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Críticas de Melón tajá en mano
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112 críticas
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2
3 de diciembre de 2011
36 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Segundas partes nunca fueron buenas". Esta afirmación puede ponerse en duda cuando la segunda sucede a una primera parte muy buena. No es el caso de 'FUGA DE CEREBROS 2': la primera parte es una tontería enorme y esta no se queda atrás.

De su director, Carlos Therón, sólo conocemos el mediocre makin' off de la notable 'Buried' de Rodrigo Cortés. No se puede decir que hacer una segunda parte de una acumulación de despropósitos sea el salto esperado.

Vale que esta segunda oportunidad tiene un punto más crudo, nostálgico e inocente y que esto la hace levemente soportable durante la primera hora. Pero llegada la segunda hora a la película ya no hay por dónde cogerla. El mal gusto toca techo (y fondo) con unos gags escatológicos que se hacen aún peores cuando pretenden funcionar por repetición. Gravísimo error para la comedia. Y ojo que no es el único que comete.

El guión apenas acierta a rematar tres o cuatro chistes y los giros no son giros sino disparos al azar esperando ver qué pasa. La sucesión de sketches es infumable y no hay forma de asimilar el empeño en hacer las cosas tan mal. La banda sonora es una capullada para cursis de tercera. No es justo decir algo malo de los actores: tampoco tienen la culpa y bastante tienen ya.

Sin embargo nada de lo anterior es tan insultante como la interminable lista de tópicos y la forma en que utiliza para hacernos reír. Los últimos veinte minutos son una traca de gases que lo hacen todo irrespirable. Es difícil hacer las cosas peor, a no ser que alguien se proponga convertir esto en trilogía. No lo descartemos: la taquilla arrasa con todo y hasta crea escuela.

Ni humor absurdo ni mucho menos surrealista. La tontería es de primerísimo nivel y además tiene la desgracia de ser la segunda parte de otra. Cuesta creer que algo así pueda provocar carcajadas en una sala de cine. Si este "humor" no está superado, vamos por mal camino.

No consuela en absoluto saber que esta es la película que los jóvenes irán a ver en masa estas navidades. Al menos tendrán toda una vida por delante para intentar olvidarla.
Melón tajá en mano
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9
6 de diciembre de 2011
31 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
El próximo mes de enero llegará a nuestras pantallas (ojalá que a muchas) la nueva película de Na Hong-jin. A algunos les sonará a chino, pero en realidad es surcoreano y ya nos sorprendió con su primera película 'Chugyeogja' ('The Chaser').

Con el mismo dueto protagonista que tan bien funcionara entonces, 'HWANGHAE (THE YELLOW SEA)' posee un amplísimo ramillete de virtudes que la convierten en una de esas películas imprescindibles para todo amante del buen cine de suspense y acción.

Mediante una trama de dimensiones complejas, Hong-jin confecciona un trepidante thriller de atmósfera enrarecida que hurga en las oscuras entrañas de la clandestinidad. Las dos horas y media de relato laberíntico se hacen extra cortas y te dejan clavado en la butaca.

'Hwanghae' es una carnicería incontestable de montaje excelente y más que correcta banda sonora. Una orgía sangrienta para chuparse los dedos. Magnífica ocasión para hacer gala del "a caballo regalado no le mires el diente" para hacer frente a las pocas escenas de violencia gratuita. No en vano esta cinta guarda muchos más aciertos que errores.

Lo asiático está de moda y el buen cine nunca deja de estarlo. Qué gran oportunidad.
Melón tajá en mano
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2
12 de noviembre de 2011
48 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por mucho que ayuntamientos y centros comerciales se empeñen en adelantar la fecha todos sabemos que la Navidad no llega hasta Diciembre. Es entonces cuando el cine nos regala su dosis anual de ñoñería infantiloide con películas –la mayoría norteamericanas- que traen sin cuidado a niños y mayores.

La industria española (que no es tonta por más que se empeñe en parecerlo) decide competir ofreciendo más de lo mismo pero en versión austera y con una cierta mala leche que nunca viene mal. Así que Paco Arango (creador de series tan prescindibles como ‘¡Ala… Dina!’ y ‘El inquilino’) se ha puesto manos a la obra escribiendo y dirigiendo ‘Maktub’, que en árabe significa ‘lo que está escrito’.

Con la excusa del destino y la presencia del angustiosamente híper-sobreactuado Diego Peretti como monigote protagónico, Arango se empeña en sacarnos una lagrimita fácil cada diez sonrisas mudas. La película lo tiene todo para convertirse en un calvario de glucosa insípida. Y lo consigue de sobra.

Elegir a Peretti para encabezar el reparto de una película navideña es tan contraproducente como invitar a Jordi González a impartir una cátedra sobre ética periodística. Y lo comparo con alguien de TV porque se hace difícil calificar de película algo que jamás pasaría como pésimo capítulo piloto de una serie.

En ‘Maktub’ no hay casi nada que parezca cine. Su realización, sus idas y venidas en el tono y el tratamiento de sus personajes son puramente televisivas. Pretende ser simpática pero acaba siendo tan pesada como ese tío que cuenta los mismos chistes en la cena de nochebuena todos los años. La faceta cómica de la cinta funciona por espasmos y la dramática es un despropósito de los grandes.

