieja gloria acabada, cuyo destino solo podrá ser reprobado por una introspección personal. La capacidad para transmitir una enfermedad tan degenerativa, aún sin poner fijación en la peor cara de un adicto, es limpia e impactante, sabiendo ir más allá de la repulsión de una borrachera o resaca para extenderlo a cada línea de diálogo, y cambiando de registro de escena a escena, de sobrio a ebrio, de forma maravillosa. Todo ello hubiera sido imposible sin la portentosa interpretación de Maggie Gyllenhaal que, junto la leyenda Robert Duvall que también produce esta película y tanto cariño desprende hacia la música country (gracias a ella logró un Óscar en 1983 por Gracias y favores, haciendo un papel similar al de Jeff Bridges), compensan la evolución de protagonista con un acompañamiento perfecto.
Una estupenda cinta, tributo para muchas leyendas de la música popular americana, que narra sin prejuicio la senda venturosa del alcohol, aunque desafinando en sus últimos acordes, sabe crear expectación a ritmo de road movie, ofreciendo un melodrama verídico exento de la dicha con la que Hollywood acostumbra a tratar estos temas. (7.5).
Scott Cooper debutó con esta excelente ópera prima, valiéndole numerosos premios como varios Globos de Oro, premios Independent Spirit e incluso dos Óscar, llevándose Jeff Bridges la mayor parte del crédito. A raíz de esta producción, el director estadounidense comenzó a codearse con grandes estrellas de Hollywood en su prometedora trayectoria, teniendo especial fijación por la cultura del sur de EE.UU. como Hostiles (2017), gracias a las cuales alcanzaría cierta popularidad en la industria.
Utilizando una estructura de película biográfica sobre el personaje ficticio creado por Thomas Cobb en su novela homónima, Cooper usa la música como hilo conductor del gran drama del alcoholismo, explorando la condición humana de su protagonista a través de un intenso romance que funciona como representación del artista que toca la fama, pero se desvía del camino para acabar siniestrado en la realidad que ignoraba por la gloria y el licor. La narración de road movie clásica desentraña las etapas de la enfermedad con sus travesías y paradas, sus intentos y recaídas, teniendo un fin de trayecto que depende exclusivamente de la evolución del paciente, cuya medicación es el amor que intenta rellenar ese hueco falsamente ocupado por un agente tóxico.
Los errores del pasado no enmendados, así como los que se siguen cometiendo, van a ser la tónica descriptiva de un hombre socialmente disfuncional, al que la apatía surgida de sus vicios personales lo arrastran y zarandean a una vida solitaria. El amor funciona como el mástil donde la bebida, la desesperanza, la desintoxicación, la música, la redención y la zozobra componen las cuerdas que rasga el protagonista en esta guitarra cínica y dolorida llamada Corazón rebelde. Cooper muestra la peor cara del mundo del espectáculo, en el que tantos acarician el cielo hasta vérselas cara a cara con la realidad, donde solo los fuertes la aceptan y sobreviven, mientras los débiles cantan desde la tumba. También representa el alma y pasión de muchos músicos seducidos por alcohol y derivados, poniendo el ojo en los viejos artistas de música country que, como Bad Blake, antepusieron el vicio a su música, a sus pasiones, a sus vidas. Cantantes como los legendarios Hank Williams o Johnny Cash son ejemplo de ello.
El guion lineal, planteado paso a paso donde se maneja una evolución verídica del alcoholismo por la personalidad del protagonista, con mucho énfasis en las relaciones interpersonales que mantiene a lo largo de la película, funciona desde la reveladora puesta en escena hasta el final, aun teniendo que acelerar el ritmo desde el tercer arco hasta el desenlace. Como buena muestra de cine independiente estadounidense, elude los tópicos de la industria para brindar un argumento donde la felicidad se escapa como una nota musical, siendo inclemente mostrando la difícil personalidad mancillada por los efectos del licor y no situando como víctima de las circunstancias al protagonista.
El cuidadísimo vestuario, donde la sensación de sudoración crea mayor impacto sobre el tema principal y el clima que crea, recuerda irrevocablemente a la leyenda de la música country Waylon Jennings, del que probablemente se hayan inspirado para representar la estética, y del que hasta suena Are You Sure Hank Done In This Way (literalmente significando ‘Estás seguro de que Hank ha hecho este camino’, refiriéndose al popular Hank Williams, cantante de country alcohólico y fallecido por sobredosis), reforzando el mensaje de Cooper. Ello, junto al excelente trabajo de Roger Love entrenando vocalmente a Jeff Bridges para las performances, conforman una apabullante y embebida banda sonora a cargo de la música popular americana y T-Bone Burnett, por la que ganó un merecido Óscar a mejor música.
