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John Wick: Capítulo 3 - Parabellum

6,8
6.474
votos
Año
2019
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Acción. Thriller | Crimen. Secuela
Sinopsis
John Wick (Keanu Reeves) regresa a la acción, solo que esta vez con una recompensa de 14 millones de dólares sobre su cabeza y con un ejército de mercenarios intentando darle caza. Tras asesinar a uno de los miembros del gremio de asesinos al que pertenecía, Wick es expulsado de la organización, pasando a convertirse en el centro de atención de multitud de asesinos a sueldo que esperan detrás de cada esquina para tratar de deshacerse de él. (FILMAFFINITY) [+]
Hiperbolleum
Anteriormente, en “John Wick”... el asesino más letal del mundo salía corriendo, y cojeando, del Continental de Nueva York. El que hasta hacía pocos segundos era el único santuario en el que podía ampararse bajo el derecho de asilo, se había convertido en el lugar donde se emitiría su sentencia de muerte. Una decisión contra la que no podría interponerse recurso alguno. En un abrir y cerrar de ojos, el rey de los sicarios se convirtió en la presa más apetecible de ese sangriento e híper-lucrativo negocio de la muerte por encargo.

En este punto dejamos la caza humana, y justo en este punto la retomamos. ‘John Wick: Capítulo 3 - Parabellum’ abraza su naturaleza de relato serializado renunciando a cualquier introducción o puesta en contexto; confiando en que todo esto venga a través de los visionados previos de los capítulos anteriores o, en su defecto, a través de la lectura de estas líneas. Cinco años han pasado desde que Chad Stahelski y David Leitch (hasta aquel entonces, dos especialistas en escenas de acción desconocidos para el gran público) unieran fuerzas para concebir la que sería una de las grandes revelaciones del cine de género de aquella temporada.



En esencia, ‘John Wick’ (el que ahora podemos considerar como “Capítulo 1”) no era mucho más que una revisión actualizada de esas odiseas vengativas protagonizadas por el siempre “vigilante” Charles Bronson. Un hombre aparentemente normal se descubría como la mismísima Parca una vez era sometido a estímulos terriblemente violentos. Era precisamente en la crudeza de la historia donde empezaba a tomar forma el encanto de la propuesta. Los personajes, así como los conflictos que les rondaban, eran tan esquemáticos, que con ello, ganaba importancia aquello que, en realidad, más importaba.

Esto es, aquella patada, y aquel puñetazo, y aquella maniobra imposible al volante de aquel bólido infernal... pero sobre todo, aquel disparo ejecutado como si fuera una puñalada. John Wick reducía a la mínima expresión todos aquellos factores que impidieran magnificar la acción. Y lo lograba. Y así, entró de lleno en esa demencial escalada hacia el infinito que solo puede proponer el cine-espectáculo. En este sentido, ‘John Wick: Capítulo 3 - Parabellum’ es el siguiente punto lógico en una línea que empezó a cobrar -auténtico- sentido con ‘John Wick: Pacto de sangre’, estupenda secuela expansiva, en la que aparte de cumplir el sine qua non de aumentar en varios puntos de intensidad las descargas de adrenalina, se profundizaba en el universo de los clanes de asesinos del Continental.



Con estas bases, de nuevo gestionadas en solitario por Chad Stahelski, la nueva entrega de las letales aventuras de esta especie de “Keyser Söze” del gremio de los sicarios, se dedica a reproducir la fórmula de su inmediata antecesora. Más de lo mismo, pero con esa voluntad de conquistar cotas más altas, es decir, de dejar un reguero de sangre mucho más difícil de limpiar. Esto se consigue, como ya sabemos, haciendo más concesiones a las pulsiones violentas (ahí se concentra toda la creatividad del film) que de vez en cuando se hacen notar en nuestro cuerpo... pero también dejándole claro a éste que estos instintos bestiales son, a lo mejor, la opción de vida más distinguida; incluso civilizada.

Pocos momentos antes de que estalle la tempestad, un personaje se prepara para la guerra con música muy refinada (“Si vis pacem, para bellum”). Un tocadiscos se pone en marcha y empieza a sonar “L’inverno”, de Antonio Vivaldi. Mientras Park Chan-wook aplaude en un rincón de la sala, John Wick va cargando armas de fuego de altísimo calibre, y al poco rato, va ejecutando, inmisericordemente, a todo ser que se interponga en su camino. Apretando el gatillo, retorciéndole el cuello o echando mano de cualquier factor ambiental.



Ahora parece que es Jackie Chan, quien se ha puesto en pie para la ovación. Pero hay más: al final, el planteamiento de la última traca recuerda a la lucha por fases que, en ‘Juego con la muerte’, llevaba a Bruce Lee a enfrentarse con ni más ni menos que Kareem Abdul-Jabbar. Y así, sucesiva y continuamente, pero con la potencia destructiva que exige la segunda década del siglo XXI. La acción, está claro, se reivindica de nuevo como el activo más polivalente (y por esto, interesante) del conjunto. Es el verdadero objeto de estudio, y ya puestos, de un deseo que muy fácilmente puede derivar hasta lo sexual. De la exploitation “bronsoniana” pasamos a una especie de pornografía dignificada por un empaque estilizado (filia por la luces de neón, nacionalidades reducidas a estereotipos de tribu urbana... como si de un elegante y muy trabajado cómic se tratara), y legitimada, si no directamente elevada, por un resultado final que, en efecto, sacia la sed sangre con la que pudiéramos acudir a la sala de cine.

De lo excomulgado pasamos a lo desacralizado; si antes los rivales eran los reyes del hampa, ahora parece que sean los dioses que deciden el destino de los hombres. ‘John Wick: Capítulo 3 - Parabellum’ adopta así una dimensión de tragedia que más que acercar a la franquicia a la tradición clásica, la hermana con el desparrame de videojuegos como los de la saga “God of War”. Tanto el brillante diseño (y ejecución) de las coreografías, como el gusto por lo explícito cuando toca ponerse escabroso, confirman la principal virtud de la película. A saber: una fidelidad inquebrantable hacia la máxima de que “el arte es dolor”. He aquí la consecuencia de ello: un ballet macabro en hiperbólica celebración del placer -animal- del destrozo.
Escrita por Víctor Esquirol (FilmAffinity)
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