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Parásitos

Intriga. Comedia. Drama. Thriller Tanto Gi Taek (Song Kang-ho) como su familia están sin trabajo. Cuando su hijo mayor, Gi Woo (Choi Woo-sik), empieza a dar clases particulares en casa de Park (Lee Seon-gyun), las dos familias, que tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos, comienzan una interrelación de resultados imprevisibles. (FILMAFFINITY)
Nosotros y ellos
Una niña caminaba tímidamente por un pasillo. No le gustaba el lugar en el que vivía, de modo que huía de ahí. Su objetivo era alcanzar ese otro sitio que, por lo que le habían dicho, era mucho mejor que éste en el que le había tocado nacer. Ella vivía abajo, donde la comida no se podía comer, donde el espacio era un bien de lujo y donde el Sol era poco más que una leyenda. Arriba, todos estos factores conocían la más feliz inversión, de modo que hacia ahí se dirigía... hasta que aprendió que aquel viaje era en realidad una quimera, pues la única vía que existía para subir, eran unas escaleras mecánicas que descendían.

El sistema (llamémoslo así) había construido una vía de escape, y la había puesto ahí, al alcance de quien quisiera tomarla. Con ello dejaba claro que la suerte no tenía nada que ver con la asignación del puesto que cada uno acabaría ocupando. Las escaleras sugerían libertad de elección; igualdad de condiciones... pero claro, la dirección que éstas tomaban confirmaban justo lo contrario. Las reglas del juego no eran las mismas para todo el mundo. Y ahí se quedó la niña, en la base de unas escaleras que de ninguna manera podía subir. Esta imagen, por cierto, es la que usó Jordan Peele, nuevo maestro del terror, para hablarnos en ‘Nosotros’ de las terroríficas desigualdades imperantes en nuestra sociedad.



El espacio como metáfora social, y la ficción del cine de género como dolorosa incisión en una realidad que, efectivamente, parece ser una pesadilla. ‘Parasite’, esperado regreso de Bong Joon-ho a su Corea del Sur natal, nos presenta a una familia protagonista condicionada por el lugar que habitan. Padre, madre, hijo e hija se apelotonan en un sucio bunker; en un semi-sótano expuesto a todas las inclemencias que propone la ciudad. Ahí mismo, tienen que amorrarse a los rincones superiores de tan precaria construcción para que sus smartphones puedan aprovechar el wifi del vecino de arriba... siempre que éste no haya decidido cambiar la contraseña, claro.

Ésta es la escena de apertura de la película, un gag que, al igual que esa figura del “hacker” del sistema, patentada por Joel Potrykus, no puede evitar despertar cierta angustia vital. Es gracioso, pero escalofriante a la vez. Estas dos pulsiones son las que hace interactuar constantemente Bong Joon-ho en su nuevo trabajo, el cual tiene todo el sentido en una filmografía donde los miedos en la escalada de la pirámide social han solido tener un peso fundamental en el planteamiento y desarrollo de sus historias.



Ya sucedía en ‘Perro ladrador, poco mordedor’, su ópera prima, pero también en ‘The Host’, en ‘Mother’ o en ‘Rompenieves (Snowpiercer)’. En este sentido, no es descabellado considerar a ‘Parasite’ como una especie de obra cumbre de su autor. Al fin y al cabo, lo que aquí se plantea es preguntarse si el recorrido que se proponía aquella niña de Jordan Peele era un imposible o no. De repente, aquella familia confinada en aquel cuchitril, descubre no solo la famosa escalera, sino también el modo de invertir el sentido en el que se mueven sus escalones.

Una segunda familia (compuesta también por padre, madre, hijo e hija, en lo que parece ser un perverso juego de reflejos) entra en escena. Ésta habita en una impresionante casa, plasmación física de su igualmente impresionante poder adquisitivo. Se trata de una suerte de castillo de sofisticada arquitectura, y elevado sobre una colina. Una especie de tierra prometida, e inalcanzable... a no ser que se pueda conquistar (y posteriormente defraudar) la confianza de sus ocupantes. La picaresca, es decir, el acto de darle la vuelta a las normas, como gesto político; como subversión de un orden social muy empeñado en mantener abajo a los de abajo, y arriba a los de arriba.



En su nuevo trabajo, Bong Joon-ho convierte la comedia de la supervivencia en el terror que solo puede despertar la negación de la dignidad. Sus “parásitos” lo son solo para los que miran por encima del hombro; para aquellos que por el hecho de vivir mejor, a lo mejor les están privando (de la manera más egoísta) de dicho estatus. En esta trama, como sucede de hecho con el propio cine, depende casi todo del punto de vista. Aquello que vemos y aquello que no; nosotros y ellos... el director y co-guionista se mueve con endiablada habilidad por los recovecos de una mansión que se descubre como el personaje más potente de todos.

Su invasión, línea argumental central (aunque superficial) del relato, implica la destrucción tanto de la intimidad como, sobre todo, de la propiedad privada, tótems sagrados sobre los que se ha firmado el -cruel- contrato social que nos ata a aquel maldito lugar donde nacimos. Bong Joon-ho, como en casa. Este “relato salvaje” a la coreana rinde mejor cuando más parece perder el control, lo cual tiene todo el sentido del mundo. Al fin y al cabo, su autor tiene claro que este elemento es la herramienta con la que el sistema (definitivamente hay que llamarlo así) se asegura de que las desigualdades sigan igual. En esta revelación está el verdadero poder de ‘Parasite’: su escalofrío; su comicidad, irremediablemente pintada de negro.
Escrita por Víctor Esquirol (FilmAffinity)
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