Jeff Bridges hace uno de los mejores papeles de su extensa carrera elevando la farsa de una vieja gloria acabada, cuyo destino solo podrá ser reprobado por una introspección personal. La capacidad para transmitir una enfermedad tan degenerativa, aún sin poner fijación en la peor cara de un adicto, es limpia e impactante, sabiendo ir más allá de la repulsión de una borrachera o resaca para extenderlo a cada línea de diálogo, y cambiando de registro de escena a escena, de sobrio a ebrio, de forma maravillosa. Todo ello hubiera sido imposible sin la portentosa interpretación de Maggie Gyllenhaal que, junto la leyenda Robert Duvall que también produce esta película y tanto cariño desprende hacia la música country (gracias a ella logró un Óscar en 1983 por Gracias y favores, haciendo un papel similar al de Jeff Bridges), compensan la evolución de protagonista con un acompañamiento perfecto.
Una estupenda cinta, tributo para muchas leyendas de la música popular americana, que narra sin prejuicio la senda venturosa del alcohol, aunque desafinando en sus últimos acordes, sabe crear expectación a ritmo de road movie, ofreciendo un melodrama verídico exento de la dicha con la que Hollywood acostumbra a tratar estos temas. (7.5).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Cooper utiliza una técnica muy depurada de filmación, aprovechando al máximo la capacidad interpretativa de Jeff Bridges con planos cortos donde el actor se luce, tanto dentro como fuera del escenario, embriagándonos con sus conciertos y su trasfondo personal. La música, obviamente, juega un papel crucial a la hora de tratar los sentimientos que pretende, ya que, como toda composición, narra la alocada vida de su creador. Para ello, Cooper deja en segundo plano la música como elemento visual, no haciendo especial hincapié en los shows, sino que la mantiene suspendida entre líneas, gracias a la cual guía a la perfección a sus dos personajes, como la relación que mantienen, hasta el punto que desea. Sabe emplear muy bien el espacio, realizando alguna peripecia en interiores reducidos para mostrar la confusión, inestabilidad y soledad de Bad Blake debida a los efectos del alcohol, como el increíble primer plano holandés del que se vale para escenificar una resaca hasta los planos medios delimitados por el encuadre de la escenografía en el bar, dando sensación de inseguridad por la intuición de estar ocultando algo ante la cámara, y augurando indirectamente la tragedia. El paneo con el que se sigue la trayectoria del vehículo conducido por el protagonista, de lugar a lugar, ayuda a la ubicación en un espacio concreto (Texas) por la preciosa fotografía árida y riscosa característica del sur de EE.UU., muy ligada también al género musical que trata, y alternándose con ángulos cenitales que nos sumergen en la austera y calurosa atmósfera gracias a un buen trabajo de Barry Markowitz. Así también cerrará la película con un plano precioso y esperanzador.
5 de octubre de 2020
5 de octubre de 2020
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Muy buena película de drama romántico y hasta en ocasiones de 'road movie' sobre los entresijos del éxito country con un un Jeff Bridges tomando el papel protagonista y haciendo de cicerone de Colin Farrell siendo éste más exitoso que él en la ficción.
El drama no es edulcorado ni directo, es algo que se va fraguando poco a poco y gusta su resolución y su bajón que aporta a la cinta un clímax muy importante para darnos cuenta si el personaje va a mejor o a peor.
El country puede dar para muchas historias como estas, y Corazón rebelde, por el momento, está muy bien contada.
El drama no es edulcorado ni directo, es algo que se va fraguando poco a poco y gusta su resolución y su bajón que aporta a la cinta un clímax muy importante para darnos cuenta si el personaje va a mejor o a peor.
El country puede dar para muchas historias como estas, y Corazón rebelde, por el momento, está muy bien contada.
27 de marzo de 2023
27 de marzo de 2023
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Me ha parecido una gran película, no una obra de arte ni nada parecido, pero sí una cinta más que razonable, sobría, serena, contada una y mil veces, pero en este caso bien hecho. Con un guión tópico y típico, de serie B incluso, con un desarrollo más que previsible, diálogos absolutamente reconocibles e intercambiables con cualquier otra película similar y con un desarrollo general notable. Bien narrada, con metraje moderado y música muy bien acompasada.
