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España España · Asturias
Críticas de yeirus
Ordenadas por:
117 críticas
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7
19 de diciembre de 2017
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una vez más, Sean Baker vuelve a posar la cámara en los marginados del sueño americano, eje central de su carrera. Tangerine ya seguía casi en tiempo real, iPhone al hombro, el recorrido de una prostituta recién salida de prisión buscando venganza. Y sin embargo, Baker fue capaz de mostrarnos unos personajes tan alocados como tiernos, tan violentos como inocentes y tn extrafalarios como reales. Cambiando Los Ángeles por Orlando, el director retrata ahora la infancia en un motel en las inmediaciones de Disneyland, "el lugar más feliz de la Tierra".

La película es una sucesión de episodios o sketchs en la que, en un principio, los niños son los absolutos protagonistas: traviesos, maleducados, adorables y ocurrentes. Moviéndose por un terreno de colores chillones para atraer turistas que Baker enfoca de manera que el apartado técnico hace de esta obra una especie de reverso del cine de Wes Anderson, donde la irreverencia y la crudeza de la realidad abofetean sin piedad una estética tan artificial como impostada. Paulatinamente, las ocurrencias del verano interminable de este grupo de niños van dejando sitio a los problemas de los padres, que quizás sea el mayor pero de la cinta.

Durante gran parte de la película Baker defiende la infancia, incluso en los peores entornos, como un paraíso indestructible. Sin embargo, al profundizar en las historias de los padres, este logro se derrumba y aparece en su lugar una moralina que enturbia el resultado. En Tangerine ningún exceso tenía consecuencia, el final en la tienda de donuts era un interminable ensañamiento por parte de los protagonistas con un personaje secundario, el taxista armenio -que aquí tiene un breve cameo como el propietario del hostal- en las que las carcajadas del resto del elenco ponían el broche perfecto a la historia. Eso hacía del conjunto una joya que defender: nada de adornos, nada de concesiones, nada de amabilidades, lo dejas o lo tomas.

En cambio, Baker decide encarrilar a sus personajes esta vez. Se cierra toda la celebración y el descaro que gozábamos a lo largo de la película con una nota triste e innecesaria. Tras haber cogido carrerilla, el director recula justo antes de su salto mortal y nos deja con una película muy bonita pero sin la osadía que esperábamos. Celebramos todos los personajes, el humor, el drama y ese triste hostal rosa.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
yeirus
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4
12 de mayo de 2017
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
ganas de comprobar lo que un artesano como Gray podría lograr desplazándose a la jungla. Enormes parecían las posibilidades de combinar la majestuosidad de los paisajes con su maestría para los sentimientos. Desgraciadamente, el conjunto de Z, la ciudad perdida, hace aguas por todas partes.

Dos son los grandes problemas de la cinta: El primero y principal es el caótico montaje. Los saltos inexplicables de la selva a Inglaterra no son capaces de desarrollar una minima incitación a la aventura. Si Gray pretendía absorbernos en un territorio inhóspito, como sí lograba la sobresaliente El abrazo de la serpiente, debía haber insistido en la creación de una atmósfera que incitase al peligro y al misterio. En cambio, los periplos en la jungla se suceden en escenas inconexas que no provocan un mínimo de tensión, dando la impresión que gran parte del metraje se ha quedado en la sala de edición. Si por el contrario, el director prefiriera captar la obsesión de un hombre persiguiendo una leyenda, en la línea del extraordinario Aguirre, de Herzog, la evolución del personaje ha sido constantemente interrumpida o mutilada como para lograrlo.

Lo que nos lleva al segundo inconveniente: el actor protagonista. Un hombre que sólo cuenta con dos registros: el susurro o el grito. Incapaz de relatar un descubrimiento, fallido al tantear la sorna ante los compañeros del gremio de cartógrafos, forzado al expresar ternura con el resto del elenco. Dos horas y veinte centradas en tales limitaciones son demasiado.

Sorprendentemente la crítica alaba el film, defendiendo el prodigio de Gray tras la cámara en pos de una ausencia de acción o drama. Sin embargo, otro film similar y mucho mejor rematado, Queen of the desert de Herzog, ha sido vapuleado únanimemente por los mismos motivos, llegando hasta el punto en que no ha sido posible distribuírlo en los principales mercados por miedo al fracaso.
yeirus
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6
11 de enero de 2017
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Toni es una niña de once años que dedica sus tardes al boxeo. Aunque ella, en realidad, quiere ser bailarina de drill. Para tal fin su tenacidad se convertirá en su principal aliada, sin embargo, esta disciplina requiere unos atributos y unas aptitudes que el cuerpo de la joven deberá asimilar al mismo tiempo que las chicas de la compañía comienzan a enfermar una tras otra.

