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España España · Donostia-San Sebastián
Voto de ALG:
6
Ciencia ficción. Aventuras Treinta años después de la victoria de la Alianza Rebelde sobre la segunda Estrella de la Muerte (hechos narrados en el Episodio VI: El retorno del Jedi), la galaxia está todavía en guerra. Una nueva República se ha constituido, pero una siniestra organización, la Primera Orden, ha resurgido de las cenizas del Imperio Galáctico. A los héroes de antaño, que luchan ahora en la Resistencia, se suman nuevos héroes: Poe Dameron, un piloto de ... [+]
18 de diciembre de 2015
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hype. Un término anglosajón que a día de hoy ya hemos sumado a nuestro vocabulario habitual para hablar de la emoción provocada por las altas expectativas respecto a un determinado producto cultural. De hecho, gracias a películas como la que me toca reseñar hoy casi estaría tan a la orden del día como ese otro temible palabro, spoiler. ¿Por qué os cuento esto (más allá de por el topicazo de iniciar una reseña desviando la atención del hecho de que no se sabe cómo empezar una reseña)? Porque quería adelantaros que esta reseña estará libre de ambas cosas: si anoche decidí acudir al preestreno de madrugada de esta Star Wars: El despertar de la fuerza fue menos por hype y necesidad de visionarla y más por miedo a comerme algún spoiler como los que ya circulan por la web porque el mundo está lleno de hijos de puta no es justo. Mis expectativas respecto a esta película eran del nivel de “Por favor, que no sea una mierda”, nada más.

J. J. Abrams es conocido por ser un pobre imaginador pero un eficiente reimaginador, y su Star Wars no es ninguna excepción, más allá de que el resultado está más pulido en ambos aspectos. Así pues, ayudado por otros dos guionistas, el responsable de relanzar la franquicia galáctica de la competencia nos presenta una película que es a la vez homenaje a (toda) la trilogía original, hasta el límite del remake absurdo, y punto de entrada para nuevos aficionados con una historia y personajes cuyo potencial aún está por explotar. Es esta última parte la que, personalmente, encuentro más interesante, lo cual resulta tanto reconfortante de cara a la revitalización de la saga como decepcionante en tanto que este Episodio VII se convierte en un simple prólogo a lo que está por venir.

Dado que la sensación general tras el visionado es más positiva que negativa, empezaré detallando lo que creo que no funciona. O mejor dicho, lo que no funcionará más allá del primer visionado cuando hablamos de los guiños. Guiños a tutiplén, concesiones a la galería y algún brindis al sol. Y es que una idea que hay que tener clara cuando uno se aproxime a ver El despertar de la Fuerza es que estamos ante un remake encubierto. Todos aquellos que se hayan hecho algún tipo de maratón con la trilogía original (o la tengan fresca, o ultraquemada como yo) van a experimentar una serie de déjà vus que en el momento, como todo guiño, sacarán una sonrisa al viejo espectador, observador o no (que hay algún que otro subrayado), pero que una vez pasada la novedad del momento se antojará tramposa. Es decir, que si una historia transcurre dentro de una línea temporal continua, no pueden darse tantas coincidencias en la estructuración de los acontecimientos con respecto a los hechos narrados 30 años antes.

De todos modos, entiendo que el objetivo de esta película era, en cierto modo, cerrar el capítulo clásico de la historia y abrir el capítulo nuevo de cara al universo cinematográfico que Disney pretende explotar, alternando spin-offs y películas troncales. Así pues, puedo tolerar que Abrams trate de hermanar en la sala al nuevo espectador con el exigente fan-de-toda-la-vida entregándole su menú del día, escuchando las numerosas quejas vertidas sobre la segunda trilogía (los midiclorianos ya son tabú; ahora la Fuerza vuelve a rodearnos, penetrar, fluir a través de todas las cosas) y entregando los suficientes elementos de conexión de lo nuevo con lo viejo como para que se pueda aceptar unánimemente a estas historias como canónicas y coherentes.

Y es que aunque poco sabemos acerca del pasado de la mayoría de los nuevos personajes, a menudo envueltos en un misterio o un hecho traumático del que apenas se nos dan detalles, sí que podríamos hablar de que son derivados de la idea de “legado”. Esto resulta especialmente evidente en lo relativo a los dos personajes mejor desarrollados del filme: Rey, la chatarrera apegada a su planeta de origen de manera casi enfermiza pero que podría guardar algún tipo de relación con personajes del pasado; y Kylo Ren, unido de algún modo, ya desde el tráiler, al destino de Darth Vader.

Sin embargo, es en el caso de este último donde echo en falta una aclaración de sus motivaciones que, aunque presumiblemente serán matizadas en futuras entregas, aquí dejan cojo en cierto modo su arco. A pesar de ello, y siempre enmarcado en esa entidad religioso-militar que parecer ser la Primera Orden, una suerte de templarios sith que conforman el remanente del Imperio Galáctico de Darth Sidious, el joven Kylo Ren tiene suficiente potencial como villano trágico para ofrecer un buen contrapunto a la odisea de Rey. Ambos personajes, no en vano, están representados por las dos mejores interpretaciones de la película, con un Adam Driver canalizando a su Hamlet tenebroso interior o una Daisy Ridley que es la naturalidad en persona dentro de un paisaje que tiene poco de tal…

(continúa en "spoiler" pero sin spoilers)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
ALG
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