Pero en esta hay una nota de calidad que no tienes otras parecida, la interpretación de Jeff Bridges. Me encante en ese punto de madurez que tiene, la serenidad de haber vivido y haber encontrado la necesaria calma, esa capacidad de desarrollar un discurso cinematográfico muy contenido, sereno, capaz de transmitir sin ser efectista, sin tener que sobreactuar, con contención. Ya lo hizo así en la del Oeste de los Coen remarke de otra de Hathaway, también con un personaje principal que le gustaba la botella mucho.
El director debutó con esta cinta. No creo que sea una gran obra de dirección. Es una película de autor, de este actor, que seguramente también canta en la versión original, no está doblado. La música es la que se espera en una película de una estrella de Country venida a menos.
Jeff Bridges va a terminar siendo un actor señero, está en ese estado de gracia después de películas más que razonables a lo largo de estos años que le permiten tomar una cierta perspectiva de las cosas. Me ha encantado. Es cierto que me gustan este tipo de películas, que la redención por el amor, la liberación de ti mismo y de tus demonios interiores es una forma de superación que me gusta ver, todos los humanos, todos, de una manera u otra sabemos o al menos intuimos dos circunstancias de la vida: que todo el mundo tiene una segunda oportunidad, excepto cuando ocurren determinadas circunstancias que marcan un punto de no retorno, y que, en el fondo, la vida es una permanente lucha por conocer los propios límites.
Pero en esta hay una nota de calidad que no tienes otras parecida, la interpretación de Jeff Bridges. Me encante en ese punto de madurez que tiene, la serenidad de haber vivido y haber encontrado la necesaria calma, esa capacidad de desarrollar un discurso cinematográfico muy contenido, sereno, capaz de transmitir sin ser efectista, sin tener que sobreactuar, con contención. Ya lo hizo así en la del Oeste de los Coen remarke de otra de Hathaway, también con un personaje principal que le gustaba la botella mucho.
El director debutó con esta cinta. No creo que sea una gran obra de dirección. Es una película de autor, de este actor, que seguramente también canta en la versión original, no está doblado. La música es la que se espera en una película de una estrella de Country venida a menos.
Jeff Bridges va a terminar siendo un actor señero, está en ese estado de gracia después de películas más que razonables a lo largo de estos años que le permiten tomar una cierta perspectiva de las cosas. Me ha encantado. Es cierto que me gustan este tipo de películas, que la redención por el amor, la liberación de ti mismo y de tus demonios interiores es una forma de superación que me gusta ver, todos los humanos, todos, de una manera u otra sabemos o al menos intuimos dos circunstancias de la vida: que todo el mundo tiene una segunda oportunidad, excepto cuando ocurren determinadas circunstancias que marcan un punto de no retorno, y que, en el fondo, la vida es una permanente lucha por conocer los propios límites.
17 de marzo de 2010
17 de marzo de 2010
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mil y una veces hemos visto la misma historia, el mismo canto al perdedor, al hombre vencido por las circunstancias que se resiste a ser borrado al mismo tiempo que se pregunta cuánto de culpa tiene él en su situación y si no se lo tendrá bien merecido, y que encuentra una última oportunidad de redención, de resurrección. Y la veremos mil y una veces más y todas y cada una de ellas funcionará si la cara la da un actor como Jeff Bridges y proporciona un recital interpretativo como en Crazy heart (Corazón rebelde) la película de Scott Cooper con la que se ha adjudicado el premio Oscar al mejor actor protagonista.
Bad Blake (Bridges) es un cantante de música country cuya vida transita al margen de los grandes circuitos musicales y que arrastra una existencia nómada por locales de segunda y tercera clase tras el fracaso de sus múltiples matrimonios y demasiados años de apego al alcohol. Sin embargo, en una de esas paradas en medio de ninguna parte que surcan el oeste norteamericano, conoce a Jean (Maggie Gyllenhall), una joven periodista madre de un hijo a través de la que descubrirá su verdadera naturaleza bajo la pared de rebeldía y cinismo que ha levantado para los demás.