El debut de la joven directora Anne Rose Holmer es una oda a la identidad propia. Toda la película gira en torno al cuerpo de la protagonista. Toni es una chica poco sociable que sólo parece relacionare con su hermano, con quien boxea, sin contacto alguno con el resto de niñas. Hasta que un día cecide mezclarse con ellas en las audiciones para el grupo de baile. Toni a duras penas puede deshacerse de sus movimientos toscos y mecánicos, casi masculinos, al ejecutar una rutina de danza. Y de pronto no sólo es capaz de realizarla sino que además adapta los pasos a su propio estilo, fascinando a sus compañeras. Una niña que no necesita seguir los clichés femeninos que le imponen: sean los pendientes que se le infectan o el esmalte de uñas dorado. Aunque el resto de compañeras la tachen de marimacho, ahí precisamente reside su autenticidad y por tanto, su triunfo.

En apenas hora y cuarto la directora crea un espacio fascinante, el gimnasio, del que no saldremos jamás. No sabemos ni dónde viven los personajes, ni cómo son sus padres, ni qué tal se les da el colegio. Poco importa. Holmer insiste en centrarse únicamente en el cuerpo de Toni rompiendo cualquier estereotipo de género o raza. Técnicamente nos brinda una película impecable aunque varios cabos queden por atar, principalmente la misteriosa enfermedad que da título a la cinta. Las convulsiones (fits).


La directora parece utilizar estos espasmos como Mcguffin, pero dado el momento en que vivimos, no se pueden ignorar los paralelismos con la realidad de las mujeres negras. Son quienes deben hacer frente a un mayor número de trabas sociales, más que cualquier hombre o mujer. Holmer parece llamar a una coordinación de movimientos en la lucha social a todas ellas, en esa fantástica coreografía, siendo quienes bajen la guardia, se resignen o se acomoden quienes primero enfermen. La sonrisa final de Toni parece indicar que la lucha será larga y dura, pero que la victoria llegará tarde o temprano.
yeirus
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5
29 de diciembre de 2016
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El problema es el camino por el que nos llevan hasta llegar al final. La película se vuelve a ratos demasiado lenta y a ratos demasiado acelerada. Lenta, pues la mayor parte de los acontecimientos se suceden de manera monótona, y acelerada porque el montaje tira por tierra los avances de los protagonistas, resumiéndolos torpemente en apenas dos minutos con voz en off. Es por ello que no queda claro qué tipo de película nos están mostrando. Si se considerase Arrival un producto de entretenimiento, sería un gran error limitar la acción del relato a flash-backs, a los sueños y a una tensión internacional que no logra inquietar al público. Si por el contrario se tratase de una película de autor, el enorme fallo es no tomarse el tiempo suficiente para desarrollar la más que interesante asimilación y aplicaciones del lenguaje. Y si por último se pretendiese fabricar un híbrido comercial de autor, los componentes de ambas fórmulas deberían haber sido mejor elegidos y racionados. El diseño minimalista de los escenarios deleita pero no estimula lo suficiente como para tapar la falta de consistencia.

Por si fuera poco, este desaguisado se alarga hasta las dos horas de duración e intenta burdamente mantener el interés de la cinta en el sufrimiento de la protagonista por la muerte de su hija, que nos presentan de manera casi pornográfica en los cinco primeros minutos de película. No sólo se trata de un truco ya demasiado visto estos últimos años que a fuerza de insistir casi frivolizan el drama, sino que además es llevado a la pantalla imitando sin reparos el estilo de Lubezki, colaborador habitual de Malick. Es cierto que en el desenlace la trama de la hija cobra sentido al reivindicarse el carpe diem a pese a no poder escaparse de un destino fatal. Sin embargo, un incesante bombardeo de sentimentalismo no basta para mantener a flote un producto que no termina de aceptarse.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
yeirus
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6
13 de diciembre de 2016
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El punto fuerte de El viajante es la valentía de su director, quien, en su línea, se convierte en funambulista para recorrer la fina línea que separa la denuncia de la ilegalidad en su país. Ya con Nader y Simin, una separación, levantó ampollas al tratar tan crudamente el divorcio, sobre todo si tenemos en cuenta que meses antes del rodaje, Farhadi había sido inhabilitado para rodar por razones políticas. Sin embargo, el director no se acobarda y con la suficiente sutileza llega a tratar en esta nueva entrega temas como la prostitución, la venganza y la violación. En esta última reside una de las claves de la cinta, que denuncia la falta de protección a las mujeres ante tal crimen.

Una de las sorpresas de la cinta es la presencia de dos historias paralelas: la ya descrita y una segunda en las tablas, siendo la pareja protagonista miembros de una compañía de teatro que representa Muerte de un viajante, de Arthur Miller. Vemos en esta parte obligaciones absurdas, como vestir a personajes que aparecen desnudos en el texto original. También los cambios de última hora impuestos por el comité censor. La parte teatral de la obra sirve para mostrarnos que la pareja protagonista, gente humanista, son cultivados y es a ellos de decidir qué hacer cuando descubren la identidad del agresor.

La tesis de El viajante golpea en su últimos minutos de metraje al espectador, pues su planteamiento no deja de ser bastante crítico: La venganza no provoca más que caos, destrucción y más dolor. Farhadi sigue construyendo su filmografía mediante mensajes y denuncias potentes que cumplen su objetivo: ser conocidas por el gran público ahí donde es necesario, en su país, ignorando la más que frecuente mirada condescendiente del público occidental.
yeirus
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