Hay escenas donde la falsa complicidad entre personajes da lugar a ciertos diálogos carentes de alma y sentido, muchos de los cuales están forzadísimos por el mismo cáncer de siempre: los niños no hablan como niños sino como guionistas que nunca han visto uno de cerca. El día que encontremos la cura ganaremos todos.

Resumiendo: lo que pretende ser homenaje al joven en que se basa la historia se convierte en un cuento donde la ternura está mal calculada y no hay sitio para la supuesta fragilidad emocional del espectador en fechas navideñas. Ni el trío calavera (Baró, Bilbao y Sardá) ni la excelente pero desorientada Goya Toledo pueden sacar las castañas del fuego en el estreno de Paco Arango como director de cine.

‘Maktub’ podría funcionar como cuento. Es fiel y consecuente con el factor casualidad que propone pero se pierde al subrayar la parte más dramática durante la fatigosa media hora final. Garantizo que el último giro sobre el personaje de la Sardá es de los más torpes que se han visto en una película que es para niños, no para tontos.
Melón tajá en mano
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3
4 de abril de 2012
74 de 127 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuatro años después de estrenar su primer largometraje (‘Shotgun Stories’), Jeff Nichols regresa para embarcarnos en un viaje al centro de la esquizofrenia paranoide con ‘Take shelter’, película premiada por la crítica en la pasada edición del Festival de Cannes.

Protagonizada por un actor en alza como Michael Shannon, interpretando en esta ocasión a un humilde trabajador que vive en el campo junto a su mujer y su hija y que sufre terribles pesadillas en las que se ve atacado por elementos o personas que le rodean. Y sin embargo no es él quién brilla en la cinta (de hecho le vemos con ciertos problemas para abordar un perfil demasiado complejo o no muy bien escrito) sino una Jessica Chanstain que con menos escenas destila bastante más credibilidad que su pareja de ficción.

Merece la pena rescatar la escena en que el personaje se sincera con su mujer acerca de sus problemas. Los tiempos y diálogos están cuidados y se acierta plenamente en la elección del búnker como símbolo metafórico del aislamiento al que se ven sometidos quienes padecen problemas esquizofrénicos.

Lo peor de ‘Take shelter’ no es que se desinfle sino que jamás llegue a tomar el aire suficiente para formar algo definido. Pese a lograr con creces la atmósfera de la enfermedad y respirar holgadamente en ella durante los minutos siguientes al descubrimiento de la verdadera psique del protagonista, el file se hace aburrido y difícil de asimilar. El resultado no es tan sólido como se espera al principio.

Además de estar repleta de pésimos encuadres, la nueva película del director de Arkansas posee un ritmo cansino y un conflicto que esconde menos misterio de los que sugiere. Pasando por alto algunas pequeñas e insignificantes trampas narrativas del guion, la película derrocha energía en su tramo final, cuando ya es demasiado tarde para un espectador que toca fondo antes que el protagonista y que muy probablemente lleve un buen rato pensando en otros asuntos que le provoquen menos dolores de cabeza.
Melón tajá en mano
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6
11 de noviembre de 2011
22 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los detractores de Fernando Tejero ya pueden ponerse en la cola del paro. De uno en uno y sin hacer ruido. Adiós a la poca credibilidad de quienes sostienen que un actor que triunfa en la pequeña pantalla con un papel cómico no puede dar la talla en la grande con uno dramático.

Que existe la evolución del actor es algo obvio. Fernando Tejero es un buen ejemplo. Apenas ha necesitado una baldosa (concretamente '5 METROS CUADRADOS') para dar forma a Álex, un personaje con suficiente recorrido y un conflicto tan verosímil como apetecible: la esperanza de tener un piso normalito en propiedad con su pareja a las afueras de la ciudad. El actor está soberbio en los matices y, a ratos, incluso admirable.

Lástima que Max Lemcke (director también de 'Casual day' y de algún que otro capítulo de la serie 'Gran reserva') no sepa desprenderse de ciertos tics televisivos que hacen que la cinta avance con ritmo torpe y cansino, especialmente en el segundo acto, laberinto donde precisamente acostumbran a perderse (y perdernos) la mayoría de ficciones televisivas.

Sin ser un gran guión, los Remón (Pablo y Daniel, Daniel y Pablo) aciertan a tensar la cuerda dramática de su protagonista entre la amargura y la sinrazón en una película construida como un edificio de tres pisos. Los cimientos del planteamiento (primer piso) son correctos y la credibilidad impera en la mayoría de escenas de la trama principal.

Todo lo contrario sucede con la trama que aborda la especulación sin escrúpulos. Lemcke descuida por completo el fondo político de la cinta y los diálogos suenan increíblemente falsos en boca de dos pesos pesados como Gutiérrez Caba y Morón haciendo de políticos con menos tirón en la ficción que en la vida real. Es por esto que la estructura del segundo piso se tambalea y la historia parece venirse abajo.

Sin embargo el edificio logra mantenerse en pie gracias al tercer piso, un desenlace que funciona como una perfecta obra de ingeniería. Tejero se echa toda la coherencia a la espalda y sube al tejado para hacer la revolución por su cuenta en veinte minutos que nos llevan al órdago cuando, una vez abajo, comprendemos que con la especulación no hay final feliz posible.

En tiempos de la burbuja no todo tiene que ser ladrillo: '5 metros cuadrados' puede ser un auténtico boom si la gente se lanza a comprar pensando más en la calidad que en el precio. Aunque todo esté por las nubes, incluido el cine.
Melón tajá en mano
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