Crazy heart (Corazón rebelde) es al mismo tiempo bella y fea, con un estilo tan agradable como ocasionalmente incómodo, el guión no logra huir del todo de ciertas tentaciones sensibleras y cae en situaciones previsibles cuya respuesta emocional es la habitual, la indiferencia del espectador ante el sabor de ‘ya visto’ o, por el contrario, la turbación más conmovedora, según gustos. Sin embargo, la interpretación de Jeff Bridges (sostenido por pequeños papeles de Colin Farrell o Robert Duvall) es tan brillante, tan ajustada como un guante al personaje, tan creíble, que bien pudiéramos pensar que se trata de una vieja gloria del country que se interpreta a sí misma. Se mimetiza tan bien con Bad Blake que, incluso en los momentos más denigrantes, está constantemente poseído de un irrefrenable magnetismo, y dota a su personaje de estilo, fuerza e incluso de encanto. Consigue despertar piedad y admiración, empatía y tristeza, compasión y afecto. Es la nota rescatable, encomiable, de un producto, el de Scott Cooper, en todos los demás aspectos, bastante mediocre, tan fácil de ver como de olvidar si no fuera por esa leyenda de la barba, el sombrero y la guitarra que quedará en los anales.
Bad Blake (Bridges) es un cantante de música country cuya vida transita al margen de los grandes circuitos musicales y que arrastra una existencia nómada por locales de segunda y tercera clase tras el fracaso de sus múltiples matrimonios y demasiados años de apego al alcohol. Sin embargo, en una de esas paradas en medio de ninguna parte que surcan el oeste norteamericano, conoce a Jean (Maggie Gyllenhall), una joven periodista madre de un hijo a través de la que descubrirá su verdadera naturaleza bajo la pared de rebeldía y cinismo que ha levantado para los demás.
Crazy heart (Corazón rebelde) es al mismo tiempo bella y fea, con un estilo tan agradable como ocasionalmente incómodo, el guión no logra huir del todo de ciertas tentaciones sensibleras y cae en situaciones previsibles cuya respuesta emocional es la habitual, la indiferencia del espectador ante el sabor de ‘ya visto’ o, por el contrario, la turbación más conmovedora, según gustos. Sin embargo, la interpretación de Jeff Bridges (sostenido por pequeños papeles de Colin Farrell o Robert Duvall) es tan brillante, tan ajustada como un guante al personaje, tan creíble, que bien pudiéramos pensar que se trata de una vieja gloria del country que se interpreta a sí misma. Se mimetiza tan bien con Bad Blake que, incluso en los momentos más denigrantes, está constantemente poseído de un irrefrenable magnetismo, y dota a su personaje de estilo, fuerza e incluso de encanto. Consigue despertar piedad y admiración, empatía y tristeza, compasión y afecto. Es la nota rescatable, encomiable, de un producto, el de Scott Cooper, en todos los demás aspectos, bastante mediocre, tan fácil de ver como de olvidar si no fuera por esa leyenda de la barba, el sombrero y la guitarra que quedará en los anales.
16 de julio de 2010
16 de julio de 2010
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una película "Notable", las actuaciones son creíbles, ni por asomo es lo mejor de Bridges, pero mantiene una actuación creíble no muy difícil para su persona, el resto de los personajes están a un nivel aceptable, son buenas interpretaciones sin ser espectaculares.
El ritmo es lento sin ser aburrido, por lo que la hacen una película de fácil visión, el metraje es el adecuado, para mi gusto ni falta, ni sobra.
Si a todo esto le sumamos una buena fotografía, un muy buen encuadre de la cámara recogiendo las escenas de la mejor manera posible, sin que falte ni sobre nada en encuadre de la imagen, y con un movimiento y campo de visión espectacular, y sobre todo una música excelente, la convertimos en una película muy recomendable.
Saludos
El ritmo es lento sin ser aburrido, por lo que la hacen una película de fácil visión, el metraje es el adecuado, para mi gusto ni falta, ni sobra.
Si a todo esto le sumamos una buena fotografía, un muy buen encuadre de la cámara recogiendo las escenas de la mejor manera posible, sin que falte ni sobre nada en encuadre de la imagen, y con un movimiento y campo de visión espectacular, y sobre todo una música excelente, la convertimos en una película muy recomendable.
Saludos
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La escena donde Jeff Bridges y Robert Duvall están pesacando en una barca es genial, que pedazo de encuadre de dos magnificos actores.
saludos
saludos
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